Jun 24, 2017
Noticias Institucionales

Noticias Institucionales (62)

 

Durante el primer semestre de 2017 se ha desarrollado el Diplomado virtual en Incidencia política: de la experiencia local a la acción regional. Este diplomado busca Contribuir eficazmente al establecimiento de políticas públicas cada vez más respetuosas de los Derechos Humanos y de los principios sociales básicos de justicia y equidad a través del intercambio de experiencias de incidencia local, regional, nacional e internacional, y el fortalecimiento de las capacidades de incidencia de los Centros Sociales de la Compañía de Jesús en América Latina y el Caribe. 

A continuación la infografía que ilustra la información general de los participantes del diplomado.

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Esta edición de la revista Cien Días vistos por Cinep/PPP titulada “Veinte años de asombrosa impunidad” está a la memoria de Mario Calderón, Elsa Alvarado y Carlos Alvarado, asesinados el 19 de mayo de 1997. Mario y Elsa desde el Cinep y a través de la revista Cien Días aportaron a la conversación, el debate abierto y el intercambio de ideas. 

La edición n. 90 se concentra en análisis sobre la coyuntura de la implementación de los acuerdos y los riesgos asociados a esta.  Concretamente, se plantean interrogantes sobre las condiciones de legitimidad o criminalización de la protesta social; el traslado de los integrantes de las FARC-EP a las Zonas Veredales Transitorias de Normalización y los Puntos Transitorios de Normalización, y la sustitución de cultivos de uso ilícito. También hacen parte del contenido de esta publicación una revisión al discurso mediático sobre los asesinatos de líderes sociales y defensores de derechos humanos y la reflexión sobre Buenaventura como territorio clave del posacuerdo, entre otros asuntos de interés para la opinión pública. Consulta la publicación para conocer en detalle la información.

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La Fiscalía declaró el 11 de mayo de 2017 que los homicidios de los investigadores del CINEP, Mario Calderón y Elsa Alvarado, así como el de Carlos Alvarado Pantoja y la tentativa de homicidio de Elvira Chacón de Alvarado, padres de Elsa, son crímenes de lesa humanidad

A pocos días de cumplirse 20 años del asesinato de Mario Calderón, Elsa Alvarado y de su padre Carlos Alvarado Pantoja, ocurrido el 19 de mayo de 1997, la Fiscalía acaba de emitir una decisión en la que determina que estos crímenes se categorizan como delitos de lesa humanidad y, en consecuencia, son imprescriptibles.

Para adoptar esta decisión, el ente fiscal sostuvo que “los delitos fueron cometidos dentro de un plan sistemático y generalizado contra la población civil”. Por lo tanto, reitera y ratifica la calificación hecha en la resolución de situación jurídica del actualmente investigado Coronel ® Jorge Eliécer Plazas Acevedo.

La Comisión Colombiana de Juristas, en su calidad de representante judicial de las víctimas, había solicitado el pasado 7 de abril de 2017 que estos crímenes se declararan expresamente como delitos de lesa humanidad, al considerar que, junto a otros homicidios, como el de Jesús María Valle Jaramillo, Eduardo Umaña Mendoza y Jaime Garzón, fueron parte de la ejecución de un plan de carácter generalizado y sistemático en contra de defensores de derechos humanos.

Esta decisión, además de contribuir a que estos crímenes no queden en la impunidad y a saldar una grave deuda con el pasado, también debe constituirse en una admonición para que ni el Estado ni grupos irregulares vuelvan a cometer estos execrables crímenes que son ofensa para toda la humanidad.

Comisión Colombiana de Juristas
Mayo 12 de 2017

El sábado 13 de mayo, a las 2 de la tarde en el barrio Mariscal Sucre conmemoraremos desde allí, los 20 años del asesinato de Mario Calderón, Elsa Alvarado y Carlos Alvarado. La junta de acción comunal del barrio Mariscal Sucre, amigos cercanos de los investigadores y de Carlos, habitantes de barrios cercanos y todos los interesados,se reunirán en el parque Mario Calderón, en una jornada de recolección de basuras, siembra de árboles siete cueros, pintada de murales a cargo del colectivo Dexpierte y música y rap en vivo a cargo de Jacob D.M.C. (dj set).

Cinep/Programa por la Paz habló con Dexpierte sobre su trabajo y lo que esperan de esta jornada.

¿Cómo nace el colectivo Dexpierte?

