Apr 26, 2017

Al empezar cada año, tradicionalmente los papas dirigen al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede un discurso llamado “el estado del mundo”. Esta vez el Papa Francisco enfatizó el tema de la seguridad y la paz mundial, exponiendo su percepción y los desafíos que hoy tienen la sociedad y los Estados. Francisco nos recuerda cómo hace un siglo transcurrió la inútil matanza de la Primera Guerra Mundial, sembrando violencia, sufrimiento y muerte. Surgieron a su vez regímenes políticos autoritarios defendiendo sus intereses económicos y culturales, causando profundas divisiones. Si bien el Papa afirma que algunas zonas del mundo han vivido hasta hoy, después de dos guerras mundiales, prolongados tiempos de paz, desarrollo económico y bienestar sin precedentes, también hoy para muchos pueblos la paz es una ilusión lejana. Millones de personas viven en medio de conflictos insensatos y otros países, considerados seguros, viven en medio del miedo.

El Papa expone que inclusive las mismas religiones han sido un factor de violencia, si bien existen diversas iniciativas, que inspiradas en la religión, han contribuido a la construcción de la paz en zonas de conflicto. A pesar de ello, debemos ser conscientes que actualmente la experiencia religiosa, en lugar de abrirnos a los demás, a veces es utilizada como pretexto para crear violencias. El Papa se refiere particularmente al terrorismo fundamentalista que el año pasado segó la vida de numerosas víctimas en Afganistán, Bangladesh, Bélgica, Burkina Faso, Egipto, Francia, Alemania, Jordania, Irak, Nigeria, Pakistán, Estados Unidos, Túnez y Turquía. Este fundamentalismo religioso sumado al desplazamiento forzado y el rechazo a los migrantes, es fruto de una grave miseria espiritual, vinculada a una gran pobreza social. Por esto líderes religiosos y políticos deben trabajar juntos. En este sentido, la paz no es un discurso, sino una virtud activa que requiere el compromiso de cada persona y del cuerpo social en su conjunto. Como dice el Concilio Vaticano Segundo: la paz jamás es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer. Construirla requiere renunciar a la violencia en la reivindicación de los propios derechos y transformar las relaciones por el camino de la compasión, la reconciliación y un perdón que no se contrapone a la justicia, sino que tiende a su realización plena.

De otra parte, el Papa advierte que una visión reductiva del ser humano que genere iniquidad, desigualdad social y corrupción es una gran enemiga de la paz. Por eso la paz se conquista con la solidaridad, el cuidado de la creación y la misericordia, valores espirituales y sociales que llevan a solucionar los conflictos de manera negociada, como se viene haciendo entre Cuba y Estados Unidos, en el conflicto interno de Colombia, en Oriente medio, África y Europa, en búsqueda de reconstruir sociedades reconciliadas.

Finalmente Francisco nos recuerda que la paz es un don, un desafío y un compromiso. Un don porque brota del corazón de Dios; un desafío, porque es un bien que no se da nunca por descontado y debe ser conquistado continuamente; y un compromiso, ya que la paz requiere el trabajo apasionado de toda persona de buena voluntad para buscarla y construirla.

* Editorial presentada el domingo 15 de enero del 2017, en el programa radial de RCN “Notas humanas y divinas”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara
Director General Cinep/Programa por la Paz
 

Tras varios meses de tensión y de incertidumbre sobre el futuro de las conversaciones entre el gobierno nacional y el ELN, el pasado 2 de febrero se destrabó el inicio de los diálogos de paz. Julián Barajas, asistente de investigación del equipo de Iniciativas de Paz, habla de la instalación de la mesa y el inicio de la fase pública de la negociación.

 

Luego de la instalación oficial de la mesa ¿Cómo llegan ambas delegaciones a la negociación?

