Aug 18, 2017

En el marco del segundo seminario regional de interculturalidad desarrollado en Cartagena, Sandra Raggio, docente de la Universidad Nacional de la Plata y Directora general de la Comisión por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires, Argentina, participó con profesores de la región caribe en la discusión sobre el papel de la memoria desde la escuela. 

¿Por qué es importante hacer ejercicios de memoria?

En principio la memoria es una construcción social que existe y que tiene que ver con la conformación de los grupos sociales, de las comunidades. La activación de los procesos de memoria en comunidades que han sido atravesadas por procesos de violencia, que han desestructurado las relaciones sociales, tiene que ver con poder reconstruir esa comunidad y reconstruir los lazos en clave de poder vivir juntos y de otra manera. Esta es la memora como un trabajo social, cultural y político. La memoria es profundamente política en el sentido en que la memoria puede ser usada para consolidar el poder de determinadas minorías que legitiman la dominación, que reivindican la violencia o puede ser una memoria ligada a los sectores populares, a las grandes mayorías, que les permitan pensarse en relación con ese poder. Las secuelas de los periodos de violencia son muy largos y difíciles de superar y la memoria es el trabajo de las comunidades por superar ese pasado.

¿Existe una forma correcta de hacer memoria?

Si, claro está, no de validez universal. Uno se posiciona desde algún lugar, porque la memoria siempre implica una posición, no hay memoria desde un lugar neutral, pero para uno hay una memoria que es la correcta. Esa memoria es aquella que es capaz de construir y generar nuevas expectativas de futuro que tengan que ver con vivir mejor, con superar los pasados duros, asociadas a los procesos de democratización de la sociedad que  es a fin de cuentas la conquista de derechos.  La memoria correcta tiene que ver con poder asociarse, y que esos procesos de memoria estén asociados con los procesos de democratización y con procesos de ampliación de derechos.  Hay algunos usos de las memorias que no se orientan a responder a los derechos de las mayorías. En ese sentido, sí hay algunas formas correctas de hacer memoria.

¿Cómo deben las comunidades apropiarse de esas memorias para exigir la reivindicación de sus derechos?

En principio, la primera demanda de las víctimas es la exigencia del reconocimiento del daño, es decir, ser reconocidos como víctimas. La memoria como trabajo, como acto voluntario, implica hacer cosas: juntarse con otros, testimoniar, conversar, registrar, narrar, tener actos colectivos. La memoria no es solo un relato o un registro de los hechos sino que eso tiene que construir sentido, tiene que clamar por justicia. No solo una justicia punitiva, puede ser una justicia restaurativa, una justicia reparadora. La memoria tiene un efecto reparador sobre la comunidad. Un simple registro de los hechos no tiene valor por sí misma. Adquiere valor cuando repara a la comunidad que necesita que lo que le hicieron sea reconocido, sea visibilizado, no sea negado, no sea silenciado.

 Esos son actos de reparación. El muerto no volverá, pero por lo menos se le reconoce que su muerte fue injusta y eso no es menor. La memoria tiene mucho para que las comunidades vuelvan a ser comunidades. El trabajo de la memoria es volver a repensarnos colectivamente, la pregunta, después de la violencia, es ¿Quiénes somos?  Porque la violencia afecta profundamente las identidades.

¿Qué hacer frente a los actores estatales que son sentenciados a hacer actos de perdón, pero que realmente no sienten ninguna intención de hacerlo?

La función del Estado no es solo enunciar, sino que debe actuar. No se trata solo de reconocer un acto. Debe realizar otro tipo de acciones para reparar a las comunidades que se vieron afectadas por los actos de sus miembros. Esa formalidad de actos de perdón, no repara a nadie. Capaz que repara más el hecho de que sean obligados a hacerlo que el mismo acto formal.

¿Se puede lograr un relato unificado del conflicto?