Dexpierte: Surgió hacia mediados del 2010 como parte de un proceso de organización estudiantil que llevábamos a cabo de manera autónoma, en el que nos pensamos las diferentes maneras que comunicar una realidad oculta que aún se mantiene en matices de grises. La historia oculta de Colombia, homenajes a líderes y luchadores políticos que han defendido históricamente el territorio de intereses ajenos a los propios.

En ese momento pensamos en que esto debía darse mediante las expresiones de acciones gráficas en el espacio público, con el fin de comunicar e interpelar aquellas realidades hegemónicas. Es una apuesta colectiva de comunicación, en realidad siempre lo hemos planteado como una invitación abierta a recorrer los olvidos interpuestos con el tiempo, olvidos marcados por la mentira, y el silencio como parte del dominio estructural sobre este pueblo. Es una apuesta gráfica por reconocer la identidad de lo que somos aún en medio de una guerra silenciosa, que intenta perpetuarse a manera de ley o norma.

 ¿Cuáles son sus apuestas y en cuáles proyectos han trabajado?

 D: En este momento las disputas por la memoria se amplían y abren las posibilidades de comunicación directa sobre los hechos que en este país han venido ocurriendo. Las expectativas están puestas en facilitar y servir de comunicadores de esa memoria no oficial en la que más de uno se ve reflejado cotidianamente, pero que aún necesita más color y sensibilidad para que pueda llegar a más personas. No existen finalidades en el colectivo, creo que a largo plazo nos podríamos ver en el mismo ejercicio, sólo que con mayor dedicación. Básicamente durante este tiempo hemos venido trabajando alrededor de estas apuestas colectivas por la memoria y el trabajo en aras de resaltar y dignificar el sentido de lo que somos como país y como región latinoamericana. 

¿Cómo se vinculan al homenaje que desde Cinep/PPP se le está haciendo a Mario, Elsa y Carlos?

D: Nos vinculamos desde los afectos que hemos generado desde hace algunos años que conocimos el caso del asesinato de Mario y Elsa en particular.

Nos vinculamos por el mismo sentido que tiene el colectivo al interpelar en el espacio público el uso y las disputas por la memoria.

El caso de Mario y Elsa es uno de los miles de casos en los que se ve el reflejo de la legitimidad de la impunidad en este país. Uno puede ser asesinado sin que existan responsables puntuales, pero siempre hay una estructura criminal que por acción u omisión, siempre se configurará como la responsable de este tipo de violaciones; este tipo de estructuras son las que nos han venido sometiendo en una guerra histórica durante años.

Por razones como esas creemos en la pintura como un lenguaje más, en el que se pueden relacionar desde las alegrías, las ausencias y los sueños que tenemos de manera individual o colectiva. Mario y Elsa no son sólo dos investigadores del Cinep, son los soñadores que cada uno llevamos dentro como transformadores de esta realidad.

¿Cuál es el mensaje que envían a las personas que quieran participar de este homenaje?

D: En esta ocasión la particularidad de la acción radica en que es una intervención en el parque que Mario Calderón creó hace algunos años y que actualmente se llama paradójicamente “Mariscal Sucre”. La idea es renovar y compartir ese día alrededor de un conflicto que aunque nos apacigua, siempre hay oportunidades para compartir en medio de la pintura, la música y una memoria activa que debe consolidarse en la transformación de nuestra propia realidad.

 

Más sobre Dexpierte:

www.dexpierte.blogspot.com

www.flickr.com/photos/dexpiertecolombia

 

 

Laura Inés Contreras Vásquez

Equipo de comunicaciones



 

Estaba haciendo la fila para entrar a ver  “Monsieur Periné” en el Koerner  Hall de Toronto,  cuando recibí un mensaje de texto de Elvira Alvarado recordándome que el próximo mes de mayo se cumplen 20 años del vil asesinato de su hermana y mi buena amiga Elsa,  junto con su esposo y también cómplice generacional Mario Calderón y el papá Alvarado. Me invitaba a escribir algo, alguna frase relacionada con los dos últimos años de la vida de Elsa y de su pensamiento.  Lo primero que se me vino a la memoria fue un “mini casete” que me regaló quince días antes de su asesinato y que dejó en mi apartamento camino a dictar su clase de “Comunicación para el Desarrollo” en la Universidad Externado de Colombia (nuestra universidad). Se trataba de las canciones de una nueva y desconocida joven cantante barranquillera que había sacado su primer disco “Pies descalzos”, el cual le gustaba mucho a sus estudiantes. Estaba utilizando las letras de algunas de sus canciones para trabajar con ellos los mensajes clave de esas letras, mezcladas con las melodías de esa joven cantante que movía los corazones de los chicos.

