Apr 26, 2017

El pasado 3 de marzo culminó el diplomado Formación política, ciudadana y ambiental que el Cinep/PPP y el Instituto Pensar de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá desarrollaron en Dibulla, La Guajira. María del Carmen Muñoz, coordinadora del proyecto Escuela de Paz y Convivencia Ciudadana y del diplomado, habla de la importancia de estos contenidos dentro de la coyuntura que vive la región.

Hace algunos días finalizaron un diplomado en La Guajira. ¿De qué trataba?

Desde el 2002 tenemos un diplomado titulado Formación política, ciudadana y ambiental que hemos venido adaptando a las coyunturas específicas del país. En este momento estamos dedicados a generar condiciones en los territorios para la compresión de la transición hacia la paz. Estamos empeñados en generar reflexiones profundas en los territorios, en este caso en La Guajira, en sus 15 municipios, y también con la gente de la frontera con Venezuela.

Hemos trabajado con las obras de la Compañía de Jesús, organizaciones sociales, consejos comunales y universidades juntos reflexionando el tema de paz en Colombia. Nosotros estamos convencidos que si no hacemos esa reflexión conjunta, entre colombianos y venezolanos, difícilmente vamos a generar equilibrio y armonía en ese tratamiento de paz, porque todo lo que pasa en un país, directa y proporcionalmente afecta al otro.

¿Qué tanto conocimiento tienen las personas que viven en la frontera del proceso de paz?

Según un paneo que hicimos, no se percibe simetría en la manera en que la gente reacciona frente al tema de paz. En La Guajira ganó el Sí en el plebiscito, pero incluso entre las mesas de víctimas que se inclinaron por el No. Mi percepción personal es que hay un desconocimiento profundo y mucha emocionalidad sobre el proceso. Yo creo que es peligroso poner una decisión de este tipo en las personas, cuando no sabe cómo tomarla. Buena parte de los debates que tuvimos durante el diplomado, calaron hondo en algunos participantes en tratar de comprender el acuerdo. Muchos otros cuando conocieron los contenidos, se reafirmaron en el No. Esa es una postura legítima para ambas partes. Decidieron cómo votar pero conociendo lo que estaban votando.

Hay un punto que nos preocupa mucho a nosotros como proyecto político y es la abstención. No es posible que haya problemas de hambre, muerte de niños, corrupción, falta de agua y de seguridad ambiental, y que la gente se quede en la casa sin tomar partido y solo quejándose de lo que se vive allá.

¿Cuáles han sido los pilares de formación política que el equipo ha trabajado allí?

El primero es hace un reconocimiento por parte de los sujetos políticos y ciudadanos de ese territorio de los problemas asociados al conflicto armado. A partir de allí identificar las dinámicas sociales, culturales y económicas que causan los problemas.

El segundo es el tema de lo público y lo privado. Allí identificamos qué es el bien común, hasta donde llega lo público y lo privado, en dónde está la responsabilidad de un ciudadano cuando tiene que cuidar lo colectivo, cuando tiene que generar un control social a la gestión pública. Este punto es el que le pone freno a la corrupción.

El tercer pilar tiene que ver con la ciudadanía en la frontera. Este es importante porque es muy distinto ser un ciudadano en la capital, en una ciudad intermedia  y el que vive en la frontera que maneja unas dinámicas que los otros no, como la diplomacia, los límites y la soberanía. Para nosotros fue una sorpresa que la gente no se consideraba ciudadanos de frontera, sino que lo aprendieron en este proceso.

Este último año hemos incluido el tema ambiental porque no se pueden generar asimetrías o equilibrios cuando los recursos naturales, que es un bien escaso, se tienen que redistribuir para tanta gente y hay unos que tienen  el monopolio de ello y otros que no quieren asumirse como ciudadanos ambiental.

¿Cómo manejaron las relaciones tensas que viven Colombia y Venezuela en los últimos meses?

De los 2219 km que comparten de frontera ambos países, hay cinco ámbitos o regiones. Nosotros hemos funcionado en tres de ellos. Cada uno de ellos tiene su especificidad y las relaciones no son homogéneas.