Es difícil hablar de una única memoria o una versión consenso. La dinámica de la memoria es básicamente la disputa. La memoria existe en la medida en que disputa y se enfrenta con otras. Los regímenes totalitarios siempre imponen una mirada única del pasado, para borrar el futuro. Más que crear un relato unificado, hay que construir un piso, una base de dónde partir. En Argentina eso se hizo con la producción de la verdad jurídica. Uno puede tener muchas discrepancias con la forma en que la justicia narra los hechos, pero hay un reconocimiento de que esos hechos sucedieron.  Cuando el Estado no reconoce lo que hizo, o lo que dejó de hacer, es muy difícil que la memoria que se construya sea creíble.  Lo principal es que el Estado reconozca su participación y luego cree el relato de qué hicieron los otros. Eso, por lo menos, es lo que hace particular el caso argentino, que hay una clara responsabilidad del Estado en el ejercicio de la violencia. Hay que diferenciar también las características de cada país. La violencia colombiana no es comparable con los procesos de violencia argentina.  Cada actor involucrado debe hacerse cargo de su responsabilidad, y en el caso colombiano es lo que complica el proceso, que el Estado es uno más.

¿A qué se refiere el término de la memoria feliz?

Es un proceso de recuperar las historias de lucha, de una organización, de lo que  vino a destruir la violencia. Es pensar uno qué ha sido, para plantear en qué quiere convertirse. La memoria feliz es poder repensarse antes de la violencia, porque uno de los primeros efectos de la violencia es borrar las identidades anteriores, entonces hay que repensarlo. No para volver a ser lo que fuimos, sino para incorporarlo a nuestra propia identidad. Hay que pensarse memorias mucho más largas independientemente de la violencia. Las comunidades indígenas, los pueblos originarios tienen memorias así, no de 30 o 40 años sino de 100 o 200 años. Estas memorias más cortas hay que lograr incrustarlas en las más largas para construir los relatos locales y así llegar a un relato nacional.

¿Cómo es hacer memoria en Argentina?

Es siempre un desafío. La memoria siempre trae desafíos. Hoy estamos en un momento histórico muy diferente al de hace 10 años y hace 20 años. La violencia marcó tanto al pueblo argentino que constantemente están reactualizándose, están en la agenda política, y atraviesan a la cultura, la trama social y sobre todo están atravesando a las nuevas generaciones.  La dictadura empezó hace 41 años y aún, a los jóvenes que nacieron en la democracia, la dictadura es un proceso que les sigue significando, siguen interesados en saber qué pasó y se siguen viendo implicados en la dictadura.

¿Qué consejos dejaría a los colombianos para trabajar la memoria?

A mí me parece que más allá de las posibles limitaciones del acuerdo, hay una memoria de abajo y hay una dinámica de las comunidades que es sumamente interesante y que sería muy importante activarla, más allá de las políticas del Estado. Me ha parecido muy interesante en el caso colombiano la participación que tiene  las mismas comunidades locales para reconstruirse. Esa territorialización de la memoria es muy importante que no se pierda. Ojalá que el acuerdo de paso a esos proceso locales de las comunidades para construir memoria y para repensarse hacia el futuro. Otro consejo es que no asuste que la memoria es un conflicto y una disputa permanente. La memoria no es un remanso. Pero puede haber disputa en otros términos que no sean tramitados por medio de la violencia.

 

Miguel Martínez

Equipo de comunicaciones

Lilia tiene 59 años, es una mujer de ojos claros que habla con firmeza y que ya no teme llorar en público. Lilia asegura que desde que estaba en el vientre de su madre ha tenido que vivir la violencia política y la estigmatización; sin embargo, estas situaciones la han fortalecido. Ella sigue los pasos de su padre y trabaja por un mejor país, pues como dice: “la lucha por los derechos se hereda”.

Lilia es hija de Luis Eduardo Yaya, dirigente sindical de la Unión Patriótica y defensor de derechos humanos. Recuerda que siendo niña le reclamaba mucho a su papá por no estar con ella. Cuando él le regaló Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne en la dedicatoria le decía: “son más de veinte mil los sufrimientos para tu padre por no poder darte el calor que mereces, pero llegará el día que siempre me tendrás a tu lado mi adorada hijita Lili”.