 Las nuevas y refrescantes melodías de los integrantes de Monsieur Periné, junto con el recorderis que me hizo Elvira de la partida de Elsa, removieron la memoria de nuestras vidas de hace 20 años, cuando estábamos en los 30s y éramos buscadoras de nuevas formas de educar a los jóvenes estudiantes; de hacer de la comunicación en todas sus formas, una potente arma educadora y de “utilizar” las propuestas de los jóvenes, como una herramienta pedagógica  para propiciar interés por el conocimiento, por la crítica, por el “no tragar entero”.

Desde hace 20 años,  aparece cada año, en mayo, el recuerdo de Elsa y Mario bajo diversas formas.  Tratamos de esquivar el dolor de su partida prematura y de la rabia de pensar por qué esas fuerzas oscuras no se dieron el permiso de haberlos conocido, pues seguro que si se hubieran sentado a conversar con ellos, no les hubieran tocado un pelo. Si hubieran llamado a la puerta en vez de haberla violado a tiros de metralleta, seguramente Elsa y Mario les habrían abierto la puerta de su casa y les brindarían una taza de té o un aromático café colombiano para entablar una charla que se hubiera convertido en una noche de dialogo, de compartir historias, alternada con deliciosos platillos que habrían salido de la cocina siempre lista para hacer sentir a los visitantes como en su casa. Pero no fue así. Llegaron y sin permiso masacraron unas vidas llenas de vida. Mataron vilmente a esos andantes del bien, de la paz, a esos protectores del planeta que buscaban que el agua rodara fresca por los manantiales.

Es inevitable no pensar en lo que quisiéramos borrar de nuestra memoria. Es imposible no preguntarnos una y otra vez ¿por qué?... Pero esto no es a lo que me ha invitado a recordar Elvira. Entonces volvamos a esa mujer alta y esbelta, de sonrisa grande y cabello fino. A esa chica que le robó el corazón al “Obispo de Oriente”… Elsa era una comunicadora por esencia y una educadora por convicción. Nos unía que yo soy educadora por esencia y comunicadora por convicción. Nos unía también que nos encantaban las jóvenes generaciones, los niños, los muchachos y las chicas, por su inocencia, su franqueza y sus búsquedas y nos interesaba llegarles a ellos. Pero también nos importaba pensar en  los más excluidos, en los que no tienen voz, en los que sufren por la pobreza, por no tener un pan en la mesa u oportunidades para estudiar. Teníamos buenas charlas sobre el papel de los medios de comunicación en la educación de las jóvenes generaciones, en el uso de la televisión, de la radio con fines educativos, pero no para producir aburridores programas que se dicen “educan” sino los medios, como potentes instrumentos para cambiar mentalidades y no para mantener el statu quo de los pueblos. Eran tiempos en donde el internet no se había popularizado, ni las redes sociales virtuales aún existían, ni mucho menos existían los celulares inteligentes que todo lo hacen. Eran tiempos del betamax, de los CD, de las videotecas para sacar películas en beta o VHS, de los cine clubs y de las salas con grandes computadores donde accedíamos para tareas puntuales.  Los pequeños laptops eran propiedad de reducidas minorías.  Me pregunto cuál podría ser nuestra conversación de hoy si Elsita estuviera, sobre el papel de la educación mediada por tanta información, por el inmediatismo de la noticia, por  los bancos de música que se bajan en el celular, o las bibliotecas virtuales al servicio de quien los quiera con solo prender un teléfono?

Trabajábamos en el CINEP. Para ese entonces construíamos en el Proyecto Urbano una estrategia educativa para capacitar al movimiento de madres comunitarias en el país encargadas de la atención a la primera infancia. Las madres comunitarias no tenían voz, no eran reconocidos sus derechos como educadoras. Eran simples cuidadoras, que abrían las puertas de sus casas para proteger a los niños pequeños y enseñarles con juegos y cantos las primeras letras. Con Elsita discutíamos ideas para cualificarlas, que tal producir materiales usando comics, grabarles música, ponerles películas para que el mundo se les abriera hacia el universo de la infancia en sus primeros años?… Así nacían las semanas de la creatividad en el Sur Oriente de Bogotá, el cineclub cine-Cinep para los niños del barrio La Perseverancia o el programa Fosdimac de formación a las madres comunitarias.

