Aug 22, 2017

 

Estaba haciendo la fila para entrar a ver  “Monsieur Periné” en el Koerner  Hall de Toronto,  cuando recibí un mensaje de texto de Elvira Alvarado recordándome que el próximo mes de mayo se cumplen 20 años del vil asesinato de su hermana y mi buena amiga Elsa,  junto con su esposo y también cómplice generacional Mario Calderón y el papá Alvarado. Me invitaba a escribir algo, alguna frase relacionada con los dos últimos años de la vida de Elsa y de su pensamiento.  Lo primero que se me vino a la memoria fue un “mini casete” que me regaló quince días antes de su asesinato y que dejó en mi apartamento camino a dictar su clase de “Comunicación para el Desarrollo” en la Universidad Externado de Colombia (nuestra universidad). Se trataba de las canciones de una nueva y desconocida joven cantante barranquillera que había sacado su primer disco “Pies descalzos”, el cual le gustaba mucho a sus estudiantes. Estaba utilizando las letras de algunas de sus canciones para trabajar con ellos los mensajes clave de esas letras, mezcladas con las melodías de esa joven cantante que movía los corazones de los chicos.

 Las nuevas y refrescantes melodías de los integrantes de Monsieur Periné, junto con el recorderis que me hizo Elvira de la partida de Elsa, removieron la memoria de nuestras vidas de hace 20 años, cuando estábamos en los 30s y éramos buscadoras de nuevas formas de educar a los jóvenes estudiantes; de hacer de la comunicación en todas sus formas, una potente arma educadora y de “utilizar” las propuestas de los jóvenes, como una herramienta pedagógica  para propiciar interés por el conocimiento, por la crítica, por el “no tragar entero”.

Desde hace 20 años,  aparece cada año, en mayo, el recuerdo de Elsa y Mario bajo diversas formas.  Tratamos de esquivar el dolor de su partida prematura y de la rabia de pensar por qué esas fuerzas oscuras no se dieron el permiso de haberlos conocido, pues seguro que si se hubieran sentado a conversar con ellos, no les hubieran tocado un pelo. Si hubieran llamado a la puerta en vez de haberla violado a tiros de metralleta, seguramente Elsa y Mario les habrían abierto la puerta de su casa y les brindarían una taza de té o un aromático café colombiano para entablar una charla que se hubiera convertido en una noche de dialogo, de compartir historias, alternada con deliciosos platillos que habrían salido de la cocina siempre lista para hacer sentir a los visitantes como en su casa. Pero no fue así. Llegaron y sin permiso masacraron unas vidas llenas de vida. Mataron vilmente a esos andantes del bien, de la paz, a esos protectores del planeta que buscaban que el agua rodara fresca por los manantiales.

Es inevitable no pensar en lo que quisiéramos borrar de nuestra memoria. Es imposible no preguntarnos una y otra vez ¿por qué?... Pero esto no es a lo que me ha invitado a recordar Elvira. Entonces volvamos a esa mujer alta y esbelta, de sonrisa grande y cabello fino. A esa chica que le robó el corazón al “Obispo de Oriente”… Elsa era una comunicadora por esencia y una educadora por convicción. Nos unía que yo soy educadora por esencia y comunicadora por convicción. Nos unía también que nos encantaban las jóvenes generaciones, los niños, los muchachos y las chicas, por su inocencia, su franqueza y sus búsquedas y nos interesaba llegarles a ellos. Pero también nos importaba pensar en  los más excluidos, en los que no tienen voz, en los que sufren por la pobreza, por no tener un pan en la mesa u oportunidades para estudiar. Teníamos buenas charlas sobre el papel de los medios de comunicación en la educación de las jóvenes generaciones, en el uso de la televisión, de la radio con fines educativos, pero no para producir aburridores programas que se dicen “educan” sino los medios, como potentes instrumentos para cambiar mentalidades y no para mantener el statu quo de los pueblos. Eran tiempos en donde el internet no se había popularizado, ni las redes sociales virtuales aún existían, ni mucho menos existían los celulares inteligentes que todo lo hacen. Eran tiempos del betamax, de los CD, de las videotecas para sacar películas en beta o VHS, de los cine clubs y de las salas con grandes computadores donde accedíamos para tareas puntuales.  Los pequeños laptops eran propiedad de reducidas minorías.  Me pregunto cuál podría ser nuestra conversación de hoy si Elsita estuviera, sobre el papel de la educación mediada por tanta información, por el inmediatismo de la noticia, por  los bancos de música que se bajan en el celular, o las bibliotecas virtuales al servicio de quien los quiera con solo prender un teléfono?

