Movilización, tierras y territorio

Movilización, tierras y territorio (53)

Una de las enseñanzas que le marcó la vida a Jenny Ortiz, coordinadora de la Línea de Interculturalidad en el Cinep/PPP la tuvo de una autoridad indígena del Amazonas. Ella estaba trabajando en la Chorrera con los Huitotos, al terminar el taller se sentó al frente rio a ver el agua correr. Tenía que tomar una decisión transcendental para su vida y mientras pensaba en eso, una autoridad se acercó y le preguntó “bueno profe, ¿usted que es lo que está viendo?”. Ortiz le empezó a hablar de la belleza del río, pero terminó contándole lo que le sucedía. Entonces la autoridad le dijo:  

“?Miré, la vida es como el río, usted no la controla, entonces en algunas veces hace meandros largos, meandros cortos, o sea, curvas largas, curvas cortas ¿cierto? y va armando su recorrido por donde considera que debe ir. En su interior alberga muchas vidas, y uno solo empieza a entender que la vida tiene este fluir cuando uno deja que la vida tome un curso por donde debe ir, uno va contra la corriente cuando quiere crear, cuando quiere producir algo nuevo, cuando quiere dar nueva vida; como muchos peces que van a nadar contra la corriente a poner sus huevos cuando van a dar nueva vida”.

La línea de Interculturalidad ha venido trabajando con pueblos de la Sierra Nevada, Cartagena y el sur de la Guajira y desde 2016 se ha enfocado en problematizar las desigualdades históricas, económicas, epistemológicas que han vivido los excluidos en el país. Su trabajo se ha centrado en educación interculturalidad y propia, los extractivismos, la discusión sobre memoria y memorias étnicas, la articulación de la escuela, comunidad y movimiento social y la reflexión sobre el enfoque de género en el territorio, las demandas de los pueblos, la epistemología, el lenguaje y su compresión.

Desde la línea se plantean tres aproximaciones para pensar la interculturalidad con los pueblos indígenas: la primera, desde la realidad de situaciones y contextos específicos de los sujetos, “tú como pueblo indígena entiendes el mundo de una manera, porque lo has construido de esa manera y yo lo entiendo de otra; no voy a imponer, ni tú me vas a imponer”; la segunda, considerando que hay unos espacios y unos tiempos propios de las comunidades, “esto implica empezar a romper la idea que solamente el conocimiento experto pasa por la universidad y la academia, sino que este pasa también por otros registros y otras experiencias vividas, transitadas y reflexionadas” y, la tercera, reconociendo otros territorios y otros contextos, esto implica que “la interculturalidad no es armónica, es profundamente conflictiva y creemos que de ese conflicto, esa contradicción, podemos crear más cosas”.

Los años que ha trabajado con comunidades indígenas y afrodescendiente, le han dejado a Ortíz muchas reflexiones personales como la importancia del trabajo espiritual dentro de los proyectos que realizan con los pueblos, el poder de la palabra: “cuando dicen ‘me comprometo a…’, lo hacen efectivamente. No es a la ligera, como nos acostumbramos nosotros; por ejemplo, ‘esta tarde me tomo un tinto contigo’ y nunca pasa esa tarde, ni el tinto”. Y el pensamiento integral, “si bien ellos reconocen que hay unos elementos de la experticia del conocimiento, ellos dicen que el conocimiento es integral, tú no puedes ver de manera aislada cada lugar del conocimiento, sino que todo es integral, porque la vida es integral”. 

Estas consideraciones han llevado a cumplir la meta de Cinep/PPP en su opción preferencial por los excluidos. La interculturalidad, según Ortíz, puede aportar a una sociedad justa, sostenible y en paz, misión de Cinep/PPP, al continuar hablando de problemas como el extractivismo en territorios étnicos, el racismo, la discriminación racial y las violencias epistémicas que viven los pueblos comunidades indígenas y negras; también estudiando el conflicto armado y los conflictos territoriales que se experimentan en los  territorios rurales que habitan.

En ese sentido, Cinep/PPP debe enfrentar retos  importantes como compaginar los tiempos de las comunidades con las lógicas de la  cooperación; aplicar la complejidad del pensamiento integral y del entendimiento de las movilizaciones indígenas como “esta gotica constante, que sigue ahí hasta que logre abrir camino o abrir un huequito en la tierra”.

Día Internacional de los Pueblos Indígenas

Las lenguas indígenas fueron el tema escogido en el 2019 por las Naciones Unidas para celebrar el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. Al respecto, Ortíz indica que “lo primero que hay que decir es que no hay lenguas,  son idiomas, del mismo estatus del español o  el inglés” y en ese sentido, señala, estos son sistemas de pensamiento con variables dialectales, es decir, con distintas maneras de hablarlo.