Fuimos también cómplices de amores secretos. De compartir su sueño de tener un hijo. De su complicidad cuando supo que en mi vientre crecía mi José Alejandro.  La primera persona que llegó a la clínica después de mi familia inmediata a visitar a mi  Ale fue Elsita. Siempre con su sonrisa grande, lo miró a los ojos y yo le se lo entregué para que lo cargara. Ella lo tomó en sus brazos  y con la complicidad que nos caracterizaba, recordamos lo que algún día una madre comunitaria nos había dicho, que era importante cargar a los bebés pues así llegaba el propio. Meses después, la semilla de Iván, su hijo, prendió y también él llegó al mundo.

No compartimos mucho tiempo la primera infancia de nuestros hijos juntas. Nos fuimos para París y ellos, Mario y Elsa, empezaron su crianza en Colombia. Iván recibió un regalo de José Alejandro, “Artura la Cangura”, que cuidadosamente seleccionamos para mandar con un mensajero visitante en Paris que volvía a Colombia. Guardo como un tesoro, un sobrecito con una carta escrita a cuatro manos por Mario y Elsa donde agradecen la llegada de Artura.  Por ahí está,  junto con el tarot que leía Mario y que años después, en un mes de mayo en Guatemala, me regaló Nohora Alvarado, su otra hermana,  cuando nos encontramos en uno de mis periplos latinoamericanos.

Es imposible olvidar a Elsa en tiempos de las redes virtuales, de los App, del WiFi, de la transformación del mundo por la tecnología y las telecomunicaciones. Este escrito me hace pensar que si estuviera viva, seguramente estaría dándonos pistas sobre los retos de la educación a las jóvenes generaciones que consumen diariamente información, que navegan en el mundo virtual cotidianamente, que construyen vidas paralelas, las reales y las virtuales, a través del celular o del laptop.  Toda esta revolución estaría mediada por su cuidadosa reflexión sobre mundos más justos para todos, donde el acceso a la información, pero sobretodo, el no tragar entero, debe estar en el centro de la reflexión educativa.  Estaríamos pensando como aprender a digerir toda esa información que diariamente nos bombardea y que tratamos de aprender a interactuar con los jóvenes de hoy, en estos tiempos donde la inmediatez es la unica manera de sobrevivir.

Elsa, Mario, Iván, están siempre en mi corazón.

 

Tatiana Romero Rey

Toronto, Abril 24 de 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aunque Ana María solía referirse a mí como su maestro y mentor, técnicamente nunca fue mi alumna en un salón de clase de esta universidad, sino que nuestra relación era más bien un continuo intercambio de ideas, en el que cada uno aportaba lo que había leído, recordado y aprendido a lo largo de los años. Eran largas conversaciones de horas y a veces hasta de días, en las que, de manera desprevenida y espontánea, compartíamos intereses, enfoques, críticas, análisis, que no siempre se reducían a la dimensión intelectual.

Así fuimos construyendo en mi equipo de investigación del Cinep una suerte de comunidad de ideas a partir de la discusión de los aportes de cada uno en un perpetuo seminario de investigación, en el que investigadores experimentados, jóvenes investigadores y asistentes de investigación íbamos construyendo juntos un acercamiento conjunto a los temas de interés en el análisis de la coyuntura e historia política del país. Recuerdo particularmente la manera como aproveché mi experiencia docente en la Universidad de los Andes para reclutar un magnífico grupo de investigadoras, que algún gracioso del Cinep bautizó como la Fundación Niñas de los Andes, en contraste con el hecho de que la mayoría de los investigadores provenía de la Nacional o Javeriana. De ese grupo hacían parte mis asistentes de investigación Renata Segura y Adriana Posada, recién graduadas, a las que se sumaron Ana María, que estaba ya iniciando sus estudios de doctorado y otra chica muy joven, que no había terminado todavía su carrera: Ingrid Bolívar.

