Feb 18, 2018

A propósito del día internacional de las manos rojas, en Rompecabezas hablamos sobre la Niñez víctima de la guerra, programa de Rompecabezas junto a analistas sobre el Reclutamiento forzado infantil en Colombia.

 Contamos con:

  • Katerine López Encargada Informe UNA GUERRA SIN EDAD "Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombiano"  del Centro Nacional de Memoria Histórica
  • Katherine Herrera Coordinadora nacional del Programa mi futuro es hoy, creando entornos de paz para la niñez
  • Juan Sebastián Campo Representante BENPOSTA Nación de muchachos y muchachas - COALICO  
  • Óscar Calderón Coordinador SJR Norte de Santander


Programa producido por Javeriana Estéreo 91.9 FM Pontificia Universidad Javeriana y Cinep Programa Por la Paz.

 

Editorial: Por una paz completa

  • Feb 18, 2018
  • Publicado en Prensa

Hace 14 meses se firmó el Acuerdo de Paz. En este marco se reunió el 4 de enero, en Cartagena, el componente internacional de la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo, compuesto por los expresidentes Pepe Mujica de Uruguay y Felipe González de España, en compañía del Presidente Santos y delegados de las FARC. Según los análisis elaborados por varias entidades entre ellas el Instituto Kroc, el CERAC y el Cinep/PPP, si bien el Acuerdo Final ha tenido avances significativos en lo que respecta al cese al fuego, la dejación de armas por parte de las FARC, la creación de su partido político y los desarrollos legislativos para proteger el espíritu e integralidad del acuerdo, entre otros asuntos, el proceso de implementación apenas alcanza un 18% de la totalidad de la implementación normativa. Es mínimo el avance en lo que respecta a la Reforma Rural Integral, la participación política, la Justicia Especial para la Paz y el punto más importante del Acuerdo: la verdad, la reparación y no repetición de la violación de los derechos de más de ocho millones de víctimas que dejó el conflicto social y armado de medio siglo en Colombia.

Es por eso que el pronunciamiento de los expresidentes Mujica y González se centró en pedirle al Estado y a la sociedad colombiana, una implementación más intensa y contundente. El Acuerdo representa un compromiso de las partes con el pueblo colombiano. Compromiso que fue refrendado por el Congreso de la República y revestido de constitucionalidad por la Corte Constitucional, pero igualmente es un compromiso con la comunidad internacional y la paz mundial.

Preocupa especialmente a los expresidentes que la implementación del Acuerdo, coincida negativamente durante este semestre, con la campaña electoral al Congreso y a la Presidencia de Colombia.

Al respecto, la Conferencia Episcopal colombiana en varios documentos ha insistido en que el país necesita una Paz completa. Lo que supone una Paz cimentada en la reconciliación con justicia social, equidad y convivencia en medio de las diferencias. Una Paz que respete la vida de los líderes y lideresas sociales. Igualmente, la Conferencia Episcopal y la Misión de la ONU, pidieron al gobierno y al ELN, en un comunicado del 8 de enero, definir un acuerdo de cese al fuego más robusto que genere mayor confianza entre las partes y en la sociedad colombiana.

 

Luis Guillermo Guerrero Guevara

Director Cinep/Programa por la Paz

La frontera colombo venezolana es un territorio que comprende 2.219 kilómetros y que se caracteriza por poseer zonas altamente biodiversas y otras con grandes riquezas en recursos minero-energéticos.

La complejidad de sus problemas sociales - las consecuencias de las políticas migratorias de ambos países, la situación socio política en Venezuela y sus crisis económica, el conflicto armado interno en Colombia, el tráfico de todo tipo de bienes entre las dos fronteras,  la presencia de bandas criminales, entre otros- hace que el trabajo con las comunidades que habitan la frontera sea cada vez más urgente y retador.

Es por esto que, desde hace 8 años la Escuela de Paz y Convivencia Ciudadana desarrolla su trabajo en esta frontera. Este, es un proyecto pedagógico que hace parte del Equipo de Conflicto, Estado y Desarrollo del Cinep/Programa por la Paz.  La Escuela tiene a su cargo la misión de fortalecer sujetos políticos que sean capaces de generar desarrollo sostenible y sustentable en sus territorios.

