Apr 26, 2017

Lilia tiene 59 años, es una mujer de ojos claros que habla con firmeza y que ya no teme llorar en público. Lilia asegura que desde que estaba en el vientre de su madre ha tenido que vivir la violencia política y la estigmatización; sin embargo, estas situaciones la han fortalecido. Ella sigue los pasos de su padre y trabaja por un mejor país, pues como dice: “la lucha por los derechos se hereda”.

Lilia es hija de Luis Eduardo Yaya, dirigente sindical de la Unión Patriótica y defensor de derechos humanos. Recuerda que siendo niña le reclamaba mucho a su papá por no estar con ella. Cuando él le regaló Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne en la dedicatoria le decía: “son más de veinte mil los sufrimientos para tu padre por no poder darte el calor que mereces, pero llegará el día que siempre me tendrás a tu lado mi adorada hijita Lili”.

El 21 de febrero de 1989 Luis Eduardo Yaya se comunicó por teléfono con su hija, le dijo: “nos vemos ya sabes cuándo”. Para ese momento ya estaba interceptado, tenían que hablar en clave. El “cuándo” al que se refería era el 25 de febrero, día del cumpleaños de Lilia, pero a ese encuentro nunca llegó. A Luis Fernando lo asesinaron el 23 de febrero en Villavicencio. “El Estado me hizo un regalito inolvidable”, dice Lilia entre lágrimas.

Ella trae a su memoria las dedicatorias, los libros, los momentos que compartieron. Prosigue luego de una pausa: “a mi papi lo recordaré todos los días de mi vida. Este año cuando fue el aniversario de su asesinato pensé que iba estar más tranquila, pero no fue así. Ese día cuando me desperté estaba mi cara llenita de lágrimas, había estado soñando con él. Mi hija que es estudiante de psicología me dice: ‘mami no has cerrado eso’. Según ella porque no lo vi echar al hueco. A nosotros no nos permitieron estar en su funeral, nos sacaron porque dijeron que nos iban a asesinar”. 

Lilia Yaya recuerda que habían transcurrido 23 años y jamás había hablado del asunto, “jamás me había encontrado con otra persona que hubiera vivido un hecho victimizante en el marco de la guerra. Antes no lo hablaba con nadie porque mis hermanos no querían tocar el tema. El entorno en el que me desenvolvía era totalmente apático, de eso no se hablaba y cuando me daba la nostalgia pues lloraba”,

Se unió a la iniciativa del costurero de la memoria, como terapia para reconstruir sucesos del pasado que vienen a la mente y no dejan de doler. Un espacio que reúne familiares de las víctimas, donde cada uno de los participantes cuenta en telas una parte de su vida, una parte de su historia.

Zurcir la memoria

El costurero de la memoria es un colectivo conformado por personas de distintas partes del país. Nació en 2008 cuando se conocieron los casos de los “falsos positivos” con la organización de las Madres de Soacha, la iniciativa antes se llamaba la Mesa de Chanchiros. Desde las organizaciones que estaban prestando atención psicosocial, como la Fundación Manuel Cepeda Vargas y Minga, se buscó ampliar el alcance de la iniciativa; no se quería dejar la metáfora de coser, tejer, unir y remendar fragmentos de vida, por lo que surge El Costurero, kilómetros de vida y de memoria.

Inicialmente se reunían víctimas de crímenes de Estado, familiares de los desaparecidos del Palacio de Justicia, madres y familiares de los “falsos positivos” y del exterminio de la Unión Patriótica; ahora todo aquel que quiera participar es bienvenido. El primer trabajo fue terapéutico porque muchas de las víctimas, como en el caso de Lilia, no había tenido acompañamiento psicológico. “Fue un espacio realmente sanador, yo le tenía desconfianza. Cuando dijeron ‘a tejer’ pensé en punto, cadeneta, chisme (…) Fue difícil al principio, pero luego uno se va encarretando y se enamora del espacio, porque transformó nuestra vida, allá nos unió el dolor, llegamos personas muy diversas, de distintos territorios, de diversos hechos victimizantes por diversos actores de diferentes grupos: del Estado, de los paramilitares y de la guerrilla”, agrega Lilia.

La cita de las costureras es cada jueves por la tarde en el Centro de Memoria Paz y Reconciliación, cada participante lleva sus telas y comparte las historias alegres y tristes.

El costurero de la memoria es una experiencia de reconciliación a través del arte, es una manera de zurcir el duelo, de coser un nuevo país. Son costureras y no tejedoras, porque coser es el simbolismo de unir, de remendar, de poner parches. A Lilia le gusta coser mapas, según ella porque su vida ha transcurrido alrededor de lo que ha sucedido en Colombia y su padre, junto a sus compañeros, soñaba con cambiar la estructura social y política del país.

Al preguntarle a Lilia qué es para las costureras la reconciliación, asegura que es una esperanza, es un sueño, pero también un trabajo. “Sin darnos cuenta lo que hacemos en el costurero es una forma de reconciliarnos con la vida y con nosotros mismos. Con mis compañeros hemos aprendido mucho, hemos hecho pedagogía de la memoria, tenemos un pasado doloroso pero proyectado a un futuro diferente”.