En esa comunidad de ideas, Ana María aportaba sus lecturas sobre la necesidad de regresar a la reflexión teórica sobre la naturaleza y

el origen del Estado, inspirada en los trabajos de Theda Skocpol. Lo que se reflejó en sus artículos sobre la necesaria interacción entre sociedad civil y Estado y el carácter selectivo de los intentos de modernización estatal en Colombia, elaborado este último en colaboración con Renata Segura

En esas discusiones y reflexiones Ana María evidenciaba su enorme capacidad analítica que la hacía percibir matices y mostrar tanto los posibles aportes como las limitaciones de los autores, al lado de su claridad mental y gran facilidad de expresar temas complejos de manera sencilla y pedagógica. Todo esto sin las pretensiones de importancia a la que somos a veces dados en el mundo intelectual, donde era proverbial su inmensa generosidad para compartir sus opiniones, conceptos y lecturas. Además, sus serios aportes estaban condimentados con un gran sentido del humor y mucho respeto de las opiniones de las otras personas. Obviamente, la combinación de estos rasgos hacía que se ganara, con cierta facilidad, el respeto y sobre todo el corazón de sus colegas y alumnos.

Pero, más allá de la admiración por sus calidades académicas, creo que lo que más apreciamos los que tuvimos el honor de haberla acompañado en su lucha contra la enfermedad y las adversidades de su vida personal, fue su inmensa fortaleza, que contrastaba con su apariencia física aparentemente frágil. Durante casi veinte años, no sabemos de dónde sacaba ella fuerzas para luchar con la enfermedad que reaparecía de vez en cuando, al tiempo que dedicaba sus cuidados maternales a su hijo Federico, como “mamá gallina” como ella se describía, pero sin descuidar sus actividades de docencia e investigación.

Recuerdo que cuando estaba ya recuperando sus capacidades físicas y mentales después del primer episodio de su enfermedad, cuando estaba reasumiendo sus labores en el CIJUS, superando lo que ella denominaba “su cerebro de quimioterapia”, el atentado contra Eduardo Pizarro la obligó a un forzoso exilio, que ella aprovechó para culminar y defender su tesis doctoral, que había aprovechado mucho las reflexiones y discusiones en el equipo del Cinep. Pero, este éxito profesional la llevó luego a una peregrinación de varios años por varias universidades en los Estados Unidos, hasta que logró establecerse ya definitivamente en la Universidad de Toronto. Allí continuó profundizando su vida académica, combinando su docencia e investigación con sus deberes de madre y el cultivo de sus amistades, tanto allá como acá, pues nunca perdió el contacto permanente con sus colegas, alumnos y amigos.

Obviamente, este desarrollo personal distaba mucho de ser lineal, pues se veía interrumpido periódicamente por la reiterada aparición de su enfermedad. Recuerdo la alegría e ilusión que me manifestaba cuando, cinco años después de su primer episodio, me llamó para celebrar, desde la distancia, el que había sido declarada oficialmente curada. Sin embargo, ante la reiterada aparición del mal, Ana María siguió luchando fiel a la meta que se había fijado: no dejar este mundo sin ver a su hijo Federico adulto, capaz de defenderse por sí solo en la vida.

Por eso, cuando conversaba con mi médica personal, sobre los avatares por las cuales había pasado Ana María, me decía que deberíamos estar agradeciendo a Dios por el milagro de haberla tenido con nosotros esos años, pues su caso era médicamente inexplicable. Yo le comentaba que efectivamente había sido un MILAGRO DE AMOR de Ana María por su hijo Federico, pero del cual nos habíamos beneficiado sus familiares, amigos, colegas, alumnos y todos aquellos a los cuales tocó a lo largo de los años.

Por eso, quiero, rompiendo con mi tradicional separación-un tanto esquizofrénica entre mi vida como académico y mi experiencia religiosa como sacerdote jesuita, terminar estos recuerdos del significado de la presencia de Ana María en nuestras vidas con una oración de ACCIÓN DE GRACIAS por el beneficio de haber compartido su vida durante estos años.

 

Dios Padre, de cuyo amor provienen todos los amores de nuestra vida humana, que manifestaste tu mensaje de amor universal por medio de tu HIJO, que compartió los afanes de nuestra vida pasando por el dolor y la muerte,

Te damos gracias por el amor que desplegó Ana María entre nosotros, siendo testigo de tu bondad mediante su entrega generosa a todos los que tuvimos el privilegio de contar con su presencia en nuestras vidas, empezando por su hijo Federico, su madre y hermanas, sus familiares, sus compañeros de colegio y universidad, sus colegas, alumnos y amigos, que hoy lamentamos su ausencia física entre nosotros,

Pero que seguimos experimentando su presencia, de manera misteriosa, en el amor que ella sembró entre nosotros, que garantiza, como dice San Juan en una de sus cartas, que hemos pasado de la muerte a la VIDA, y que nos anuncia la esperanza de un mundo mejor, donde todos podamos vivir como hermanos que somos e hijos de un mismo Padre.