Trabajábamos en el CINEP. Para ese entonces construíamos en el Proyecto Urbano una estrategia educativa para capacitar al movimiento de madres comunitarias en el país encargadas de la atención a la primera infancia. Las madres comunitarias no tenían voz, no eran reconocidos sus derechos como educadoras. Eran simples cuidadoras, que abrían las puertas de sus casas para proteger a los niños pequeños y enseñarles con juegos y cantos las primeras letras. Con Elsita discutíamos ideas para cualificarlas, que tal producir materiales usando comics, grabarles música, ponerles películas para que el mundo se les abriera hacia el universo de la infancia en sus primeros años?… Así nacían las semanas de la creatividad en el Sur Oriente de Bogotá, el cineclub cine-Cinep para los niños del barrio La Perseverancia o el programa Fosdimac de formación a las madres comunitarias.

Fuimos también cómplices de amores secretos. De compartir su sueño de tener un hijo. De su complicidad cuando supo que en mi vientre crecía mi José Alejandro.  La primera persona que llegó a la clínica después de mi familia inmediata a visitar a mi  Ale fue Elsita. Siempre con su sonrisa grande, lo miró a los ojos y yo le se lo entregué para que lo cargara. Ella lo tomó en sus brazos  y con la complicidad que nos caracterizaba, recordamos lo que algún día una madre comunitaria nos había dicho, que era importante cargar a los bebés pues así llegaba el propio. Meses después, la semilla de Iván, su hijo, prendió y también él llegó al mundo.

No compartimos mucho tiempo la primera infancia de nuestros hijos juntas. Nos fuimos para París y ellos, Mario y Elsa, empezaron su crianza en Colombia. Iván recibió un regalo de José Alejandro, “Artura la Cangura”, que cuidadosamente seleccionamos para mandar con un mensajero visitante en Paris que volvía a Colombia. Guardo como un tesoro, un sobrecito con una carta escrita a cuatro manos por Mario y Elsa donde agradecen la llegada de Artura.  Por ahí está,  junto con el tarot que leía Mario y que años después, en un mes de mayo en Guatemala, me regaló Nohora Alvarado, su otra hermana,  cuando nos encontramos en uno de mis periplos latinoamericanos.

Es imposible olvidar a Elsa en tiempos de las redes virtuales, de los App, del WiFi, de la transformación del mundo por la tecnología y las telecomunicaciones. Este escrito me hace pensar que si estuviera viva, seguramente estaría dándonos pistas sobre los retos de la educación a las jóvenes generaciones que consumen diariamente información, que navegan en el mundo virtual cotidianamente, que construyen vidas paralelas, las reales y las virtuales, a través del celular o del laptop.  Toda esta revolución estaría mediada por su cuidadosa reflexión sobre mundos más justos para todos, donde el acceso a la información, pero sobretodo, el no tragar entero, debe estar en el centro de la reflexión educativa.  Estaríamos pensando como aprender a digerir toda esa información que diariamente nos bombardea y que tratamos de aprender a interactuar con los jóvenes de hoy, en estos tiempos donde la inmediatez es la unica manera de sobrevivir.

Elsa, Mario, Iván, están siempre en mi corazón.

