Movimientos Sociales

Movimientos Sociales (14)

A finales de los años 70 y comienzos de los 80, el Departamento –así se llamaban en esa época los equipos– de Trabajo Rural de Cinep, conformado por León Zamosc, quien lo coordinaba, Silvia Rivera, Diana Medrano y Cristina Escobar, se dio a la tarea de apoyar a la Anuc (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos), especialmente a su ala más radical, la llamada Línea Sincelejo, que en ese momento mostraba signos de división y debilidad organizativa así como de reflujo en sus luchas. Además de actividades de acompañamiento y educación, el equipo rural emprendió una desafiante pesquisa sobre la historia de dicha organización.[1] En esa dirección recopilaron la documentación oficial emitida por el Estado y especialmente el Incora (Instituto Colombiano de Reforma Agraria), así como la producida por los dirigentes de las distintas organizaciones campesinas, regionales y nacionales. Acudieron también al archivo de prensa del Cinep y del Incora. Y realizaron más de 150 entrevistas a lideres campesinos y funcionarios estatales. Los frutos de esa investigación fueron tres publicaciones y un rico archivo que recogía esas fuentes, que con el tiempo se conoció como el Archivo de luchas Campesinas.[2]

 Investigadores del área rural que reemplazaron a Zamosc y su equipo, guardaron celosamente este archivo no en la Biblioteca, sino en sus oficinas. Algunos tuvimos la oportunidad de revisarlo y así lo reconocimos en respectivas publicaciones.[3] Desafortunadamente la rotación de personal, cambios locativos y decisiones administrativas nada acertadas a mediados del decenio pasado hicieron que el archivo de luchas campesinas se perdiera.

 En 2017 León Zamosc, actualmente profesor de Sociología de la Universidad de California en San Diego, se enteró de esa pérdida y generosamente decidió reponerlo parcialmente entregando algunos de los documentos que guardaba en su “archivo de baúl”, según expresión Orlando Fals Borda. En efecto a comienzos de 2018 hizo entrega a la Biblioteca de Cinep de tres paquetes documentales que fueron rápidamente escaneados para preservarlos por medios virtuales.

 De esta forma el actual Archivo de Luchas Campesinas que presentamos consta de tres secciones: la primera “Documentos varios” contiene, como el nombre lo indica, algunos textos recopilados en la mencionada investigación sobre la Anuc en los años 70; la segunda guarda extractos de cerca de 150 entrevistas a líderes y dirigentes campesinos así como a funcionarios estatales de la época;[4] y la tercera abarca informes de talleres con organizaciones campesinas, hechos en 1983 por los continuadores del equipo rural con la idea de socializar dicha investigación. Esos son las fuentes originales que hoy ponemos a disposición del público, como fue el deseo de León Zamosc al donarlas.

 Mauricio Archila Neira

América Latina: auge de las luchas reivindicativas


Opiniones de algunos sectores de la Anuc-Línea Sincelejo


Entrevistas Base ANUC

________________

[1] Fernán González, “La experiencia del CINEP: una escuela de investigadores, en Fernán González, editor, Una opción y muchas búsquedas, Bogotá, Cinep, 1998, pp. 43-44.

[2] Los libros fueron: León Zamosc, Los usuarios campesinos y las luchas por la tierra en los años setenta, Bogotá, Cinep, 1982;Cristina Escobar, La trayectoria de la Anuc, Bogotá, Cinep, 1982; y

[3] Tal fue mi caso: Mauricio Archila, Idas y venidas, vueltas y revueltas, Bogotá, Cinep, 2003. Carlos Salgado y Esmeralda Prada también lo utilizaron en su libro Campesinado y protesta social en Colombia, 1980-1995, Bogotá, Cinep, 2000. El último investigador que pudo consultarlo fue Alexander Pereira para su tesis de pregrado sobre Orlando Fals Borda en la carrera de Historia de la Universidad Nacional en 2005.

[4] Allí se encuentran interesantes testimonios de dirigentes sociales y políticos de ese entonces; no deja de ser curioso que algunos de ellos hoy se ubiquen ideológicamente en las antípodas de lo que eran en ese momento.

La Base de Datos de Luchas Sociales de CINEP ha registrado desde 1975 la trayectoria de las luchas estudiantiles que se han dado en el país hasta nuestros días.

Este especial hace un reconocimiento a estas luchas, a los estudiantes que han sido asesinados en la defensa del derecho a la educación pública, gratuita y de calidad, a los maestros y trabajadores de las universidades e instituciones públicas que hacen parte de estas reivindicaciones y al movimiento estudiantil colombiano.

 

Una historia de luchas*

En esta línea de tiempo encontrarás los hitos más importantes de la movilización estudiantil. Desde 1910 a nuestros días, los estudiantes han sido uno de los actores activos de movilización más importantes en Colombia.

 

 

 Radiografía de las luchas estudiantiles : de las motivaciones a los retos.

¿Por qué es importante la movilización hoy?

Mauricio Archila, investigador del equipo de Movimientos sociales y profesor de la Universidad Nacional de Colombia reflexiona sobre algunos puntos importantes para entender la movilización estudiantil del 10 de octubre de 2018.