Y te pedimos que esas semillas de amor que Ana María sembró entre nosotros sigan produciendo frutos de amor en nuestras vidas,

TE LO PEDIMOS por nuestro Señor Jesús, que compartió con nosotros su vida, impulsado por la fuerza del ESPIRITU SANTO, espíritu de amor, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

 

Bogotá, abril 24 de 2017    

 

 Fernán González S.J. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el Diálogos Cinep/PPP del pasado 3 de mayo, el tema principal fue la justicia en los casos de líderes sociales y defensores de derechos humanos asesinados en Colombia. A propósito de los veinte años del asesinato de Mario Calderón, Elsa Alvarado y Carlos Alvarado, Cinep/PPP comienza este mes de rememoración con el tema de los mecanismos de justicia para resolver los casos de líderes y defensores asesinados, que han aumentado en los últimos meses.

Este diálogo tuvo como invitados a Gustavo Gallón, abogado de la Comisión Colombiana de Juristas; Luz Marina Monzón, abogada de víctimas ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos; Camilo Borrero, profesor de la Universidad Nacional y compañero de Mario Calderón y Javier Giraldo, jesuita e investigador del banco de datos de Derechos Humanos y Violencia Política del Cinep/PPP. La moderación estuvo a cargo de Alejandro Angulo, jesuita e investigador del Cinep/PPP.

Giraldo S.J, haciendo alusión a la violencia política que ha causado tantas muertes y despojos en nuestro país, dijo que "vamos cada vez descubriendo que vivimos en una sociedad diseñada por los victimarios". Otra de las ideas con más fuerza de este diálogo fue la propuesta que hizo Alejandro Angulo S.J. desde su moderación: "que esta memoria no sea una memoria triste, sino que sea una memoria creativa" haciendo un llamado a la diversidad de formas que tenemos los colombianos para exigir justicia.

Por su parte, Luz Marina Monzón, abogada de víctimas, se refirió al asesinato de líderes y defensores como un ataque a la visibilización de las desigualdades, de las injusticias y de los abusos, y reforzó que "detrás de los asesinatos de los defensores de Derechos Humanos está el interés de seguir imponiendo un modelo económico y político".

Gustavo Gallón, de la Comisión Colombiana de Juristas, resaltó que a pesar de las dificultades que se han presentado con el proceso de paz, el avance por la construcción de la paz es muy superior a lo que tenía el país hace veinte años. Además, recordó a los investigadores del Cinep asesinados: "si Mario y Elsa estuvieran presentes, nos dirían que hay que seguir adelante, y eso es lo que ha hecho la comunidad de Derechos Humanos".

A propósito de este asesinato, Camilo Borrero recordó los veinte años de impunidad de este crimen, y la responsabilidad que aún tiene el estado con su familia y con la sociedad para esclarecerlo, pues aún no se ha dado con los autores intelectuales. A pesar de ello, Borrero afirmó que: "con todo en contra, pero con el espíritu a favor, tenemos la posibilidad de que la impunidad quede atrás, porque lo que está en juego no es un ajuste con el pasado, sino lo que queremos para el futuro, por eso es nuestro deber participar ahora".

Al concluir este diálogo, varios de los invitados coincidieron que la sociedad tiene un compromiso enorme para construir la paz en este momento. Y el estado la responsabilidad de no permitir que la impunidad siga siendo un común denominador en los casos de líderes sociales y defensores de derechos humanos asesinados. Con este evento, el Cinep/Programa por la Paz da apertura al mes de conmemoración de los 20 años del asesinato de Mario Calderón, Elsa y Carlos Alvarado.

Asista al próximo evento: De la comunicación, la paz y la construcción de opinión pública. Una reflexión a propósito del legado de Elsa Alvarado

 Vea aquí la transmisión del evento:

 

Laura Inés Contreras Vásquez

Equipo de comunicaciones

La violencia que se ha presentado en los últimos meses contra líderes sociales y defensores de derechos humanos en Colombia es preocupante. Según el último informe de Somos Defensores, durante 2016 fueron asesinados 80 defensores de DD.HH. y otros 49 fueron víctimas de atentados contra su vida.

Según la Fiscalía, ya se están investigando 74 asesinatos reportados por la ONU entre 2016 y 2017.  Hasta el momento, no tienen evidencia de ninguna organización detrás de las muertes y se han efectuado cuatro condenas, se ha capturado a 56 personas por 17 de los homicidios y hay 73 personas vinculadas a las investigaciones.  Hablamos con Gustavo Gallón, fundador de la Comisión Colombiana de Juristas y  uno de los invitados al próximo Diálogos Cinep/PPP que se realizará el 3 de mayo a las 5:30 p.m.

¿Qué significado tiene la indiferencia de la sociedad en los casos de líderes sociales y defensores de derechos humanos asesinados en nuestro país?

Gustavo Gallón: Yo no estoy tan convencido de la impunidad social. La hay en algunos sectores, por supuesto, más que en otros.  En el caso de Mario, Elsa y Carlos, yo creo que conmovió mucho a diversos sectores, y lo sigue haciendo, no todo lo que uno quisiera, pero en diversos escenarios en donde se ha conocido el hecho, ha impactado fuertemente. Y yo creo que, gracias a que no hay un nivel total de impunidad social, tengo la esperanza de que avancemos hacia una reducción de esta.

No es gratuito que en el acuerdo de paz se haya creado el Sistema Integral de Verdad Justicia y Reparación, orientado a hacer justicia, orientado a desarrollar los mecanismos de justicia relacionados con este tipo de crímenes.

¿Cuál es el rol de la ciudadanía frente a lo que está sucediendo hoy con el tema de líderes asesinados?

G.G: Es muy grave y puede echar a perder  el proceso. Es decir, podemos seguir en las mismas con un acuerdo de paz muy valioso, pero mientras no se enfrente decididamente el paramilitarismo, eso va a seguir ocurriendo. Lo que hay que hacer es exigir, que haya una política seria contra el paramilitarismo, y el acuerdo da herramientas para eso.

El acuerdo prevé la creación de una Comisión Nacional de Garantías de Seguridad para enfrentar el paramilitarismo. Su objetivo es diseñar una política contra el paramilitarismo y supervisar su cumplimiento, y para eso tiene quince atribuciones, la posibilidad de revisar hojas de vida de militares, la posibilidad de dar pautas en materia de inteligencia, pedir informes a las autoridades acerca de qué están haciendo, etc. Todo eso hace parte de mecanismos muy bien pensados, pero  falta la voluntad, falta decisión, capacidad de superar la pesadez del estado para actuar, seguramente porque hay negligencia, seguramente porque hay complicidad por parte de algunos sectores.

Creo que se ha reducido el nivel de complicidad. Es decir hace diez o veinte años era más generalizada. En este momento, tengo la impresión de que no es generalizada, hay sectores del estado, especialmente los de seguridad, que no están con el paramilitarismo. Mientras que hace 20 años no tengo la duda de que la gran mayoría estaban metidas en ello.  Pero la tarea es difícil. Creo que hay que fomentar la acción ciudadana, el reclamo por parte de las organizaciones sociales  de derechos humanos y de derechos de víctimas. Que afecta a las víctimas, pero también a  la sociedad en su conjunto, porque no podrá avanzar.

A propósito de los 20 años del asesinato de Mario Calderón, Elsa Alvarado y Carlos Alvarado, en el próximo Diálogos Cinep/PPP discutiremos sobre la justicia en los casos de líderes sociales y defensores de derechos humanos asesinados.

Invitados:

  • Camilo Borrero, Universidad Nacional.
  • Gustavo Gallón, Comisión Colombiana de Juristas.
  • Luz Marina Monzón, abogada.
  • Javier Giraldo, S.J. Banco de datos de DD.HH del Cinep/Programa por la Paz.

Moderador:  Alejandro Angulo, S.J.  Banco de datos de DD.HH del Cinep/Programa por la Paz.