Julián Barajas Más que cómo llegan, es necesario analizar el proceso que se dio antes de la misma instalación. El año pasado, a pesar de casi tres años de conversaciones exploratorias, fue un año de congelamiento casi total del proceso. Sin embargo, y a pesar de la incertidumbre, se logró solventar ese impase y se instaló la mesa el 7 de febrero.  Si nos remitimos a los discursos tanto de Pablo Beltrán como de Juan Camilo Restrepo, pareciera que a pesar del congelamiento y de los grandes desencuentros que hubo en el 2016, cada delegación internamente reforzó su convicción de iniciar un diálogo con la otra parte. Había un pregunta en ambas delegaciones: ¿qué tanta voluntad de paz tiene la contraparte? Creo las dos nos demostraron el compromiso, tanto del gobierno con los indultos a los dos guerrilleros presos, como del ELN con la liberación de Odín Sánchez, y del soldado que tenían retenido en Arauca.

¿Cuál es su análisis de los discursos que presentó cada delegación en el acto de instalación de la mesa?

J.B. Como toda negociación, cada parte pone su agenda. El discurso de Juan Camilo Restrepo deja ver que al gobierno lo que le interesa es el desarme del ELN. En ese sentido va a abogar para que baje, no sé si la intensidad del conflicto, pero por lo menos la capacidad militar del ELN. Pablo Beltrán por su parte, posiciona lo que para el ELN es el punto crucial, que es la participación de la sociedad civil. Como ya tenemos un punto de comparación, al recordar el discurso de Iván Márquez en la instalación de la mesa con las Farc, a mí me parece que ese discurso de Márquez era mucho más, no sé si radical, pero por lo menos más ambicioso que el presentado por Beltrán el 7 de febrero.

¿Cómo espera ud que sea esa participación de la sociedad civil dentro del proceso?

J.B. Aquí hay una ventaja y es que ya hay una agenda que estipula una participación, y eso ya es un avance, porque parece que va a ser una participación más directa. Este es diferente al proceso con las Farc, porque a pesar de que hubo participación de las víctimas, ese modelo tuvo bastantes críticas, en el sentido que no fue una participación amplia y directa de la población. Frente a ese aspecto se aprendió que en un proceso como estos es necesario involucrar a la sociedad.

Yo aspiro que este sea un experimento para ampliar la participación democrática de la ciudadanía en Colombia. Hay una cierta precaución en el tema de participación y es que el proceso se puede alargar mucho. Eso es verdad, se necesita diseñar una metodología que logre encausarla y que no nos quedemos simplemente en debatir y no concretar nada. Esta es una oportunidad necesaria, y ojalá esta experiencia sea un acumulado para incentivar y motivar la participación de la ciudadanía.

Frente a la negativa de algunos comandantes del ELN de renunciar a la práctica del secuestro ¿Cómo puede afectar este tema a la negociación?

J.B. El secuestro es indefendible. Todo el congelamiento del año pasado fue bajo el argumento del secuestro.  Analizando el tema política y económicamente, las cifras de secuestrados que tiene actualmente el ELN no son significativas. Por lo tanto, el argumento de que el secuestro es una vía indispensable de financiación de la guerra, se cae por la poca cantidad de secuestrados que tienen.

El secuestro lo usan no solo como práctica de financiación sino también sino también como arma política y hoy en día no les funciona de esa forma. Entonces yo sí creo que el ELN debe renunciar al secuestro porque no les representa grandes capitales económicos y tampoco capitales políticos. Ese sería un gesto no solo con el gobierno sino con toda la sociedad colombiana y que además, le quitaría un argumento a los opositores del proceso de paz.

¿Cómo diferenciar el proceso de las Farc con el del ELN?

