Apr 26, 2017

El cáncer letal de la corrupción llevó al departamento de La Guajira a una de sus más graves estados de ingobernabilidad, crisis social y financiera. En los últimos días fue necesario que el Gobierno nacional interviniera, de manera temporal, los recursos de salud, educación y agua potable. Esto significa que el departamento no podrá manejar los recursos de los ciudadanos, hasta por tres años, los setecientos ochenta y cinco mil millones de pesos que la Nación le transfiere anualmente por el Sistema General de Participaciones, para invertir en educación, salud y agua potable.

Estos recursos a partir de la fecha y hasta que se considere conveniente, pasarán a ser manejados directamente por Bogotá. Esta medida extraordinaria y tardía, es parte de un plan de contingencia para hacerle frente a la crisis social que vive la mayoría de los pobladores de esta región. La gota que rebozó la copa fue la reciente captura del último gobernador, Wilmer González Brito, quien fue enviado a la cárcel por fraude electoral y corrupción, entre otros delitos. En su reemplazo, el presidente Santos nombró a Weildler Guerra Curvelo, un académico reconocido por sus estudios de la cultura wayúu y miembro de la Academia de Historia de Colombia.

Pero alrededor de este hecho lo más indignante es la realidad que expresan los datos sobre lo que viven las comunidades guajiras: es el único departamento de Colombia donde existen quince mil niños sin educación. Se estima que alrededor de quince mil niños guajiros se encuentran en situación de desnutrición por falta de recursos básicos, según la Procuradora Delegada para la Infancia y Adolescencia de Colombia, Ilva Myriam Hoyos, quien desde hace más de un año calificó de “indignante” lo que sucede en este territorio. A esto se suma que solamente tres de los quince municipios suministran agua potable y se tiene evidencias de que los dineros para financiar acueductos, mejoramiento de escuelas, alimentos para estudiantes y las jornadas de vacunación, se los han robado. Muchos ciudadanos guajiros están cansados de esta situación, denuncian y hacen propuestas, pero en su contra está la acción de los políticos clientelistas tradicionales que siguen siendo un pequeño pero poderoso grupo que maneja la vida de la región.

El Obispo de Riohacha, Héctor Salah Zuleta, en una homilía de la festividad de Nuestra Señora de los Remedios expresó, que para llegar a la Guajira que soñamos, es vital “enfrentar la corrupción para cerrarle el paso a la penetración del narcotráfico y el crimen organizado en los espacios de representación y deliberación política. Es importante que los recursos públicos sean ejecutados allí en donde debe ser: en la garantía de los derechos ciudadanos.”

* Editorial presentada el domingo 5 de marzo del 2017, en el programa radial de RCN “Notas humanas y divinas”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara
Director general Cinep/Programa por la Paz

 

Al empezar cada año, tradicionalmente los papas dirigen al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede un discurso llamado “el estado del mundo”. Esta vez el Papa Francisco enfatizó el tema de la seguridad y la paz mundial, exponiendo su percepción y los desafíos que hoy tienen la sociedad y los Estados. Francisco nos recuerda cómo hace un siglo transcurrió la inútil matanza de la Primera Guerra Mundial, sembrando violencia, sufrimiento y muerte. Surgieron a su vez regímenes políticos autoritarios defendiendo sus intereses económicos y culturales, causando profundas divisiones. Si bien el Papa afirma que algunas zonas del mundo han vivido hasta hoy, después de dos guerras mundiales, prolongados tiempos de paz, desarrollo económico y bienestar sin precedentes, también hoy para muchos pueblos la paz es una ilusión lejana. Millones de personas viven en medio de conflictos insensatos y otros países, considerados seguros, viven en medio del miedo.

El Papa expone que inclusive las mismas religiones han sido un factor de violencia, si bien existen diversas iniciativas, que inspiradas en la religión, han contribuido a la construcción de la paz en zonas de conflicto. A pesar de ello, debemos ser conscientes que actualmente la experiencia religiosa, en lugar de abrirnos a los demás, a veces es utilizada como pretexto para crear violencias. El Papa se refiere particularmente al terrorismo fundamentalista que el año pasado segó la vida de numerosas víctimas en Afganistán, Bangladesh, Bélgica, Burkina Faso, Egipto, Francia, Alemania, Jordania, Irak, Nigeria, Pakistán, Estados Unidos, Túnez y Turquía. Este fundamentalismo religioso sumado al desplazamiento forzado y el rechazo a los migrantes, es fruto de una grave miseria espiritual, vinculada a una gran pobreza social. Por esto líderes religiosos y políticos deben trabajar juntos. En este sentido, la paz no es un discurso, sino una virtud activa que requiere el compromiso de cada persona y del cuerpo social en su conjunto. Como dice el Concilio Vaticano Segundo: la paz jamás es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer. Construirla requiere renunciar a la violencia en la reivindicación de los propios derechos y transformar las relaciones por el camino de la compasión, la reconciliación y un perdón que no se contrapone a la justicia, sino que tiende a su realización plena.

