El artículo veintidós de la Constitución Nacional establece que “la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”. Hoy se puede decir que los colombianos y colombianas decidimos tomar en serio este derecho y deber constitucional. Por eso, el veintitrés de julio que acaba de pasar será recordado por la historia, si este proceso tiene el éxito esperado, como el momento en que decidimos pasar del uso habitual de las armas y de la violación de los derechos humanos a la política sin violencia para construir las decisiones de orden político, social y económico que necesita el país, por la vía de las argumentaciones, los pactos y los acuerdos. En estos momentos estamos dando pasos significativos para lograr no solo la superación de la violencia armada, sino la construcción de nuevas mediaciones para hacer la política, es decir, la transformación de una cultura política basada en la exclusión de los otros y en la prevalencia absoluta de los intereses particulares, a la posibilidad del reconocimiento de un país pluriétnico y pluricultural, como también los reconoce nuestro ordenamiento constitucional.

Hace veinticinco años, a la nueva carta política se la llamó la “Constitución de la Paz”, al calor del proceso de paz del año mil novecientos noventa, motivado por una alta participación ciudadana que derivó en la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente y la posterior promulgación de la Constitución vigente. Esta carta reconoce de manera explícita un repertorio de derechos y de responsabilidades del Estado y de los Ciudadanos. La firma del Cese bilateral y definitivo del fuego, las garantías del respeto de esta firma, el serio y riguroso cumplimiento de este acuerdo y del esperado acuerdo Final que está por darse, es finalmente dar un paso profundo y significativo en el reconocimiento de los derechos que reivindica nuestra Constitución a los diferentes sujetos con sus anhelos y sueños de una vida mejor en Colombia. Si somos consecuentes con el proceso de diálogo de Paz, luego de dejar las armas y entrar en una nueva cultura política, construir la paz debe significar especialmente el reconocimiento de los derechos de los sectores que han sido más excluidos y violentados en el país: los indígenas, los negros y afrodescendientes, los campesinos y los trabajadores, las mujeres, los jóvenes y adultos mayores.

El papa Francisco manifestó frente a este momento que vivimos en el país: "Estoy feliz por esta noticia que me llegó ayer, sobre la firma del acuerdo del Cese al fuego definitivo. Más de cincuenta años de guerra de guerrilla, tanta sangre derramada. Ha sido una buena noticia".

Luis Guillermo Guerrero Guevara
Director General CINEP/PPP
 
 

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La amazonia colombiana no es el hermoso lugar que imaginamos. De acuerdo con datos de la organización Saving the Amazon, entre el dos mil doce y dos mil catorce Colombia ha perdido más de cuatro mil kilómetros cuadrados de bosque natural. Caquetá, Amazonas, Guaviare, Guainía, Vaupés y Putumayo, cuyas extensiones representan el cuarenta por ciento de nuestro suelo, se han situado como los núcleos de este desastre ecológico. En estos territorios las mayores víctimas son cientos de comunidades indígenas que se han visto afectadas por el crecimiento de la tala indiscriminada y otros factores como el de la minería ilegal. Sumado a esto, la fauna y flora de estas regiones se han visto amenazadas, y con ello, los recursos con los que los indígenas subsisten. Ante esta situación, las organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) han presentado el proyecto: “Inclusión de elementos claves de la propuesta indígena sobre REDD+ en la Amazonía” para avanzar en la búsqueda de soluciones que disminuyan el impacto ambiental en el territorio y aporten una visión indígena del fenómeno. Así mismo, el Gobierno, con el Ministerio del Medio Ambiente, el Ministerio de Agricultura y el IDEAM, junto con asociaciones campesinas e indígenas, lanzaron el pasado 3 de junio el Programa de Visión Amazonía; una estrategia que busca reducir a cero las emisiones de gas carbono en el dos mil veinte. Este proyecto, invertirá cien millones de dólares donados por Alemania, Noruega y Reino Unido; y su objetivo será mejorar las condiciones de vida de las poblaciones locales en los territorios amenazados, así como el sostenimiento de la biodiversidad de las regiones. Otros proyectos ejecutados por el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (SINCHI) también están contribuyendo a manejar las consecuencias que ha padecido la amazonia del país por la deforestación, la degradación de los bosques, los cultivos de uso ilícito y la contaminación de las aguas.     

El Papa Francisco, en el número treinta y ocho de Laudato si nos dice que “Tampoco se pueden ignorar los enormes intereses económicos internacionales que, bajo el pretexto de cuidar la naturaleza, pueden atentar contra las soberanías nacionales. De hecho, existen propuestas de internacionalización de la Amazonia, que sólo sirven a los intereses económicos de las corporaciones transnacionales. Es loable la tarea de organismos internacionales y de la sociedad civil que sensibilizan a las poblaciones y cooperan críticamente, utilizando legítimos mecanismos de presión, para que cada gobierno cumpla con su propio e indelegable deber de preservar el ambiente de su país, sin venderse a intereses espurios locales o internacionales”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara
Director General CINEP/PPP
 

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Hace una semana en Colombia se habló de la celebración del día de los campesinos. Sin duda que esta celebración se vuelve un agradecimiento a los habitantes del campo por todos los beneficios y servicios que ellos le aportan a nuestra sociedad. El país se alimenta por su producción agropecuaria; preservan y saben generar soluciones para el uso adecuado de los patrimonios naturales; son custodios de la diversidad cultural en cada una de las regiones del país y su capacidad de organización social nos muestra que las mujeres y hombres campesinos son pueblos que luchan por su reconocimiento y por el respeto de su dignidad. Pero a pesar de estos invaluables reconocimientos, la celebración hace agua y se convierte en una contradicción, cuando analizamos ¿por qué se da el paro agrario en el país?         

La Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular responde que el paro se organizó porque el gobierno incumplió los acuerdos pactados en los respectivos paros de los años dos mil trece y dos mil catorce, en los que se comprometieron más de doscientos cincuenta mil millones de pesos que se han venido aplicando a cuenta gotas. A pesar de estas negociaciones las políticas rurales gubernamentales que se están aplicando no responden a las reales necesidades de los habitantes del campo para conseguir la paz con justicia social y ambiental. Por eso, los manifestantes están pidiendo al Gobierno que garantice la participación de las comunidades en la construcción de una reforma agraria que redistribuya y democratice la propiedad de la tierra en el país y que reoriente el modelo de desarrollo económico en armonía con la naturaleza y la diversidad cultural. A pesar de que el movimiento campesino exigió garantías para el diálogo formal con el Gobierno, tales como la desmilitarización y el cese de acciones represivas en todos los puntos de concentración, así como la no judicialización de todas las personas detenidas en el marco de las protestas, infortunadamente, tres indígenas han perdido la vida y ciento cuarenta y dos personas han resultado heridas. ¿Cuántos paros, protestas, desplazados y pérdidas de vidas necesitamos para hacer justicia a un sector tan golpeado por la inequidad económica, la exclusión política y el conflicto armado, como el campesino?

Frente a esta situación la Conferencia de Aparecida en el número cuatrocientos setenta y cuatro propone: “Buscar un modelo de desarrollo alternativo, integral y solidario, basado en una ética que incluya la responsabilidad por una auténtica ecología natural y humana, que se fundamente en el evangelio de la justicia, la solidaridad y el destino universal de los bienes, y que supere la lógica utilitarista e individualista. Por tanto, alentar a nuestros campesinos a que se organicen de tal manera que puedan lograr su justo reclamo”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara
Director General CINEP/PPP