Esta misma idea la comparte Jon Landaburu, lingüista y autor de la clasificación de las lenguas de Colombia, para él “una lengua no es simplemente un instrumento de comunicación” sino es una adaptación de una cultura, del espíritu". Landaburu reconoce que existe un reto considerable en hacer prevalecer las lenguas en el mundo, “si consideramos que en este momento hay como 6000 lenguas distintas en el mundo, el 97% de la población habla solamente 10 lenguas”

Entre los escenarios que ponen en riesgo la extinción de estos idiomas, Ortíz menciona a la escuela y explica: “cuando un niño es obligado a ir a la escuela a muy temprana edad se pierde el idioma porque este se aprende vía materna hasta los siete años”; el conflicto armado, debido al asesinato de muchas autoridades indígenas que son los conocedores del idioma y formadores en la comunidad; el desconocimiento en la sociedad, “si nosotros entendiéramos que somos muy afortunados de tener al menos 63 idiomas vivos, pues entenderíamos su importancia”; procesos de normalización lingüística, generados por diferentes institutos para la creación de un alfabeto común generando pérdidas en las variables dialectales -manera en la que se habla el idioma-; y la castellanización.  A estas amenazas se unen las reconocidas por Hortensia Estrada, investigadora del Instituto Caro y Cuervo, como el contacto con poblaciones vecinas, la transmisión en el idioma dominante por parte de los medios de comunicación y la poca utilización de la lengua por parte de las nuevas generaciones.

Para Miguel Rocha, Doctor en Lenguas y Literaturas, el rescate de las lenguas depende de su utilidad para los hablantes, el trabajo con los procesos de colonización, los espacios o plataformas donde las lenguas adquieran un estatus   y las políticas públicas que se establezcan. 

Para Ortíz, reconocimiento a las llamadas lenguas indígenas como idiomas y, en consecuencia, a  sus formas de vida y enseñanzas son el camino que se debería tomar para reconocer no solo a las comunidades indígenas, sino a los afrodescendientes y las comunidades gitanas como parte de la construcción de país. 

 

 

Lida Bocanegra
Equipo de Comunicaciones 

 

El tercer derecho consagrado en la Declaración universal de los derechos humanos, es el derecho a la vida. Sin embargo, este derecho termina siendo uno de los más violados en contextos como el colombiano. Ante esta situación, se hace necesario que entorno a este tipo de violencia, la ciudadanía se manifieste para exigir respeto por la vida.

La defensa del derecho a la vida en Colombia no es algo nuevo. El violento contexto que han vivido las comunidades, tanto en el campo como en las ciudades, ha llevado también a levantar la voz de protesta y a salir a las calles para rechazar los asesinatos, para exigir justicia y para demostrar que, a pesar de la violencia mortal, hay quienes quieren construir mejores condiciones para sus comunidades. 

 La defensa de la vida en Colombia

La Base de datos de Luchas Sociales de Cinep/PPP, recopila información histórica sobre las luchas protagonizadas por diversos sectores sociales. Esta base registra 1784 luchas sociales por el derecho a la vida entre 1975 y 2018. A continuación, los datos por año y la participación departamental de estas luchas.

 

30 años resistiendo a la violencia

La anterior gráfica muestra el comportamiento, en cantidad, de las luchas sociales por la vida en Colombia. Estas movilizaciones suelen ser reactivas, es decir, se producen como respuesta a un incremento del número de asesinatos y acciones violentas en determinada región. A continuación, los años en los que se presentaron más movilizaciones por la vida con sus contextos que explican estos incrementos. Y muestran además, algunos de los protagonistas de las historias de horror y de las historias de resistencia y manifestación por el derecho a la vida y a la integridad desde 1988 hasta 2018.

 

Marcha por la vida 2019: por los liderazgos sociales

A finales de junio de 2019 un video sacudió la opinión pública. Se trataba de un niño llorando desesperado porque acababan de asesinar a su madre, María del Pilar Hurtado, en Tierralta, Córdoba. Esta imagen no sólo develó el drama más cercano, del asesinato selectivo a líderes sociales, sino que despertó una amplia indignación en muchos sectores. Semanalmente los medios de comunicación han presentado desde la firma del Acuerdo asesinatos de personas que adelantaban gestiones en diversos temas, para para enfrentar injusticias, exclusiones o desigualdades en sus comunidades.

Los dolorosos gritos de ese niño llamaron la atención de la ciudadanía en general para hacer algo en defensa de los liderazgos sociales. Así, se convocó a una marcha el 26 de julio. Múltiples sectores atendieron y salieron a las calles en ciudades de todo el país y en el exterior. Convocados para exigir respeto por el derecho a la vida ante los armados y para exigir celeridad en la justicia de estos casos ante el Estado. Estas son las voces de los representantes de algunos sectores sociales que marcharon ese viernes en Bogotá y sus motivaciones.

