Jan 18, 2018

En junio y julio, el Centro de Investigación y Educación Popular/ Programa por la Paz (Cinep/PPP), el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) y la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) dictaron el taller Ciudadanía y Democracia a excombatientes de las Farc en ocho Zonas Veredales.

Cada taller contó con el acompañamiento de cinco facilitadores de las instituciones aliadas y el apoyo de excombatientes de las Farc que hacen parte de la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo Final (CSIVI).

Del 6 de diciembre de 2016 al 15 de agosto de 2017 cerca de 7.000 hombres y mujeres, excombatientes de las Farc, vivieron en 20 Zonas Veredales Transitorias de Normalización, donde entregaron las armas a representantes de Naciones Unidas.

Julio Villavicencio integrante del SJR en Latinoamérica y el Caribe, quien presenció la entrega en la Zona Veredal El Oso, en Planadas Tolima, recuerda: “muchos de ellos salían de esa fila tras entregar el arma y se ponían a llorar. A uno de ellos le pregunté: ¿Por qué duele tanto?, y me respondió: ‘Nosotros nos sentíamos guerrilleros y siendo guerrilleros teníamos un rol, un sentido en nuestras vidas, y ahora ¿qué somos? no sé qué somos ‘”.

Aunque en el marco de la implementación del Acuerdo de paz se planeó que serían 180 días —del 6 de diciembre de 2016 al 31 de mayo de 2017— de residencia en las zonas veredales, desde marzo se conocieron posiciones de las Farc —hoy organizada como el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común — y funcionarios del Gobierno quienes señalaban que se necesitaría más tiempo para la culminación del proceso de reincorporación a la vida civil.

Diversos sectores llegaron por esas fechas a la misma conclusión. Por ejemplo, para Juan Carlos Merchán, investigador del Cinep/PPP, los excombatientes necesitaban tiempo y trabajo para superar temores que tenían. “Hay temores, en primer lugar, por su seguridad porque sabían que estarían rodeados por fuerzas que los quieren muertos sin tener un fusil para defenderse; en segundo lugar, de que se los coma vivos el sistema político y el sistema económico; y, tercero, la conformación del partido político para responder a la política colombiana”, señala Merchán.

Esta reflexión dio vida a un proyecto planteado en conjunto por el SJR, la ESAP y el Cinep/PPP para el desarrollo del taller Ciudadanía y Democracia, que a partir de junio impartirían a los excombatientes en ocho zonas veredales.

Dichos territorios tenían la particularidad de ser espacios que, en mayor o menor medida, estaban rodeados por los rezagos de la guerra. En Charras, Guaviare, se vivía este escenario: en un lado está toda la disidencia porque se mantiene parte del Bloque Primero que no se desmovilizó y, por otro lado, la permanencia de diversos grupos paramilitares. En este lugar, de 200 excombatientes, 50 asistieron al taller; la mitad pertenecían a mandos medios y altos. Como Albeiro, excomandante del Bloque Oriental, un hombre con una figura imponente la que, según Merchán, recordaba a los comandantes clásicos de la guerra, del calibre de un ‘Mono Jojoy’, del ‘Negro Acacio’.

Lo que contrastaba con otras zonas pues la edad de la población que participó en los talleres era diversa; entre jóvenes, adultos que estuvieron 20 o 30 años en la guerra, e incluso niños. “En Marquetalia había un niño de 8 años, Ezequiel” resalta Angélica Aguilar, excombatiente de este grupo guerrillero, quien acompañó los talleres como parte de la CSIVI. A su vez, era notable la presencia de mujeres, quienes estuvieron empoderadas y activas, según cuenta Doris Hernández, coordinadora de la Maestría en Derechos Humanos, Gestión de la Transición y Posconflicto de la ESAP.

Zonas Veredales visitadas, memorias del taller Democracia y Ciudadanía

 Para dar inicio a los talleres en cada zona, se entregaba a los excombatientes la Constitución Política de Colombia. John Jairo Montoya, S.J., investigador del Cinep/PPP quien fue uno de los principales gestores del proyecto, señala el significado de este gesto: “en las ocho Zonas donde estuvimos ese fue un momento muy importante. La gente decía: ‘¿Esto existe? yo no sabía’. Algunos se sorprendían por el parecido con el reglamento que tenían en las Farc”.