J.B. Juan Camilo Restrepo de antemano lo dijo en su discurso. El gobierno ha venido entendiendo con el tiempo que este es un proceso distinto al de las Farc en tanto que el ELN es una organización independiente y autónoma, con su propia naturaleza y su propia idiosincrasia. Sin embargo tampoco se pueden cerrar las puertas de interlocución. Claramente este proceso debe aprender y debe tener en cuenta la negociación y la implementación con las Farc. Lo peligroso es que pareciera, por parte del gobierno, que hay una iniciativa de no abrir más los temas de justicia y el tema de dejación de armas. Yo entiendo el argumento del gobierno de tener en cuenta la jurisdicción especial para la paz que se acordó en La Habana, pero el ELN también tiene un argumento muy fuerte y es que ellos no participaron en esa discusión. Yo creo que la vía es que el punto de partida para la discusión de la justicia y la dejación de armas con el ELN sea lo ya acordado con las Farc.

Teniendo en cuenta que el gobierno Santos tiene el tiempo limitado y que la agenda del ELN puede extenderse en su discusión ¿Cómo debe ser el manejo de la negociación?

J.B. En Colombia no va a haber paz si la paz es una política de gobierno y no una política de Estado. Si los colombianos queremos la paz tenemos que asumir que la paz no puede depender del gobierno de turno. La única salida ante este situación es que todos los sectores de la sociedad civil que estamos a favor de la solución política nos unamos para darle continuidad a este proceso independientemente de quien sea elegido como nuevo presidente. El problema no es que se acabe este gobierno. El problema es que hay opositores a la salida política y negociada al conflicto que tienen grandes probabilidades de ganar la presidencia y eso puede hacer que los pasos que hemos dado hacia la paz se pierdan.

 

En su último artículo en la Revista Cien días hacía un llamado a la sociedad civil para presionar a las partes para que instalaran la mesa. Ahora que inicia la negociación ¿cuál es el papel de la sociedad civil en acompañar pero también exigir resultados a la mesa?

J.B. Yo creo que el talón de Aquiles, no solo de la izquierda sino de sectores progresistas, es que nos cuesta trabajar juntos. Cada sector o facción quiere imponer su agenda propia. Ahora lo que necesitamos es una plataforma que reúna todos esos sectores y que abogue por la paz. Generalmente la gente se moviliza ante una injusticia, pero se moviliza mucho más cuando se siente parte o cuando se siente afectado. En ese sentido, este año será crucial para involucrar a la sociedad y lograr un interés nacional por participar políticamente.

Ante el preocupante incremento de asesinatos y amenazas a líderes sociales y personas que se dedican a la defensa de la vida, presentamos estos relatos que queremos que contribuyan a la construcción de memoria. Hacemos un llamado a las autoridades para que estos hechos no se repitan y se garantice la legítima labor del Derecho a Defender.

Casos de 2017

Casos de 2016

 

 

Miguel Angel Martínez
Equipo de Comunicaciones

Vera Zamudio, coordinadora nacional de incidencia del Servicio Jesuita a Refugiados (organización miembro de la Coalición contra la vinculación de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado en Colombia -COALICO) cuenta en qué consiste la campaña del Día de la Manos Rojas.

¿Qué es la campaña de las Manos Rojas?

Vera Zamudio: La campaña del Día de las Manos Rojas, es una conmemoración que hacemos cada año el 12 de febrero, recordando las directrices que se dieron desde el comité de los derechos del niño de Naciones Unidas, cuando declara el protocolo facultativo para la prohibición de la participación de los niños y las niñas en los conflictos armados y las guerras.

Desde el 12 de febrero de 2002 cada año, las diferentes organizaciones que trabajamos con los niños y niñas hacemos un trabajo de visibilización y sensibilización en cuanto a la importancia de no vincular a los niños y a las niñas a los conflictos armados y a la guerra.

¿En qué consiste la Campaña?

V.Z: Cada año se hacen cosas distintas, partiendo de un análisis de contexto e identificación de los principales retos y desafíos que se tienen en torno al tema, siempre enfocados en el reclutamiento y uso de niños y nias. Este  año en particular, estamos pensando en lógica de implementación de acuerdos y construcción de paz, queremos fortalecer todo el trabajo en términos de protección y de prevención.

¿Cuáles son los logros alcanzados?

V.Z: Hemos logrado que se instale la idea de prohibir el uso y reclutamiento de los niños y niñas en sectores juveniles, en sectores barriales de las comunidades, con las víctimas del conflicto,  también involucrar a la institucionalidad local y todas las entidades que  tienen responsabilidad u obligación con los niños y niñas, les invitamos a pensarse seriamente este tema. Durante los últimos años, el mayor logro que hemos tenido es que el mensaje llegó a la mesa de conversaciones en La Habana y eso permitió abrir las puertas para empezar a tocar el tema de reclutamiento de los niños y las niñas en este conflicto armado.

¿Por qué se caracteriza la campaña este año?

V.Z: Hay algo muy interesante este año que tiene que ver con escuelas seguras, hemos hablado bastante de la importancia de generar entornos protectores, porque el análisis que hacemos es sobre los procesos de desvinculación de todos los niños que en este momento están en el conflicto armado, pero también sabemos que Colombia tiene unos desafíos muy fuertes en términos de otros actores que están copando esos espacios, que están llegando a esos territorios y se están fortaleciendo, particularmente los grupos paramilitares posdesmovilización y en eso requerimos hacer un trabajo muy fuerte en prevención y protección de estos niños y niñas.

Queremos generar un entorno más proclive a entender la escuela como un espacio que debe ser protegido pero que también es protector, todas nuestras intenciones están puestas en pensarnos en construcción de paz, prevenir el reclutamiento y el uso en la escuela, generando procesos de protección en estos entornos.

¿Cómo puede participar la sociedad civil en la Campaña?

V.Z: Tenemos dos actividades centrales en Bogotá y todas las personas que se quieran acercar son bienvenidas: una de ellas es el domingo 12 de febrero, vamos a hacer un trabajo de sensibilización en el Parque Nacional de 9:00 a.m. a 1:00 p.m. desarrollando actividades de sensibilización con los niños,  con los jóvenes, con sus familias. Al medio día habrá un concierto.

Y el día jueves 16 de febrero vamos a tener un conversatorio donde esperamos que diferentes entidades del Estado que son responsables del tema, con sociedad civil y también con jóvenes que han vivido este reclutamiento puedan conversar, es un conversatorio político académico: Para la guerra ni una niña, niño ni joven más, para la paz estamos listos ¡YA! Será En el Centro de Memoria, Paz y reconciliación. Entrada libre, inscripciones.

¿Por qué se denomina las Manos Rojas?

V.Z: Lo que hacemos muy simbólicamente en casi todos los espacios en los que conmemoramos el 12 de febrero, es pintarnos la palma de la mano de rojo, el pintar la palma de la mano y ponerla en señal de alto, es una acción simbólica para decir detengamos el uso y reclutamiento de niños y niñas. Es una imagen que viaje alrededor del mundo y aquí en Colombia cuando nos encontramos en las escuelas con los niños, con los docentes, con los padres a trabajar y a pensarnos esta problemática siempre estamos pintándonos la mano de rojo, queremos que se detenga esta situación.

 
Jennipher Corredor
Equipo comunicaciones

Según cifras del censo general del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) en 2005 el 25% de la población colombiana –11,2 millones– y el 62% de los municipios del país –692– son considerados rurales. Aunque son muchas las cifras en las que se evidencia la inequidad entre la población rural y la urbana, preocupa el tema de la educación. Un informe del Ministerio de Educación Nacional de 2013 demuestra que de cada 100 estudiantes que ingresan al sistema educativo en la zona rural, 48 culminan la educación media, mientras que en las áreas urbanas lo hacen 82 estudiantes.

Frente a este panorama, que ha sido constante desde hace décadas, diversas organizaciones, instituciones y maestros han creado procesos educativos con un enfoque diferencial que permiten cerrar las brechas en acceso, permanencia, calidad y, sobre todo, pertinencia  de la educación que reciben las comunidades rurales del país.