 

Tatiana Romero Rey

Toronto, Abril 24 de 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Actualmente 108 familias campesinas reclaman a través de la política de Restitución de Tierras –Ley 1448- los predios de Chimborazo, Ceibones, Nigrinis y Cantagallar en el municipio de Puebloviejo, corregimiento de Tierra Nueva (Magdalena). Desde 1999 las familias empezaron a ser hostigados por los grupos paramilitares que hacían presencia en la región. Por varios años fueron víctimas del robo de su producción, del dinero de sus ventas, de amenazas y las niñas, niños y mujeres fueron vícitimas de violencia sexual. Luego los hechos a los que fueron sometidos, varias familias abandonaron la región hasta que en 2010 se organizaron en la Fundación de Desplazados y Personas Vulnerables –FUNDAPAD, con la que han adelantado acciones para el restablecimiento de sus derechos por medio de la ley de Justicia y Paz (Ley 975).

Esta línea de tiempo señala el proceso de lucha por el acceso a dicha tierra de estos campesinos en la que han tenido que vivir difíciles actos de violencia. Aún están a la espera de la demanda que fue admitida por el Juzgado Segundo Civil del Circuito Especializado de Restitución de Tierras de Santa Marta. 

 

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Aunque Ana María solía referirse a mí como su maestro y mentor, técnicamente nunca fue mi alumna en un salón de clase de esta universidad, sino que nuestra relación era más bien un continuo intercambio de ideas, en el que cada uno aportaba lo que había leído, recordado y aprendido a lo largo de los años. Eran largas conversaciones de horas y a veces hasta de días, en las que, de manera desprevenida y espontánea, compartíamos intereses, enfoques, críticas, análisis, que no siempre se reducían a la dimensión intelectual.

Así fuimos construyendo en mi equipo de investigación del Cinep una suerte de comunidad de ideas a partir de la discusión de los aportes de cada uno en un perpetuo seminario de investigación, en el que investigadores experimentados, jóvenes investigadores y asistentes de investigación íbamos construyendo juntos un acercamiento conjunto a los temas de interés en el análisis de la coyuntura e historia política del país. Recuerdo particularmente la manera como aproveché mi experiencia docente en la Universidad de los Andes para reclutar un magnífico grupo de investigadoras, que algún gracioso del Cinep bautizó como la Fundación Niñas de los Andes, en contraste con el hecho de que la mayoría de los investigadores provenía de la Nacional o Javeriana. De ese grupo hacían parte mis asistentes de investigación Renata Segura y Adriana Posada, recién graduadas, a las que se sumaron Ana María, que estaba ya iniciando sus estudios de doctorado y otra chica muy joven, que no había terminado todavía su carrera: Ingrid Bolívar.

En esa comunidad de ideas, Ana María aportaba sus lecturas sobre la necesidad de regresar a la reflexión teórica sobre la naturaleza y

el origen del Estado, inspirada en los trabajos de Theda Skocpol. Lo que se reflejó en sus artículos sobre la necesaria interacción entre sociedad civil y Estado y el carácter selectivo de los intentos de modernización estatal en Colombia, elaborado este último en colaboración con Renata Segura

En esas discusiones y reflexiones Ana María evidenciaba su enorme capacidad analítica que la hacía percibir matices y mostrar tanto los posibles aportes como las limitaciones de los autores, al lado de su claridad mental y gran facilidad de expresar temas complejos de manera sencilla y pedagógica. Todo esto sin las pretensiones de importancia a la que somos a veces dados en el mundo intelectual, donde era proverbial su inmensa generosidad para compartir sus opiniones, conceptos y lecturas. Además, sus serios aportes estaban condimentados con un gran sentido del humor y mucho respeto de las opiniones de las otras personas. Obviamente, la combinación de estos rasgos hacía que se ganara, con cierta facilidad, el respeto y sobre todo el corazón de sus colegas y alumnos.