El 21 de febrero de 1989 Luis Eduardo Yaya se comunicó por teléfono con su hija, le dijo: “nos vemos ya sabes cuándo”. Para ese momento ya estaba interceptado, tenían que hablar en clave. El “cuándo” al que se refería era el 25 de febrero, día del cumpleaños de Lilia, pero a ese encuentro nunca llegó. A Luis Fernando lo asesinaron el 23 de febrero en Villavicencio. “El Estado me hizo un regalito inolvidable”, dice Lilia entre lágrimas.

Ella trae a su memoria las dedicatorias, los libros, los momentos que compartieron. Prosigue luego de una pausa: “a mi papi lo recordaré todos los días de mi vida. Este año cuando fue el aniversario de su asesinato pensé que iba estar más tranquila, pero no fue así. Ese día cuando me desperté estaba mi cara llenita de lágrimas, había estado soñando con él. Mi hija que es estudiante de psicología me dice: ‘mami no has cerrado eso’. Según ella porque no lo vi echar al hueco. A nosotros no nos permitieron estar en su funeral, nos sacaron porque dijeron que nos iban a asesinar”. 

Lilia Yaya recuerda que habían transcurrido 23 años y jamás había hablado del asunto, “jamás me había encontrado con otra persona que hubiera vivido un hecho victimizante en el marco de la guerra. Antes no lo hablaba con nadie porque mis hermanos no querían tocar el tema. El entorno en el que me desenvolvía era totalmente apático, de eso no se hablaba y cuando me daba la nostalgia pues lloraba”,

Se unió a la iniciativa del costurero de la memoria, como terapia para reconstruir sucesos del pasado que vienen a la mente y no dejan de doler. Un espacio que reúne familiares de las víctimas, donde cada uno de los participantes cuenta en telas una parte de su vida, una parte de su historia.

Zurcir la memoria

El costurero de la memoria es un colectivo conformado por personas de distintas partes del país. Nació en 2008 cuando se conocieron los casos de los “falsos positivos” con la organización de las Madres de Soacha, la iniciativa antes se llamaba la Mesa de Chanchiros. Desde las organizaciones que estaban prestando atención psicosocial, como la Fundación Manuel Cepeda Vargas y Minga, se buscó ampliar el alcance de la iniciativa; no se quería dejar la metáfora de coser, tejer, unir y remendar fragmentos de vida, por lo que surge El Costurero, kilómetros de vida y de memoria.

Inicialmente se reunían víctimas de crímenes de Estado, familiares de los desaparecidos del Palacio de Justicia, madres y familiares de los “falsos positivos” y del exterminio de la Unión Patriótica; ahora todo aquel que quiera participar es bienvenido. El primer trabajo fue terapéutico porque muchas de las víctimas, como en el caso de Lilia, no había tenido acompañamiento psicológico. “Fue un espacio realmente sanador, yo le tenía desconfianza. Cuando dijeron ‘a tejer’ pensé en punto, cadeneta, chisme (…) Fue difícil al principio, pero luego uno se va encarretando y se enamora del espacio, porque transformó nuestra vida, allá nos unió el dolor, llegamos personas muy diversas, de distintos territorios, de diversos hechos victimizantes por diversos actores de diferentes grupos: del Estado, de los paramilitares y de la guerrilla”, agrega Lilia.

La cita de las costureras es cada jueves por la tarde en el Centro de Memoria Paz y Reconciliación, cada participante lleva sus telas y comparte las historias alegres y tristes.

El costurero de la memoria es una experiencia de reconciliación a través del arte, es una manera de zurcir el duelo, de coser un nuevo país. Son costureras y no tejedoras, porque coser es el simbolismo de unir, de remendar, de poner parches. A Lilia le gusta coser mapas, según ella porque su vida ha transcurrido alrededor de lo que ha sucedido en Colombia y su padre, junto a sus compañeros, soñaba con cambiar la estructura social y política del país.