En asocio con el Instituto Pensar de la Universidad Javeriana, la EPCC se ha pensado el territorio fronterizo como uno en el que confluyen diversas sinergias que hacen parte de una plataforma binacional. En esta plataforma se combinan tanto las estrategias pedagógicas como las estrategias políticas y la acción humanitaria.

La clave ha sido visualizar el territorio no como una línea divisoria sino como una región. De esta manera, la EPCC ha ido transformando la manera de comprender la frontera colombo venezolana desde los mismos sujetos que la habitan; es decir, que las personas, poblaciones y organizaciones que allí conviven se pregunten por el cómo ejercer una ciudadanía responsable dentro de este territorio que tienen en común.

María del Carmen Muñoz, coordinadora de este proyecto plantea una mirada reflexiva de lo que ha significado el trabajo de la EPCC en estos 8 años, los retos que se han puesto en este camino y las perspectivas de futuro.

¿Cómo ha sido el proceso de trabajar la acción humanitaria a través de la herramienta binacional en la Escuela de Paz y Convivencia ciudadana?

María del Carmen Muñoz: Uno no puede meterle contenidos a las personas cuando la  gente tiene la barriga vacía. Cuando hay necesidades que pasan porque tu estés cómoda o cómodo en lo mínimo hasta que eso no esté resuelto no puedes avanzar hacia otra cosa.

Así que en nuestra plataforma binacional, estamos en una campaña permanente en búsqueda de medicinas, de útiles de aseo, de alimentos, ayudando con la búsqueda de personas desaparecidas porque hay familias que se han desarticulado por toda la situación de Venezuela.

¿Cómo ha afectado a  la frontera la presencia de actores armados que siguen ejerciendo su poder en la frontera y  a su vez las dificultades que ha tenido la implementación de los acuerdos?

M.C.M: Con respecto al proceso de paz actual, nosotros sabemos que la FARC tienen excombatientes y ellos tienen sus grupos que están haciendo incidencia en la región de frontera para el proceso electoral. Ya no hablamos de las FARC armada sino de FARC como partido político.

Muchos de esos excombatientes han ido al territorio venezolano a contarle a la gente que son un partido político y que ahora se van a dedicar a hacer política sin armas. Al mismo tiempo, existen personas en Venezuela que los atacan porque no conocen el proceso de negociación y creen que todavía son guerrilleros. Ahí hay una tensión muy fuerte que nosotros estamos intentando contener desde los medios de comunicación, aclarando cuál es el proceso que lleva Colombia teniendo mucho cuidado con el lenguaje. Estamos intentando aprovechar los medios de comunicación como los de Fe y Alegría en Venezuela que son bastante reconocidos para tratar de generar precisiones alrededor de este tema de los acuerdos de paz.

Por otro lado, el motivo de negociación con el ELN ha abierto una discusión muy fuerte en la frontera y de mucha preocupación y esto es muy visible en departamentos como Arauca o en la zona del Catatumbo. Los habitantes de estos territorios, por la experiencia que tuvieron con las FARC, están asustados por el hecho de que va haber un copamiento de territorios. La frontera es un botín enorme que produce mucha renta para muchos grupos armados que están mejor organizados que el mismo estado.

¿Cómo ha sido el impacto social que ha tenido Colombia con respecto al flujo migratorio que está llegando al país? ¿Cómo ha sido mediar entre ambos territorios?

M.C.M: Esos flujos migratorios se han incrementado mucho más de lo que la estadística menciona. Por las trochas diariamente van y vienen personas y hay un subregistro que no da cuenta de las cifras reales. Hemos visto una situación diferenciada. Si hay cierto porcentaje de la población colombiana que encuentra que es legítimo que los venezolanos vengan a refugiarse acá, que es legítimo que les devolvamos lo que ellos hicieron por nosotros hace unos años a raíz del conflicto armado. Pero ha sido tan alto el flujo de estas personas que ha desestabilizado la política social y la política pública que ya había en ciertos departamentos.

Como EPCC ¿qué encontramos? que la mayor población se encuentra entre Cúcuta, Barranquilla, Bucaramanga, Antioquia y Bogotá. Y que la política nuestra y los recursos para atenderlos humanitariamente se agotaron. Está sucediendo que los oriundos de los territorios que también consideran que necesitan apoyo, ven que no la reciben y se comienza a generar una tensión con ese forastero. Eso comienza a generar problemas de orden social, violencias, rechazo.