 
 

Por los liderazgos sociales

La marcha del 26 de julio, por los líderes sociales, en imágenes

 

 

Equipo de comunicaciones

Coordinadora de comunicaciones: Mónica Osorio Aguiar
Comunicadora digital: Laura Inés Contreras Vásquez
Comunicador gráfico: Miguel Martínez
Periodistas asistentes: 
María Fernanda Vera, Lida Bocanegra, Deivyd Manrique

 

Asesora temática: Martha Cecilia García

Organizaciones nacionales e internacionales que trabajamos por los derechos humanos, el territorio y el agua en el departamento de La Guajira alertamos a todas las instituciones garantes de los Derechos Humanos en los municipios de Albania y Maicao, en el departamento de la Guajira y a toda la comunidad nacional e internacional por anuncio de desalojo por fuerza de la comunidad indígena wayuu de El Rocío para estos días 23 al 24 de julio de 2019. 


 

 
 

A veces a la gente se le acaba la paciencia. A veces los colombianos sentimos que no damos más. Eso es lo que se expresa en el libro Cuando la copa se rebosa: Luchas sociales en Colombia 1975-2015. Sus cuatro autores, Mauricio Archila, Martha Cecilia García, Leonardo Parra y Ana María Restrepo hacen una lectura crítica sobre las relaciones que explican las luchas sociales en Colombia.

Su lanzamiento fue el primero de mayo en la Feria Internacional de Libro de Bogotá, evento que contó con la participación de la co autora Martha Cecilia García, y el aporte de Esmeralda Prada, y Camilo Borrero, quien mencionó que la importancia de esta publicación yace en “la recopilación de información de 40 años de luchas sociales. Creo que casi ningún otro libro logra una tarea tan grande y rigurosa”. Esa recopilación terminó siendo un trabajo de más de tres años y la lectura de cerca de 23,000 acciones de protesta registradas por la Base de Datos de Luchas Sociales (BDLS) de Cinep/PPP.

Esa Base cumplía cuarenta años en el 2015, momento en el que los autores decidieron escribir este libro como una forma de dar a conocer las distintas dimensiones que la acción social colectiva ha tenido en el país. Para esto, hacen a través de la publicación un análisis centrado en cuatro ejes, cada uno con un capítulo. En cada una de las diferentes aproximaciones se hace evidente lo que Martha Cecilia García deja en evidencia en la introducción: “La cobertura periodística de las luchas sociales se reduce por la denominada «parcialidad geográfica y temporal»: hay lugares del país que no se cubren, en algunos momentos tampoco se registra ese tipo de eventos y, además, los periodistas tienden a cubrir sucesos localizados en zonas donde ya se han producido casos similares previamente reportados.”

Los primeros dos ejes, escritos por Mauricio Archila, se centran en la trayectoria de las luchas sociales en Colombia y en la relación que han tenido con el Estado. Se entiende a la Policía como un actor fundamental en el control de la protesta, aunque “ella no siempre choca con la ciudadanía protestataria, a veces dialoga, negocia y colabora”. Allí, se encontró un comportamiento extraño en el que la represión policial disminuía en general, exceptuando los años recientes. Sin embargo, y como lo escribe Archila en las conclusiones, este libro “hace evidente que una base de datos es algo más que un listado de registros en una serie estadística, y que trabajar con ella implica también hacerse preguntas de fondo y realizar análisis sopesados sobre temas cruciales de la sociedad a partir de la información que ella contiene”. De esa nueva visión, surgió la pregunta sobre los mecanismos legales e ilegales de represión y la cultura política de la sociedad y la Policía.

El segundo foco de análisis fue las nociones de desarrollo que las diferentes luchas sociales tuvieron en esos 40 años. El capítulo, escrito por Martha C. García, hace referencia a las distintas nociones que los actores privados y públicos (normalmente entendidos como antagonistas), y movimientos y organizaciones sociales tienen sobre el desarrollo. Estas visiones han enmarcado su lucha, pues sus peticiones se ven en la disputa por servicios de salud y educativos; la oposición a actividades minero-energéticas sustentadas por compañías multinacionales e hidroeléctricas; y luchas que superan lo económico como lo son los elementos políticos, ambientales, culturales y territoriales. Ese último elemento es la tierra, ese concepto a veces tan abstracto que ha llevado a cientos de personas a luchar por lo que les pertenece, y que Galeano (como lo cita García) entendió como “un llamado al país para que vuelva a su vocación agropecuaria y pesquera, porque tenemos un modelo de desarrollo importado”.

