Editorial: Salud sin remedio

  • Sep 19, 2018
  • Publicado en Prensa

Según cifras del Ministerio de Salud, en Colombia, durante los últimos años, se formularon anualmente, en promedio, ciento cuarenta mil fallos judiciales por salud. La mayoría porque los pacientes no reciben a tiempo o nunca los medicamentos. La causa: los altos costos y el robo de los medicamentos, esto suma a la crisis de la salud en el país.

Colombia, hasta hace unos pocos años, tenía un ahorro para la atención en salud de diez billones de pesos en el fondo público Fosyga. Según el ministro Alejandro Gaviria, este ahorro desapareció en gran parte por los altos costos de los medicamentos y procedimientos quirúrgicos de alto costo, pagados con recursos públicos mediante un sistema conocido como recobros y por el monopolio en la comercialización de los medicamentos. Pero igualmente, este ahorro quedó en manos de la corrupción en lo que se ha llamado los carteles de la salud, dos de ellos muy conocidos: el de la hemofilia y el de VIH, en el departamento de Córdoba, sin salir aún a la luz otros casos en distintas regiones.

Es increíble, como en algunos casos, instituciones y empresas de salud, laboratorios, distribuidores, funcionarios públicos, asociaciones de pacientes, médicos y pacientes particulares, se prestan para gestionar, pedir o exigir medicamentos sin llenar los requisitos necesarios y sin necesitarlos, para luego comercializarlos en un mercado ilegal, clandestino, organizado en redes de corrupción planificadas con ganancias inimaginables. A esto se suma la débil vigilancia y control del Estado, la desregularización de precios que animó la política pública de varios gobiernos y la alianza entre algunos funcionarios y los carteles mafiosos que comercializan los medicamentos.

A pesar de los esfuerzos por regularizar y controlar los precios por parte del actual gobierno, fue imposible reducir el precio en muchos de ellos, solo en unos pocos ha sido viable. Detrás de todo esto existe una gran presión de la industria farmacéutica transnacional al Estado colombiano y es aquí donde está la verdadera complejidad de los precios y el gran obstáculo para regularlos. Así las cosas, la salud vive una muerte dolorosa y lenta. Sus primeras víctimas: las familias excluidas de los barrios populares en las ciudades y de las veredas campo.

Los obispos en el documento de Aparecida, número 65 y  419, nos recuerdan la preocupación de la iglesia por los enfermos adictos a las drogas, portadores de malaria, tuberculosis y VIH - SIDA, que sufren la exclusión familiar y social. Esta preocupación se convierte en un servicio sacramental que muestra el amor de Dios Padre en el trabajo de muchos “buenos samaritanos” de la Iglesia en más de treinta y dos mil instituciones católicas dedicadas al trabajo por el derecho a la salud en América Latina, para responder a los que decía el santo chileno, Alberto Hurtado: “En nuestras obras, nuestro pueblo sabe que comprendemos su dolor”.

 

Luis Guillermo Guerrero Guevara

Director Cinep/Programa por la Paz

 

 

 

Continua el deterioro estructural de la salud en Colombia. Y no hay una solución profunda a tan grave problema. Según la Asociación Colombiana de Hospitales, el 14% de cerca de mil instituciones que funcionan en el país, se han visto obligadas a cerrar servicios médicos. El 29% de los hospitales disminuyeron su capacidad, cunde el déficit presupuestal. Esta situación afecta al personal médico, pero especialmente a los usuarios, quienes tienen que recorrer varios centros hospitalarios para conseguir atención.

Esto se ha convertido en una queja que se repite desde hace varios años. Los gobiernos prometen, pero no cumplen sus compromisos. La salud se deteriora día a día. La gente sigue padeciendo un sistema inoperante que heredamos de la ley cien desde mil novecientos noventa y tres. Las EPS no pagan el servicio a hospitales y clínicas, por eso no se les puede pagar a los médicos ni a los trabajadores del sector, ni a los que invierten sus capitales y se endeudan para atender los pacientes. La tutela, para alcanzar algún servicio se volvió tan habitual que los médicos en lugar recetarios tienen formatos para que los enfermos demanden mediante tutela la atención médica. Por la mala paga de las EPS, los pacientes acumulan dolencias, crece el sufrimiento y mueren. Los empleados del sector público, profesionales y paramédicos, son maltratados, no hay para ellos un trabajo digno y decente. Nadie vigila, nadie controla, ninguna corrección ni sanción, cunde la impunidad frente a la violación del derecho fundamental a la salud. Las deudas de Caprecom, que son del Estado, continúan. El Estado parece encubrir las de Saludcoop a la que intervino y liquidó con pésimos resultados. Quebró a Cafesalud y no se sabe que va a pasar con sus pacientes y obligaciones. Tampoco se sabe para dónde va Medimás.