¿Qué tratamos de hacer ante esta situación?, generar comprensiones entre la gente, hacerle entender que mediante la cooperación podemos ayudar a unos y a otros pero sin dejar de exigirle al Estado que cumpla con la política pública y con la política migratoria que tendrá que diseñar para resolver este tipo de problemas. Hay que asumir acciones distintas y paralelas porque el problema se puede agravar si el default se declara en Venezuela y se sigue profundizando en la crisis económica en ese territorio.

Nosotros intentamos pedagógicamente generar armonía, creamos lazos solidarios, tendemos puentes entre organizaciones, buscamos venezolanos que apoyen a otros venezolanos. Pero se necesitan muchas acciones conjuntas desde el estado, de la sociedad, de la política pública y de los colombianos para llamar la atención sobre la reciprocidad cuando nos atendieron a los colombianos en nuestra peor crisis.

¿Cómo ha sido el proceso de construcción de redes solidarias en toda esa región fronteriza?

M.C.M: Tenemos un modus operandi: tenemos unas redes virtuales y la gente a través de esas redes, demanda ciertas necesidades. Por ejemplo, pañales para las diferentes etapas de bebés. Buscamos quienes pueden dar eso y otras personas que las puedan transportar, nuestra ayuda humanitaria llega  hasta Caracas, Maracaibo, por ejemplo. Esta acción agota, porque cada vez los temas puede ir empeorando con el tiempo. Al organizarlos por ejes fronterizos se puede organizar mucho más esta dinámica de ayuda humanitaria. Las personas son muy solidarias.

¿Por qué seguir en la frontera?

M.C.M: Es un deber ético, como equipo no vamos a desistir. Vamos a seguir ahí y moralmente aportaremos en lo que falta porque tenemos la capacidad. Es un deber moral y social. Porque somos creíbles, somos una red de confianza y haberla generado en medio de la adversidad es difícil pero detrás de nosotros se han generado otras redes y tenemos mucho que aportar sumando  es un esfuerzo enorme.

¿Cómo luchar contra la visión de frontera que divide?

M.C.M: Hay dos herramientas vitales, la pedagógica y la política. Trascender planos individuales y pasarlos a los colectivos. Comenzamos con 10 organizaciones y hoy tenemos 53 a las que les hemos enseñado a pensar que trabajar por los bienes comunes y que realizar acciones colectivas  rinde más que hacer las cosas de manera individual. Ahí hay una clave política trascendental y la gente lo ve y se da cuenta que se a partir de ahí se logran cosas. El sentido amoroso también es importante. Escuchar a la gente, darle un abrazo, que sepan que ahí estamos, ‘pegante social’ lo que Francisco de Roux costantemente dice. Es el acumulado de confianza que necesitamos para construir ese tejido social.

¿Qué se viene para la EPCC en 2018?

M.C.M: Cada vez nos están financiando más proyectos para seguir y desde los diplomados hemos podido fortalecer la plataforma binacional que es una estrategia política de construcción colectiva y visiones conjuntas. Podremos generar un desarrollo de pensamiento crítico binacional, realizar foros, simposios, desarrollar investigación alrededor de temas como la frontera y el posconflicto.

 

**Todo el año, la Escuela de Paz y Convivencia Ciudadana está recibiendo productos de primera necesidad, para quienes deseen hacer sus donaciones. En especial es urgente: pañales de las primeras etapas de nacimiento, cuchillas de afeitar para hombres, productos de aseo para mujeres y hombres, leche en polvo para primeras etapas de infancia. Para realizarlo puede comunicarse mediante el correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Laura Inés Contreras Vásquez

Equipo de Comunicaciones

 

Su piel es negra como su palabra. Mary Grueso, tiene la voz fuerte de sus ancestros y a cada sitio que llega, resuenan historias de resistencia y libertad. Nacida en Guapi -Cauca- esta maestra, poeta y narradora afrocolombiana recorre las aulas buscando el autorreconocimiento de la raza negra dentro de las aulas, a través de la literatura y los juguetes.

La tradición oral que comparten muchos afrocolombianos hace parte hoy de los libros ilustrados para niños que la escritora Mary Grueso crea con el propósito de hacerla permanecer en el tiempo.

