Ciudadanía y paz

Ciudadanía y paz (29)

En el mes de junio invitamos a celebrar, reconocer y luchar por los derechos del campesinado nacional, mujeres y hombres que buscan pervivir en el territorio conservando las semillas nativas y criollas como base para la soberanía alimentaria y la autonomía económica de las comunidades. Por lo anterior presentamos el documental: Los Colores del Maíz, que recoge el proceso de declaratoria del municipio de San Lorenzo, Nariño, como Territorio Libre de Transgénicos ¡Por las Semillas, el Territorio y la Vida!

Esta es una iniciativa liderada por la Red de Guardianes de Semillas de Vida en el marco del convenio Construyendo Paz con Equidad desde Nariño y en articulación con las organizaciones de mujeres, líderes y comunidades pertenecientes a la Red de Familias Lorenceñas Las Gaviotas, la Pastoral Social de la Tierra, entre otros.

La propuesta sigue caminando desde las comunidades, quienes avalaron con sus firmas el acuerdo, siguen con la recuperación de semillas criollas y vigilan el ingreso de nuevas semillas que vienen desde el exterior, además, le apuesta a nuevos Territorios Libres de Transgénicos en diferentes zonas del país buscando caminar hacia una Colombia libre de cultivos transgénicos. 

El Convenio de Cooperación para el Desarrollo: “Fortalecer y visibilizar a las mujeres, a través de sus organizaciones y redes, y apoyar sus iniciativas de desarrollo local y construcción de paz, en Colombia”, denominado “Construyendo Paz con Equidad desde Nariño”, código: 14-CO1-332, es ejecutado por el Centro de Investigación y Educación Popular – CINEP/PPP, quien es el socio local de la Fundación Humanismo y Democracia – H+D, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo – AECID, adscrita al Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de ese país, cuyo trabajo se enfoca en las organizaciones pertenecientes al socio local como es Fundación del Suroccidente y Macizo Colombiano – FUNDESUMA, y aliados en territorio como Pastoral Social de la Tierra y Red de Guardianes de Semillas de Vida – RGSV.

 

Realización:

  • Lizeth Guerrero
  • Juan Carlos Revelo Piarpuzán
  • Jorge López Moreno
  • Alba Portillo

Musicalización:

  • Urku Nina

Compositores:

  • Pablo Tisoy
  • Diego Artemio Barrera
  • Juan Manuel Delgado
  • Agrupación Sihuar

Las organizaciones de la sociedad civil que hacen parte del convenio de Iniciativas de paz de la Fundación Interamericana IAF han construido dinámicas de transformación de conflictos en sus territorios. El Cinep/Programa por la Paz en el marco de este proyecto ha querido dinamizar y consolidar esta información que tienen las organizaciones para que hiciera parte del Mapa de Experiencias de Paz.

Este es un viaje por Colombia, por diversas geografías y contextos, en donde las organizaciones que trabajan desde las regiones asumen unas estrategias para transformar esos contextos conflictivos con los que conviven.

Las diferentes experiencias de paz que encontrarán aquí, trabajan en la construcción de paz territorial y algunas lo hacen en medio del conflicto armado. El Acuerdo de Paz de La Habana contribuyó a que este Mapa de Experiencias de Paz se construyera en clave de paz integral, como un rompecabezas,  teniendo en cuenta dos factores:

  • Tipo de conflictos ligados a alguno o varios de los puntos que están en el Acuerdo
  • Estrategias de acción frente a este tipo de conflictividades

Las organizaciones presentes en el Mapa de Experiencias de Paz han tomado un rol importante en sus contextos y se han preocupado por llevar a cabo acciones que respondan, transformen, mitiguen o tramiten de alguna manera esas conflictividades presentes en sus territorios. Encontramos en esta sistematización: el conflicto social y armado, conflictos asociados al género, derivados de la participación política, conflictos socio ambientales y conflictos por la tierra y el territorio.

Cada una de las 17 experiencias ha utilizado diversas estrategias para su trabajo organizativo en el territorio. Por ejemplo, la organización Caribe Afirmativo que trabaja en la costa caribe con el conflicto armado y de género se ha propuesto investigar y documentar los casos de violencia a la población LGBTI y se han mantenido activos desde diversas formas de manifestación social y de pedagogía para trabajar el tema de reconocimiento de género en el coyuntura reciente del país.  Otro caso tiene que ver con los conflictos por la tierra y el territorio, es el de la Cooperativa del sur del Cauca (Cosurca) que ha venido trabajando en el fortalecimiento organizacional de las asociaciones que pertenecen a esta organización, para la sustitución de cultivos ilícitos de la mano con la formación política y educativa.

 El MEP ha querido resaltar cinco casos representativos de experiencias de paz:

  1. Fundación Mujer y Futuro

En 1989 surge la Fundación Mujer y Futuro como una apuesta trasgresora o una organización feminista que tiene como finalidad el reconocimiento de la mujer como sujeta de derechos y su capacidad de acción para exigirlos. Esta experiencia lucha por la vida libre de violencias, la inclusión política de las mujeres y la transformación del contexto santandereano. Hace parte de la Ruta Pacífica de las Mujeres, siendo el nodo Santander. Esta organización combina diferentes estrategias para hacer frente a los conflictos asociados a la violencia de género, teniendo en cuenta su papel protagónico en la transformación de las relaciones en el departamento de Santander.

  1. Fundación Sumapaz

Nace de un proceso que inició en la Comuna 3 de Medellín, se funda en 1996 y se consolida en 1998. La Fundación se encuentra ubicada en el barrio Manrique en la zona nororiental de la capital antioqueña. Es una organización que trabaja en el acompañamiento a comunidades desplazadas y víctimas del conflicto armado en la defensa de sus derechos.

Dentro de los espacios de articulación a nivel local, la Fundación hace parte de la alianza de organizaciones comunitarias de las comunas nororientales Medellín, y, a nivel nacional, participa en la Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos y nodo Antioquia. El trabajo de la Fundación se ha centrado en la exigibilidad y reconocimiento de los derechos humanos por medio de la investigación, la difusión, la visibilización, la denuncia, el acompañamiento a organizaciones sociales, la movilización política y la interlocución para una efectiva incidencia en el diseño, definición y ejecución de políticas públicas.

  1. Hijos de la Sierra Flor, Asoafro y Asomartin

Se encuentra compuesta por tres organizaciones cuya apuesta general ha sido el empoderamiento y la transformación de relaciones conflictivas, a través de medios pacíficos de resolución de conflictos. Fundación Hijos de la Sierra Flor nace el 10 de enero de 1984, enfocando su labor en procesos de educación y capacitación a niños y jóvenes de sectores marginados de Sincelejo, con la finalidad de promover la formación social y ciudadana, además de promover una cultura de paz en su región.Por su parte, Asoafro y Asomartin surgen como experiencias regionales de empoderamiento. La primera, en perspectiva de lo que significa “ser negro” como una reivindicación étnico-política en una zona como San Onofre y, la segunda, enfocándose en el papel de la mujer indígena en Montes de María. Esta experiencia le apuesta a la articulación para el reconocimiento y fortalecimiento de las mujeres en perspectiva de construcción de paz.