 

 

*Este especial fue elaborado con la información suministrada por el equipo de Movimientos sociales del Cinep/PPP

Equipo de Movimientos sociales

Mauricio Archila
Martha Cecilia García
Leonardo Parra

Equipo de comunicaciones 

Miguel Martínez
Mónica Osorio Aguiar
Laura Inés Contreras Vásquez

 

Bogotá, 16 de septiembre de 2018

Señor ministro:
En menos de mes y medio usted ha hecho dos pronunciamientos públicos sobre la protesta social. La primera vez, antes de su posesión como ministro de defensa, pidió que ésta fuera ordenada y que representara los intereses de todos los colombianos y no solo de un pequeño grupo. Quisiera contarle que la protesta es, ante todo, un acto disruptivo que se despliega en escenarios públicos, mediante el cual grupos diversos expresan demandas o reivindicaciones propias y particulares, motivo por el cual no puede representar los intereses de todos los colombianos. Las protestas son una forma de acción política no institucional que pone en evidencia precisamente las diferencias en el seno de la sociedad. Diferencias culturales, étnicas, de género, generacionales, religiosas, lingüísticas, de capitales políticos, económicos, de posibilidades de incidir en los asuntos que rigen la vida colectiva, entre otras.

Señor ministro: no le tema a la diferencia, es parte de este país rico en biodiversidad, es decir en formas de vidas distintas –humanas y no humanas–, capaces de interactuar. No pida la homogeneidad, nada más aburrido que ser idénticos, nada más patético y antidemocrático que el pensamiento único. No le tema a las multitudes en las calles y en las carreteras, más bien dispóngase al diálogo, a la escucha, a la mirada, al reconocimiento de las múltiples otredades que hacen este país.

La segunda vez que se refirió a la protesta –precisamente a un día de conmemorarse 41 años del Paro Cívico Nacional de 1977– la criminalizó al asegurar que es financiada con los dineros ilícitos de cinco grupos armados organizados. Con tan temeraria afirmación, usted resta la posibilidad de que múltiples y diversos grupos sociales tengan voz y visibilidad, niega la autonomía de grupos, organizaciones y movimientos sociales para expresar desacuerdos, necesidades, propuestas, ocluye la posibilidad del diálogo social al que tantas veces se ha referido el actual presidente y, lo que es peor, termina recordándonos las palabras del ministro Lemos Simonds y el asesinato de Bernardo Jaramillo Ossa en 1990.

Sus tesis en esta segunda intervención me suscitaron muchas preguntas y voy a plantearle algunas, recurriendo a las expresiones que en ella utilizó:
¿Sabe usted cuál de los grupos armados que “corrompen y financian la protesta social” costeó la marcha llevada a cabo en Pereira y Armenia el 13 de marzo de 1998, convocada por el comité intergremial, Fenalco, y la Iglesia Católica por el derecho a vivir, después de una oleada de actos delincuenciales y asesinatos ocurridos en estas dos capitales departamentales? ¿Cuál de esos grupos pagó la marcha convocada por la Cámara de Comercio de Caquetá el 13 de mayo de 2014, en la que participaron comerciantes y sus empleados, y ganaderos, bajo la consigna "Caquetá sí existe", para pedirle al gobierno poner más atención a la reactivación económica del departamento y atender las demandas de los paros para que no los afecte a ellos?

¿Cuáles son las mafias organizadas que siempre han estado detrás de las protestas convocadas por el Centro Democrático contra las Farc y el secuestro (por ejemplo, la del 4 de febrero de 2008) y en contra de las negociaciones de paz con las Farc y por la dignidad de las Fuerzas Armadas llevadas a cabo el 7 de agosto de 2015 y 2 de abril de 2016? ¿Esas mafias también empujaron al partido del presidente actual y a otros promotores del NO a encabezar una marcha para exigir a la mesa de negociaciones de La Habana que se respetara el resultado del plebiscito del 2 de octubre de 2016 y se tuvieran en cuenta las propuestas que hicieron, y para mostrar su rechazo a la "ideología de género" del acuerdo? ¿Han continuado financiando al CD que el 1° de abril de 2017 lideró una marcha en Villavicencio, en contra del gobierno de Santos bajo la consigna: "No permitamos que Colombia se convierta en Venezuela"?

Y recurriendo a su buena memoria, sáqueme de una duda, señor ministro: ¿cuáles son las mafias de verdad que fomentaron aquella protesta incitada por militares del Batallón de Infantería No. 40 ‘Coronel Luciano D'elhuyar’, el 29 de marzo de 1992, en El Carmen de Chucurí, con la que se intentó impedir la detención del alcalde de ese municipio y de 26 personas más investigadas por la Fiscalía por presuntamente pertenecer y/o auxiliar a paramilitares? ¿Acaso son las mismas que sufragaron la marcha nacional del 6 de diciembre de 2011, convocada por el Ejército Nacional para exigir a la guerrilla de las Farc ponerle fin al secuestro y que, según dijo el propio presidente de la República, fue una manifestación de rechazo a la violencia?

Podría contarme a mí y a otros curiosos ¿cuáles son las mafias supranacionales que respaldaron al Obispo de Cúcuta cuando lideró una marcha el 11 de octubre de 1984, contra el desempleo, la desnutrición y el analfabetismo? ¿Son las mismas que prohijaron las marchas lideradas por la iglesia católica, en septiembre de 1992, para rechazar la abolición de la enseñanza religiosa en los colegios? ¿Existe alguna relación entre las mafias internacionales que apoyan a dicha iglesia y las que impulsan las protestas de grupos cristianos como las realizadas entre 2005 y 2006 en diversas regiones del país en contra de pérdida de valores, contra el aborto y el homosexualismo, y el “arrodillatón” del 16 y 17 de mayo de 2016 en contra de la decisión de un juez de suspender la práctica de la oración antes de iniciar las sesiones del Concejo Municipal de Cartagena, atendiendo el mandato constitucional de no imponer prácticas religiosas de manera obligatoria?