Es una relación muy tensa porque estamos hablando de dos países con proyectos políticos y económicos muy distintos. El socialismo revolucionario, con su muy mala ejecución, no se armoniza de ninguna manera con un neoliberalismo colombiano.  Gran parte de los problemas que se viven en la frontera provienen de la falta de armonía entre los proyectos de los dos países.

¿Cuáles esperan que sean los resultados de estos diplomados?

Lo que pasa en este proceso es que nosotros calificamos gente para que genere acciones colectivas dentro de sus organizaciones y grupos más ampliados. También los dejamos conectados entre ellos para que reconozcan su propio territorio. Hay contradicciones muy fuertes, como gente que nunca va a la alcaldía porque odia al alcalde, pero allá se toman las decisiones que lo afectan directamente. Entonces nosotros  pretendemos transformar la manera de pensar, desarrollar mucha masa crítica,  competencias de trabajo en equipo, habilidades comunicativas y, sobre todo, competencias conativas que son la que dan capacidad de perseverar y resiliar para que el trabajo sea de largo plazo.

Nosotros hemos construido un tejido social binacional. Unas personas que están más allá de la politiquería, que generan compresiones de un territorio en el cual tienen que aprender a funcionar y tienen que cooperar para que se genere esa simetría.

¿Cómo han pensado trabajar hacia el futuro?

En este momento hay un  tema que hay que tocar y que vamos a trabajar específicamente en Conejo, donde está una de las zonas de concentración, porque no hay nadie que esté trabajando el tema de las circunscripciones especiales de paz. La gente cree que son unas curules que se les va a entregar a los guerrilleros. Vamos a trabajar muy fuerte ese tema con personas cercanas a las juntas de acción comunal, de las asambleas y organizaciones para hacer la reflexión de lo que significa este tema en términos de participación política. Hay que afinar también los temas de víctimas y el tema de reforma rural integral.

Miguel Martínez
Equipo de comunicaciones

 

Con motivo del lanzamiento del reporte Bajo la sombra del No: la paz en Colombia después del plebiscito del International Crisis Group, el pasado 23 de febrero se realizó en las instalaciones del Cinep/PPP un conversatorio que discutía las implicaciones que tiene para la región la situación política, económica y social que vive Venezuela en la actualidad.

Todos los panelistas coincidieron que Venezuela vive una situación de crisis en materia económica y política, y que estas dos llevan a que el ambiente social propicie fuertes tensiones en la vida cotidiana de los venezolanos. “En Venezuela hay un agravamiento progresivo a nivel económico, a nivel político, a nivel social y a nivel de la inseguridad ciudadana. Se están quemando opciones de salidas constitucional, posibilidades de diálogo, lo que es muy grave, porque los problemas se siguen agudizando y no hay tramitación de ellos”  Socorro Ramírez afirmó Socorro Ramírez, ex profesora de la Universidad Nacional y miembro de la Comisión de Conciliación Nacional

Para Phil Guson, Analista Senior para Venezuela de International Crisis Group y autor del reporte el mayor problema es de tipo político, pues las grandes diferencias entre oficialistas y opositores son las que no permiten conciliar salidas. “En Venezuela hay básicamente dos bandos políticos enfrentados que polarizan a la población. Que uno de los bandos quiera imponerse sobre el otro, no va a solucionar la crisis, simplemente la va a seguir reproduciendo. Por eso es fundamental la solución negociada de esa crisis.”

Gabriel Becerra, miembro de la Unión patriótica y panelista en el coversatorio, reconoció los problemas que afronta Venezuela en la actualidad. Sin embargo, también reconoció lo importante que fue para las clases populares la llegada del proyecto político de Chávez al poder. “No se pueden desconocer los beneficios que recibieron las comunidades que históricamente habían sido marginadas y que hoy en día, por lo menos pueden comer tres veces al día y estudiar”. Si bien hay diferencias de opiniones frente al tema, todos coincidieron en que la salida a la crisis está en el diálogo y la negociación entre las partes.