Pero, más allá de la admiración por sus calidades académicas, creo que lo que más apreciamos los que tuvimos el honor de haberla acompañado en su lucha contra la enfermedad y las adversidades de su vida personal, fue su inmensa fortaleza, que contrastaba con su apariencia física aparentemente frágil. Durante casi veinte años, no sabemos de dónde sacaba ella fuerzas para luchar con la enfermedad que reaparecía de vez en cuando, al tiempo que dedicaba sus cuidados maternales a su hijo Federico, como “mamá gallina” como ella se describía, pero sin descuidar sus actividades de docencia e investigación.

Recuerdo que cuando estaba ya recuperando sus capacidades físicas y mentales después del primer episodio de su enfermedad, cuando estaba reasumiendo sus labores en el CIJUS, superando lo que ella denominaba “su cerebro de quimioterapia”, el atentado contra Eduardo Pizarro la obligó a un forzoso exilio, que ella aprovechó para culminar y defender su tesis doctoral, que había aprovechado mucho las reflexiones y discusiones en el equipo del Cinep. Pero, este éxito profesional la llevó luego a una peregrinación de varios años por varias universidades en los Estados Unidos, hasta que logró establecerse ya definitivamente en la Universidad de Toronto. Allí continuó profundizando su vida académica, combinando su docencia e investigación con sus deberes de madre y el cultivo de sus amistades, tanto allá como acá, pues nunca perdió el contacto permanente con sus colegas, alumnos y amigos.

Obviamente, este desarrollo personal distaba mucho de ser lineal, pues se veía interrumpido periódicamente por la reiterada aparición de su enfermedad. Recuerdo la alegría e ilusión que me manifestaba cuando, cinco años después de su primer episodio, me llamó para celebrar, desde la distancia, el que había sido declarada oficialmente curada. Sin embargo, ante la reiterada aparición del mal, Ana María siguió luchando fiel a la meta que se había fijado: no dejar este mundo sin ver a su hijo Federico adulto, capaz de defenderse por sí solo en la vida.

Por eso, cuando conversaba con mi médica personal, sobre los avatares por las cuales había pasado Ana María, me decía que deberíamos estar agradeciendo a Dios por el milagro de haberla tenido con nosotros esos años, pues su caso era médicamente inexplicable. Yo le comentaba que efectivamente había sido un MILAGRO DE AMOR de Ana María por su hijo Federico, pero del cual nos habíamos beneficiado sus familiares, amigos, colegas, alumnos y todos aquellos a los cuales tocó a lo largo de los años.

Por eso, quiero, rompiendo con mi tradicional separación-un tanto esquizofrénica entre mi vida como académico y mi experiencia religiosa como sacerdote jesuita, terminar estos recuerdos del significado de la presencia de Ana María en nuestras vidas con una oración de ACCIÓN DE GRACIAS por el beneficio de haber compartido su vida durante estos años.

 

Dios Padre, de cuyo amor provienen todos los amores de nuestra vida humana, que manifestaste tu mensaje de amor universal por medio de tu HIJO, que compartió los afanes de nuestra vida pasando por el dolor y la muerte,

Te damos gracias por el amor que desplegó Ana María entre nosotros, siendo testigo de tu bondad mediante su entrega generosa a todos los que tuvimos el privilegio de contar con su presencia en nuestras vidas, empezando por su hijo Federico, su madre y hermanas, sus familiares, sus compañeros de colegio y universidad, sus colegas, alumnos y amigos, que hoy lamentamos su ausencia física entre nosotros,

Pero que seguimos experimentando su presencia, de manera misteriosa, en el amor que ella sembró entre nosotros, que garantiza, como dice San Juan en una de sus cartas, que hemos pasado de la muerte a la VIDA, y que nos anuncia la esperanza de un mundo mejor, donde todos podamos vivir como hermanos que somos e hijos de un mismo Padre.

Y te pedimos que esas semillas de amor que Ana María sembró entre nosotros sigan produciendo frutos de amor en nuestras vidas,

TE LO PEDIMOS por nuestro Señor Jesús, que compartió con nosotros su vida, impulsado por la fuerza del ESPIRITU SANTO, espíritu de amor, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

 

Bogotá, abril 24 de 2017    

 

 Fernán González S.J. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace veinte años fueron asesinados en Bogotá, los investigadores del CINEP/Programa por la Paz: Mario Calderón Villegas y Elsa Constanza Alvarado Chacón y su padre el Ingeniero Carlos Alvarado Pantoja. Sobrevivieron a esta masacre, la mamá de Elsa, Elvira Chacón, quien fue herida y el bebé de dos años, hijo de Mario y Elsa.