¿Cuál de los cinco grupos armados organizados que usted mencionó pagó las marchas contra el secuestro llevadas a cabo en diciembre de 1996, convocadas por Francisco Santos, actual embajador en Estados Unidos, y su Fundación País Libre? ¿Cuál mafia corrompió y financió la marcha global citada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para el 1° de abril de 1998, contra las formas intolerables de trabajo infantil?
Como estos, hay miles de ejemplos de protestas sociales en la historia reciente del país en los cuales, como he querido mostrar, no se podrían hacer señalamientos como los que usted hizo, que terminan criminalizándolas.
Señor ministro: buena parte de los manifestantes saben que la protesta es un derecho consagrado constitucionalmente. Pero ello no basta. Por eso, lo que también se exige en las protestas es contar con garantías para ejercer este y el derecho a tener derechos como ciudadanos de este país.

Cordialmente,

Martha Cecilia García V.
Investigadora del Cinep

Qué debería contener una Ley sobre el derecho a la protesta, y qué tan adecuado es el camino que ha sugerido el nuevo ministro de Defensa

Por: Mauricio Archila* y Martha Cecilia García**

De opositor a promotor

En días pasados, Guillermo Botero, —designado como Ministro de Defensa del gobierno e de Iván Duque— habló sobre la protesta social en la Cumbre Concordia Américas.

No deja de ser sorprendente que el nuevo ministro se refiriera a este tema, en lugar de  los asuntos álgidos, como la ola de violencia contra los líderes sociales, las amenazas a los periodistas, o incluso la persistencia de otras modalidades de la guerra en el campo. Pero aun así debemos reconocer que fue importante poner sobre la mesa el derecho a la protesta y expresar su interés en una Ley Estatutaria que lo reglamente.

Esto llama la atención porque de algún revive un proceso que se había estancado en el Congreso y que venía del Acuerdo de Paz: el proyecto de Ley Estatutaria sobre garantías para la movilización y la protesta que surgió del punto 2 del Acuerdo con las FARC, en cuya redacción participaron varias organizaciones sociales coordinadas por tres ONG (Viva la Ciudadanía, Foro Nacional por Colombia y Centro de Investigación y Educación Popular, Cinep), un proyecto que Santos había presentado  para trámite por la vía del “fast track”.  

Al parecer el Congreso se abstuvo de tramitar aquel proyecto debido a la resistencia de los gremios y de sectores de las Fuerzas Armadas. Es curioso que ahora sea Botero, el “eterno presidente” de la Federación Nacional de Comerciantes  (Fenalco) y el entrante ministro de Defensa, quien propone ocuparse del asunto.   Pero esta tardía coincidencia se disipa cuando Botero sugiere las líneas gruesas de la ley en cuestión: “En el ámbito social respetamos la protesta social, pero también creemos que esta debe ser una protesta ordenada, que verdaderamente represente los intereses de todos los colombianos y no sólo de un pequeño grupo…”

Está bien que se respete la protesta social, pues es un derecho fundamental consagrado en los artículos 37, 19, 20 y 40 de la Constitución, pero el resto de la sucinta de la declaración del ministro no puede ser aceptado por la ciudadanía en general ni -en especial- por los integrantes de movimientos sociales en Colombia. En este análisis  distinguiremos dos puntos polémicos: el ordenamiento de la protesta y los intereses que representa.

Al final propondremos algunas precisiones sobre las cifras de Cinep que el entrante ministro citó en su intervención, pues no se ajustan del todo a los de nuestra Base de Datos de Luchas Sociales.

Ordenamiento de la protesta

Aunque el ejercicio del derecho a la protesta necesita de una regulación u ordenamiento que lo garantice, también es cierto que con ese “ordenamiento” se corre el riesgo de anular ese derecho.

De nuestros estudios y análisis históricos se sigue que la protesta es una de las formas principales de participación ciudadana en Colombia, y que en la gran mayoría de los casos, ella transcurre de manera pacífica. La gente suele acudir a la protesta en situaciones o momentos límites, cuando se agotan otros canales de participación o expresión del descontento ante situaciones injustas o excluyentes.

Por eso mismo la protesta no siempre es planeada, menos aun cuando se trata de respuestas espontáneas ante actos de violencia, como cada vez con más frecuencia está sucediendo hoy con los líderes sociales.

El ideal es por supuesto notificar con anticipación a las autoridades, para que estas puedan acompañar a los manifestantes y efectuar los ajustes necesarios para la movilidad en las ciudades y regiones.

Pero no siempre es posible anunciar de antemano el lugar o la hora de una movilización, y en todo caso la ausencia de notificación no debe traducirse automáticamente en la ilegalización de la protesta. Poner un requisito perentorio de ese tipo sería cercenar el derecho a ejercer la protesta, pues, como dijimos, no siempre es planeada.

¿Qué intereses debe representar la protesta?

El entrante ministro de Defensa afirmó que la protesta no debe responder a los intereses de pequeños grupos sino al de todos los colombianos.

No entraremos en la exclusión gramatical del género femenino, pero ya hay un sesgo en la expresión “todos los colombianos”. Botero hace ese llamado apelando al interés general, que por demás es muy difícil de determinar, a menos que se suponga -como ha ocurrido a lo largo nuestra historia- que los gremios empresariales son quienes representan esos intereses.