De otra parte, el Papa advierte que una visión reductiva del ser humano que genere iniquidad, desigualdad social y corrupción es una gran enemiga de la paz. Por eso la paz se conquista con la solidaridad, el cuidado de la creación y la misericordia, valores espirituales y sociales que llevan a solucionar los conflictos de manera negociada, como se viene haciendo entre Cuba y Estados Unidos, en el conflicto interno de Colombia, en Oriente medio, África y Europa, en búsqueda de reconstruir sociedades reconciliadas.

Finalmente Francisco nos recuerda que la paz es un don, un desafío y un compromiso. Un don porque brota del corazón de Dios; un desafío, porque es un bien que no se da nunca por descontado y debe ser conquistado continuamente; y un compromiso, ya que la paz requiere el trabajo apasionado de toda persona de buena voluntad para buscarla y construirla.

* Editorial presentada el domingo 15 de enero del 2017, en el programa radial de RCN “Notas humanas y divinas”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara
Director General Cinep/Programa por la Paz
 

El presidente Trump busca una ofensiva frontal contra todo aquello que, según él, ha debilitado a los Estados Unidos. Por eso, su agenda incluye reformas a la política migratoria que traerá cambios profundos a la población hispana. Varios son los aspectos que Trump va a intervenir: la deportación de inmigrantes con récord criminal. La persecución a quienes no poseen papeles en regla. Discrecionalidad en dar permisos especiales a quienes llegaron a Estados Unidos siendo niños y a los padres de ciudadanos estadounidenses y residentes legales permanentes. La aplicación de medidas de seguridad nacional para combatir el extremismo islámico violento. Imponer tributos a las remesas. Sanciones a ciudades que facilitan la llegada de migrantes como Los Ángeles y Nueva York. Y, la más controvertida de las medidas: construir un muro en la frontera sur con México para frenar a los migrantes ilegales.

En Estados Unidos viven más de treinta y cinco millones de migrantes, once millones son indocumentados. Trump ha prometido deportar entre dos y tres millones, revirtiendo el legado indulgente de Obama. Pero el gobierno de Trump no puede deportar legalmente a las personas solo por su nacionalidad, sino con base en delitos criminales o administrativos, como ser indocumentado. Sin duda que estas eventuales deportaciones y la reducción de arribos a Estados Unidos, afectarán las transferencias de remesas que suman ciento treinta mil millones de dólares al año. Fenómeno particularmente duro para México, Centro América y países como Colombia.

En estos momentos los migrantes ilegales y quienes no han podido definir su situación, temen las deportaciones masivas y sienten la presión del gobierno y la sociedad. La política de Trump ha logrado poner 7, en el programa radial de RCN “Notas humanas y divinas”.a los migrantes, especialmente a los indocumentados, bajo la visibilidad mediática, señalándolos como una amenaza social y económica para la seguridad norteamericana. Pero desde la realidad de los migrantes, ellos son víctimas de un modelo de desarrollo global, desigual e inequitativo, generador de una economía concentrada que beneficia la acumulación del capital en pocas manos; que impulsa procesos de exclusión social y cultural; y que hace ver a las víctimas como las responsables de los desequilibrios sociales.

El documento de Aparecida en el número cuatrocientos catorce nos dice: “Entre las tareas de la Iglesia a favor de los migrantes, está indudablemente la denuncia profética de los atropellos que sufren frecuentemente como también el esfuerzo por incidir, junto a los organismos de la sociedad civil, en los gobiernos de los países para lograr una política migratoria que tenga en cuenta los derechos de las personas en movilidad”.

* Editorial presentada el domingo 5 de febrero del 2017, en el programa radial de RCN “Notas humanas y divinas”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara
Director general Cinep/Programa por la Paz

Frente a la tarea de construir una paz justa, sustentable, con derechos y responsabilidades ciudadanas, este año dos mil diecisiete y por lo menos las próximas dos décadas son definitivas para el país. Pero el dos mil diecisiete marca el inicio y como todo primer paso, será uno de los años más difíciles para la Paz. Además del reto de iniciar la aplicación de los acuerdos de La Habana en materia de reparación a las víctimas, de empezar el ordenamiento institucional para desarrollar la justicia transicional y de llevar a buen puerto las tareas pendientes sobre desarrollo rural, participación política con garantías y generar nuevas estratégicas contra el narcotráfico, se suma la agenda social y política del país.