La tercera aproximación es descrita por Ana María Restrepo como la importancia de reflexionar sobre la producción y transformación del espacio en las luchas sociales en Colombia. Su preocupación va más allá de las protestas que tienen como eje el reclamo del territorio, y logra analizar el espacio como un eje principal de las movilizaciones: “las protestas tienen sus propios territorios: lugares emblemáticos en los que se pone en juego el poder de hacer públicas las demandas; pero también tienen sus procesos de dispersión territorial: redes que constituyen regiones a veces como espacios de protección y a veces como herramienta de fortalecimiento de una acción colectiva.” Los movimientos sociales, concluye la autora, determinan las dimensiones espaciales y son determinados, a su vez, por ellas.

El último eje de análisis lo escribió Leonardo Parra para mostrar las transformaciones del mundo laboral entre 1975 y 2015 y explicar las razones de la baja sindicalización en el país, las pérdidas de las conquistas históricas de los trabajadores, y la disminución de las movilizaciones en el sector eléctrico. Para el autor, “la privatización del sector eléctrico en Colombia fue un proceso que tuvo como consecuencia la erosión de las condiciones laborales de los trabajadores.” Este proceso hizo parte de un plan estratégico que realizaron empresas privadas en dos décadas por medio de despidos masivos, sobrecarga laboral, debilitamiento de sindicatos y violencia ejercida hacia ellos por parte de grupos paramilitares, y tercerización del trabajo.

Por ese análisis profundo sobre las luchas sociales en Colombia es que Alejandro Angulo Novoa S.J. escribe en el prólogo que “su aporte material es un análisis sustantivo de las relaciones que explican las luchas sociales en Colombia y una denuncia bien fundamentada de la forma de mantener un sistema social estructurado sobre la inequidad, la famosa democracia de papel en la que todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros.”

Tanto Esmeralda Prada como Camilo Borrero dejaron en evidencia durante el lanzamiento que la investigación rigurosa que hicieron los cuatro autores fue un proceso de trabajo arduo y constante. El equipo de Movimientos Sociales de Cinep/PPP recopiló información de más de 40 años de múltiples luchas registradas por la organización y, en voz de Martha C. García, dedicó el libro “a todas las personas que se han tomado el coraje de salir a las calles a alzar su voz”.

Laura Cristina Vásquez
Equipo de comunicaciones 

 

El 2 de mayo el stand de la Universidad Javeriana en la Feria del Libro se convirtió en el escenario en el que Cinep/PPP lanzó una de sus más recientes publicaciones: “De encuentros y desencuentros: reflexiones sobre la educación intercultural desde una experiencia en el Caribe colombiano”. El libro, escrito por Leidy Laura Perneth, Jenny Paola Ortiz, y Andrea García, da cuenta del proceso investigativo en el proyecto “Educación intercultural por la defensa de los derechos de los grupos étnicos” implementado por Cinep/PPP durante el 2016 y 2017 en el Sur de La Guajira, Sierra Nevada de Santa Marta y Cartagena.

La riqueza cultural de Colombia es evidente, y estos tres territorios son testimonio de la confluencia de múltiples grupos étnicos diferentes entre sí, pero habitantes de la misma tierra. Por esta razón, el proyecto tenía el objetivo de construir una mirada en conjunto de la región y contribuir al reconocimiento de los derechos de los grupos étnicos. 

Durante el lanzamiento, Perneth habló sobre la importancia de la interculturalidad, pues ésta permite analizar las relaciones de poder. Planteó, además, que una de las discusiones más importantes que surgió durante el proceso fue sobre si el sistema educativo realmente está atendiendo a las demandas de las comunidades, o si sólo busca institucionalizarlas.

El libro, como lo aseguró Eduardo Restrepo en el lanzamiento, hace énfasis en aspectos étnicos, raciales y de género. Y es que son precisamente esos temas los que han permitido jerarquizar las diferencias entre diversos grupos. Perneth agregó que este énfasis se hace porque es desde la educación intercultural que se pueden cuestionar a los sujetos y así comprender la construcción de una sociedad desigual.

El lanzamiento contó con una exposición fotográfica que mostró a los diversos actores que hicieron parte del proyecto. Los espacios pedagógicos se enfocaron en formación a profesores en educación intercultural, formación política dirigida a líderes sociales, y formación en investigación local participativa para jóvenes.

Para Martha Cecilia García, investigadora de Cinep/PPP, este “es un libro muy valioso porque junta práctica y acción. Plantea tres problemas en contextos muy diferentes pero que afectan a las comunidades de Cartagena, La Guajira y la Sierra Nevada”.

Eduardo Restrepo mencionó la valentía que tuvieron las autoras al hacer dos cosas esenciales: no cortar la voz de las comunidades y lograr un libro “de crítica y autocrítica, pues no sólo cuestiona las problemáticas sociales a las que se enfrenta, sino que también es sincero con el lector sobre el mismo proceso investigativo”. Esto lo hace en referencia a la observación que hacen quienes lo escribieron sobre las dificultades que implica tener un enfoque de género riguroso en una investigación.