Al preguntarle a Lilia qué es para las costureras la reconciliación, asegura que es una esperanza, es un sueño, pero también un trabajo. “Sin darnos cuenta lo que hacemos en el costurero es una forma de reconciliarnos con la vida y con nosotros mismos. Con mis compañeros hemos aprendido mucho, hemos hecho pedagogía de la memoria, tenemos un pasado doloroso pero proyectado a un futuro diferente”.

Jennipher Corredor
Equipo comunicaciones
  

 

El grupo de familiares de víctimas de crímenes de Boyacá VIDA MEMORIA Y DIGNIDAD,  actuando como Capitulo Movice Boyacá y apoyados por algunas organizaciones, seguimos dando a conocer los procesos de lucha contra la impunidad  en escenarios de encuentro que insistan en la idea de avanzar en materia de verdad, justicia, reparación integral y garantías de NO repetición de las diferentes violaciones a los Derechos Humanos cometidas por el Estado.

Como un acto de memoria y dignidad, seguimos dando continuidad a estas actividades recordando este 27 de noviembre a las 15 víctimas que fueron ejecutadas en lo que se conoce como La Masacre del Páramo de la Sarna, una labor que nace y se hace por las propias familias, madres hermanos y amigos, honrando así su memoria y dignificando su buen nombre.

Este año se conmemora la IX Peregrinación el día domingo 27 de noviembre de 2016 con el objeto de reiterar que la paz genuina y duradera solo es posible sin crímenes de Estado. Ese día desarrollaremos la siguiente programación:

  • 8:00 am: Salida de buses de la Plaza de la Villa de Sogamoso con destino al páramo de la Sarna.
  • 9:30 am: Saludo de bienvenida por parte de los familiares de las víctimas.
  • 10:00 am: Informe del proceso judicial de la masacre.
  • 10:30 Celebración eucarística, acto simbólico y presentación de la historia de vida de las víctimas.
  • 11:30 am: Presentación musical y artística en homenaje a las víctimas.
  • 12:30 am: Regreso a Sogamoso.

Para Recordar….

Historia de la masacre:

El 1 de diciembre de 2001 en el lugar conocido como Páramo de la Sarna (Via Sogamoso-Labranzagrande), un bus que cubría la ruta Sogamoso con destino a Labranzagrande fue detenido por un grupo de hombres armados, pertenecientes al grupo paramilitar de las Autodefensas Campesinas del Casanare, uno de ellos estaba dentro de los pasajeros y los demás esperaban en la carretera en un automóvil. Los paramilitares hicieron bajar a los 18 pasajeros del bus, acostarse boca abajo y ejecutaron a quince de ellos, principalmente con disparos en la cabeza. Sobrevivieron dos menores de edad y una mujer de la tercera edad. 

Las víctimas fueron doce hombres y tres mujeres, todos pertenecientes a población civil. Este hecho es conocido como la masacre del Páramo de La Sarna.

Las víctimas: 

  1. Luís Ángel Gil Orduz, de 30 años de edad, ingeniero.
  2. Tania Leonor Correa Pidiache, de 21 años de edad, estudiante de Medicina de la Fundación Universitaria de Boyacá.
  3. Mercedes Rivera, de 22 años de edad, trabajadora de la Administración Municipal de Paya.
  4. Luis Arturo Cárdenas, de 29 años de edad, director de la Umata de Paya.
  5. Isidro Alba Guío, de 54 años de edad, docente y sindicalista, director de Núcleo en Aguazul
  6. Jonh Fredy Poveda Bayona, de 17 años de edad, universitario.
  7. Luís Miguel Melo Espitia, de 17 años de edad, ayudante del bus.
  8. Abel Cudris Rodríguez, 52 años de edad, comerciante, padre de familia, residente en Soata.
  9. Gonzalo Rincón Barrera, de 30 años de edad, ingeniero sanitario residente en Sogamoso.
  10. Luís Alejandro Pérez Fernández, de 22 años de edad, estudiante de la UPTC.
  11. José Antonio Mongui Pérez, de 52 años de edad, comerciante residente en Sogamoso.
  12. Jairo Isidoro Peña, de 48 años de edad, desempeñó varios cargos públicos, esposo de doña Herminda, tenían un almacén de víveres en Labranzagrande.
  13. José Bertulfo Noa Rosas, agricultor de 50 años de edad.
  14. Herminda Blanco de Peña, de 44 años de edad, profesora y esposa de don Jairo.
  15. Hernando Gómez Garavito, de 32 años de edad, conductor del bus.