Por otro lado, excluir los intereses particulares es anular la protesta. Precisamente, la protesta recoge la posibilidad de expresión de intereses particulares que, obviamente, deber ser debatidos y acordados en escenarios públicos más amplios.

No hablemos en abstracto, basta con pensar en la abundancia de casos de trabajadores a quienes no se le paga su salario a tiempo, de estudiantes a los que se les cae la escuela o les faltan maestros, de enfermos que no reciben atención en los hospitales porque están a punto de quebrar, de campesinos violentamente desterrados de sus tierras, de indígenas a quienes se les niega su cultura propia, o de afrodescendientes a quienes no se les reconocen sus territorios.

En fin, innumerables episodios cotidianos que muestran los pequeños y grandes desajustes de nuestra sociedad. ¿Cómo pedirles que atiendan a los intereses de “todos los colombianos”? ¿Quién determina esos intereses? Pedirlo es una forma más sutil, pero igualmente directa, de anular la protesta. Escondida tras el deseo loable de proteger los intereses generales,  la ciudadanía queda sumida en el silencio porque se ignoran sus reclamos particulares – tan particulares, en efecto,  como son los reclamos de los gremios en legítima defensa de sus propios asociados-.

Cifras sesgadas y lecturas convenientes

Ahora bien, para sustentar el proyecto de Ley sería bueno contar con una lectura acertada de las cifras de protesta que Botero ofreció en su breve presentación. Más que por purismo académico, lo sugerimos para evitar sesgos y lecturas descontextualizadas de las mismas.

El texto transcrito por los medios de comunicación dice que: “las protestas vienen en aumento: de acuerdo con las cifras del CINEP, en 2010 se reportaron 640 luchas sociales y en 2016 se registraron 1.019”. Ante todo, debemos precisar que esas cifras no coinciden con nuestros datos que arrojan 827 protestas para 2010 y cerca de 760 para 2016.

Ahora, más que quedarnos en los números, nos preocupa el mensaje que está en el fondo de la frase citada. Podríamos preguntarnos por qué tomar una cifra supuestamente baja en 2010 para contrastarla con una pretendidamente alta en 2016.

O por qué no decir, por ejemplo, que en 2007 hubo 1.016 protestas, en su mayoría motivadas por los derechos humanos. Es cierto que las protestas han aumentado desde finales del decenio pasado, cuando aún era presidente Álvaro Uribe, y que la tendencia se mantuvo con vaivenes bajo el gobierno de Santos, con el que llegamos al pico de 1.037 en 2013, el año del “tal paro agrario”.

Pero no es cierto que bajo el gobierno Santos se hubiera producido un desborde inusitado de las protestas, como si en cambio su antecesor la hubiera tenido controlada y ordenada. Las cifras nunca son puras y menos su interpretación, pero en este caso el sesgo es más que evidente, ¿por qué? Claramente, para legitimar la intervención sobre un fenómeno que parece estar saliéndose del cauce.

Aunque esto tampoco es cierto, como podemos ver en el siguiente gráfico:

Luchas Sociales en Colombia 1975-2016

 

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Fuente: Base de Datos de Luchas Sociales de Cinep

Por todo lo anterior nos preocupan las declaraciones del nuevo ministro de Defensa, Guillermo Botero. Aunque compartimos la necesidad de una Ley Estatutaria sobre el derecho y la garantía de la protesta, diferimos de los brochazos que lanzó en su propuesta en ese foro público.

Tendremos que esperar que esa propuesta se plasme en un proyecto de reforma que se pueda someter a examen más detallada. Por ahora, como va, no garantiza el derecho fundamental a la protesta sino que apunta a reprimirla y anularla.

Creemos que si el nuevo ministro de Defensa honestamente quiere promover una Ley Estatutaria sobre el derecho y la garantía a la protesta, no sólo debe pensar en las objeciones que le formulamos sino comprometerse a consultar, de manera amplia, a las organizaciones sindicales y sociales para llegar a consensos para consolidar la democracia.

Así podrían superarse, como promete el nuevo presidente, las polarizaciones en el país. Entretanto, declaraciones como las comentadas, no son el camino para lograr esos acuerdos fundamentales.

 

*Ph. D. en Historia, Profesor titular de la Universidad Nacional e investigador del  Cinep/PPP.

**Socióloga con maestría en Urbanismo, investigadora del Cinep/PPP.

Artículo publicado en Razón Pública el 23 julio de 2018

 

El Cinep/ Programa por la Paz, La Pontificia Universidad Javeriana de Cali, la Escuela Nacional Sindical y la cooperativa Confiar presentan la edición más reciente de la revista Controversia dossier "Territorios y Construcción de paz".
El presente número, con sus siete artículos y tres reseñas, se concentra en la complejidad del momento coyuntural que atraviesa hoy el país en su reto de iniciar procesos de construcción de paz desde los territorios.