A partir de esas experiencias, las autoras concluyeron en la publicación que la educación intercultural “es un campo permanentemente abierto y conflictivo, sin posibilidades ni aspiraciones de clausura”. Por esto, consideran esencial seguir ahondando y creando ejercicios que permitan la reflexión sobre temas que de allí se derivan. 

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Laura Cristina Vasquez
Equipo de comunicaciones 

 

El pasado 6 de abril culminó el VIII Encuentro Internacional de Historia Oral y Memorias: “Lecturas críticas, voces diversas y horizontes políticos en el mundo contemporáneo” en Bogotá. Durante tres días un público variado y de diferentes lugares de América Latina reflexionó sobre la memoria y la historia oral, sus usos, metodologías, experiencias, procesos investigativos, en un ambiente lleno de contradicciones. Además del Encuentro, los investigadores y académicos se reunieron con diferentes grupos sociales, campesinos, afrodescendientes, indígenas en varios lugares de  Colombia y suscribieron la siguiente carta en donde hace un llamado de solidaridad con el mantenimiento de la implementación del Acuerdo de Paz. 

El 4, 5 y 6 de abril se desarrollará en Bogotá el VIII Encuentro Internacional de Historia Oral y Memorias: “Lecturas críticas, voces diversas y horizontes políticos en el mundo contemporáneo”. Durante tres días un público variado y de diferentes lugares de América Latina reflexionará sobre la memoria y la historia oral, sus usos, metodologías, experiencias, procesos investigativos, en un ambiente lleno de contradicciones.

Este encuentro estará a cargo de las organizaciones miembro de la Red Latinoamericana de Historia Oral (RELAHO), entidad académica de Latinoamérica y el Caribe para la articulación, intercambio y difusión de la investigación. Este año, Colombia celebrará el Bicentenario de su independencia por medio de ceremonias institucionales, oficiales y gubernamentales, lo que hace que este tipo de encuentros tengan una relevancia en un país como Colombia en donde se están dando actualmente varias tensiones y disputas por el tema de la memoria.

Como Colombia será país anfitrión, se darán a conocer nuevos trabajos sobre lo que distintas comunidades han expresado acerca de la violencia política por el incumplimiento de buena parte lo que se acordó con las Farc. Así, se reflexionará acerca de distintas investigaciones sobre el pasado reciente que se abordan desde la historia y la memoria con diferentes formatos comunicativos y artísticos como la danza, la literatura, la fotografía, los videos y el teatro.

Entre los invitados están:  Vera Carnovale, doctora en Historia, docente de la Universidad Nacional San Martín e investigadora Adjunta del CONICET; Raúl Zibechi, escritor, periodista y activista uruguayo que se ha dedicado al trabajo con movimientos sociales en América Latina; Pere Petit, presidente de la Asociación Brasilera de Historia Oral (ABHO) y Josefina Vásquez Awad, trabajadora Social de la Universidad Industrial de Santander, con maestrías en Antropología y Antropología Visual  de Universidad Católica de Lima, entre otros.

A propósito del contexto latinoamericano, investigadores sociales se están planteando preguntas sobre el modelo neoliberal en el continente, las crisis económicas que han tenido varios países y el aumento de propuestas políticas neoconservadoras que llegaron al poder y que no han temido en utilizar cualquier método para mantenerlo. Con estos cambios también han surgido transformaciones, como las pérdidas de las conquistas de los trabajadores a principios de siglo XX o el cambio del sueño americano a una pesadilla para millones de latinos. La Historia que se está escribiendo a partir de esos cambios pasará inevitablemente por la oralidad.

Muchos investigadores, comunidades, docentes, entidades, universidades y colectivos utilizan la historia oral en su amplia gama de posibilidades para realizar investigaciones. Es por eso que el VIII Encuentro Internacional de Historia Oral y Memorias será un espacio en el que se podrá fortalecer la construcción de redes de trabajo sobre estos temas, establecer un espacio para la divulgación de los aportes de la investigación y la enseñanza de historia oral y memorias y debatir los horizontes políticos de América Latina a la luz de las lecturas críticas sobre la historia en el mundo contemporáneo.

Para conocer más sobre el VIII Encuentro Internacional de Historia Oral y Memorias consulta: http://colectivohistoriaoral.org/

 

Laura Cristina Vásquez

Equipo de Comunicaciones

En Colombia la población total de jóvenes entre los 14 y 18 años ascendió a 12 millones de personas, de las cuales cerca del 22% corresponde a jóvenes rurales. Mujeres y hombres campesinos, indígenas y afrodescendientes que permanecen olvidados e invisibles. Este especial quiere mostrar la diversidad, pluralidad, riqueza y vitalidad de las juventudes rurales.