Día: 3 de mayo

Hora: 5:30 p.m -  7:30 p.m

Lugar: Carrera 5 N° 33 B 02

Entrada Libre

Inscríbase en: http://bit.ly/2qpDMN7

Laura Inés Contreras Vásquez

Equipo de comunicaciones



Los amigos de la guerra están buscando nuevos escenarios para defender su riqueza y acrecentarla. Las potencias mundiales muestran sus garras desafiantes y buscan multiplicar aliados para reforzar sus causas. El ataque con misiles ordenado por el presidente Trump contra Siria ha generado una tensión negativa en el mundo. Para entender este difícil contexto es necesario remitirse al largo conflicto del medio Oriente o conflicto árabe, y que pasa por dos grandes asuntos: las diferencias religiosas y culturales entre musulmanes, judíos y cristianos, y, en segundo lugar, los intereses de las potencias mundiales por los territorios que contienen los recursos energéticos, especialmente el petróleo.

El pretexto que ha reavivado esta tensión mundial es la guerra civil en Siria, entre rebeldes y simpatizantes de Bachar Al Asad, un dictador, hijo de otro dictador, y que ha puesto en juego la debilitada y aparente paz mundial, lo que puede derivar en una guerra de grandes proporciones, difícil de controlar por organizaciones mediadoras como la ONU, pues ella ha perdido por completo el liderazgo para generar acuerdos útiles y efectivos entre los países miembros. En consecuencia hoy estamos en manos de líderes mediáticos, mesiánicos, impulsivos, incoherentes, gestores corruptos de grandes fortunas económicas personales y poco preparados para dirigir un Estado y generar relaciones internacionales tolerantes, respetuosas e inteligentes. Tanto Trump, como Putin presidente de Rusia y Kim Jong-un, mandatario de Corea del Norte, son fieles representantes de este tipo de supuestos estadistas. De ellos, cualquier salida se puede esperar, pero lo más crítico es que organismos como la Unión Europea, la OTAN, lo mismo que muchos países con intereses, como Israel y hasta nuestro gobierno colombiano, los han respaldado, porque saben que están en juego muchos intereses económicos.

No hay duda, se vienen años difíciles y lo más angustioso es que no abundan líderes ni instituciones mundiales que promuevan espacios de reconciliación, hoy todos quieren defender a todo costo sus dominios económicos, hacer un desarrollo sin gente, unas sociedades empobrecidas y sobrantes, peor que esclavos; y una dinámica cada vez mayor de crecimiento de riquezas en pocas manos. En el Mensaje de Cuaresma de este año el Papa Francisco nos recuerda: “El apóstol Pablo dice que la codicia es la raíz de todos los males. Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico. En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz”.

* Editorial presentada el domingo 2 de abril del 2017, en el programa radial de RCN “Notas humanas y divinas”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara Director CINEP/Programa por la Paz

Este número de la Revista Controversia busca analizar ¿Cuáles son los retos de la educación intercultural frente al contexto de post-acuerdo? ¿Qué tipo de procesos pedagógicos interculturales se puede desarrollar en el reconocimiento de los derechos de los grupos campesinos, étnicos, de víctimas y excombatientes en la nueva geografía nacional?

 Esta articulación de la educación con enfoque intercultural con el contexto actual nacional permite problematizar y complejizar el lugar que ocupará la formación frente a la construcción de otras narrativas del conflicto y la paz territorial.

 Los ejes temáticos para este número son:

 El papel de la escuela en la comprensión del conflicto y la construcción de paz que implica situar a la educación desde una mirada crítica y propositiva frente a la firma de los Acuerdos de La Habana y en clave del lugar que ocuparán en la escuela niños, niñas, jóvenes y adolescentes víctimas y excombatientes. Esto significaría repensar cuáles son los retos de la educación en el contexto de post-acuerdo.

  • El reconocimiento de los derechos de los grupos étnicos, de víctimas y excombatientes en la nueva geografía del conflicto y la paz territorial que significa construir una mirada diferenciada en el reconocimiento de la etnicidad, el género y la raza. A su vez implica comprender los impactos de los modelos de desarrollo que se han construido y proyectado para la región Caribe.
  • Las memorias del territorio, pedagogías de la memoria y su lugar de incidencia en la escuela que nos interpelan en los ejercicios de la memoria histórica, las pedagogías de la memoria y la paz, y la construcción de nuevas narrativas contextualizadas para las diversas regiones, especialmente la Caribe.
  • Educación rural y derechos del campesinado que busca situar la reflexión sobre la tensión entre los procesos educativos que se vienen adelantando en las ruralidades colombianas y la construcción de la política pública en educación rural.

 Editora invitada: Jenny Paola Ortiz Fonseca, CINEP

 

Fechas

Apertura: 17 de abril.

Cierre: 31 de julio.

Publicación: diciembre 2017.