Dossier "Territorios y construcción de paz"

Presentación

Por Víctor Barrera.  Leer

 Artículos del Dossier 

  • ¿Gobernabilidades híbridas o gobernanza institucionalizada en Colombia? Elementos para pensar la paz territorial en un escenario de transición. Leer
  • “Ya no vamos a poder dejar las puertas abiertas”: experiencias territoriales de cara al actual proceso de paz en Colombia. Una mirada a la región de El Pato. Leer
  • Las Farc y las organizaciones comunitarias en San Andrés de Tumaco: desafíos territoriales ante una eventual implementación de los Acuerdos de La Habana. Leer
  • Las prácticas paramilitares en el Alto Nordeste Antioqueño. Leer
  • State Expansion, Insurgent Resistance, and Territorial Control in Arauca 2002-2010. Leer
  • Enfoques sobre el reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescente. Leer
  • Pensar la paz… solo cuando tenga la tierra. Leer

 Reseñas 

  • Archila, M. (coord.); Arboleda, Z.; Coronado, S. et al. (2015). “Hasta cuando soñemos”, Extractivismo e interculturalidad en el sur de La Guajira. Bogotá: Cinep. Leer
  • Gloria Isabel Ocampo, Poderes regionales, clientelismo y Estado: etnografías del poder y la política en Córdoba, Colombia, Bogotá, Colección Territorio, Poder y Conflicto. Leer
  • Vásquez Delgado, T. (2015). Territorios, Conflicto Armado y Política en el Caquetá: 1900-2010. Bogotá: Uniandes. Leer

  

Edición impresa 
N.° de páginas: 349 | Tamaño: 16,5 x 21,5 cm | ISSN: 0120-4165 
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Hace 25 años existe el Seminario de Movimientos Sociales. Mauricio Archila, coordinador de este espacio nos contó lo que ha significado el Seminario para la academia, para Cinep/PPP y las lecciones aprendidas durante este tiempo.

¿Cómo surge el seminario de Movimientos sociales en Cinep?

Mauricio Archila: Hay una tradición de seminarios en Cinep desde sus orígenes porque como siempre tuvo esta práctica investigativa y académica, siempre hubo seminarios. Entonces hubo varios seminarios, unos muy famosos, como el de El Capital de Marx, que leímos los tres volúmenes, cada semana o cada 15 días alguien exponía y se elaboraban actas. Luego hubo unos seminarios cuando el Cinep estaba organizado por actores sociales, porque había un grupo de sindicalismo, otro de campesinos, otro de cívicos o de estudios urbanos, hasta existió uno de grupos cristianos. Y en el año 81 yo estuve en el equipo laboral y teníamos un seminario sobre este tema. Con algunas personas que trabajábamos el tema de movimientos sociales comenzamos a reunirnos, esa fue la iniciativa.

Hace 25 años, sin proponérnoslo, sin saber que iba a durar tanto, comenzamos a juntarnos para leer libros que nos alimentaran la reflexión y también discutir avances de investigación o de acompañamiento porque muchos de esos equipos también combinaban la cuestión de talleres, en este caso, sobre todo con los sindicalistas y trabajadores. El origen remoto es la tradición de Cinep de seminarios y algunos que coincidimos en el tema, nos juntamos alrededor de este.

¿Cómo fueron esos primeros encuentros? ¿Solo asistían quienes trabajaban en Cinep o también venían de afuera?

M.A: Este seminario en particular tuvimos la posibilidad de que alguien externo viniera, sobretodo porque como yo soy profesor de la Universidad Nacional, algunos estudiantes míos querían venir por motivo de sus tesis o de alguna investigación, siempre estuvo abierto para ellos. A veces pasaba que practicantes de Cinep venían y aunque dejaban de estar vinculados, seguían participando del seminario. Para la discusión de avances de investigación eso si ya era un equipo más cerrado. Nos reuníamos cada 15 días y en principio pues salvo unas dos veces que me acuerde que no hubo seminario. En este momento somos 12, hemos llegado a tener como 14 o 15. A veces éramos 4 o 5, si dos faltaban teníamos que cancelar y creo que solo ocurrió un par de veces en todo este tiempo.

¿Entonces la dinámica era más rígida?

M.A: Durante mucho tiempo fue un seminario con actas, alguien se encargaba de la exposición de una parte y otro hacía el acta. Era un poco más rígida por el tema del acta, pero de resto más o menos lo mismo. En un principio, yo proponía algunos temas, pero últimamente nos hemos vuelto un poco más democráticos, sobretodo porque hay gente que viene con diferentes intereses. No es un típico seminario de la universidad con notas y eso, soy el coordinador, pero en realidad es mucho más horizontal. Antes se disponía el acta, algunas personas se colgaban de ella, y eso era un complique, así que decidimos suprimirla hace 5 años. Ahora, alguien expone media hora, un capítulo o un texto y luego iniciamos la ronda de discusiones y más o menos dura dos horas, a veces nos quedamos un rato más. Yo le digo a la gente que los compromisos para hacer parte del seminario son asistir- nos ha pasado que van y se asoman y se van- leer, exponer, participar y a veces llevar un dulce o chocolate.

¿Cuáles son los personajes que han pasado por este seminario en 25 años?

M.A: Álvaro Delgado estuvo mucho tiempo participando allí, Luz Ángela Herrera que es una historiadora graduada en la Maestría de Estudios Regionales de los Andes, Íngrid Bolívar, Teófilo Vásquez, Mauricio Torres que es un activista del movimiento por la salud y sigue asistiendo todavía, Óscar Pedraza que es un joven que está haciendo su doctorado en Estados Unidos, Patricia Madariaga, entre otros. En general, la gente de los equipos que ha estado relacionada con movimientos sociales, ahí ha estado.

¿Qué le ha aportado el seminario de Movimientos sociales a Cinep?