Nacida el 16 de abril de 1947, a lo largo de su carrera ha sido reconocida con diferentes premios que destacan el valor de su trabajo por la literatura afrocolombiana en el país. Entre esos, el premio a la Dedicación del enriquecimiento de la cultura ancestral de las comunidades negras, raizales, palenqueras y afrocolombianas del Ministerio de Cultura de Colombia.

Esta ‘Almanegra’ como suelen decirle a Mary, creó unos talleres para niños y niñas menores de 6 años a través de una lectura compartida con sus madres del libro Muñeca Negra. En los talleres, niños y niñas aprenden a hacer muñecas de trapo mientras leen junto a sus familias y maestros y de alguna manera, todos comienzan a formarse en un entorno libre de discriminación.

Desde el equipo de Movilización, territorio e interculturalidad del Cinep/Programa por la Paz se realizó un recorrido por algunos colegios del norte de Cartagena junto a la narradora Mary Grueso. En este recorrido tuvimos la oportunidad de verla recitar su poema Negra soy, dirigir los talleres de Muñeca Negra e intercambiar algunas palabras y preguntas.

¿Cuál es la importancia del auto reconocimiento en un país como el nuestro?

Es muy importante autoreconocerse porque en la medida que usted lo hace, los demás lo van a reconocer. Si nosotros no nos reconocemos como negros en este país vamos a restar en vez de sumar y vamos a darles a los otros las herramientas para que nos sigan atropellando, para que sigan creyendo que somos una población minoritaria. Tenemos que reconocernos para que sepan que aquí estamos y somos bastantes.

¿Cómo  a través de la lectura se transforman prejuicios y se afirman identidades?

La literatura es una buena herramienta para transformar prejuicios y estereotipos. Por lo que nos han dicho o por la tradición de quienes somos los negros, no tenemos una buena referencia sobre ellos, pero si usted nos lee se va dar cuenta que es muy diferente a la impresión inicial que usted tenía, porque claro, nosotros no hemos contado nuestra historia.  Nuestra historia la han contado otros desde su perspectiva, desde su visión de mundo, desde su manera de ver y desde sus propios prejuicios. Entonces si usted lee la literatura afro va a cambiar la forma de pensamiento porque va encontrar que son personas que están leyendo desde adentro desde lo que sienten, desde lo que son. Estamos hablando ahora, de una generación de negros que están trabajando para dejar bien sentada las bases de quienes somos los negros en este país.

¿Qué sucede con el tema de la mujer afro en la literatura?

Es un trabajo que me he propuesto desde mi óptica de mujer, desde mi visión de mujer. Porque como usted lo dice, las mujeres negras no escribíamos, entonces el pensamiento que se conocía era el del hombre, entonces estamos con otras rompiendo esquemas y posicionando el pensamiento de la mujer de este país desde lo que somos. El sentimiento nuestro es diferente al del hombre, como mujeres escribimos desde el ser madre, compañera, desde la trabajadora comunitaria, estamos hablando desde todos los ángulos. Lo que expreso en mis textos, ya sea en poesía o sea en cuento es para que vean el pensamiento de la mujer, de cómo nos hemos sentido y cómo nos vamos a sentir de aquí en adelante. Estoy dejando las huellas para que las nuevas generaciones continúen trabajando porque ya no estamos como ciudadanas menores de edad, ya somos ciudadanas colombianas con derecho, con voz y con voto.

 

Laura Inés Contreras Vásquez

Equipo de Comunicaciones

En colaboración con Leidy Laura Perneth Pareja

 

En junio y julio, el Centro de Investigación y Educación Popular/ Programa por la Paz (Cinep/PPP), el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) y la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) dictaron el taller Ciudadanía y Democracia a excombatientes de las Farc en ocho Zonas Veredales.

Cada taller contó con el acompañamiento de cinco facilitadores de las instituciones aliadas y el apoyo de excombatientes de las Farc que hacen parte de la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo Final (CSIVI).

Del 6 de diciembre de 2016 al 15 de agosto de 2017 cerca de 7.000 hombres y mujeres, excombatientes de las Farc, vivieron en 20 Zonas Veredales Transitorias de Normalización, donde entregaron las armas a representantes de Naciones Unidas.