El asombro del que habla Montoya se debía a la sorpresa de que, en palabras de Angélica Aguilar, “todo está muy bien en el papel, pero en la práctica estos derechos son casi nulos”, otros decían, según Juan Carlos Merchán: “de ahora en adelante la Constitución y los Acuerdos de Paz serán como una biblia para nosotros, y debemos trabajar para que se cumplan”.

 Para las actividades, algunos se organizaban en grupos, discutían, conversaban, pensaban sobre los temas y luego elegían a una persona que representara al ‘comando‘, como ellos aún en su lenguaje acostumbrado de guerra decían; palabras que les eran familiares, entre otras, como ‘avanzada‘  que la empleaban para repartirse e iniciar el trabajo del taller. Expresiones que el excomandante les reprendía “por qué habla así, este no se ha salido del monte todavía” o “este no se ha quitado las botas”, continuamente poniéndoles de presente el contexto de reincorporación que vivían.

En Charras una mujer reservada, nerviosa, quien parecía intentar adaptarse para “dar la talla”, al tomar la vocería de su ‘comando‘ evidenció los esfuerzos y cambios que enfrentaban en el proceso de adaptación. Merchán, narra su impresión al saber de quién se trataba: “ella era una de las comandantes más difíciles, agresivas, e incluso sanguinarias de la zona. Supe eso y me contrastó con esa señora nerviosa, sin fusil, tratando de expresar bien una idea”.

 Las reflexiones en torno al tiempo y formación que necesitaban los excombatientes, planteadas en marzo, cada vez eran más claras para las más de 40 personas que acompañaron los talleres. Julio Villavicencio del SJR tuvo la oportunidad de presenciar lo difícil que eran esos primeros pasos de transformación: “Me tocó la metamorfosis. Fue todo un proceso de una guerrilla que se fue convirtiendo en un grupo de campesinos que también eran víctimas de una historia de guerra”. A su vez, Doris Hernández señala que “el taller fue oportuno para su transición a la vida civil; fue mostrarles con lo que se iban a encontrar en el ejercicio de ciudadanía”.

Por otro lado, los excombatientes percibieron que esa transformación era en doble vía. Angélica Aguilar menciona el impacto que tuvieron frente a la presencia y enseñanzas de académicos e   investigadores: “creo que lo que más me impactó de ellos fue la forma como dejaron a un lado también los prejuicios, porque entiendo que son 53 años de propaganda, de escuchar, de interpretar, de muchas preconcepciones que se desaprendieron en estas visitas”.

Décadas que, como señala Angélica, generaron rasgos difíciles de romper; la vida comunitaria en Farc es uno de ellos. “A mí me impresionó compartir el saber de lo que es la vida comunitaria, porque me pasó hace 21 años que entré a la Compañía de Jesús. El ir cambiando la mentalidad de que uno pertenece a un colectivo donde se comparte prácticamente todo”, cuenta Jhon Jairo Montoya, S.J., lo que, señala, se hizo evidente a lo largo de los talleres en el servicio comunitario que tuvieron los excombatientes donde si uno cocinaba ‘el ranchero‘ otros servían, y cada quién sabía dónde o en qué debía colaborar con los otros. 

Estos rasgos, que son casi imposibles de resumir y nombrar en totalidad, solo hacen parte de una comunidad de hombres y mujeres que vivieron la guerra, para quienes uno de los mayores pasos del camino a la reincorporación fue el reencuentro con su nombre y apellido.

Al finalizar el taller cuando fueron entregados los diplomas, que tenían los nombres civiles de los excombatientes, nadie sabía quién era quien. “Uno mencionaba un nombre y todo el mundo se miraba y decía ¿Quién es esa persona?”, afirma Juan Carlos Merchán, quien recuerda ese momento, y enfatiza en un caso particular: “yo tomé un cartón y dije ‘Elmer’ nadie sabía quién era Elmer, y salimos del suspenso cuando se puso de pie el comandante Albeiro y todo el mundo se paró y aplaudió, todos nos reímos. Ellos estaban realmente emocionados”.