M.A: Creo que le ha aportado un espacio de formación. La pasante actual de la revista controversia va y asiste al seminario; por ejemplo, así se formaron otras personas en el pasado como Ana María Restrepo, Leonardo Parra. Otra contribución que brinda este seminario a Cinep es la configuración de conceptos y categorías que van a iluminar las Bases de Datos de Luchas Sociales y algunas de nuestras investigaciones. En algunos casos derivan de estas investigaciones, algunas publicaciones. Una publicación que se hizo con el equipo de Estado Conflicto y Desarrollo que se llama Poderes, Conflictos e identidades en el Magdalena Medio, recientemente la publicación Tendencias de la movilización social en municipios críticos para el posconflicto. Los dos grandes aportes: espacio de formación y construcción de categorías y conceptos. Algunas reflexiones teóricas que pueden iluminar la investigación y la práctica de Cinep.

¿Cuáles han sido los aportes a la academia?

M.A: Creo que si se cuentan nuestros procesos investigativos eso es lo más importante. Las publicaciones, la consolidación de la Base de Datos porque una base de datos como la de Luchas Sociales si no se alimenta de lecturas y análisis, las bases no se mantienen. Necesitan personas que las lean y lancen debates a la sociedad, si no es una base muerta. La función de este seminario en el sentido de construcción de conceptos ayuda a la producción investigativa del Equipo de Movimientos Sociales, pero en general de Cinep. Están nuestros trabajos y publicaciones; por ejemplo, Hasta cuando soñemos fue un proceso entre equipos y con un componente comunicativo fuerte.

¿Cuáles son las lecciones aprendidas para un seminario que se ha mantenido en el tiempo?

M.A: Estar en Cinep ayuda, pero a veces pienso que, si me retiro, yo mantendría el seminario como una actividad. Funciona como un espacio de socialización y camaradería hasta cierto punto, no es un espacio muy formal. Cada 15 días nos estamos reuniendo, un logro es la permanencia. El detalle de cada 15 días de leer, no hemos leído más de 50 páginas para una sesión. Lo más rico no es tanto la exposición, cada vez es más difícil encontrar un texto que nos satisfaga a tantos y con tantos intereses distintos. Hay unos postmodernos, otros son más críticos, otros vienen de las ciencias sociales más tradicionales, entonces es difícil encontrar un texto que dé cuenta de las distintas tendencias. Pero la discusión es lo más rico. Porque las personas a raíz de la lectura, integrando otros textos y otras reflexiones hace unos comentarios muy sugestivos y pasamos dos horas de debate muy simpáticos. Hay un ejercicio académico, pero no es nada aburridor.

Alguna anécdota que haya sucedido en este espacio y que quiera compartir...

M.A: Recuerdo que salió el libro Campesinos y Nación. A Íngrid Bolívar le entró como el afán de leer ese libro y nos pusimos a leer dos capítulos por sesión y esa vez creo que si nos excedimos, porque eran 150 o 200 paginas por sesión. Parecía un trabajo de semestre de doctorado. Ese libro de 600 páginas lo leímos en tres sesiones. Ahí aprendimos que eso no vale la pena. Vale la pena ir más despacio, capítulo por capítulo y no juntar dos o tres para terminar a la carrera. Yo les digo que aquí no hay afán.

 

Laura Inés Contreras Vásquez
Equipo de Comunicaciones

Durante toda esta semana en la ciudad de Medellín se llevó a cabo el  XVIII Congreso Colombiano de Historia.  Esta versión del CCH rindió homenaje al fallecido historiador Jaime Jaramillo Uribe, formador de las primeras generaciones de historiadores en el país. Por esta razón y por su gran aporte al reconocimiento de la historia como una ciencia social, el CCH realizará diferentes eventos, entre los cuales se encuentra una Conferencia magistral que se enfocará en el reconocimiento a su obra.

El próximo 13 de octubre de  1:30 p.m. a 4:30 p.m. se llevará a cabo la mesa de trabajo Historia y movimientos sociales.  Esta mesa está coordinada por Mauricio Archila, investigador Cinep/PPP y de la Universidad Nacional, Alfonso Torres Carrillo de la Universidad Pedagógica y Jair Álvarez Torres de la Universidad de Medellín.

En el panel Lecturas de 40 años de luchas sociales se presentarán las ponencias de los investigadores del equipo de Movimientos Sociales:

  • Territorialidades en movimiento. Sentidos de las disputas por el espacio en las luchas sociales en Colombia (1975-2015) de Ana María Restrepo.
  • Visiones del desarrollo expresadas en las luchas sociales en Colombia (1975-2015) de Martha Cecilia García.
  • Transformaciones del mundo laboral en Colombia de Leonardo Parra Rojas.
  • Control estatal y policial de la protesta en Colombia (1975-2015) de Mauricio Archila Neira.

 Estas ponencias recogen algunas de las ideas principales que harán parte de una nueva publicación que saldrá en 2018 sobre 40 años de luchas sociales.

 

Ante a la participación del equipo de Movimientos Sociales del Cinep/PPP en este congreso, Mauricio Archila habla sobre el evento académico y las apuestas que tienen en las ponencias.

¿Cuál es la importancia del Congreso Colombiano de Historia?