En lo social está el reto de reestructurar un sistema nacional de salud que es injusto, indigno y deprimente. El déficit es de siete punto seis billones de pesos y la reforma tributaria no atenderá sino una pequeña parte de él. La educación, es otro reto social, el gobierno Santos aplicó el año pasado veintiocho billones de pesos, pero el tema no es solo de cobertura sino de calidad y la paz necesita de ella con urgencia. En la agenda política el hecho de que la mayoría de los legisladores le haya dado el aval al nuevo Acuerdo de Paz le otorga un triunfo político al presidente Santos y le muestra a la oposición que el debate sobre las leyes que se van a crear para la implementación del Acuerdo es un procesos difícil. Esta misma oposición se ve retada a tener una campaña electoral que busque ganar espacio en el Congreso y argumentar la necesidad de apoderarse de la presidencia de Colombia en el año dos mil dieciocho con el fin de limitar la aplicación del Acuerdo con las FARC. Por su parte las FARC, en el escenario político electoral no van a ceder terreno. Será la primera vez que no van a ser uso de las armas en la política, esperemos que los demás actores armados ilegales que también han hecho uso de ellas en la política no las continúen usando para generar, como ya lo han hecho en otros momentos de la historia del país, la guerra sucia en contra de sus opositores. El balance de los hechos muestra que la paz está en ciernes y con grandes retos para iniciar el camino de su construcción. Cómo nos dice el Padre de Roux en su columna de El Tiempo: “El desafío para la Iglesia católica y las demás confesiones y para mujeres y hombres que se sienten movidos moralmente en conciencia, es ejercer la responsabilidad de un acompañamiento espiritual unificado, audaz y convocante. Que se ponga por encima de las ambiciones de poder y de sus personajes, que plantee que la reconciliación es difícil, pero vamos por ella. Que esté llevado por la compasión ante el sufrimiento, por la búsqueda de la verdad, por la determinación de no permitir la impunidad de ningún lado”.

 

* Editorial presentada el domingo 8 de enero del 2017, en el programa radial de RCN “Notas humanas y divinas”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara
Director General Cinep/Programa por la Paz
 

 

 

Tres casos de corrupción son la muestra de cómo en Colombia se ha tocado fondo en el desfalco a la nación: los casos de InterBolsa, Reficar y Odebrecht. En el caso de InterBolsa, la semana pasada quedó en libertad por vencimiento de términos, el empresario Víctor Maldonado Rodríguez, que enfrenta un proceso penal por ser presuntamente el cerebro de la estafa a los inversionistas para rentar y ganar grandes sumas de dinero en el Fondo Premium de InterBolsa, a finales de dos mil trece. Maldonado se ha declarado inocente de los delitos imputados por la Fiscalía y sus abogados han hecho todo tipo de artimañas jurídicas para entorpecer el proceso. En total fueron sesenta y cuatro millones de dólares de detrimento patrimonial y se vieron afectados mil doscientos seis inversionistas. Nueve implicados más, acusados de ser estafadores, están hoy en libertad.

En el caso de corrupción en la refinería de Reficar, la Fiscalía y la Contraloría General han encontrado serias inconsistencias que superan los cuatro mil millones de dólares de sobrecostos en la ejecución de contratos. Reficar puede ser el mayor caso de corrupción y negligencia del siglo en Colombia pues al sobrecosto se le suma el daño fiscal, que puede superar los ocho punto cinco billones de pesos. Finalmente, en el caso de corrupción de la constructora de vías Odebrecht, el exviceministro de transporte del gobierno Uribe, Gabriel García, aceptó cargos de corrupción. Recibió un soborno de seis y medio millones de dólares para asegurarle a esta firma un millonario contrato de la Ruta del Sol. Así lo sostuvo ante un juez en Bogotá. Al parecer hay más funcionarios públicos y políticos implicados en el caso. Según el Contralor general de la Nación, la corrupción en Colombia suma cincuenta billones de pesos en los últimos años. Una cifra astronómica que niega a los ciudadanos la posibilidad de acceder a la salud, la educación y los servicios públicos básicos.

¿Cuándo habrá justicia en Colombia no solo para castigar a los ladrones de cuello blanco sino para recuperar estos recursos económicos y ponerlos al servicio de la realización de los derechos sociales, económicos, políticos y culturales de la ciudadanía colombiana? ¿Cuándo tendremos políticas que hagan realidad estos derechos? ¿Hasta cuándo los ciudadanos seguiremos indiferentes y sin levantar nuestra voz de protesta y de propuesta para hacer cambiar esta realidad que afecta la vida de las futuras generaciones? ¿Cómo llamarnos cristianos y ser a la vez corruptos y ladrones de los recursos que son de todos los ciudadanos? El profeta Isaías nos dice “el que rehúsa ganancias fraudulentas, el que se sacude la palma de la mano para no aceptar soborno, el que se tapa las orejas para no oír hablar de sangre, y cierra sus ojos para no ver el mal. Ese vivirá en las alturas, subirá a refugiarse en la fortaleza de las peñas, se le dará su pan y tendrá el agua segura”.

* Editorial presentada el domingo 22 de enero del 2017, en el programa radial de RCN “Notas humanas y divinas”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara
Director General Cinep/Programa por la Paz