Jennipher Corredor
Equipo comunicaciones
  

 

El grupo de familiares de víctimas de crímenes de Boyacá VIDA MEMORIA Y DIGNIDAD,  actuando como Capitulo Movice Boyacá y apoyados por algunas organizaciones, seguimos dando a conocer los procesos de lucha contra la impunidad  en escenarios de encuentro que insistan en la idea de avanzar en materia de verdad, justicia, reparación integral y garantías de NO repetición de las diferentes violaciones a los Derechos Humanos cometidas por el Estado.

Como un acto de memoria y dignidad, seguimos dando continuidad a estas actividades recordando este 27 de noviembre a las 15 víctimas que fueron ejecutadas en lo que se conoce como La Masacre del Páramo de la Sarna, una labor que nace y se hace por las propias familias, madres hermanos y amigos, honrando así su memoria y dignificando su buen nombre.

Este año se conmemora la IX Peregrinación el día domingo 27 de noviembre de 2016 con el objeto de reiterar que la paz genuina y duradera solo es posible sin crímenes de Estado. Ese día desarrollaremos la siguiente programación:

  • 8:00 am: Salida de buses de la Plaza de la Villa de Sogamoso con destino al páramo de la Sarna.
  • 9:30 am: Saludo de bienvenida por parte de los familiares de las víctimas.
  • 10:00 am: Informe del proceso judicial de la masacre.
  • 10:30 Celebración eucarística, acto simbólico y presentación de la historia de vida de las víctimas.
  • 11:30 am: Presentación musical y artística en homenaje a las víctimas.
  • 12:30 am: Regreso a Sogamoso.

Para Recordar….

Historia de la masacre:

El 1 de diciembre de 2001 en el lugar conocido como Páramo de la Sarna (Via Sogamoso-Labranzagrande), un bus que cubría la ruta Sogamoso con destino a Labranzagrande fue detenido por un grupo de hombres armados, pertenecientes al grupo paramilitar de las Autodefensas Campesinas del Casanare, uno de ellos estaba dentro de los pasajeros y los demás esperaban en la carretera en un automóvil. Los paramilitares hicieron bajar a los 18 pasajeros del bus, acostarse boca abajo y ejecutaron a quince de ellos, principalmente con disparos en la cabeza. Sobrevivieron dos menores de edad y una mujer de la tercera edad. 

Las víctimas fueron doce hombres y tres mujeres, todos pertenecientes a población civil. Este hecho es conocido como la masacre del Páramo de La Sarna.

Las víctimas: 

  1. Luís Ángel Gil Orduz, de 30 años de edad, ingeniero.
  2. Tania Leonor Correa Pidiache, de 21 años de edad, estudiante de Medicina de la Fundación Universitaria de Boyacá.
  3. Mercedes Rivera, de 22 años de edad, trabajadora de la Administración Municipal de Paya.
  4. Luis Arturo Cárdenas, de 29 años de edad, director de la Umata de Paya.
  5. Isidro Alba Guío, de 54 años de edad, docente y sindicalista, director de Núcleo en Aguazul
  6. Jonh Fredy Poveda Bayona, de 17 años de edad, universitario.
  7. Luís Miguel Melo Espitia, de 17 años de edad, ayudante del bus.
  8. Abel Cudris Rodríguez, 52 años de edad, comerciante, padre de familia, residente en Soata.
  9. Gonzalo Rincón Barrera, de 30 años de edad, ingeniero sanitario residente en Sogamoso.
  10. Luís Alejandro Pérez Fernández, de 22 años de edad, estudiante de la UPTC.
  11. José Antonio Mongui Pérez, de 52 años de edad, comerciante residente en Sogamoso.
  12. Jairo Isidoro Peña, de 48 años de edad, desempeñó varios cargos públicos, esposo de doña Herminda, tenían un almacén de víveres en Labranzagrande.
  13. José Bertulfo Noa Rosas, agricultor de 50 años de edad.
  14. Herminda Blanco de Peña, de 44 años de edad, profesora y esposa de don Jairo.
  15. Hernando Gómez Garavito, de 32 años de edad, conductor del bus.

Los victimarios:

Estos hechos fueron cometidos con total colaboración del Ejército y la Policía con el fin de ejercer un control territorial en la zona. Hasta el momento han sido condenados los paramilitares Alquimides Pérez Parra alias “Gavilan”, Jose Dario Orjuela Martinez alias “Solin”, Hector German Buitrago Parada alias “Martin Llanos”, Hector Jose Buitrago Rodriguez alias “El patron, tripas o K1” y Nelson Orlando Buitrago Parada. Mediante la sentencia del 24 de agosto de 2015 proferida por el Juzgado 56 penal del Circuito Programa de descongestión OIT, radicado N° 110013104056-2014-00178, fue condenado Luis Afrodis Sandoval, quien trabajaba como informante del Ejército y era el enlace entre la fuerza pública y el grupo paramilitar, para cometer este y otros hechos en la región.