Los victimarios:

Estos hechos fueron cometidos con total colaboración del Ejército y la Policía con el fin de ejercer un control territorial en la zona. Hasta el momento han sido condenados los paramilitares Alquimides Pérez Parra alias “Gavilan”, Jose Dario Orjuela Martinez alias “Solin”, Hector German Buitrago Parada alias “Martin Llanos”, Hector Jose Buitrago Rodriguez alias “El patron, tripas o K1” y Nelson Orlando Buitrago Parada. Mediante la sentencia del 24 de agosto de 2015 proferida por el Juzgado 56 penal del Circuito Programa de descongestión OIT, radicado N° 110013104056-2014-00178, fue condenado Luis Afrodis Sandoval, quien trabajaba como informante del Ejército y era el enlace entre la fuerza pública y el grupo paramilitar, para cometer este y otros hechos en la región.

Acompáñenos el 27 de noviembre para exclamar en una sola voz que exigimos conocer toda la verdad sobre lo ocurrido porque:

Mayores informes:

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La vida de Mario y Elsa perdura en el recuerdo y en el sentir, permanece en el día a día de CINEP/Programa por la Paz. Como parte del homenaje que realizamos al cumplirse 19 años de su asesinato, presentamos la siguiente línea de tiempo que recoge algunos de los momentos sus vidas.

Hace 14 años, en el páramo de La Sarna, fueron asesinadas 15 personas, acusadas de pertenecer a la guerrilla, por paramilitares del Casanare. El pasado 29 de noviembre las familias de las víctimas y los habitantes de Sogamoso, veredas y poblaciones cercanas realizaron la VIII peregrinación para recordar los hechos criminales y mantener viva en la memoria las historias de sus seres queridos. 

  

El 1 de diciembre de 2001, Hernando Gómez Garavito conducía el bus de la empresa Cootracero que cubría la ruta Sogamoso-Labranzagrande. A la altura del páramo La Sarna dos de los ocupantes obligaron a Hernando a detener el vehículo, cuatro cómplices más esperaban en la carretera, los demás pasajeros fueron forzados a descender; acostados boca abajo sobre el pavimento, tres mujeres y doce hombres fueron asesinados con tiros de gracia. Sobrevivieron tres personas, dos menores de edad y Ercilia Garavito Granados tía de Hernando.

 

Mediante la sentencia del 24 de agosto de 2015 proferida por el juzgado 56 penal del Circuito Programa de descongestión OIT, fue condenado Luis Afrodis Sandoval, quien trabajaba como informante del Ejército y era el enlace entre la fuerza pública y el grupo paramilitar Autodefensas Campesinas del Casanare que cometió la masacre. Esta sentencia también ordena investigar al comandante del batallón Tarqui, Coronel Jaime Esguerra Santos hoy Mayor General  y Jefe de Operaciones del Ejército.

Familiares de las víctimas, organizaciones sociales y pobladores de municipios y veredas cercanas peregrinan al lugar de la masacre el último fin de semana de noviembre. Durante la conmemoración de este año se celebró una eucaristía, se recordaron historias de vida de las víctimas y como año tras año se suman símbolos de memoria. En esta ocasión, se instaló una placa conmemorativa con quince fotografías y avances del proceso judicial, acompaña así las quince veletas, quince cruces y quince piedras blancas en las que aún se lee“No más sangre, no más lágrimas. Por la vida, la dignidad y la justicia, mantengamos encendida la luz de la memoria” .

Revive aquí los sonidos de la conmemoración: