Editorial: Venezuela en crisis humanitaria

La crítica situación de Venezuela ha sido afrontada por las partes en conflicto con un exceso de ideología, bajas capacidades de negociación política y un alto nivel de indolencia humanitaria. Somos testigos del masivo éxodo de personas necesitadas de alternativas dignas y de protección internacional. La crisis, según entidades internacionales como la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), la Agencia de Naciones Unidas para Refugiados, ACNUR, y entidades de iglesia católica, calculan una cifra de migrantes venezolanos que ronda entre los tres y cuatro millones de personas, de ellas en Colombia pueden estar más de un millón.

Los prejuicios ideológicos y el déficit de negociación política, por un lado, y la desinformación sobre la situación real, por otro, han impedido que la mayor parte de la opinión pública internacional se haga una idea real de la gravedad de la crisis interna, sus causas y las posibles alternativas para transformar esta crisis. En este contexto, es de vital importancia tener más claridad sobre la situación y las perspectivas de evolución de esta grave crisis, para poder definir acciones que favorezcan una solución política, contribuir a aliviar el sufrimiento del pueblo venezolano y promover una real solidaridad internacional; todo eso en el marco del respeto de los derechos humanos y del principio de autodeterminación de los pueblos. La crisis, especialmente la humanitaria, no se debe usar para sacar dividendos políticos mezquinos.

Venezuela se ha convertido en una sociedad polarizada, con un Estado a la defensiva de presiones políticas internas y externas, fundamentado en un poder centrado en sí mismo y atrapado en dinámicas mafiosas manejadas por un poderoso sector de militares, mientras que la oposición, fragmentada, solo piensa en sus intereses claramente espurios que solo favorecen a un sector empresarial aferrado a la recuperación de sus ventajas, pero sin incluir a las mayorías ciudadanas. Lo ideal, pero poco factible, sería que en este contexto se constituyera una tercera fuerza, en este caso de carácter social y con protagonismo de la sociedad civil, con el fin de construir alternativas políticamente democráticas, económicamente equitativas y socialmente incluyentes. Salidas políticas alejadas del derramamiento de sangre y del intervencionismo extranjero.

Al respecto, algunos analistas han calificado, como una gran equivocación, la invención de una pretendida ayuda humanitaria. Una operación humanitaria no es parte de una estrategia de guerra, no debe serlo. Por eso, hasta el Comité Internacional de la Cruz Roja, la mayor organización humanitaria del mundo, rechazó que se llamase “humanitario” al espectáculo montado en las fronteras con Venezuela. Lo más humanitario sería levantar el bloqueo a la economía venezolana.

El arzobispo de Cali, Darío Monsalve, expresó que lo sucedido en la frontera con el paso a la fuerza de los camiones, “pareció más un acto de hostigamiento, apoyado en una supuesta acción humanitaria, y digo supuesta porque lo ‘humanitario’ está siendo allí indebidamente utilizado como lo han denunciado personas de organizaciones internacionales y la misma Iglesia Católica. Colombia, a través del nuncio apostólico, ha dicho que no es una acción humanitaria la que tiene un tinte político”. Advirtió además el arzobispo que “el hecho dejó heridos y muertos, y que se acusó luego a la contraparte por ello. Hay heridos y muertos, y nada justifica que se hayan provocado esas situaciones. Crearon un escenario y después vinieron a acusar a los otros de todo lo que ha ocurrido. Esto exige un alto sentido de responsabilidad y de sensatez”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara

Director General Cinep/Programa por la Paz

Modificado por última vez en Viernes, 22 Marzo 2019 21:55