 Los facilitadores que eran cinco en cada zona entre profesores y estudiantes de la ESAP, investigadores de Cinep/PPP y acompañantes del SJR, en su mayoría, concluyen que los ocho talleres no dejaron conocimientos elaborados o ideas claras sobre ciudadanía y democracia para los excombatientes, lo que es casi imposible en tres días, pero sí preguntas, inquietudes y un profundo intercambio de experiencias desde dos ángulos de la historia completamente diferentes, como lo definió Angélica Aguilar. El encuentro evidenció que “ellos están dando un salto de fe”, concluye Merchán, y permanecen dándolo. Un salto de fe que no deben dar solos teniendo a un país con el que firmaron la paz.

El 5 de diciembre representantes del Cinep/PPP y SJR entregaron la cartilla Ciudadanía y Democracia, producto de dichos encuentros, a directivos de la ESAP. Puedes descargar la cartilla aquí.

 

María Gabriela Novoa
Equipo de Comunicaciones

 

El “Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” representa una oportunidad de transformación para la sociedad colombiana en varios puntos que se identificaron como neurálgicos: desarrollo agrario integral; participación política; problema de las drogas ilícitas; reparación de víctimas; y la reincorporación de los guerrilleros de las FARC. Si bien las experiencias internacionales auguraban un año difícil en la implementación de dicho Acuerdo, la visión de las partes parecía inclinarse por un voto de confianza mutuo, bajo el cual, muchas de las dificultades eran en esencia una cuestión de tiempo para que el Estado y la sociedad en su conjunto comprendieran el tamaño y la importancia del acuerdo logrado.

Sin embargo, tras un año de implementación de los acuerdos de paz, el marco legislativo y normativo requerido para la implementación de cada uno de los puntos acordados en La Habana – algunos de ellos bajo el mecanismo vía fastrack-, no han surtido el efecto esperado. Quizás el problema más grave en la implementación de los Acuerdos entre gobierno y FARC, es la violación sistemática a derechos humanos y el asesinato de líderes comunitarios, indígenas, campesinos y afrodescendientes en los últimos meses. El escenario anterior, parece tener en jaque los acuerdos de paz, en la medida que parecemos ser testigos de excepción frente a una dramática renovación a los leitmotiv de nuestras violencia(s) territoriales.

Por esta razón, el número 210 de la Revista Controversia, plantea para su próxima edición, la recopilación de artículos que permitan un análisis crítico de la implementación de los acuerdos de paz de La Habana, a partir de los problemas territoriales, legislativos y normativos, sociales, económicos, y aun de violencia, que han impedido avanzar en la implementación; así como los nuevos retos y perspectivas que deben pensarse como parte de la construcción de renovados esfuerzos de paz con enfoque territorial.

Editor encargado del dossier: Carlos Duarte, Instituto Estudios Interculturales Universidad Javeriana, Cali.

Fechas

Apertura: 15 de diciembre de 2017

Cierre: 1 de marzo de 2018

Publicación: junio de 2018

Para mayor información, puede escribir a:

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Consulta aquí el Manual de publicación para autores

 

El director del Cinep/PPP, Luis Guillermo Guerrero Guevara, realizará una gira por cuatro países europeos. Entre el 13 y el 29 de octubre visitará algunos de los financiadores de los proyectos de Cinep/PPP en Londres, Bruselas, Madrid y Bilbao. Durante los primeros días de su recorrido lo acompañará John Jairo Montoya, S.J., e investigador del equipo de Derechos Humanos del Cinep/PPP.

El viaje tiene como objetivos principales, primero, consolidar alianzas con organizaciones de cooperación internacional para nuevos proyectos de investigación y, segundo, hacer seguimiento a los proyectos vigentes que apoyan organizaciones de estos países. Además, presentará el contexto actual que vive el país y la propuesta de trabajo del Cinep/PPP en los próximos cinco años para responder a dicho entorno.