Julio Villavicencio integrante del SJR en Latinoamérica y el Caribe, quien presenció la entrega en la Zona Veredal El Oso, en Planadas Tolima, recuerda: “muchos de ellos salían de esa fila tras entregar el arma y se ponían a llorar. A uno de ellos le pregunté: ¿Por qué duele tanto?, y me respondió: ‘Nosotros nos sentíamos guerrilleros y siendo guerrilleros teníamos un rol, un sentido en nuestras vidas, y ahora ¿qué somos? no sé qué somos ‘”.

Aunque en el marco de la implementación del Acuerdo de paz se planeó que serían 180 días —del 6 de diciembre de 2016 al 31 de mayo de 2017— de residencia en las zonas veredales, desde marzo se conocieron posiciones de las Farc —hoy organizada como el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común — y funcionarios del Gobierno quienes señalaban que se necesitaría más tiempo para la culminación del proceso de reincorporación a la vida civil.

Diversos sectores llegaron por esas fechas a la misma conclusión. Por ejemplo, para Juan Carlos Merchán, investigador del Cinep/PPP, los excombatientes necesitaban tiempo y trabajo para superar temores que tenían. “Hay temores, en primer lugar, por su seguridad porque sabían que estarían rodeados por fuerzas que los quieren muertos sin tener un fusil para defenderse; en segundo lugar, de que se los coma vivos el sistema político y el sistema económico; y, tercero, la conformación del partido político para responder a la política colombiana”, señala Merchán.

Esta reflexión dio vida a un proyecto planteado en conjunto por el SJR, la ESAP y el Cinep/PPP para el desarrollo del taller Ciudadanía y Democracia, que a partir de junio impartirían a los excombatientes en ocho zonas veredales.

Dichos territorios tenían la particularidad de ser espacios que, en mayor o menor medida, estaban rodeados por los rezagos de la guerra. En Charras, Guaviare, se vivía este escenario: en un lado está toda la disidencia porque se mantiene parte del Bloque Primero que no se desmovilizó y, por otro lado, la permanencia de diversos grupos paramilitares. En este lugar, de 200 excombatientes, 50 asistieron al taller; la mitad pertenecían a mandos medios y altos. Como Albeiro, excomandante del Bloque Oriental, un hombre con una figura imponente la que, según Merchán, recordaba a los comandantes clásicos de la guerra, del calibre de un ‘Mono Jojoy’, del ‘Negro Acacio’.

Lo que contrastaba con otras zonas pues la edad de la población que participó en los talleres era diversa; entre jóvenes, adultos que estuvieron 20 o 30 años en la guerra, e incluso niños. “En Marquetalia había un niño de 8 años, Ezequiel” resalta Angélica Aguilar, excombatiente de este grupo guerrillero, quien acompañó los talleres como parte de la CSIVI. A su vez, era notable la presencia de mujeres, quienes estuvieron empoderadas y activas, según cuenta Doris Hernández, coordinadora de la Maestría en Derechos Humanos, Gestión de la Transición y Posconflicto de la ESAP.

Zonas Veredales visitadas, memorias del taller Democracia y Ciudadanía

 Para dar inicio a los talleres en cada zona, se entregaba a los excombatientes la Constitución Política de Colombia. John Jairo Montoya, S.J., investigador del Cinep/PPP quien fue uno de los principales gestores del proyecto, señala el significado de este gesto: “en las ocho Zonas donde estuvimos ese fue un momento muy importante. La gente decía: ‘¿Esto existe? yo no sabía’. Algunos se sorprendían por el parecido con el reglamento que tenían en las Farc”.

El asombro del que habla Montoya se debía a la sorpresa de que, en palabras de Angélica Aguilar, “todo está muy bien en el papel, pero en la práctica estos derechos son casi nulos”, otros decían, según Juan Carlos Merchán: “de ahora en adelante la Constitución y los Acuerdos de Paz serán como una biblia para nosotros, y debemos trabajar para que se cumplan”.

 Para las actividades, algunos se organizaban en grupos, discutían, conversaban, pensaban sobre los temas y luego elegían a una persona que representara al ‘comando‘, como ellos aún en su lenguaje acostumbrado de guerra decían; palabras que les eran familiares, entre otras, como ‘avanzada‘  que la empleaban para repartirse e iniciar el trabajo del taller. Expresiones que el excomandante les reprendía “por qué habla así, este no se ha salido del monte todavía” o “este no se ha quitado las botas”, continuamente poniéndoles de presente el contexto de reincorporación que vivían.