  1. Fundación Natura; Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas Yurutí de Vaupés (Asatraiyuva); Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas del Vaupés Medio (Aativam); Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas de Querarí (Asatiq); y Asociación de Autoridades Tradicionales Aledañas a Mitú (Aatiam)

La Fundación Natura es una organización que busca que los pueblos indígenas de la región tengan acceso a procesos de formación que consoliden sus mecanismos de gobernanza territorial. Actualmente, su intención es proponer una agenda de construcción de paz para el departamento del Vaupés, a partir de la articulación con cuatro Autoridades Tradicionales Indígenas.

Estas Aatis tienen como precedente las formas tradicionales de organización indígena y se institucionalizaron con el Decreto 1088 de 1993 relativo a la autonomía y la gobernabilidad indígena. La zona que componen estas cuatro Aatis (cercana al casco urbano de Mitú y medio Vaupés) se encuentra enfrentada a conflictividades socio ambientales como la deforestación y la pérdida de la identidad cultural.

  1. Cabildo Indígena de Guambia

El Resguardo Indígena de Guambía es el territorio donde se encuentra la mayor concentración de la población indígena del pueblo Misak (Hijos del agua, llamados también Misag o Misak). La mayor parte de su población vive en la vertiente occidental de la cordillera Central, en las inmediaciones de los páramos de las Delicias y Las Moras; y en los cerros de Río Claro y Bujíos, en el municipio de Silvia. En menor número se encuentran en los municipios de Jambaló, Caldono, Cajibío, Puracé, El Tambo y Morales, y en La Plata y La Argentina, en el departamento del Huila. Esta experiencia se ha caracterizado por hacer frente a conflictos por la tierra, defendiendo su territorio y reivindicando sus tradiciones indígenas.

 

 

Estamos trabajándole a la paz, desde una perspectiva integral

Hablamos con Fernando Sarmiento, coordinador del área de Ciudadanías e iniciativas de paz y reconciliación que ha estado liderando este proyecto con la Fundación Interamericana IAF.

¿Qué resalta del trabajo que hizo Cinep/PPP con las experiencias de paz?

Fernando Sarmiento: Hay dos puntos importantes que marcan el carácter del trabajo que se hizo: el primero, es el reconocimiento. Las organizaciones no se reconocían como constructoras de paz entre ellas ni desde la cooperación, no se les definían como tal. Aparecían como experiencias de cultura, de tipo productivo u organizativo, aunque traían una trayectoria larga de trabajo, pero ninguna se consideraba como experiencia de paz.

El segundo, fue mostrar cómo todas esas acciones que ellos están realizando desde distintos enfoques y miradas, aportan a procesos de construcción integral de la paz. Miramos la integralidad de lo que significa el trabajo por la paz.

El resultado hoy, es que todas las organizaciones se asumen como experiencias de construcción de paz. Es un resultado bien interesante y eso mismo resaltó la IAF, porque ni si quiera la IAF lo veía así. El trabajo sí muestra que se reconocen ahora como tal, como experiencias de paz.

¿Cómo se desarrolló el proceso y cuáles fueron los más importantes hallazgos?

F.S: La metodología del trabajo de sistematización que hicimos ayudó mucho a que se crearan algunos puntos de encuentro, por ejemplo: identificar conflictividades comunes entre las organizaciones. Con el método de trabajo se crearon grupos de conflicto y estos grupos, además, estaban muy asociados a los puntos de la agenda de La Habana y esto hacía que se generara ese enlace.

Concretamente, estaba el tema de tierras en la agenda y había varias de las organizaciones que estaban trabajando sobre este asunto; y así mismo con el tema víctimas o de participación política. Por eso el resultado es que sí estamos trabajándole a la paz, desde una perspectiva integral de la paz. Los que trabajan con el tema de tierra no habían hecho la asociación con el tema de la paz y con los acuerdos de La Habana.

Se realizaron tres los encuentros en Cinep con todas las organizaciones en los que se tocaron temas como: género y víctimas del conflicto armado, participación política y tierras, y conflictos medioambientales. Luego, se realizaron grupos de trabajo en torno a estos conflictos y se identificaron estrategias de transformación.  Con eso quedó el enganche directo a reconocer que todas las organizaciones participantes trabajan el tema de paz desde distintos enfoques, desde distintas perspectivas y que el accionar de estas distintas organizaciones está contribuyendo a una mirada de paz más integral.

Reitero entonces, el primer gran resultado es reconocer que sí somos organizaciones que trabajan con la paz y no lo habíamos entendido.

Y el segundo gran resultado es el inicio de la articulación entre las diferentes organizaciones. Se empieza a generar el Sistema de iniciativas de paz. Estamos pensando aún cómo funcionaría ese sistema. Desde el trabajo de investigación y con la metodología que se utilizó hicimos varios aportes a la construcción de este Sistema, por ejemplo, identificar núcleos de conflicto y acciones concretas de trasformación.

Sobre el desarrollo del Sistema hay que ver la experiencia y su riqueza, pues, en muchos casos, podemos elevar la escala de incidencia para que a través del Sistema se puedan mostrar experiencias locales y regionales en el nivel nacional. Que esa capacidad de aportar a la reflexión se eleve como mecanismos de incidencia de políticas públicas para el posconflicto. Esto fue parte del diálogo con Marc Chernick en su última conferencia.  Marc resaltaba mucho ese nivel político de la construcción de la paz, para él era importante que no se quedara en el nivel comunitario de la base, sino que también tuviéramos una perspectiva más política de la construcción de la paz para incidir en en el diseño de políticas públicas de implementación de acuerdos o el diseño institucional.

¿Qué viene ahora para el proyecto de la IAF?

F.S: En este momento entramos a la fase dos que es, efectivamente, darle continuidad a los proyectos con los que veníamos trabajando. Una invitación que nos hicieron por la dificultad de financiación fue que nos asociáramos. Entonces, se crearon articulaciones entre las organizaciones para presentar propuestas a la IAF. Nosotros nos aliamos con Gaia y con Natura que son dos organizaciones que trabajan el tema ambiental. Nos aliamos para profundizar capacidades para la construcción de paz, identificar las estrategias para afrontar los conflictos y nuevos conflictos asociados a cambio climático, minería, deforestación y presencia de grupos armados. Como Cinep vamos con este proyecto del Amazonas macro territorial y de acción estratégica.

La idea es fortalecer los proyectos que existen y las organizaciones participantes, aunque al Sistema de iniciativas de paz se van a vincular otras organizaciones con las que venía trabajando la IAF.  Ellos tienen el interés de vincularlas actualmente, pues no quieren que se pierdan del Sistema. Con esto vemos que va haber una red amplia y con bastante presencia en el país trabajando desde local y nuestra tarea sería hacer el puente desde lo nacional. Esta es una de las ideas de Marc Chernick, él quería que se realizaran muchas acciones de visibilización de las experiencias, mostrando su trabajo a través de la comunicación y la incidencia.  

Consulte aquí: Sistematización participativa de diecisiete experiencias de Paz en Colombia

 

Experiencias de paz 

 

Laura Inés Contreras Vásquez

Equipo de Comunicaciones

*Información construida a partir del documento Sistematización participativa de diecisiete experiencias de Paz en Colombia realizado por el equipo de Ciudadanías, Paz y Reconciliación.

Como cierre del Diplomado en Gestión participativa de la política pública educativa se reunieron más de 200 líderes del sur del Tolima, entre ellos, docentes, rectores de instituciones educativas, estudiantes y representantes de organizaciones sociales. El diplomado se desarrolló entre julio de 2017 y abril de 2018 en Ataco, Rioblanco, Planadas y Chaparral y buscaba el encuentro de multiplicidad de actores interesados en la educación rural y la construcción de paz en el departamento y el país.

La realización del diplomado en esta región es muy significativa, ya que el sur del Tolima ha sido una zona histórica del conflicto armado colombiano. Muy cerca al municipio de Planadas se instaló la república de Marquetália, cuna de las Farc a inicios de la década de los 60. Desde entonces toda la zona ha tenido presencia de actores armados y por consiguiente enfrentamientos entre ellos. La zona ha sido muy disputada pues cuenta con amplia diversidad de climas y por lo tanto, de gran producción agrícola. “Por muchos años se nos consideró una zona roja del conflicto, pero de ahora en adelante nos van a reconocer por trabajar por la educación rural” afirmó una de las asistentes. La riqueza natural, sumada a la poca presencia del Estado y el difícil acceso a algunos municipios, han hecho del sur del Tolima un lugar azotado por la violencia durante más de cincuenta años.

Al evento asistieron los integrantes del consejo asesor regional de Educapaz, autoridades educativas del departamento, entre ellos, el secretario de educación departamental, Jairo Cardona; el secretario administrativo con funciones de secretaría de educación municipal en Chaparral, Manuel Oviedo;y directivos de la Pontificia Universidad Javeriana, Cali y el Centro de Investigación y Educación Popular/Programa por la Paz (Cinep/PPP). Todos los participantes fueron certificados por su participación en el diplomado, además se entregó el mapa de oferta educativa de cada municipio, que se constituye en el primer resultado colectivo de los encuentros en cuanto al análisis del contexto educativo del nivel local.

“En la coyuntura actual del país, es de vital importancia replantear el modelo educativo para que atienda a las necesidades de la población rural y en especial en el contexto tan difícil de violencia que ha vivido el sur del Tolima”, dijo Oscar Sánchez, coordinador de Educapaz en su discurso. En esto coincidió Luis Guillermo Guerrero, director del Cinep/PPP, quien añadió que la tarea de pensar la educación rural en el departamento apenas comenzaba: “a partir de ahora inicia el verdadero trabajo de ustedes en la construcción de una política pública de educación para sus propias necesidades”.

Los temas trabajados en el diplomado fueron: las políticas educativas actuales, de las propuestas que trajo el acuerdo de paz en temas de educación, los medios de exigibilidad ante los entes gubernamentales y en concertación con los distintos actores involucrados en la educación en el campo.

En medio de acciones simbólicas, como la construcción de una red a partir de la unión de trozos de lana o manifestaciones culturales de música, canto y baile de ritmos típicos de la región, los participantes y autoridades se comprometieron públicamente a trabajar para mejorar las condiciones de la educación en las poblaciones rurales del departamento. “Desde la gobernación tenemos las puertas abiertas para hablar con ustedes y analizar las propuestas que promuevan mejor formación para nuestros niños y niñas”, aseveró el secretario de educación, Jairo Cardona.

Para los participantes, el diplomado no solo les brindó herramientas técnicas para conocer y examinar las políticas actuales, sino también les permitió crear una amplia red que vincula a las poblaciones de los cuatro municipios para trabajar en conjunto. “La idea es seguir con la dinámica que traemos de las mesas locales para discutir al interior de los municipios y luego concertar acciones concretas con las personas de los otros municipios y así trabajar mancomunadamente para hacer más presión a las autoridades”, manifestó Adonay Castillo, líder del municipio de Rioblanco.
El Programa Nacional de Educación para la Paz (Educapaz) trabaja en dos líneas estratégicas: acompañamiento educativo en zonas rurales e incidencia en educación socioemocional y para la ciudadanía en el casco urbano. De esta iniciativa son socios: Cinep/PPP, Fe y Alegría, Fundación Escuela Nueva, Fundación para la Reconciliación, Universidad Javeriana sede Cali, Aulas en Paz, Convivencia Productiva y la Universidad de los Andes.

 

Miguel Martínez
Equipo de Comunicaciones

Durante el 2017 las instituciones que conforman Educapaz han trabajado para mejorar la educación en el sur del Tolima. Este proyecto que vincula siete organizaciones ya es reconocido no solo por las comunidades educativas y la sociedad civil, sino también por las autoridades locales. Las instituciones que conforman el proyecto son: Escuela Nueva, Convivencia Productiva, Fe y Alegría, Facultad de Educación de la Universidad de los Andes, Javeriana Cali, Fundación para la Reconciliación y Cinep/PPP. Además, hay tres organizaciones aliadas: Avina, la Red Prodepaz y Clayss.

Educapaz tiene tres grandes líneas de trabajo. La primera es Educación Rural que acompaña a sedes educativas de los cuatro municipios. Allí hay 28 colegios, cada uno de estos, con sedes rurales. Este acompañamiento es educativo y pedagógico en el que se revisan las metodologías de enseñanza de cada una de las sedes para sugerir nuevas estrategias. También se trabaja en mejorar la relación de los docentes con las comunidades para que estas hagan parte del proceso educativo de los niños y niñas.

Otra tarea planteada en esta línea es la construcción de los Planes Educativos Municipales. Para esto, crearon un mecanismo de articulación de actores, llamada la Mesa Educativa Municipal, en la que confluyen los diferentes actores relacionados con la enseñanza escolar, representantes del sector público, líderes comunitarios y líderes de asociaciones productivas. El objetivo de cada mesa es crear una propuesta de política pública educativa enfocada en las necesidades de los niños y jóvenes rurales de cada uno de los cuatro municipios. La Universidad Javeriana de Cali validará la participación en esta construcción del plan como un diplomado, para así cualifica el quehacer de cada uno de los actores.

“Nuestra tarea como Cinep/PPP es promover espacios de reflexión sobre las políticas públicas y crear una agenda común y pública con diversos sectores”, dice Luz Elena Patarroyo, coordinadora del equipo de participación ciudadana del Cinep/PPP. “En esta región, muchas personas han sufrido la guerra, y eso genera mucho escepticismo. La gente está muy ilusionada con que haya cambios pero al mismo tiempo está muy temerosa de ser engañada o utilizada”, agrega Patarroyo.

Para el próximo año, y una vez se haya terminado la concertación del plan, se presentará a los consejos municipales para que sea discutido y aprobado como política pública oficial. Es importante reconocer que el trabajo de la mesa ha tenido incidencia en la escala regional, pues se ha vinculado con la Agencia de Renovación del Territorio para que estas propuestas locales sean incluidas dentro de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial – PDET–. “La orientación de la mesa y su participación en las discusiones de los PDET está encaminada a que la gente se haga preguntas que no se había hecho en torno al tema de la educación”, dice Juan Carlos Merchán, investigador del Cinep/PPP y miembro del equipo de Educapaz.

Para Luz Elena Patarroyo el proceso de los PDET es muy rápido y no posibilita que la gente tenga un tiempo de maduración y comprensión sobre para participar. “Esa debilidad la hemos venido trabajando como pilar de la educación y así dar una información más cualificada, generar reflexiones y aportar a la articulación de la política pública que estamos construyendo con el PDET.  Volvemos a la tarea de mediadores entre una acción que es estatal y la comunidad educativa”, afirma.

Por su parte, Juan Carlos Merchán, indica que uno de los principales obstáculos del proceso ha sido lograr la participación de las administraciones municipales. “Nosotros estamos aliados con la Secretaría de Educación de la Gobernación, y eso genera distanciamientos con algunas administraciones porque no quieren trabajar con sus opositores políticos”, afirma; sin embargo, señala que poco a poco han logrado demostrar que este es un proyecto que va más allá de las filiaciones políticas. 

La segunda línea de trabajo de Educapaz es la formación en Ciudadanía, Reconciliación y Educación Socio Emocional –Crese–. Esta estrategia busca generar propuestas para trabajar la reconciliación, que no está vinculada a la educación cognitiva intelectual, sino a la educación de los sentimientos. Hasta ahora se ha implementado en instituciones educativas urbanas y el proyecto para el próximo año es llevar esta propuesta a las instituciones rurales, que es donde más daño ha causado el conflicto armado.

La tercera línea de trabajo es Incidencia y Comunicación. En esta se gesta el relacionamiento con las instituciones del nivel nacional como el Ministerio de educación, y extranjeras como las agencias de cooperación. Desde esta área se han organizado reuniones y foros en los que representantes de las instituciones estatales de diferentes niveles, han debatido sobre las problemáticas que enfrenta la educación y las posibles soluciones que podrían implementarse. “Esto es un proyecto multiactor simultaneo. No es de que empiece de la base o de arriba, sino que en cada uno de los niveles hay que trabajar al tiempo para lograr verdadera incidencia”, dice Merchán.

Según Merchán, la mayor dificultad que enfrenta el proceso es que los municipios en los que se trabaja no están certificados por el Estado colombiano. Esto lo que implica es que no son autosostenibles económicamente, por lo que no pueden decidir autónomamente la inversión de sus dineros. “¿Cómo hacemos que una política pública funcione si el municipio no puede decidir qué hacer con su plata? Hay que buscar nuevas fuentes de financiación, y para nosotros, una de ellas son los PDET”, añade el investigador.

Ante este panorama son muchas las expectativas que tienen los diferentes actores en torno a la educación. “La guerra había cerrado con un bloqueo territorial todo el sur del Tolima. De las mayores ganancias es descubrir todo el potencial que tiene el Tolima. Es increíble todo el potencial de saberes, las personas, los recursos”, afirma Patarroyo. La proyección de Educapaz está en varios territorios del país. Se espera que en los próximos cinco años el proyecto inicie actividades en dos regiones más que aún están en discusión.

 

Miguel Martínez
Equipo de Comunicaciones

Pocas experiencias lo marcan a uno tanto en la vida, como el viaje que hicimos a Vaupés.
Iniciamos el viaje en Mitú, en el puerto a eso de las 4 de la tarde, pues nos habían dicho que el viaje duraba 2 horas. Apenas a unos minutos de haber arrancado inició una lluvia que estuvo presente en la mayor parte del recorrido. No sé si nos mojaba más el agua que saltaba del rio, porque la voladora iba muy pesada, o la lluvia. Disfrutamos el paisaje y por supuesto, el atardecer. Sin embargo, después de las 6:30 ya estaba muy oscuro y como estaba nublado no teníamos ninguna fuente de luz.

De las cosas que más me impacto fue ver algunas luces que nos alumbraban a lo lejos, al preguntarle a X nos dijo que eran pescadores y que anunciaban que estaban ahí para que nuestra lancha pasara lejos de donde ellos estaban. Estas personas estaban allí, en medio del rio, en absoluta oscuridad, rodeados de selva, parados en canoas, pescando. Nos dijeron que podían estar ahí toda la noche, hasta que amaneciera y que muchos preferían esa hora porque era más fácil pescar.

No sé cómo, pero llegamos a las 8 a Mandí. La primera imagen fue varias mujeres lavando platos y ollas en la orilla del río, en completa oscuridad, cada una con una linterna que usan solo cuando caminan. El inspector de policía nos llevó hasta la casa cural y nos ayudó a instalar las hamacas. A los pocos minutos ya todos estábamos durmiendo.

Al día siguiente, a las 6 de la mañana, ya sonaban las campanas de la iglesia, que quedaba a unos metros de la casa cural. Fue la señal para levantarnos e ir al rio a bañarnos. Todas las personas que bajaban al río, hombres, mujeres, niños, adultos mayores, bajaban con un balde y un jabón rey. Mientras se bañaban, lavaban la ropa que usaron el día anterior. Al llegar a la maloka nos recibieron con curiosidad y con el desayuno.

— Tenemos caldo de pescado con un poquito de picante — dijo el inspector

Si algo he aprendido es que no hay nada tan subjetivo como la medición del picante. Al instante de probarla nos dimos cuenta que era mucho más picante de lo que pensábamos. Aunque todos se tomaban el caldo sin inmutarse, algunos de nosotros estábamos tosiendo por lo fuerte que estaba. Solo pudimos comernos el pescado y la papa. Como si fuera poco, Maclau, uno de los líderes, se acercó a ofrecernos más ají.
Luego del desayuno nos presentamos uno a uno. Éramos más de 150, por lo que esta presentación duró más de dos horas. Luego nos dividimos en grupos e iniciaron los talleres. Con nosotros estaban los capitanes y las personas que más conocían la región. Cada uno contó la historia de su comunidad, que ha pasado de generación en generación por la tradición oral. Algunos remontaban el inicio de sus comunidades varios siglos atrás. Recordaron la persecución que sufrieron sus abuelos por las caucheras y la llegada de las campañas evangelizadoras que cambiaron su forma de vida.

— Con la llegada de los curas perdimos la mayoría de nuestras tradiciones, la vestimenta, nuestros ritos, y tuvimos que movernos de nuestros territorios. — Dijo uno de los capitanes.
Mandí es el poblado más grande del Vaupés medio porque es el punto central de las 21 comunidades indígenas que viven sobre el rio, la mayoría de ellas del pueblo Kubeo. Allí queda la inspección de policía, el colegio con bachillerato completo y la maloka más grande. Allí el abandono del Estado es absoluto. No hay puestos de salud, no hay antenas de comunicaciones, no hay electricidad, apenas llega la señal de la emisora del ejérctio. Aunque la mayoría prefiere que sea así.

— Por lo menos podemos mantener nuestras costumbres vivas por más tiempo — me dijo una de las profesoras del colegio al almuerzo. — ya hemos visto que los jóvenes sobre todo que se van a Mitú, empiezan a desechar nuestra cultura y eso es grave porque es lo que nos une como pueblo — añadió.

Es como si vivieran en otro país.

— Lo único que sabemos de los acuerdos de paz es que desde junio del año pasado dejamos de ver a las Farc por estos lados — dijo el inspector. — Nos han dicho que tienen un enfoque étnico que puede beneficiarnos, pero aquí nadie ha venido a explicarnos nada de eso — continuó.

Sin embargo, tenían preocupación de saber que hay unas disidencias que no se acogieron al acuerdo y que pueden estar por esa zona.

En mi tarea de hacer reportería gráfica me crucé con varios niños que me miran con mucha curiosidad por lo que estaba haciendo sin decir nada, aunque yo les preguntara. Para romper el hielo empecé a tomarles fotos y a mostrárselas a lo que respondían con una carcajada. De a poco entraron en confianza y ya hasta posaban para las fotos. Ellos fueron los que me llevaron por los diferentes lugares, la escuela, los cultivos de caña, al lago, y algunos de ellos a sus casas. Estos niños de menos de 10 años me contaban historias de sus familias, de las estrellas, de los dioses que protegían los lugares sagrados en el río, de cómo se prepara la chicha y de cuáles son los mejores lugares para pescar. Los niños no sabían de dibujos animados, ni de películas, pero están muy bien entrenados para sobrevivir en su entorno.

El cierre del encuentro fue una fiesta. Estaban celebrando que había representantes de la mayoría de comunidades del Vaupés medio y que de ahí iban a coordinar acciones de incidencia. Instalaron la planta eléctrica comunitaria y un parlante con música. Cuando estábamos todos en la Maloka nos hicieron ponernos de pie.

— Y ahora nuestro regalo para los invitados de la fundación Natura, el Cinep y los capitanes— dijo el animador de la fiesta.

En ese momento empezó a entrar una fila de mujeres, cada una con una olla en la mano. Cuando se acercaron a nosotros empezaron a sacar totumadas de chicha para que nosotros tomáramos. En la primera ronda conté 22 mujeres, por consiguiente, tomamos 22 totumadas algunas más grandes que otras y cada una con un sabor diferente. Luego nos sentamos y venía uno de los actos culturales más importantes, el baile del carrizo. Se levantaron 8 hombres, cada uno con un instrumento similar a la zampoña. Cada uno tocaba unos sonidos que se alternaban entre ellos, pero todos juntos hacían la melodía. Bailaban de un extremo de la maloka al otro hombro a hombro, luego en fila y después de varios minutos se unían las mujeres al lado de ellos. Cada baile duraba unos 8 minutos e hicieron uno por cada pueblo presente. Después de varias tandas del baile, venía la segunda ronda de chicha. Ya algunos se abstuvieron de participar. La celebración duró casi toda la noche.

Al día siguiente teníamos que volver a Mitú. Varias familias, el inspector, y el sacerdote salieron a despedirnos. El viaje de vuelta fue muy diferente, ya pudimos ver todo el recorrido y solo gastamos 2 horas y media. El choque cultural fue muy grande. Cada comunidad vive para sí misma. Es muy fuerte el sentido de lo comunitario y de distribución de labores. Los con los que jóvenes tenían la firme intención de estudiar alguna carrera y luego volver a su comunidad a fortalecer las organizaciones que los representan. Los mayores tienen la función de enseñar a los jóvenes su cultura, su cosmovisión y costumbres. Hay un interés de crear redes entre las comunidades para trabajar en acciones de incidencia ante las autoridades para mejorar sus condiciones.

Estas comunidades indígenas del medio Vaupés me enseñaron mucho, desde los más pequeños hasta los chamanes más experimentados. Es increíble la convicción que tienen y su sentido de comunidad, con la que incluso se opusieron a los actores armados que existieron alguna vez en su región. Esas experiencias de construcción de paz territorial las publicaremos próximamente en uno de los videos que sistematizan este tipo de experiencias y que podrán ver en nuestra página y redes sociales.

 

Miguel Martínez

Equipo de comunicaciones

 

  • Cinep/ Programa por la Paz presentó un informe preliminar que da cuenta del impacto de la implementación del cese al fuego y de hostilidades, bilateral y definitivo, en las comunidades locales de las zonas veredales y puntos de normalización.

 

  • El documento también señala los aprendizajes que surgen del acompañamiento de la sociedad civil en este ejercicio.

 

El punto tres del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, firmado entre el Gobierno nacional y la guerrilla de las FARC-EP, contempló un Mecanismo Tripartito de Monitoreo y Verificación (MM&V) para la verificación del cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo. 

La creación de este mecanismo —compuesto por el Gobierno, las FARC y la Misión política especial de las Naciones Unidas autorizada por el Consejo de Seguridad— tuvo en cuenta experiencias de otros países y fue resultado de las discusiones realizadas al interior de la Subcomisión técnica del fin de conflicto, instalada en el marco de la Mesa de Negociación de La Habana (Cuba) de la que hicieron parte tanto militares como guerrilleros.

Fruto de la experiencia de acompañamiento al MM&V, que duró casi un año, se publica el informe El cese bilateral: más allá del fuego, que presenta un análisis de los impactos de la implementación del punto 3.1 (Acuerdo sobre Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y Dejación de las Armas entre el Gobierno nacional y las FARC-EP) en las comunidades locales donde se ubicaron las ZVTN y los PTN.

Este documento aborda tres aspectos. En primer lugar, hace un análisis de los impactos del proceso de instalación y adecuación de las ZVTN y PTN en las comunidades locales que las recibieron. En segundo lugar, hace una lectura de los aciertos y las dificultades de este proceso y, por último, presenta una reflexión más amplia sobre el acompañamiento necesario de la sociedad civil a la implementación del Acuerdo Final de Paz en su conjunto, así como a experiencias semejantes de separación de fuerzas y ceses al fuego.

Es importante resaltar que para esta labor el Comité de Acompañamiento contó con el apoyo de la Embajada Suiza en Colombia, que se convirtió en una aliada importante para nuestro relacionamiento con diferentes actores y para llevar a cabo las actividades propuestas.

Descargar el informe.

 

Margareth Figueroa Garzón

Equipo de Publicaciones

Durante un año diversas organizaciones acompañaron el proceso de Monitoreo y verificación del Cese al Fuego y de Hostilidades entre Gobierno y FARC-EP en Colombia. Este jueves 27 de julio, se encontrarán diversos actores para dialogar en torno a los resultados que arrojó este proceso. 

"La idea es tener un espacio de encuentro y diálogo para recalcar que el cese al fuego fue mucho más que un ejercicio militar y para que la ciudadanía pueda conocer lo que se vive en las zonas rurales y cómo se vivió este proceso en los territorios”

Lorena Carrillo González, quien es la Secretaría técnica del Comité de acompañamiento de la sociedad civil al mecanismo de Monitoreo y Verificación del Cese al Fuego y Hostilidades Bilateral y Definitivo. Socióloga, magister en Estudios Rurales e investigadora del Centro de Investigación y Educación Popular, amplía aspectos principales de este informe.

¿Cuál es el balance de los resultados del informe y los principales hitos en dicho proceso de acompañamiento?

Lorena Carillo: Lo primero es recalcar que el cese al fuego se cumplió, las dos partes cumplieron las reglas salvo 9 violaciones identificadas a lo largo del cese y la mayoría de afectaciones o incidentes fueron leves. Cuál es una de las principales situaciones que nosotros queremos remarcar allí, que si bien el cese se cumplió, el cese va mucho más allá del fuego, no se trató solamente de un ejercicio de separar fuerzas y verificar que las partes cumplieran las reglas a las que se comprometieron sino ver eso cómo llegó a afectar los territorios donde se llevaron a cabo estos procesos.

El proceso de cese al fuego ha sido una experiencia muy novedosa en el mundo. La ONU nunca había hecho parte de un proceso así como el que se constituyó con las FARC. Una herramienta novedosa de la que vale la pena aprender. El problema es que todas las cosas que se diseñaron en los protocolos fueron pensadas desde un ejercicio militar y no se tuvo en cuenta que estos territorios, al igual que sucedió en el transcurso de la guerra, no son territorios que están vacíos o que están aislados, ahí vive gente. Hubo un impacto en la cotidianidad de la gente, se está transformando y eso justamente es en lo que queremos llamar la atención.

¿Quiénes conformaron el comité de acompañamiento de la Sociedad Civil al Mecanismo de Monitoreo y Verificación?

L: El comité de acompañamiento surgió de una propuesta de 35 organizaciones que firmaron una carta dirigida a la mesa de negociaciones, la cual se envió a la mesa  de negociaciones de la Habana en febrero de 2016. A partir de la carta, la puesta en marcha fue liderada por 9 organizaciones a nivel nacional pero sobre todo por juntas de acción comunal y organizaciones regionales desde los territorios, es un espectro amplio de organizaciones que se unieron en torno al acompañamiento y que incluye organizaciones de iglesia, plataformas de derechos humanos, centros de investigación y organizaciones no gubernamentales.

En el informe se menciona que “acompañar tal proceso desde la sociedad civil se convirtió en un reto adicional” ¿Por qué fue un reto?

L: Fue un reto porque justamente lo que era la mayor fortaleza se convertía en el mayor reto. Al tener tantas organizaciones con diversidad de agendas y apuestas encaminadas a lograr la implementación del acuerdo de paz; el reto era lograr ponernos de acuerdo en un punto para poder hacer ese acompañamiento.

A medida que pasaba el proceso iban cambiando las prioridades de las organizaciones porque había unas que estaban mucho más pendientes del asunto legislativo, otras de los procesos de reincorporación, otras de un ejercicio con las víctimas, entonces a medida que se iba implementando este acuerdo en su parte normativa y a medida que iban pasando los días en las zonas veredales las prioridades cambiaron y justamente cambian porque el cese funcionó.

La mayor tensión era pensar qué pasaba si el cese se rompía. Entonces hubo un momento en el que había mucha atención de organizaciones y plataformas, pero como funcionó esta parte dejó de ser prioritaria y pasaron a  ser prioritarios otros ejercicios como el fastrack que la Corte lo tumbó. Esas cosas fueron las que dificultaron los retos, sobre todo el tema de la comunicación desde los espacios locales a la articulación con los espacios nacionales; como la de Popayán que incluía zonas del Tolima y era imposible lograr que la gente se pudiera reunir en un mismo espacio.

¿Qué retos surgen a partir de los resultados de esta etapa?

L: Lo que queda es poder rescatar esta experiencia, potencializarla, aprender de los errores cometidos, ver de qué manera se puede mejorar porque creemos que esta es una experiencia que vale la pena tener en cuenta para futuros procesos; por ejemplo el cese bilateral que parece que va a iniciar pronto con el ELN, pero también para otros, no sólo en Colombia.

Ver cómo detrás de un ejercicio aparentemente militar también hay un componente social civil muy importante que debería ser incluido por lo menos en el diseño y en la primera fase de implementación. El tema de la pedagogía, el poder explicarle a la gente qué es lo que va a pasar en sus territorios, cómo lo pueden hacer de manera que no les afecte su vida cotidiana, es algo que queremos recalcar en este proceso.  

Este jueves tendrá lugar el encuentro que se ha propuesto para socializar esta experiencia de Acompañamiento y verificación ¿Cuáles serán los temas principales y quienes son los invitados al evento?

L: Vamos a presentar justamente el informe, es un informe preliminar de este proceso de acompañamiento que duró cerca de un año donde estuvimos involucradas organizaciones de nivel nacional, regional y local. Van a participar líderes de algunas de las zonas veredales para que sean ellos los que nos puedan contar desde su experiencia cotidiana lo que funcionó con el mecanismo y lo que debamos tener en cuenta para mejorar a futuro.

También, tendremos la presencia del Mecanismo de Monitoreo de los tres componentes, ellos nos van a hacer una retroalimentación a ese informe, vamos a contar con la participación de algunos representantes de instituciones estatales, de organizaciones no gubernamentales y también de la embajada de Suiza que apoyó este proceso desde el principio.

 

María Gabriela Novoa

Equipo de Comunicaciones

Columna originalmente publicada en Razón Pública

El censo socioeconómico de los ex combatientes descubre una realidad de campesinos que se educaron en escuelas rurales, que desean seguir viviendo y trabajando en el campo, y que por tanto necesitan de la reforma rural integral que fue pactada.

Lorena Carrillo González*

Guerrilla de campesinos

El censo socioeconómico que llevó a cabo la Universidad Nacional sobre los integrantes de las FARC que se encuentran en las zonas veredales incluyó un total de 10.015 personas, y sus autores estiman que cerca de 1.000 integrantes más faltaron por incluirse.

El 81 por ciento de las y los ex combatientes tienen vínculos con zonas campesinas: 66 por ciento son de origen rural y 15 por ciento de origen rural-urbano. Estas cifras no son sorprendentes, porque las FARC tienen raíces en las regiones de colonización de Colombia.  

Por eso ya desde 1964 – sino desde mucho antes-, los guerrilleros habían venido demandando una reforma agraria, acceso a la tierra, formalización de la propiedad para colonos y campesinos, acceso a créditos y asistencia técnica para el campo.

Y en efecto: en el punto 1 del Acuerdo de la Habana se acordó formalizar la propiedad sobre siete millones de hectáreas y adjudicar tres millones más para campesinos y campesinas. El Acuerdo también incluye innovaciones en materia de asistencia técnica y desarrollo de líneas de créditos.

Sin embargo el camino hacia la “reforma rural integral” (RRI) allí esbozada es incierto y el panorama actual de la desigualdad en el campo colombiano no es muy alentador.

Aunque se trate de un hecho obvio, esta sencilla verdad  estuvo oculta a la opinión pública durante el largo tiempo de confrontación armada: las y los guerrilleros son seres humanos que, independientemente de sus deudas con la justicia, han habitado y labrado los campos. En medio de la guerra también sembraban cultivos de pancoger, criaban gallinas y cerdos. Gracias al censo y a algunos medios de comunicación, este hecho obvio es algo más visible hoy.  

¿Qué pasó con el campo?

Acostumbrados a narrar y a analizar el drama de la guerra y de sus víctimas, desde la academia también tenemos que vislumbrar, por ejemplo, las implicaciones que para los integrantes de las FARC tiene su reincorporación a un escenario rural más desigual y marginal que aquel que los llevó a las armas hace 53 años.

Los resultados del censo son más que desafiantes para un país centralizado y conservador, cuyas zonas rurales han estado marginadas desde siempre.

Según el informe de la OXFAM, la desigualdad en la distribución de la tierra ha aumentado durante las últimas décadas: “las explotaciones de más de 500 hectáreas se han mantenido en torno al 0,4%-0,5% del total. Sin embargo la superficie que ocupan se ha ampliado enormemente, pasando de 5 millones de hectáreas en 1970 (el 29% del área total censada) a 47 millones en 2014 (el 68%).”  El mismo estudio concluye que “el 1% de las explotaciones de mayor tamaño maneja más del 80% de la tierra”.

Bajo estas circunstancias, la desigualdad medida por el índice de Gini llegó a 0,897 en 2014, lo cual sitúa a Colombia como el país más desigual en América Latina.  En 1960 el índice de Gini era de 0,868, lo cual confirmaría que la desigualdad, en vez de disminuir, ha seguido agravándose. 

Pero por otra parte  hay que tener en cuenta que mientras en 1960 el 48 por ciento del total de la población colombiana vivía en el campo, en 2005 la proporción había disminuido al 25 por ciento.

Tanto la desigualdad como el cambio demográfico son factores importantes para tener en mente en el momento de adoptar decisiones relacionadas con políticas, programas y presupuesto para las zonas rurales de Colombia.  

¿Hay tierra pa’ tanta gente?

El 77 por ciento de los integrantes de las FARC no tienen una vivienda pero sí ganas de seguir viviendo en el campo (el 60 por ciento manifestó interés en actividades agropecuarias, un 37r por ciento en participar de los mercados campesinos, y otro 28 por ciento en acuicultura, entre otras alternativas).

Con una población cuya cultura es campesina y que le ha hecho saber al país que cree en un proceso de reincorporación colectiva, la opción de migrar hacia las ciudades, si bien no queda descartada, sí tiene muy bajas probabilidades de llevarse a cabo, y de hacerlo sería especialmente difícil en las ciudades intermedias.

Y a estos nuevos aspirantes a un pedazo de tierra en el campo hay que sumarle la elevada concentración de la propiedad, el derecho de las víctimas despojadas a la restitución, la adjudicación de tres millones de hectáreas a miles de campesinos, y las más de veintidós mil familias que habitan en áreas protegidas con riesgo de ser desplazadas, ademas de las que podrían quedar en el limbo con el proceso de delimitación de páramos

Escuela nueva

El 90 por ciento de los y las integrantes de las FARC manifestaron saber leer y escribir, pese a que apenas el 8 por ciento culminó sus estudios de educación básica o media vocacional.

Lo anterior debido, en parte por las propias escuelas de alfabetizacion de las FARC, y en parte porque la educación rural en Colombia sigue el método de “la escuela nueva”, una propuesta flexible para atender los problemas que enfrentan los niños y niñas en el campo (grandes distancias para llegar a clases, falta de infraestructura y de personal, falta de dotación básica).

La escuela nueva ha permitido grandes logros, en especial en el aumento de la cobertura de la educación primaria en zonas rurales. Con el apoyo de guías de aprendizaje. un solo docente se encarga de dar clase a todos los grados de la primaria. En las veredas es muy común encontrar escuelas donde conviven en un mismo salón de clases estudiantes de primero a quinto de primaria. El docente hace un esfuerzo por separarlos en esquinas, de modo que a un lado se encuentren los de quinto, al otro los de cuarto, y así sucesivamente. Los niños y niñas repasan las cartillas y el docente, aunque cuenta con pocas herramientas, se esfuerza por prestar atención a cada uno de los estudiantes; los niños por su parte memorizan el contenido de las cartillas, antes de aprender y reflexionar sobre el mismo.  

Bajo ese sistema educativo se formaron miles de guerrilleros antes de unirse a las filas de las FARC. Y bajo este sistema se siguen formando hoy en día miles de niños. No obstante, cuando esta población completa la primaria y no tiene la opción de continuar sus estudios de secundaria, busca alternativas como por ejemplo –y en el mejor de los casos- jornalear.

El informe del 2015 de la Misión para la Transformación del Campo Colombiano del Departamento Nacional de Planeación alerta sobre el rezago existente en cuanto a  cobertura de la educación secundaria y media vocacional del sector rural frente al sector urbano. Estas brechas conllevan un aumento en los índices de pobreza y limitan la movilidad social en el campo colombiano.

La educación es sólo un ejemplo del difícil panorama que enfrentan las y los campesinos colombianos. Con baja cobertura e infraestructura para la básica secundaria, y la falta de opciones para adelantar estudios superiores, la reincorporación de los miles de campesinos ex combatientes es arte y parte del reto de remediar las brechas históricas en el ámbito rural.

 

Socióloga, magister en Estudios Rurales e investigadora del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP)

 

Desde hace tres años se comenzó a construir el proyecto Educapaz. Hace un año, gracias a las diferentes alianzas entre organizaciones, esta apuesta por la educación rural en el país ha llegado a 4 municipios del Tolima y espera quedarse en las agendas educativas del departamento al menos por 10 años. Hablamos con Luz Elena Patarroyo y Juan Carlos Merchán, investigadores del Cinep/Programa por la Paz que han estado al frente de este proyecto en representación de la organización. 

¿Cómo nació Educapaz?

Luz Elena Patarroyo:

Esta es una propuesta que se creó inicialmente entre Fe y Alegría y Porticus a la que se fueron uniendo diversas entidades. Estas son entidades que de alguna manera han liderado estrategias y propuestas de educación que  tienen una experiencia reconocida en todo el país.

Todos los que conforman Educapaz son Cinep/PPP, Universidad Javeriana, Fundación Escuela Nueva, Convivencia productiva, Aulas en Paz, la Universidad de los Andes, Fe y Alegría, Fundación para la Reconciliación y hay tres aliados estratégicos uno que es Avina, la Redprodepaz y Clayss.

Todas estas entidades trabajan por la educación bajo el criterio de que una forma de trabajar por la paz, es trabajar por la educación.  Las estrategias que se quieren implementar son a largo plazo, por eso en principio Educapaz está pensado para 10 años y en esos 10 años se espera llegar como mínimo a tres regiones diferentes del país.

Educapaz ha hecho énfasis en el aspecto rural, entonces vamos a ir a las zonas rurales porque allí es donde incide profundamente el conflicto. La idea es desarrollar capacidades ciudadanas y humanas en donde el conflicto ha estado más fuerte. Esto con el propósito de incidir en la paz. Ambas cosas van fuertemente ligadas.

 

¿Cuál es la labor de Cinep/PPP en Educapaz?

L.E.P: Educapaz tiene tres líneas de acción: la línea de educación rural, la línea de capacidades para la reconciliación y la de comunicación, investigación e incidencia. Cinep/PPP hace parte de la línea uno, estamos desarrollando una acción conjunta entre cuatro entidades: Fe y Alegría, Universidad Javeriana de Cali, Fundación Escuela Nueva y nosotros.

Y nuestra tarea fundamentalmente es vincular el trabajo desde el apoyo en el aula de clase, ese sería el primer momento de la relación que es escuela, luego la relación comunidad que sería trabajar todos los planes educativos institucionales que es la relación escuela- comunidad y la parte del territorio es el énfasis que hace Cinep/PPP, entonces lo que hacemos allá es vincularnos con las otras entidades y desde ahí aportar en la constitución de las mesas educativas municipales y los planes educativos municipales.

Hemos diseñado un plan para que la gente pueda construir política pública educativa municipal y esto viene de un trabajo anterior que habíamos realizado en el Magdalena Medio. Ahí construimos la política pública de 17 municipios en donde hay toda una metodología un trabajo elaborado, por esta experiencia estamos en Educapaz.

 

¿Cómo se ha dado ese diálogo intersectorial y cuál ha sido la importancia de hacerlo así?

Juan Carlos Merchán: ¿Qué estamos haciendo ahora en los cuatro municipios del sur del Tolima? En Chaparral, Planadas, Río Blanco y Ataco, estamos conectándonos con una diversidad de actores en el territorio que nos parece que tienen que ver con lo educativo para que hagan parte de ese espacio que son las mesas educativas municipales.

En este momento tenemos participación del sector educativo ( docentes, estudiantes, rectores, padres de familia de zonas rurales), estamos teniendo participación de líderes sociales (líderes comunitarios,  de juntas de acción comunal, y también líderes de asociaciones productivas del territorio), ese sector productivo es fundamental porque nosotros no concebimos una educación rural sin una vida productiva.

Hace parte de estas mesas educativas otros sectores, por ejemplo está asistiendo la policía, está asistiendo el ejército, la alcaldía, concejales del consejo municipal, todo ese sector político, estatal, gubernamental, que con el sector educativo, el sector de líderes sociales y el sector productivo, son una buena representación de la diversidad de los actores de un territorio.

La idea es que al final del proceso de la mesa educativa - que va a llevar varios meses hasta inicios del próximo año- se dé en forma didáctica, de forma pedagógica y se vayan construyendo los planes educativos municipales. Esos planes deben tener un diagnóstico de los problemas educativos territoriales más importantes y luego unas líneas estratégicas de cómo resolver esos problemas. La idea es que el próximo año podamos llevar esos planes investigativos a los consejos municipales para que se vuelva un acuerdo municipal del consejo con la alcaldía y ahí se vuelva política pública, ojalá a doce años para que no dependa del gobernante de turno.

¿Cuál es la importancia de comenzar el proyecto en el departamento del Tolima?

J.C.M: Se decidió comenzar por el sur del Tolima por varias razones. Primero, encontramos unos aliados en el territorio, personas que hacen parte de la Secretaría de Educación de la Gobernación que hace varios años estaban interesados en estos temas de política educativa pero en el mundo político del departamento nadie les captaba esa iniciativa.  Nos dimos cuenta que con esta propuesta, encajábamos en ese territorio. Tiene un poder simbólico muy grande, en esta época de posacuerdo  justo en la zona donde nacieron las FARC, comenzáramos una propuesta de educación rural para la paz.

Nos hemos dado cuenta que consolidar el proceso de Educapaz en el Tolima ha requerido más tiempo de lo que se pensaba. Esperamos que estos 10 años podamos estar en dos o cuatro regiones, lo importante es quedarnos tres o cuatro años en cada región para que exista un proceso. Lo que más le ha generado confianza a las diferentes instituciones es la voluntad de nosotros de quedarnos varios años.

 

Laura Inés Contreras Vásquez

Equipo de comunicaciones

¿Sobre qué trata el artículo?

La idea del artículo es pensarse a Buenaventura como un escenario que presenta una serie de retos en el marco del posacuerdo. De manera particular intentando hacer una lectura crítica alrededor de lo que significan los acuerdos y la idea de paz que está detrás de ellos. Porque si bien hay un interés y los acuerdos son un escenario muy alentador para el país, también traen una serie de limitaciones que en el caso de un municipio que históricamente ha sido una zona periférica del país, vale la pena pensarse.

¿Cómo nace este artículo?

Yo vengo trabajando más o menos hace dos años en el municipio de Buenaventura, primero como producto de una investigación de la universidad y luego fue un interés personal que se fue fortaleciendo con el paso del tiempo y en el marco de esa investigación surgía la pregunta de cómo pensarse Buenaventura en una coyuntura como la actual.

¿Por qué la gente debería leer este artículo?

Creo que es importante no solo leer el artículo sino toda la revista, porque los últimos cien días en la coyuntura nacional han sido bastantes movidos, no solo por las amenazas y asesinatos a líderes y defensores de derechos humanos, sino también por la movilización social radicalizada y exacerbada que se ha visto. Es el ejemplo del paro en Chochó, el paro en Buenaventura e inclusive las movilizaciones del magisterio y de diversos sectores. Con relación a lo que presentan los medios, creo que hay una invisibilización respecto a la crisis estructural que vive Buenaventura que no solo es una manifestación esporádica, sino que es un acumulado de factores que vienen gestándose desde hace varios años y que demuestran no solo la falta de presencia institucional, sino la corrupción y la presencia de actores armados.

¿Cuáles son los puntos clave del artículo?

Yo creo que son tres. El primero es la dicotomía entre un concepto de paz totalizante y una apuesta por pensar la paz en plural, Las paces. El segundo es hacer énfasis en que si bien en el marco del conflicto armado hubo muchas víctimas, es importante destacar el papel de los actores y de las empresas privadas como un actor generador de violencia. Y el tercero serían los retos que representa la implementación de los acuerdos, sabiendo que el discurso en sí mismo tiene una plataforma de paz liberal que representa un imaginario de desarrollo que se implementará en cada uno de los municipios del país.

 
 
 
 
Miguel Martínez
Equipo de Comunicaciones