La Iglesia católica en Colombia ha generado llamados de atención a las autoridades de salud. En julio de dos mil dieciséis, en la Asamblea plenaria del Episcopado, el Cardenal Rubén Salazar dijo “Hago un llamado de humanidad y respeto a los operadores de la salud y a la red hospitalaria para que presten mejores servicios. Es indudable, que la inmensa mayoría de la población tiene dificultades para acceder rápida y efectivamente a la salud que necesita. Hay que hacer un llamamiento profundo a las IPS y EPS para que tomen conciencia de la dignidad de la persona, sobre todo durante la enfermedad, uno de los percances más duros de la vida. Muchos de los recursos destinados a la salud van a parar a los bolsillos de particulares, que se apropian de ese dinero”. El Arzobispo de Cali, Dario Monsalve, complementó: “Basta ver los casos en el Hospital Universitario de Cali para darse cuenta del horror que significa la corrupción en el sector salud y la pérdida de los presupuestos. A los pobres los están sepultando en vida”.

 

Luis Guillermo Guerrero Guevara

Director CINEP/Programa por la Paz

 

La salud en Colombia se encuentra en estado terminal por el tumor maligno de la corrupción. A pesar de existir sobre Sanitas y Prestasalud, las compañías que estuvieron en la puja por la compra de Cafesalud, muchas dudas y denuncias, Prestasalud compró Cafesalud y a la IPS Esimed por uno punto cuarenta y cinco billones de pesos. Un gran negocio para el consorcio conformado por trece empresas y más de ciento ochenta clínicas, se quedó con la EPS más grande del país con seis millones de afiliados. Es tan bueno el negocio que a pesar de la alta deuda de Cafesalud, valorada en más de ochocientos mil millones de pesos, el consorcio Prestasalud le interesó más el alto flujo de caja que ronda los cuatrocientos cuarenta mil millones de pesos mensuales.

Si bien Prestasalud promete que cuenta con la capacidad técnica y la solvencia financiera para garantizar el derecho fundamental a la salud de los afiliados, durante el análisis de las propuestas aparecieron sombras y denuncias contra el consorcio. Algunos de sus socios presuntamente están implicados en escándalos de corrupción y procesos de investigación, acusados por la Fiscalía General, por la Procuraduría y por estrados españoles. Delitos de interés indebido en la celebración de contratos, peculado por apropiación en beneficio de terceros, enriquecimiento ilícito de particulares, concierto para delinquir, falsedad ideológica en documento público, denuncias laborales colectivas y relaciones con las turbias irregularidades de Saludcoop, son parte del prontuario.

El cardenal Rubén Salazar, durante el desarrollo de la asamblea del Episcopado colombiano, en julio del año pasado, lanzó un llamado de humanidad y respeto a los operadores de la salud para que presten mejores servicios. Es indudable –dijo el cardenal– que la inmensa mayoría de la población tiene dificultades para acceder rápida y efectivamente a la salud que necesita. Hay que hacer un llamamiento profundo a las IPS y EPS para que tomen conciencia de la dignidad de la persona; y añadió: uno de los mayores problemas del sistema de salud es la corrupción. Muchos de los recursos destinados a la salud van a parar a los bolsillos de particulares, que se apropian de ese dinero.

 

 Luis Guillermo Guerrero Guevara

Director CINEP/Programa por la Paz

La salud en Colombia es un tema de debate permanente. Si bien se han adelantado diversas reformas al sistema de seguridad social que buscan garantizar y asegurar la prestación de servicios de salud para toda la población colombiana,
Se reclama la salud como derecho, se protesta contra la salud como negocio y se reclama transparencia de parte de las Entidades Prestadoras de Salud. A estas voces se suman las de los pacientes de alto costo que no solo deben enfrentar su enfermedad, sino que deben luchar contra el sistema de salud.
Queremos dedicar este Rompecabezas a esas personas que se aferran a la vida a pesar de enfrentar difíciles tratamientos, impactos en sus proyectos de vida y la inminencia de la muerte. A esas personas que luchan contra el sistema para vivir.

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