En Charras una mujer reservada, nerviosa, quien parecía intentar adaptarse para “dar la talla”, al tomar la vocería de su ‘comando‘ evidenció los esfuerzos y cambios que enfrentaban en el proceso de adaptación. Merchán, narra su impresión al saber de quién se trataba: “ella era una de las comandantes más difíciles, agresivas, e incluso sanguinarias de la zona. Supe eso y me contrastó con esa señora nerviosa, sin fusil, tratando de expresar bien una idea”.

 Las reflexiones en torno al tiempo y formación que necesitaban los excombatientes, planteadas en marzo, cada vez eran más claras para las más de 40 personas que acompañaron los talleres. Julio Villavicencio del SJR tuvo la oportunidad de presenciar lo difícil que eran esos primeros pasos de transformación: “Me tocó la metamorfosis. Fue todo un proceso de una guerrilla que se fue convirtiendo en un grupo de campesinos que también eran víctimas de una historia de guerra”. A su vez, Doris Hernández señala que “el taller fue oportuno para su transición a la vida civil; fue mostrarles con lo que se iban a encontrar en el ejercicio de ciudadanía”.

Por otro lado, los excombatientes percibieron que esa transformación era en doble vía. Angélica Aguilar menciona el impacto que tuvieron frente a la presencia y enseñanzas de académicos e   investigadores: “creo que lo que más me impactó de ellos fue la forma como dejaron a un lado también los prejuicios, porque entiendo que son 53 años de propaganda, de escuchar, de interpretar, de muchas preconcepciones que se desaprendieron en estas visitas”.

Décadas que, como señala Angélica, generaron rasgos difíciles de romper; la vida comunitaria en Farc es uno de ellos. “A mí me impresionó compartir el saber de lo que es la vida comunitaria, porque me pasó hace 21 años que entré a la Compañía de Jesús. El ir cambiando la mentalidad de que uno pertenece a un colectivo donde se comparte prácticamente todo”, cuenta Jhon Jairo Montoya, S.J., lo que, señala, se hizo evidente a lo largo de los talleres en el servicio comunitario que tuvieron los excombatientes donde si uno cocinaba ‘el ranchero‘ otros servían, y cada quién sabía dónde o en qué debía colaborar con los otros. 

Estos rasgos, que son casi imposibles de resumir y nombrar en totalidad, solo hacen parte de una comunidad de hombres y mujeres que vivieron la guerra, para quienes uno de los mayores pasos del camino a la reincorporación fue el reencuentro con su nombre y apellido.

Al finalizar el taller cuando fueron entregados los diplomas, que tenían los nombres civiles de los excombatientes, nadie sabía quién era quien. “Uno mencionaba un nombre y todo el mundo se miraba y decía ¿Quién es esa persona?”, afirma Juan Carlos Merchán, quien recuerda ese momento, y enfatiza en un caso particular: “yo tomé un cartón y dije ‘Elmer’ nadie sabía quién era Elmer, y salimos del suspenso cuando se puso de pie el comandante Albeiro y todo el mundo se paró y aplaudió, todos nos reímos. Ellos estaban realmente emocionados”.

 Los facilitadores que eran cinco en cada zona entre profesores y estudiantes de la ESAP, investigadores de Cinep/PPP y acompañantes del SJR, en su mayoría, concluyen que los ocho talleres no dejaron conocimientos elaborados o ideas claras sobre ciudadanía y democracia para los excombatientes, lo que es casi imposible en tres días, pero sí preguntas, inquietudes y un profundo intercambio de experiencias desde dos ángulos de la historia completamente diferentes, como lo definió Angélica Aguilar. El encuentro evidenció que “ellos están dando un salto de fe”, concluye Merchán, y permanecen dándolo. Un salto de fe que no deben dar solos teniendo a un país con el que firmaron la paz.

El 5 de diciembre representantes del Cinep/PPP y SJR entregaron la cartilla Ciudadanía y Democracia, producto de dichos encuentros, a directivos de la ESAP. Puedes descargar la cartilla aquí.

 

María Gabriela Novoa
Equipo de Comunicaciones