Acompáñenos el 27 de noviembre para exclamar en una sola voz que exigimos conocer toda la verdad sobre lo ocurrido porque:

Mayores informes:

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La vida de Mario y Elsa perdura en el recuerdo y en el sentir, permanece en el día a día de CINEP/Programa por la Paz. Como parte del homenaje que realizamos al cumplirse 19 años de su asesinato, presentamos la siguiente línea de tiempo que recoge algunos de los momentos sus vidas.

Hace 14 años, en el páramo de La Sarna, fueron asesinadas 15 personas, acusadas de pertenecer a la guerrilla, por paramilitares del Casanare. El pasado 29 de noviembre las familias de las víctimas y los habitantes de Sogamoso, veredas y poblaciones cercanas realizaron la VIII peregrinación para recordar los hechos criminales y mantener viva en la memoria las historias de sus seres queridos. 

  

El 1 de diciembre de 2001, Hernando Gómez Garavito conducía el bus de la empresa Cootracero que cubría la ruta Sogamoso-Labranzagrande. A la altura del páramo La Sarna dos de los ocupantes obligaron a Hernando a detener el vehículo, cuatro cómplices más esperaban en la carretera, los demás pasajeros fueron forzados a descender; acostados boca abajo sobre el pavimento, tres mujeres y doce hombres fueron asesinados con tiros de gracia. Sobrevivieron tres personas, dos menores de edad y Ercilia Garavito Granados tía de Hernando.

 

Mediante la sentencia del 24 de agosto de 2015 proferida por el juzgado 56 penal del Circuito Programa de descongestión OIT, fue condenado Luis Afrodis Sandoval, quien trabajaba como informante del Ejército y era el enlace entre la fuerza pública y el grupo paramilitar Autodefensas Campesinas del Casanare que cometió la masacre. Esta sentencia también ordena investigar al comandante del batallón Tarqui, Coronel Jaime Esguerra Santos hoy Mayor General  y Jefe de Operaciones del Ejército.

Familiares de las víctimas, organizaciones sociales y pobladores de municipios y veredas cercanas peregrinan al lugar de la masacre el último fin de semana de noviembre. Durante la conmemoración de este año se celebró una eucaristía, se recordaron historias de vida de las víctimas y como año tras año se suman símbolos de memoria. En esta ocasión, se instaló una placa conmemorativa con quince fotografías y avances del proceso judicial, acompaña así las quince veletas, quince cruces y quince piedras blancas en las que aún se lee“No más sangre, no más lágrimas. Por la vida, la dignidad y la justicia, mantengamos encendida la luz de la memoria” .

Revive aquí los sonidos de la conmemoración:

 

 

Creatividad cotidiana y motivar indagación del pasado sin olvidar el aquí y el ahora: elementos  hacer memoria

La construcción de memoria se está trabajando en los colegios de Bogotá incluso antes del posacuerdo. Las experiencias se presentaron en el Foro Pedagogías para la re-significación de la vida. Memoria y reparación en la escuela, el 24 de noviembre, convocado por la Secretaria de Educación Distrital y el CINEP/PPP.

Jorge Aponte, docente Universidad Pedagógica Nacional (UPN), ha trabajado el tema de la genealogía de la enseñanza y explicó en su intervención que, desde el proyecto que realizan, la memoria puede ser una posibilidad de transición para superar el conflicto. Desde hace dos años la UPN trabaja con sus estudiantes en la línea de investigación de los estudios de la memoria, que generalmente se ha desarrollado en países que han vivido conflictos complejos.

Dentro de sus pedagogías, Aponte afirmó que no se puede obligar a aprender, por lo que no resulta útil imponer una serie de contenidos prediseñados. Insistió en que es necesario producir las condiciones para despertar en los estudiantes el deseo, la curiosidad y el afecto de indagar el pasado y comprenderlo desde su presente.

A partir de este proyecto, proponen un enfoque pedagógico de enseñanza desde la historia reciente. Han realizado trabajos donde vinculan el pasado y el presente, y Aponte destacó como experiencia exitosa invitar a las aulas a personas que trabajan temas políticos y de DD.HH. para hacer más comprensibles los temas.

Laura Rodríguez, investigadora del CINEP/PPP, presentó la estrategia pedagógica “La travesía de la luz” que se ha implementado con niños, niñas y adolescentes (NNA) víctimas del conflicto armado, en instituciones educativas distritales. Por medio de la creatividad cotidiana, con actividades artísticas de las que participan, se busca fortalecer en los NNA la capacidad de apropiación de su historia de vida. El trabajo se realizó con colegios de las localidades de Suba, Bosa, Ciudad Bolívar, San Cristóbal y Usme; lugares donde se concentran la mayoría de las 30.000 personas víctimas que viven en la capital.

Al finalizar el evento, surgieron dudas sobre el papel de los docentes víctimas del conflicto y las posibilidades de desarrollar sus proyectos de memoria. Además, se propuso multiplicar las estrategias creativas de “La travesía de la luz” para aplicarlas en otros colegios.