Durante la gira, Guerrero participará de varios espacios académicos dirigidos a la comunidad europea sobre la coyuntura nacional. Se discutirán temas del acuerdo de paz con las Farc, de la mesa de conversación con el ELN, de la implementación de los acuerdos y de los defensores de derechos humanos. Además, se reunirá con varios representantes del Parlamento de Reino Unido que están interesados en conocer más a fondo la situación del país y presentará las investigaciones de varios equipos del Cinep/PPP.

 

Miguel Martínez

Equipo de comunicaciones

El 14 de septiembre se realizó la Audiencia Pública “Garantías de las organizaciones y movimientos sociales para el ejercicio de la participación, la protesta y la movilización social”. Ese mismo día se conmemoraron 40 años del Paro Cívico Nacional, fecha en la que agotadas las oportunidades que la ciudadanía dio al Gobierno López Michelsen salió a protestar alcanzando la suma de 1,300,000 huelguistas, la cifra más alta de la historia del país.

No es nuevo que en Colombia los ciudadanos sean noticia al recorrer las calles para exigir justicia y visibilizar la vulnerabilidad de sus derechos. Sin embargo lo que actualmente es nuevo y transformador es que se estén pactando garantías para que la población salga a las calles gozando de la protección de su derecho a protestar y manifestarse.

Uno de los principales aspectos de este encuentro fue la socialización de los insumos y lineamientos, presentados por el Centro de Investigación y Educación Popular / Programa por la paz CINEP y la Fundación Foro Nacional por Colombia, del Proyecto de Ley estatutaria de garantías para la participación de organizaciones y movimientos sociales y para la movilización y la protesta social en el marco de la implementación del punto 2.2.1 y 2.2.2 del Acuerdo final de Paz. A su vez Representantes del Congreso, Delegados de Ministerios y Miembros de organizaciones sociales expresaron la importancia y la solicitud urgente de que se presente y apruebe lo antes posible este marco jurídico.

Estas son algunas de las voces que expresan la urgencia de que se presente el Proyecto de Ley estatutaria de garantías para la participación de organizaciones y movimientos sociales y para la movilización y la protesta social:

Seusis Pausivas Hernández

 

“Quiero aprovechar para rendir homenaje a gente del común que un día como hoy hace 40 años un 14 de septiembre de 1977 daba a luz al Paro Cívico Nacional ahí las comunidades de los campesinos, estudiantes, obreros, desempleados, salieron a las calles por la conquista de sus derechos, y es lo que debemos cumplir los colombianos para una paz estable y duradera”

Antonio Madariaga - Director de Viva la Ciudadanía

 

“Pienso que tratar el tema de participación social hoy en día como si fuera solamente un mero trámite o un punto más que hay que cumplir y chulear no es la manera en la que hay que tratar este tema. Creo que nuestro país nos está dando una serie de señales, una serie de manifestaciones que hay que saber entender. No estamos en el mismo ciclo de protestas, en el mismo ciclo de movilizaciones de toda la vida, hay una proposición especial que el país  nos está haciendo diciendo: El tema de participación es fundamental.”

Donka Atanassova - Vocera Comisión Diálogo

“El paro cívico del 77 es el tema que estamos discutiendo de la Ley estatutaria para hablar de las garantías para la participación ciudadana y el ejercicio del derecho a la movilización y la protesta social. En primer lugar, tiene todo que ver porque las ideas claves que tiene ese Proyecto de ley son fundamentales. La primera de ellas, la idea de que deben reconocerse la existencia de las organizaciones y los movimientos sociales y se les deben otorgar derechos que hoy en Colombia jurídicamente sólo tienen los partidos políticos y las personas. Entonces, la primera gran idea es: Tiene que reconocerse la existencia  de las organizaciones y los movimientos sociales y el hecho de que tienen derechos.”

Este es el Documento de Lineamientos para la Ley estatutaria de Garantías. Presentado al Consejo Nacional de Participación por el Centro de Investigación y Educación Popular Cinep/PPP y la Fundación Foro Nacional por Colombia.

