Dec 17, 2017

El Papa Francisco visitó hace pocos días en Roma a la Organización mundial para la Alimentación y la Agricultura, FAO, por sus siglas en inglés. Esta visita tuvo que ver con la Jornada Mundial de la Alimentación. Francisco expresó un discurso articulando temas estratégicos sobre la lucha contra el hambre, la desnutrición, la guerra del agua y los desafíos para la solidaridad mundial. Insistió el Papa que hoy se necesita “una mayor responsabilidad a todos los niveles, no sólo para garantizar la producción necesaria o la equitativa distribución de los productos, sino sobre todo para garantizar el derecho de todo ser humano a alimentarse según sus propias necesidades, tomando parte además en las decisiones que lo afectan”.

El hambre aqueja a ochocientos quince millones de personas, once por ciento de la población mundial, y asegura Francisco: "Las guerras y el cambio climático son una de las causas del hambre, así que no presentemos el hambre como si se tratase de una enfermedad incurable". Francisco recuerda que los conflictos se previenen y se resuelven, siguiendo el derecho internacional humanitario, sin embargo, la humanidad no está aplicándolo, lo que trae la martirizante guerra, el hambre y el desplazamiento forzado, situaciones que duran muchos años, pudiéndose haber evitado o detenido.

Para frenar esto, Francisco apela al diálogo y al compromiso total por un desarme gradual y sistemático, previsto por la Carta de las Naciones Unidas e interroga: “¿De qué vale denunciar que a causa de los conflictos millones de personas sean víctimas del hambre y de la desnutrición, si no se actúa eficazmente en aras de la paz y el desarme?” En cuanto al cambio climático, tema central para el Papa, afirma que se ven sus consecuencias todos los días, pero gracias a los conocimientos científicos, sabemos cómo se pueden afrontar. Además, la comunidad internacional ha elaborado instrumentos jurídicos como el Acuerdo de París, pero no todos lo reconocen y prefieren manipular la naturaleza para saciar la avidez de sus beneficios.

El Papa hace un llamado vehemente para que se haga un consenso concreto y práctico si se quieren evitar los efectos más trágicos, que siempre recayendo con fuerza sobre las personas más pobres. Y concluye: “Estamos llamados a proponer un cambio en los estilos de vida, en el uso de los recursos, en los criterios de producción, hasta en el consumo, que en lo que respecta a los alimentos, presenta un aumento de las pérdidas y el desperdicio. No podemos conformarnos con decir «otro lo hará»".

 

Luis Guillermo Guerrero Guevara

Director CINEP/Programa por la Paz

Hace pocas semanas Colombia vivió la visita del Papa Francisco como una experiencia de excepcional sentido emotivo, reflexivo y espiritual. La inequidad, la pobreza, la violencia, la justicia, la reconciliación y la paz fueron los temas que estuvieron presentes en los mensajes papales. Sin embargo, los efectos de este importante pasaje de la vida nacional aún falta madurarlos. Si el legado que nos dejó Francisco, no se trabaja con un discernimiento libre, intencionado y consciente, puede ser presa de la memoria de corto plazo y finalmente del olvido. Tenemos un gran desafío.

La visita del Papa se enmarca en su momento especialmente crítico de la vida del país. Su decisión de venir a Colombia estuvo motivada por el servicio a la construcción de la paz. Francisco tuvo como propósito elevar la calidad social y política de la paz, haciendo un vehemente y profundo llamado espiritual por la humanización de la Paz.

En Bogotá, interpeló al establecimiento político diciendo: “No es la ley del más fuerte sino la fuerza de la ley, la que es aprobada por todos, la que rige la convivencia pacífica. Se necesitan leyes justas que puedan garantizar esa armonía, (Ellas) nacen del deseo de resolver las causas estructurales de la pobreza que generan exclusión y violencia. Les pido que escuchen a los pobres, a los que sufren. Mírenlos a los ojos y déjense interrogar en todo momento por sus rostros surcados de dolor y sus manos suplicantes”.

Igualmente, indicó, como Pastor, a los obispos: No tengan miedo de perderse si salen de sí mismos. No enmudezcan la voz de Aquel que los ha llamado ni se ilusionen en que sea la suma de sus pobres virtudes o los halagos de los poderosos de turno quienes aseguran el resultado de la misión. Construyan una Iglesia que ofrezca a este país un testimonio elocuente de cuánto se puede progresar cuando se está dispuesto a no quedarse en las manos de unos pocos. No sirven alianzas con una parte u otra sino la libertad de hablar a los corazones de todos. Algunos continúan propagando la cómoda neutralidad de aquellos que nada eligen para quedarse con la soledad de sí mismos. No participen en ninguna negociación que mal-venda sus esperanzas”.

En Villavicencio, al encontrarse con las víctimas, expresó con claridad sobre la reconciliación: “No significa desconocer o disimular las diferencias y los conflictos. No es legitimar las injusticias personales o estructurales. El recurso a la reconciliación no puede servir para acomodarse a las situaciones de injusticia. Debemos estar preparados y sólidamente asentados en principios de justicia que en nada disminuyen la caridad. La historia nos pide asumir un compromiso definitivo en defensa de los derechos humanos. Si Colombia quiere una paz estable y duradera, tiene que dar urgentemente un paso en esta dirección, que es aquella del bien común, de la equidad, de la justicia, del respeto de la naturaleza y de sus exigencias.

Nuestro desafío no solo pasa por recordar el mensaje del Papa Francisco, sino por llevarlo a los hechos de reconciliación y paz que necesita Colombia.

Luis Guillermo Guerrero Guevara

Director CINEP/Programa por la Paz