Los congresos de historia se vienen realizando desde el año 1977 que fue en la Universidad Nacional. Es importante porque es la reunión de historiadores, aunque en realidad no todos los que van son historiadores, y es de lo pocos encuentros profesionales que hay en Colombia y que tiene un carácter relativamente masivo. Creo que también se le trata de apuntar a un balance de las investigaciones, de las tendencias de la historia, y no solo pensando en lo que se enseña en las universidades sino también en lo que se mueve en la sociedad. Este año va a ser en honor a un historiador que ya murió, Jaime Jaramillo Uribe, que fue el que de alguna manera inició la llamada nueva historia en Colombia.

Al mirar las ponencias centrales, hay mucha reflexión sobre conflicto, violencia y procesos de paz y hay otros ejes temáticos. Uno de esos es el de movimientos sociales e izquierdas que yo coordino con Alfonso Torres, de la Universidad Pedagógica. Allí el Cinep/PPP va a tener un panel en el que el equipo de movimientos sociales presentaremos avances de una investigación que estamos haciendo que la hemos llamado 40 años de luchas sociales, y que tiene que ver con los 41 años que cumple la base de datos de luchas sociales del Cinep/PPP.

¿Por qué es importante reconocer esa historia de los movimientos sociales en el país?

Yo creo que una expresión muy fuerte de la llamada sociedad civil son los movimientos sociales, sin ser lo único, porque también hay iglesias, hay gremios, hay universidad y otras formas de existencia. Pero una parte muy importante que expresa la vitalidad de una sociedad son los movimientos sociales, no necesariamente que acudan a la protesta, pero que se mueven y posicionan sus temas. En una sociedad como la colombiana que ha sufrido tanta violencia, y que la sigue viviendo, en la que la movilización social ha sido estigmatizada y criminalizada a lo que le apostamos desde Cinep/PPP y otras organizaciones es a despenalizar la protesta y dar una ley estatutaria de participación de ciudadana y de fortalecimiento de los movimientos sociales.

Dentro de esos 40 años de sistematizar los movimientos sociales ¿cuáles diría que son los hitos de la movilización social en Colombia?

Primero, insistiría en no quedarnos en los hitos porque eso puede dar una mirada a una historia épica, episódica, como una historia patria de los movimientos sociales que no es lo más propicio para que uno entienda procesos de más larga duración. Dicho eso, lo que nosotros encontramos es que hay una fuerte movilización durante el primer periodo de nuestro análisis, que es a finales del frente nacional y comienzos del gobierno de López Michelsen y allí encontramos un hito clásico que hace poco celebrábamos que es el paro cívico de 1977.

Luego disminuye un poco la movilización con el gobierno de Turbay y la aplicación del estatuto de seguridad. Hay un despertar de la movilización social a mediados de los 80 y allí hubo un as movilizaciones muy fuertes, sobre todo en el nororiente colombiano en el Magdalena Medio, Santanderes, Arauca en torno a unas organizaciones que había en esa época y que fueron prácticamente diezmadas, que se llamaban A luchar y la Unión Patriótica. Va a haber otros hitos hasta la movilización fuerte en el 2013, que ha sido el año de más luchas sociales que hemos registrado nosotros. Allí está la movilización campesina, y de mineros en el Catatumbo y de transportadores.

¿Cuál es la apuesta de este equipo de investigación al participar en el Congreso?

Este es un espacio en el que presentamos a la academia y a otros actores sociales, más que la base de datos y los resultados de nuestra investigación, algunas pesquisas e investigaciones que estamos haciendo en torno a diferentes temas. Ana María Restrepo está trabajando el tema de la noción del territorio para los movimientos sociales indígenas y campesinos e incluso para estudiantes o habitantes de barrios populares que ya empiezan a manejar ese término.

Marta Cecilia García va a presentar algo sobre las nociones de desarrollo, de vida buena en los movimientos sociales, que en algún momento le han apostado a planes de desarrollo pero últimamente todo este tema de la depredación de la naturaleza, de la necesidad de reconciliación con la madre tierra ha impactado mucho a los movimientos sociales. Leonardo Parra va a trabajar el tema de las transformaciones del mundo del trabajo, las transformaciones laborales, el desempleo, los independientes y la debilidad aparente del sindicalismo. Yo voy a hablar un poco de lo que llamo el control estatal de la protesta y la relación entre policía y protestatarios. Ese es el análisis desde el equipo. Todos mirando estos últimos 40 años de luchas y de la historia colombiana.

 

Laura Inés Contreras 

Miguel Martínez

Equipo de comunicaciones

En cumplimiento con el acuerdo de paz, y  como parte del Sistema integral de verdad Justicia, Reparación y No Repetición, el Cinep/Programa por la Paz postula a Mauricio Archila Neira a la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición.

Archila es licenciado en Filosofía y letras con especialización en historia de la Pontificia Universidad Javeriana. Realizó una maestría en economía en la que estudió el impacto del sindicalismo en los salarios. Es doctor en historia de la Universidad estatal de Nueva York Stony Brook, en el que analizó la formación de la clase obrera colombiana. Desde el inicio de su carrera académica, ha seguido la trayectoria de los movimientos sociales en Colombia en el siglo XX y XXI y su relación con las izquierdas políticas. En ese transcurrir ha documentado hechos de violencia contra los movimientos sociales, especialmente contra el sindicalismo

Se vinculó al CINEP/PPP como investigador asociado desde los años 80 y ha trabajado con las organizaciones sociales en sus territorios y regiones. Ha contribuido a  la construcción de las bases de información que este Centro elabora sobre luchas sociales.

Además, ha sido docente de la Universidad Nacional de Colombia desde 1978 en el departamento de historia, donde ha recibido varias distinciones por su trabajo, entre ellas el premio a la Docencia Excepcional en 2001, año en el que fue nombrado como docente emérito de dicha Universidad.