Colombia y Venezuela

Otro de los temas debatidos fue las implicaciones para Colombia de la situación que vive Venezuela. “Colombia y Venezuela comparten una frontera de más de 2.200 km. Esta frontera es muy activa y muy permeable, tanto para lo bueno como para lo malo. Es imposible que dos países que comparten tanto, no solo geográficamente sino histórica y culturalmente no se vean afectados mutuamente por situaciones internas.” dijo Phil Gunson.

Para Socorro Ramirez, experta en temas relacionados con la frontera colombo-venezolana, han sido muchos los impactos sobre el territorio y las comunidades colombianas a partir del agravamiento de la crisis en Venezuela. “La criminalidad ha aumentado y quita las perspectivas de desarrollo regional. La llegada masiva de venezolanos a ciudades colombianas está haciendo colapsar el precario sistema de salud, el desempleo ha crecido exponencialmente, la delincuencia local y está creciendo una especie de anti venezolanismo que hay que detener.” También evidenció la poca capacidad de respuesta de las instituciones colombianas frente a este proceso “El gobierno colombiano ha hecho intervenciones momentáneas pero no hay capacidad institucional de acompañar a los gobiernos de frontera. No hay ningún espacio de diálogo ni siquiera entre los gobiernos y se ha manejado con el cierre o la apertura unilateral de la frontera.” expuso Ramírez.

Otro de los puntos en común fue el del papel fundamental que debe jugar la comunidad internacional y los países vecinos en propiciar espacios de diálogo entre las partes. “Va a ser muy importante la presión internacional para mediar y para reestablecer la institucionalidad democrática, es decir, no solo que haya elecciones, sino que todas las instituciones que están en el papel existan, cumplan su papel y que sean autónomas.” Dijo Gunson. Mientras que para Socorro Ramirez “Debería haber una presión internacional por el diálogo y por la negociación colectiva de los organismos regionales de américa latina y del caribe. Esta parálisis le hace daño a Venezuela.”

 Incidencia del Cinep/PPP en la zona de frontera

Ante la tensa situación que se viven en las ciudades fronterizas, el Cinep/Programa por la Paz, viene desarrollando su proyecto de la Escuela de Paz y Convivencia Ciudadana (EPCC) en algunas de esas ciudades. La EPCC ha trabajado durante seis años en tres frentes: procesos de formación política y ciudadana  con carácter de diplomado, avalados por el instituto Pensar de la Universidad Javeriana de Bogotá; La plataforma binacional fronteriza, que es la confluencia de organizaciones sociales y educativas de ambos países que preparan acciones de incidencia y actuación conjunta binacional; y trabajo con el proceso de regionalización de la Región Apostólica interprovincial Fronteriza (Raif) que es liderado por las provincias jesuitas de ambos países.

“Las acciones del Cinep/PPP en la frontera tienen como objetivo promover el sujeto social fronterizo y la formación y actuación ciudadana concertada articulada entre los habitantes de ambos lados de la frontera.” Explica Marco Andrés Acosta, investigador del Cinep/PPP.

Pese a la labor de organización y de incidencia que adelanta, no solo el Cinep/PPP sino diversas organizaciones sociales y religiosas en la frontera, la coyuntura de los últimos meses ha generado efectos negativos en las poblaciones de ambos países. “Después de un año de cierre fronterizo, que terminó el año pasado, apenas se ha hecho una apertura peatonal. Eso ha instalado un crecimiento de sentido discriminatorio mutuo que todavía existe en la región de frontera.” Afirma Acosta. Ese sentimiento de rechazo varía dependiendo del contexto en que se encuentren tanto Colombia como Venezuela “En años anteriores los venezolanos sentían que los colombianos querían aprovecharse del ámbito venezolano. Ahora que el venezolano busca nuevas oportunidades en Colombia, ha crecido un sentimiento de resistencia para no recibir y atender humanitariamente a los venezolanos que llegan al país.” Finaliza Acosta.

 
 
Miguel Martínez
Equipo de comunicaciones

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