 

María Gabriela Novoa

Equipo de comunicaciones

Pocas experiencias lo marcan a uno tanto en la vida, como el viaje que hicimos a Vaupés.
Iniciamos el viaje en Mitú, en el puerto a eso de las 4 de la tarde, pues nos habían dicho que el viaje duraba 2 horas. Apenas a unos minutos de haber arrancado inició una lluvia que estuvo presente en la mayor parte del recorrido. No sé si nos mojaba más el agua que saltaba del rio, porque la voladora iba muy pesada, o la lluvia. Disfrutamos el paisaje y por supuesto, el atardecer. Sin embargo, después de las 6:30 ya estaba muy oscuro y como estaba nublado no teníamos ninguna fuente de luz.

De las cosas que más me impacto fue ver algunas luces que nos alumbraban a lo lejos, al preguntarle a X nos dijo que eran pescadores y que anunciaban que estaban ahí para que nuestra lancha pasara lejos de donde ellos estaban. Estas personas estaban allí, en medio del rio, en absoluta oscuridad, rodeados de selva, parados en canoas, pescando. Nos dijeron que podían estar ahí toda la noche, hasta que amaneciera y que muchos preferían esa hora porque era más fácil pescar.

No sé cómo, pero llegamos a las 8 a Mandí. La primera imagen fue varias mujeres lavando platos y ollas en la orilla del río, en completa oscuridad, cada una con una linterna que usan solo cuando caminan. El inspector de policía nos llevó hasta la casa cural y nos ayudó a instalar las hamacas. A los pocos minutos ya todos estábamos durmiendo.

Al día siguiente, a las 6 de la mañana, ya sonaban las campanas de la iglesia, que quedaba a unos metros de la casa cural. Fue la señal para levantarnos e ir al rio a bañarnos. Todas las personas que bajaban al río, hombres, mujeres, niños, adultos mayores, bajaban con un balde y un jabón rey. Mientras se bañaban, lavaban la ropa que usaron el día anterior. Al llegar a la maloka nos recibieron con curiosidad y con el desayuno.

— Tenemos caldo de pescado con un poquito de picante — dijo el inspector

Si algo he aprendido es que no hay nada tan subjetivo como la medición del picante. Al instante de probarla nos dimos cuenta que era mucho más picante de lo que pensábamos. Aunque todos se tomaban el caldo sin inmutarse, algunos de nosotros estábamos tosiendo por lo fuerte que estaba. Solo pudimos comernos el pescado y la papa. Como si fuera poco, Maclau, uno de los líderes, se acercó a ofrecernos más ají.
Luego del desayuno nos presentamos uno a uno. Éramos más de 150, por lo que esta presentación duró más de dos horas. Luego nos dividimos en grupos e iniciaron los talleres. Con nosotros estaban los capitanes y las personas que más conocían la región. Cada uno contó la historia de su comunidad, que ha pasado de generación en generación por la tradición oral. Algunos remontaban el inicio de sus comunidades varios siglos atrás. Recordaron la persecución que sufrieron sus abuelos por las caucheras y la llegada de las campañas evangelizadoras que cambiaron su forma de vida.

— Con la llegada de los curas perdimos la mayoría de nuestras tradiciones, la vestimenta, nuestros ritos, y tuvimos que movernos de nuestros territorios. — Dijo uno de los capitanes.
Mandí es el poblado más grande del Vaupés medio porque es el punto central de las 21 comunidades indígenas que viven sobre el rio, la mayoría de ellas del pueblo Kubeo. Allí queda la inspección de policía, el colegio con bachillerato completo y la maloka más grande. Allí el abandono del Estado es absoluto. No hay puestos de salud, no hay antenas de comunicaciones, no hay electricidad, apenas llega la señal de la emisora del ejérctio. Aunque la mayoría prefiere que sea así.

— Por lo menos podemos mantener nuestras costumbres vivas por más tiempo — me dijo una de las profesoras del colegio al almuerzo. — ya hemos visto que los jóvenes sobre todo que se van a Mitú, empiezan a desechar nuestra cultura y eso es grave porque es lo que nos une como pueblo — añadió.