Ha sido miembro de la Asociación Colombiana de Historiadores desde su creación en 1987, la cual ha presidido en un par de ocasiones. Está vinculado desde hace años a equipos de LASA y grupos de CLACSO que trabajan sobre izquierdas y movimientos sociales en América Latina.

Es autor de varios textos de investigación entre ellos se destaca Idas y venidas, vueltas y revueltas. Protestas sociales en Colombia 1958 – 1990, publicado en 2003 y considerado uno de los documentos más importantes en análisis de los movimientos sociales de Colombia. Con esta investigación ganó el Premio Nacional de Ciencias Sociales Alejandro Angel Escobar en 2004.

Dada su trayectoria en investigación, en trabajo con comunidades, en trabajo académico, el Centro de Investigación y Educación Popular / Programa por la Paz, lo postula como candidato a la Comisión de Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición con el apoyo de diferentes instituciones académicas, sindicales y obras de la compañía de Jesús.

Se espera que durante las próximas semanas el comité de escogencia  seleccione a las personas que durante los siguientes tres años tendrán como función esclarecer los hechos ocurridos,  promover y contribuir al reconocimiento de las víctimas y promover la convivencia en los territorios, Todo esto en el marco del conflicto armado.

 

Miguel Martínez

Equipo de comunicaciones

Reseña del libro Hasta cuando soñemos: Extractivismo e interculturalidad en el sur de La Guajira, escrita por la profesora Joanne Rappaport publicada en la última edición del anuario colombiano de historia social y de la cultura

 

Joanne Rappaport

Antropóloga, PhD en Antropología Sociocultural, profesora de los Departamentos de Español y Portugués y de Antropología de la Universidad de Georgetown. Autora de los libros: Cumbe renaciente: Una historia etnográfica Andina (Bogotá, Editorial Instituto Colombiano de Antropología e Historia; Popayán, Editorial Universidad del Cauca, 2005),  The Disappearing Mestizo: Configuring Difference in the Colonial New Kingdom of Granada (Duke University Press, 2014), Utopías interculturales: Intelectuales públicos, experimentos con la cultura y pluralismo étnico en Colombia (Bogotá, Editorial Universidad del Rosario; Popayán, Editorial Universidad del Cauca, 2008) y La política de la memoria: Interpretación indígena de la historia en Los Andes colombianos (Popayán, Editorial Universidad del Cauca, 2000).

 
 

Encuentra las memorias del lanzamiento del libro

 

El Cinep/ Programa por la Paz, el Instituto Popular de Capacitación, Foro Nacional por Colombia, la Escuela Nacional Sindical y la cooperativa Confiar presentan la edición más reciente de la revista Controversia dossier "Ciudadanía en movimiento".

El presente número, con sus cinco artículos y dos reseñas, se concentra en la complejidad de la ciudadanía como conquista, proceso, institución y concepto:

  • La ciudadanía es una conquista demasiado humana y, por ende, conflictiva.
  • Como proceso, la ciudadanía no es homogénea ni uniforme: está anclada en tiempos y contextos sociales específicos. 
  • Como institución, se debate entre el control y la resistencia.
  • Como concepto, fluctúa en la generalidad ambigua de la sociedad civil y las actuales luchas territorializadas de los movimientos sociales.

Esta edición de Controversia también cuestiona los alcances de nociones como ley, identidad, participación y derechos al poner en tensión dos dimensiones de la ciudadanía: su carácter de status, recibido en la relación contractual de los individuos con el Estado; su carácter pragmático, entendido como ejercicio de capacidades y uso de mecanismos de autogestión para incidir en lo público.

 Así, el status y el “uso” de la ciudadanía se muestran en tensión cuando ambas dimensiones cruzan los debates jurídicos, culturales y constitucionales de la identidad sexual, la ética animalista, el derecho a la salud, el derecho a la educación y la gestión comunal. Esto, a su vez, evidencia actores que encarnan expresiones distintas de la ciudadanía o “ciudadanías directas diferenciadas”.

Ciudadanía en movimiento

Presentación

Por Juan Carlos Merchán Zuleta, editor especial del número 204. Leer
 

Artículos del dossier

  • El giro judicial del movimiento animalista y el naciente derecho de los animales no humanos en las altas cortes colombianas. Leer
  • Movimientos sociales subalternos: análisis crítico del discurso del Movimiento Nacional por la Salud y la Seguridad Social en Bogotá. Leer
  • “¿De qué reconocimiento hablamos en Colombia? Puede que seamos reconocidos por lo que no somos, pero no podemos reconocernos con lo que no sentimos”. Leer
  • Las organizaciones comunitarias como instituciones intermedias: las juntas de acción comunal en el municipio de Tenjo. Leer

Otro artículo

  • El invierno estudiantil chileno: ¿un Happy Ending? Leer

Reseñas

  • Scherer-Warren, I. (2012). Redes emancipatórias: nas lutas contra a exclusão e por direitos humanos. Curitiba: Appris. Leer

Hacia una teoría política anarquista. A propósito de: Gómez-Müller, Alfredo (Ed.). (2014). Anarquismo: Lo político y la antipolítica, Bogotá, Colombia: Desde Abajo. Leer

 

Edición impresa 
N.° de páginas: 203 | Tamaño: 16,5 x 21,5 cm | ISSN: 201-204165 | Costo: $32.000
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