Más allá de ser mano de obra para el campo, las juventudes rurales son actores sociales capaces de comprender, opinar y participar. No obstante, existe una tendencia a invisibilizar sus apuestas y capacidades de acción como sujetos sociales y políticos. De ahí, la reducida oferta de servicios que se orienta a fortalecer su papel como productores potenciales.

Las juventudes rurales no son homogéneas. Existen diversidad de problemáticas, potencialidades, sueños y expectativas de los y las jóvenes en el campo. La marginalidad histórica que ha tenido el campesinado y el mundo rural en las agendas políticas ha hecho que se desconozca la diversidad cultural de las personas que habitan los territorios rurales en Colombia, entre esos, los más jóvenes. 

Esa diversidad debe ser entendida en su complejidad. Los jóvenes que habitan el campo tienen distintas opiniones, experiencias, valoraciones y expectativas que deben ser reconocidas.  Desconocemos cómo son percibidos y cómo se perciben las juventudes rurales, su valoración del campo y de la ciudad, sus propias ideas de desarrollo y bienestar. Este desconocimiento se expresa en la ausencia de políticas públicas que reconozcan el papel de los jóvenes como sujetos transformadores del campo y que promuevan su acceso a la tierra y condiciones dignas que permitan su permanencia en los territorios.

Este especial es una oportunidad para superar la ignorancia y evitar que se continúen imponiendo unos pocos caminos que parecen inexorables y que replican y potencian relaciones de dominación derivadas del mundo urbano, del mundo rural y del mundo adulto.

Los "ninis" del campo 

En Colombia la situación de los jóvenes del campo es alarmante. Las cifras del Censo Nacional Agropecuario de 2014 han puesto en evidencia el bajo acceso a la tierra por parte de los jóvenes rurales. La población joven productora y residente rural que manifestó tener tierra en cualquiera de sus formas constituyó solo el 0,3 % de la población censada y el 2,3 % de la población de jóvenes rurales del censo. La tasa de desempleo para las jóvenes es considerablemente superior: mientras el 8 % de los hombres jóvenes en el campo ni estudian ni trabajan (los llamados ninis), la proporción es cinco veces mayor para las mujeres, es decir del 42 %.  La situación de desigualdad laboral guarda relación con la maternidad temprana, pues una de cada cinco mujeres adolescentes, entre 15 y 19 años de edad, está embarazada (19,5 %) o tiene uno o más hijos. Todo esto sin mencionar el acceso a otros servicios como la educación, salud, infraestructura donde es posible establecer las carencias profundas que experimentan los jóvenes rurales.

 

Lo que debe saber sobre la política pública

Aunque significativos, todos los avances legislativos han sido insuficientes para incorporar a los jóvenes rurales en las agendas públicas. De hecho, todavía hoy no existe una estrategia integral de política pública para la juventud rural. La legislación existente oculta la diversidad de sus problemáticas, potencialidades y expectativas, a la vez que invisibiliza su riqueza cultural, étnica y campesina. A continuación, presentamos siete puntos que usted debe saber para entender en qué va la política pública para las juventudes rurales en Colombia.

 

Entre lo rural y lo urbano, así vivimos la ruralidad

En el Valle del Cauca la vida cotidiana de los jóvenes en el campo comprende la participación en las labores de la parcela familiar y el desarrollo de proyectos productivos propios, en permanente contacto con las cabeceras municipales y con otros municipios. Otra es la experiencia de los jóvenes que hacen parte de una generación que ya no habita el campo, debido a la migración de su familia, o porque su vida ha transcurrido en la cabecera de estos municipios. En estos casos, los vínculos con los territorios rurales se crean a través de las relaciones familiares, las memorias, y la tierra que aún hace parte del patrimonio familiar. Estas son juventudes rurales híbridas.


“Yo siempre he dicho que el departamento del Valle es como un Colombia chiquito, porque tiene desde Buenaventura que está al nivel del mar hasta Barragán que está ubicado en el municipio de Tuluá que es páramo” Deisy Rivillas oriunda de San Lorenzo en Tuluá es una de las jóvenes del Valle del Cauca que, a través de su propia voz, narra su vida y trayectoria como mujer campesina en esa región. Escucha aquí la diversidad de voces jóvenes que habitan el Valle del Cauca:

 

Entre el agua y la tierra, anfibios crecemos 

Las características de los paisajes ribereños marcan las experiencias de los jóvenes de Río Viejo, Norosí y Tiquisio. Los jóvenes resaltan las experiencias de tranquilidad y libertad del campo, y expresan preocupación por las amenazas de los procesos extractivos, especialmente la minería.

Norosí sobresale dentro de los tres municipios por la producción de oro, es el tercer productor de la región y ha ganado importancia la minería a gran escala. Los tres municipios están distantes de los centros urbanos más importantes de la región y sus pobladores enfrentan dificultades de transporte y conectividad para acceder a algunos servicios.

Para los jóvenes del Sur de Bolívar Las experiencias están marcadas por prácticas vinculadas a la tierra y al agua, donde la producción de alimentos y el componente ambiental son referentes en la relación que construyen con sus territorios. Estas son juventudes rurales anfibias. 

Jorge Noguera se dio cuenta de que su proyecto de vida está en el campo. Cuenta que hasta hace poco llegó la luz eléctrica a su comunidad y actualmente desarrolla un proyecto con gallinas ponedoras. Está convencido de que el estudio es la puerta para abrir nuevos caminos para los jóvenes que viven en el campo. ¿Cómo suenan los Jóvenes del Magdalena Medio? escúchalos aquí: 

 

 Soy de aquí y soy de allá, el intercambio nos mueve  

En Norte de Santander se presentan brechas y profundas desigualdades entre el campo y los centros urbanos, la guerra y las diversas y cambiantes expresiones de la violencia circunstancias derivadas de la condición de frontera, se manifiestan con gran intensidad, los municipios de Norte de Santander se enfrentan a procesos de reconfiguración territorial bastante complejos que están impulsados por motores como los cultivos ilícitos, la producción de palma de aceite e hidrocarburos.

Por otra parte, la condición de región fronteriza con Venezuela constituye un elemento de primer orden, Cúcuta es el centro urbano más importante en esta zona y Tibú, comparte el límite con el Estado venezolano de Zulia. Al tratarse de la frontera más extensa que posee cada país, el intercambio entre ambos es muy dinámico, situación que engendra una enorme fragilidad, pues las actividades económicas y posibilidades para sus habitantes, se alteran al vaivén de las relaciones entre los dos países y las condiciones que se viven en uno u otro lado.


La experiencia de los jóvenes que habitan el campo en Tibú y Cúcuta está marcada por la movilidad entre territorios rurales, urbanos y trasnacionales. La experiencia de los jóvenes que habitan la zona rural de estos municipios combina las prácticas construidas en el lugar que se habita con el intercambio que sucede a través de la frontera con Venezuela. Estas son juventudes rurales en movimiento. 

Nereyda está convencida que el campo es vida. Es estilista, madre cabeza de hogar y lidera algunos procesos comunitarios. Las marcas de la violencia atraviesan la historia de vida de sus seres queridos y de algunos compañeros jóvenes, como ella que solo sueñan con un campo en paz. Así como Nereyda, hay muchos jóvenes en Norte de Santander que hacen parte de los cambios que se están dando en sus comunidades. Escucha cómo están cambiando el campo los jóvenes de Norte de Santander:

 

Sonrisas, sueños, historias: el rostro joven del campo 

 

Tres libros clave para entender las juventudes del campo en Colombia 

Mapeo de identidades y expresiones juveniles rurales. ¿Quiénes y cómo son los jóvenes que habitan el campo?

Este documento contiene los resultados de un estudio de exploración de las identidades juveniles rurales realizado con jóvenes de diez municipios de los departamentos de Norte de Santander, Valle del Cauca y Sur de Bolívar. Aquí se presenta una aproximación a los intereses, experiencias y valoraciones de los jóvenes, así como las condiciones que agencian o demandan para permanecer en el campo.

Entre la recocha y el deber. Experiencias y valoraciones  de los jóvenes del campo

Poco sabemos sobre las experiencias, expectativas y deseos de las juventudes rurales. Comprender la pluralidad de sus historias y sueños, en medio de conflictos, pobreza y políticas fallidas, es el primer paso hacia su reconocimiento e inclusión, y hacia procesos de transformación y reconstrucción del campo colombiano.

 


Ser joven rural en Córdoba. Otras formas de sentir y pensar el territorio 

Preguntarse por la juventud rural es pensar en el presente y en el futuro de la ruralidad misma. Los jóvenes también tienen problemáticas, expectativas y apuestas de cambio para el campo colombiano y, en la medida en que existan condiciones para la permanencia en sus territorios, acceso suficiente a tierras, oportunidades laborales y de formación, entre otros, pueden convertirse en un actor importante para el fortalecimiento organizativo y comunitario, la producción de alimentos y la disminución de la pobreza e inequidad en sus territorios, en resumen, para la construcción de la paz territorial.