Colombia es un país con una gran diversidad. A lo largo del territorio confluyen diferentes culturas que tienen sus propias formas de entender, ver y vivir su realidad. Dadas estas condiciones, no es coherente tener un solo modelo educativo para la niñez y la juventud de todo el país.

“La misma educación que se le da a los niños y jóvenes, los hace querer salir del campo para vivir en la ciudad, porque enseña que la ciudad es progreso y bienestar y que en el campo está la ignorancia, la pobreza y el atraso”, afirma Jorge Iván Marín, educador de zonas rurales de Antioquia. El mismo Marín manifiesta que existe en el país un  sistema educativo que habla de ruralidad pero no marca mayores diferencias entre la pedagogía y la didáctica que emplea en el contexto urbano y el rural.

 

De ahí que sea importante que el sistema educativo reconozca la cultura propia de los pobladores rurales y busque mecanismos para responder a sus necesidades porque, tal como lo señala Ariel Rueda, de la Asociación campesina de Antioquia, “la educación que nos están llevando a nosotros los campesinos no es acorde a las necesidades del campo porque las personas que imparten esta educación desconocen las realidades del campo”.

  Instalación de la mesa

Como resultado de las negociaciones con la guerrilla de las Farc, quedó estipulado en el acuerdo final, en su punto 3.2.2.2., la creación del Plan Especial de Educación Rural. En este se dan los lineamientos generales de la política pública que reformará la educación que reciben los habitantes rurales del país.

Para reglamentar este punto del acuerdo, 72 organizaciones e instituciones dedicadas a la educación y al desarrollo del sector rural han designado a sus representantes a la Mesa Nacional de Educación Rural, que en los próximos meses discutirán con el Ministerio de Educación Nacional el texto que será incluido en el Plan Marco de Implementación de los Acuerdos. Esta mesa fue instalada formalmente el pasado 9 de febrero en las instalaciones del Cinep/PPP con la presencia y representación de las organizaciones.

Estas organizaciones, instituciones, maestros y líderes de base coinciden en afirmar que parte de la enorme brecha de inequidad y la desigualdad en oportunidades y garantías que viven las poblaciones rurales del país son causa del sistema educativo que no está diseñado con enfoque diferenciado para las personas que viven y trabajan en el campo. Por eso han venido debatiendo las necesidades que tienen los pobladores rurales en los congresos Nacionales de Educación Rural, de donde salen las propuestas que se llevarán al Ministerio para su discusión.

Una de las propuestas es lograr que la educación que reciban los habitantes del campo no se reduzca a la básica, sino que la educación técnica, tecnológica e incluso la profesional tengan su espacio dentro del Plan nacional de educación. Tal como lo expresa Beatriz López, de la Corporación para la Investigación y el Desarrollo, “la educación como motor del desarrollo debe llegar a los campesinos en todos sus niveles. Es un reto que la educación superior llegue al campo y aún más, que los campesinos se queden y con esos conocimientos aporte al desarrollo integral de la ruralidad”.  

 

Otras propuestas en las que trabaja la mesa nacional están relacionadas con la adaptación de modelos educativos de diferentes culturas, contenidos pertinentes para cada región, infraestructura adecuada para la enseñanza, calidad educativa, permanencia,  educación en ciudadanía, desarrollo del campo y construcción de paz desde las regiones.

Durante los primeros meses del 2017 el Ministerio de Educación  deberá presentar los lineamientos de la política pública de educación rural para que pase al Departamento Nacional de Planeación y al Ministerio del Posconflicto para construir el Plan Marco de Implementación de los Acuerdos, en el que se articulan las políticas que cada ministerio está construyendo a partir de lo acordado en La Habana. Una vez aprobadas, se asignarán presupuestos y se iniciará la implementación.  

 

Miguel Angel Martínez
Equipo de Comunicaciones