Es como si vivieran en otro país.

— Lo único que sabemos de los acuerdos de paz es que desde junio del año pasado dejamos de ver a las Farc por estos lados — dijo el inspector. — Nos han dicho que tienen un enfoque étnico que puede beneficiarnos, pero aquí nadie ha venido a explicarnos nada de eso — continuó.

Sin embargo, tenían preocupación de saber que hay unas disidencias que no se acogieron al acuerdo y que pueden estar por esa zona.

En mi tarea de hacer reportería gráfica me crucé con varios niños que me miran con mucha curiosidad por lo que estaba haciendo sin decir nada, aunque yo les preguntara. Para romper el hielo empecé a tomarles fotos y a mostrárselas a lo que respondían con una carcajada. De a poco entraron en confianza y ya hasta posaban para las fotos. Ellos fueron los que me llevaron por los diferentes lugares, la escuela, los cultivos de caña, al lago, y algunos de ellos a sus casas. Estos niños de menos de 10 años me contaban historias de sus familias, de las estrellas, de los dioses que protegían los lugares sagrados en el río, de cómo se prepara la chicha y de cuáles son los mejores lugares para pescar. Los niños no sabían de dibujos animados, ni de películas, pero están muy bien entrenados para sobrevivir en su entorno.

El cierre del encuentro fue una fiesta. Estaban celebrando que había representantes de la mayoría de comunidades del Vaupés medio y que de ahí iban a coordinar acciones de incidencia. Instalaron la planta eléctrica comunitaria y un parlante con música. Cuando estábamos todos en la Maloka nos hicieron ponernos de pie.

— Y ahora nuestro regalo para los invitados de la fundación Natura, el Cinep y los capitanes— dijo el animador de la fiesta.

En ese momento empezó a entrar una fila de mujeres, cada una con una olla en la mano. Cuando se acercaron a nosotros empezaron a sacar totumadas de chicha para que nosotros tomáramos. En la primera ronda conté 22 mujeres, por consiguiente, tomamos 22 totumadas algunas más grandes que otras y cada una con un sabor diferente. Luego nos sentamos y venía uno de los actos culturales más importantes, el baile del carrizo. Se levantaron 8 hombres, cada uno con un instrumento similar a la zampoña. Cada uno tocaba unos sonidos que se alternaban entre ellos, pero todos juntos hacían la melodía. Bailaban de un extremo de la maloka al otro hombro a hombro, luego en fila y después de varios minutos se unían las mujeres al lado de ellos. Cada baile duraba unos 8 minutos e hicieron uno por cada pueblo presente. Después de varias tandas del baile, venía la segunda ronda de chicha. Ya algunos se abstuvieron de participar. La celebración duró casi toda la noche.

Al día siguiente teníamos que volver a Mitú. Varias familias, el inspector, y el sacerdote salieron a despedirnos. El viaje de vuelta fue muy diferente, ya pudimos ver todo el recorrido y solo gastamos 2 horas y media. El choque cultural fue muy grande. Cada comunidad vive para sí misma. Es muy fuerte el sentido de lo comunitario y de distribución de labores. Los con los que jóvenes tenían la firme intención de estudiar alguna carrera y luego volver a su comunidad a fortalecer las organizaciones que los representan. Los mayores tienen la función de enseñar a los jóvenes su cultura, su cosmovisión y costumbres. Hay un interés de crear redes entre las comunidades para trabajar en acciones de incidencia ante las autoridades para mejorar sus condiciones.

Estas comunidades indígenas del medio Vaupés me enseñaron mucho, desde los más pequeños hasta los chamanes más experimentados. Es increíble la convicción que tienen y su sentido de comunidad, con la que incluso se opusieron a los actores armados que existieron alguna vez en su región. Esas experiencias de construcción de paz territorial las publicaremos próximamente en uno de los videos que sistematizan este tipo de experiencias y que podrán ver en nuestra página y redes sociales.

 

Miguel Martínez

Equipo de comunicaciones