Como ayer, infortunadamente hoy, millares de asesinatos semejantes suceden en Colombia; impunes, bajo el manto de la inoperancia de la justicia, la presión de quienes la manipulan y la omisión de los indiferentes. Según el último informe del Banco de Derechos Humanos y Violencia Política del CINEP, durante el año dos mil dieciséis en Colombia los grupos ilegales del paramilitarismo realizaron quinientas cincuenta victimizaciones, mientras que la policía sumó quinientas cuarenta y ocho, y los grupos armados no identificados realizaron ochocientas treinta y tres.

Un total doloroso y vergonzoso de 1.931 victimizaciones, que, en su mayoría, para el caso de los paramilitares fueron amenazas y ejecuciones. Para el caso de la policía, los mayores hechos de victimización fueron los heridos y detenidos arbitrariamente. Y para el caso de los actores armados no identificados, las victimizaciones se concentraron en asesinatos y amenazas.

Las víctimas en su mayoría son: líderes campesinos y cívicos, miembros de juntas de acción comunal; indígenas, población LGBTI; comunidades negras; líderes del Polo Democrático y de Marcha Patriótica; de organizaciones de víctimas; sindicalistas; líderes de restitución de tierras y ambientalistas, defensores de derechos humanos y maestros. ¿A quiénes les interesa victimizar a los líderes sociales que reivindican sus derechos? ¿Por la magnitud de las violaciones se las puede calificar como casos aislados? ¿Las autoridades civiles, de policía, los organismos de investigación y control no tienen la capacidad para manejar a los actores estatales y para estatales que realizan estas violaciones? ¿Estamos condenados a vivir bajo el miedo mientras están conculcados nuestros derechos ciudadanos? ¿Es esta una nueva fase de la guerra sucia sobre el movimiento social que busca el sometimiento frente al reclamo justo de los derechos?

Jesús en el sermón de la Montaña nos dice “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de Justicia, porque ellos serán saciados… Bienaventurados los que padecen persecución por la Justicia, porque de ellos es el Reino dé los cielos”. Jesús nos pide que busquemos con todas nuestras fuerzas la Justicia pues al hacerlo Él estará con nosotros en la lucha contra todos aquellos que solo buscan sus intereses egoístas, pero no quieren el Reino de justicia y amor.

 

Luis Guillermo Guerrero Guevara Director CINEP/Programa por la Paz

En el marco del proyecto Cuando tengamos la tierra crecerá la semilla, el pasado 4 y 5 de mayo se llevó a cabo  la mesa multiactor que discutió los riesgos en seguridad y protección a los que se enfrentan los líderes regionales reclamantes de tierras.

Durante el desarrollo de la mesa dialogaron diferentes actores relacionados con los procesos de reclamación y restitución, entre ellos líderes reclamantes, organizaciones sociales, organismos de control, instituciones estatales, organizaciones acompañantes  y comunidad internacional. Se presentaron 6 casos de procesos de reclamación de tierras en la zonas de Urabá (Antioquia), Bajo Atrato y Darién Caribe (Chocó).

La discusión se centró en los aspectos de seguridad y protección para las personas que lideran este tipo de procesos, pues siguen siendo víctimas de amenazas, atentados y asesinatos.  “En el posconflicto debe primar la protección colectiva a las comunidades, mucho más a nosotras las comunidades reclamantes de tierras porque actualmente seguimos en riesgo” afirmó uno de los asistentes.  Los riesgos fueron enumerados por los líderes de cada proceso y se encontraron seis características comunes en todos los casos. Estos son:

  1. Presencia de actores armados ilegales en los municipios
  2. Convivencia entre grandes ocupantes, actores armados y actores estatales en la región
  3. Criminalización de los líderes y de los procesos de reclamación de tierras
  4. Hechos de violencia contra reclamantes (Amenazas, atentados)
  5. Afectaciones socio ambientales – Minería ilegal, contaminación de fuentes de agua, deforestación
  6. Desarticulación institucional – Vacíos en medidas de protección a reclamantes y colectivas
  7. Poca eficacia en procesos judiciales frente a las redes de despojo

El punto central, y en el que todos estaban de acuerdo, fue que no es suficiente con la entrega de los títulos a las comunidades reclamantes, se requieren otro tipo de medidas y acompañamientos que les permitan a dichas comunidades seguir viviendo en los predios que les devuelvan. “No basta solo con la entrega de títulos, la prevención  y acompañamiento debe ser integral para las comunidades en sus procesos” expuso el representante de Somos Defensores.

Los líderes de procesos de restitución reclamaron a las instituciones por la falta de garantías de seguridad, tanto individual como colectiva, que viven en sus municipios. Si bien algunos de ellos cuentan con escoltas, camionetas, chalecos antibalas y celulares satelitales, la mayoría de las comunidades no tienen protección. “Por nuestras casas pasan hombres con camuflado y fusiles amenazándonos para que abandonemos los procesos de restitución de tierras que nos fueron quitadas o compradas a muy bajo precio y que hoy son propiedad de grandes poseedores” afirma uno de los líderes. “Sabemos que las amenazas no son contra nosotros como personas, sino contra el proceso en sí. Siempre buscan atentar contra el líder más visible para que las demás personas se intimiden y dejen de luchar” agrega otro líder.

Frente a este tipo de intimidaciones, preocupó a los asistentes una de las declaraciones del representare de la Unidad Nacional de Protección quien dijo que anualmente se priorizan 15 casos de protección colectiva y que para poder acceder a esta modalidad, deben postularse para el próximo año. “Nos preocupa la seguridad de nuestras comunidades. Yo puedo tener camioneta y escolta, pero ni mi familia ni los demás integrantes de la comunidad los tienen y eso puede determinar la continuidad de algunos de ellos en el proceso” dijo uno de los asistentes.

Finalmente se lograron algunos acuerdos para dirigir el trabajo a futuro. Estos acuerdos fueron acordados por la mayoría de instituciones presentes entre ellas la Unidad de víctimas, la Unidad de Restitución de Tierras, la Fiscalía regional, Ministerio del Interior, la Consejería  Presidencial para los Derechos Humanos, la Unidad Nacional de Protección, la Unión Europea, Acnur, Somos Defensores, el IPC, Pastoral Social, Ascoba y el Cinep/PPP, ente otros. Los acuerdos fueron:

  • Creación de una Mesa de seguimiento y monitoreo de compromisos
  • Audiencias de seguimiento a los casos priorizados - Socialización del estado de los procesos
  • Mapeo de predios de grandes ocupantes a nivel regional
  • Consolidación de cifras de distintas instituciones y organizaciones sobre actos de violencia a nivel regional
  • Prueba piloto de reparación colectiva para casos campesinos - Conceptualización del campesinado como sujeto colectivo de reparación colectiva
  • Informe sobre el papel de actores empresariales en los procesos de despojo en Urabá – En conjunto con la Comisión de Verdad.
  • Unidades de seguridad y protección. Buscar medidas de prevención, no de reacción.

Los líderes presentes manifestaron su complacencia por los acuerdos a los que se comprometieron las instituciones estatales y las organizaciones acompañantes de los procesos y esperan que estas medidas brinden más garantías a las comunidades en sus procesos de restitución de tierras. Algunos otros fueron un más escépticos, pero con la firme convicción de continuar los procesos. “El buen luchador muere en la lucha y si algunos mueren aún con dolor, debemos seguir adelante con la lucha por nuestras tierras” finalizó uno de los líderes.

 

Miguel Martínez

Equipo de comunicaciones