 

Lee también: 

Un campo para la juventud rural - Blog Cien Días vistos por Cinep/PPP en El Espectador.com 

Notas importantes:

  • La equidad de género en el lenguaje es una de las preocupaciones de las organizaciones que participan el presente proyecto. Sin embargo, con el fin de evitar la sobrecarga gráfica, en el documento optamos por utilizar en algunas ocasiones el masculino genérico en el entendido de que alude a hombres y mujeres jóvenes.
  • El contenido de este especial es responsabilidad exclusiva de IMCA, CINEP/PPP y SJR y en modo alguno debe considerarse que refleja la posición de la Unión Europea.

 

Equipo de comunicaciones

Coordinadora de comunicaciones: Mónica Osorio Aguiar
Coordinadora de publicaciones: Ana María Castillo
Comunicadora digital: Laura Inés Contreras Vásquez
Comunicador gráfico: Miguel Martínez
Periodistas asistentes:
Laura Cristina Vásquez y Sergio Mahecha
Asistente de publicaciones: Natalia Católico

Las mujeres rurales en Colombia han sido históricamente una población invisibilizada y marginalizada. La débil presencia del Estado en sus territorios en cuanto a la garantía de derechos básicos, los roles de género tradicionales de las poblaciones asentadas en el campo y la situación de violencia generalizada producida por el conflicto armado interno han contribuido a agudizar las violencias basadas en género contra ellas. Este es un informe de carácter exploratorio que da a conocer un panorama general de los diferentes tipos de violencias basadas en género que afectan a las mujeres rurales en distintos escenarios. La información aquí presentada fue recopilada a través de datos de fuentes oficiales, hallazgos de investigaciones previas y entrevistas a integrantes de la Mesa de Incidencia Política de Mujeres Rurales Colombianas y la organización Sisma Mujer[1].

Lee aquí el informe completo: 

[1] Organización de carácter feminista que busca contribuir a la consolidación del movimiento de mujeres en Colombia. Desde 1998, Sisma Mujer trabaja desde un enfoque jurídico y de derechos humanos por la ampliación de la ciudadanía de las mujeres y por su empoderamiento individual y colectivo (Sisma Mujer, s.f.).

Lee también:

 

 

 

Del 18 de febrero al 8 de marzo se llevarán a cabo las reuniones del Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés) en Ginebra, Suiza. En esta ocasión el comité revisará el estado de los derechos de las mujeres en: Angola, Antigua y Barbuda, Botswana, Colombia, Etiopía, Serbia y el Reino Unido.

En Colombia fueron 70 las organizaciones sociales que se articularon para crear un informe alternativo que diera cuenta de la grave situación en términos de garantías de derechos que enfrentan las mujeres rurales y campesinas del país. Estas organizaciones realizaron la verificación a las observaciones finales de los informes periódicos 7º y 8º combinados de Colombia y al 9º informe periódico presentado por el gobierno colombiano ante el Comité CEDAW, entre otros documentos. Con estos insumos construyeron el primer “Informe Sombra” específico de mujeres rurales y campesinas de Colombia, que se presentó el 18 de febrero en la 72º Sesión del Comité CEDAW.

En este evento participó Diana Sauna de la Comunidad Wiwa de la Sierra Nevada y en su intervención alertó e hizo un recuento de los 7 casos de comunidades de mujeres rurales que en Colombia ejemplifican la violación de derechos a varios niveles y en diferentes partes del país por parte del Estado, las empresas y los actores armados.  Marlen Alfonso de la Plataforma de incidencia política de mujeres rurales colombianas también tuvo un espacio en donde se centró en cuatro puntos principales: La inequidad en la estructura económica pauperiza el trabajo de las mujeres rurales, el Sistema Estadístico Nacional no integra indicadores de género, el Estado colombiano restringe los mecanismos de participación de las mujeres rurales y campesinas, persiste una adopción de marcos legales regresivos en materia agraria y económica.

Después de las intervenciones de las organizaciones de la sociedad civil en Colombia, el CEDAW hizo preguntas específicas al Estado colombiano a partir de lo discutido el pasado 18 de febrero con las organizaciones. Se esperan las recomendaciones finales de parte del comité para todos los países, el lunes 11 de marzo.

Lee aquí el informe completo: 

El 11 de marzo el Comité Cedaw hizo públicas sus observaciones al Estado Colombiano. Destacan entre ellas la insistencia en la implementación del Acuerdo de Paz con miras a la garantía de los derechos de las mujeres rurales, la protección a las defensoras y la necesidad de avanzar en la formulación de indicadores desagregados y diferenciados geográficamente pues sólo a través de estos se podrán desarrollar políticas que realmente protejan a las mujeres. En el caso específico de las mujeres rurales y campesinas, el Comité llama la atención sobre la necesidad de estrategias para fortalecer la participación de estas mujeres en instancias de negociación, planeación y toma de decisiones, y de medidas para aumentar el acceso a tierras.

 

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