Editorial: Sin tierra no hay paz

  • Nov 16, 2018
  • Publicado en Prensa

El conflicto por la propiedad y uso de la tierra en Colombia es uno de los principales problemas sin resolver. Quizá el más profundo y estructural. Por eso en el Acuerdo de Paz, el punto sobre la reforma rural integral, tiene como desafío resolver este grave problema. Colombia es uno de los países que históricamente ha sido uno de los más desiguales de Latinoamérica en distribución de tierra. Y, esta desigualdad ha sido reconocida como uno de los detonantes en la creación de organizaciones guerrilleras y paramilitares. Si bien esta situación no justifica la terrible violencia, si la explica.

El reciente informe, Radiografía de la Desigualdad en Colombia, elaborado por la Oxfam Internacional, con base en el Censo Nacional Agropecuario, arrojó datos y análisis alertando sobre la dura situación que viven las comunidades rurales del país. Se indica que el 1% de las fincas de mayor tamaño tienen en su poder el 81% de la tierra; mientras el restante 19% de tierra se reparte entre el 99% por ciento de las fincas. Es injusto que el 0,1% de las fincas que superan las 2.000 hectáreas ocupen el 60% de la tierra. La propiedad de la tierra se ha venido concentrando en pocas manos, mientras la tierra de los desplazados y los baldíos de la nación han quedado en poder de personas y empresas terratenientes. En consecuencia, un millón de hogares campesinos viven en menos espacio del que tiene una vaca para pastar. A esto se agrega que el 42,7% de los grandes propietarios dicen no conocer el origen legal de sus terrenos. Respecto al uso de la tierra, los datos hablan del mal uso que se hace de ella: de 43 millones de hectáreas con uso agropecuario, 34,4 se dedican a ganadería y solo 8,6 a la agricultura. El uso debería ser a la inversa: 15 millones deberían utilizarse para ganadería y se usan el doble; mientras 22 millones deberían usarse para cultivar, pero estamos lejos de esta cifra. No hay duda, se necesita un fuerte cambio en el campo si queremos una paz justa, estable y duradera.

En carta enviada por campesinos colombianos al Papa durante su visita a Colombia el año pasado, decían: “Creemos, al igual que el santo padre, que la tierra debe estar al servicio de la vida y la justicia. Que la agricultura, la alimentación y la vida digna de los campesinos son factores indispensables para el presente y el futuro de la humanidad. Que la madre tierra es un don de Dios y no debe ser utilizada por multinacionales extrayendo de sus entrañas y acabando con la vida, favoreciendo solo a unos pocos vulnerando los derechos de los menos favorecidos. Acogemos con gozo y esperanza su mensaje a los campesinos del mundo donde nos abriga con sus palabras llamando a la solidaridad, la justicia y la equidad. Con esperanza y fe en Dios”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara

Director del Cinep/Programa por la Paz

El Banco de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política de Cinep/Programa por la Paz presentó a la opinión pública su informe anual de 2017, el cual se tituló No son líos de faldas, son líos de tierras.

Para Luis Guillermo Guerrero, director de Cinep/PPP, “la guerra sucia sigue vigente en Colombia y las noticias no son las mejores en materia de DD. HH. y el DIH”  En el 2017 las víctimas de ejecuciones extrajudiciales por abuso de autoridad, intolerancia social y persecución política por agentes directos o indirectos del Estado se incrementaron en comparación con el año 2016 en un 20%, pasando de 115 víctimas a 138 en el 2017

De esta manera, el último informe presenta que la mayor responsabilidad es atribuida a grupos paramilitares quienes utilizaron la amenaza como método de victimización con 609 casos.  Seguido por la Policía Nacional quienes implementaron acciones represivas especialmente por medio del Esmad, con un total de 540 victimizaciones, entre ellos 31 ejecuciones extrajudiciales y 134 detenciones arbitrarias. Las acciones por parte del Ejército Nacional aumentaron en el 2017 de manera significativa con un 22% más en comparación con el año 2016, con 141 victimizaciones.

Con respecto a la naturaleza del fenómeno paramilitar que sigue vigente, según Javier Giraldo, S.J., “el lenguaje oficial se ha dedicado a cambiarles el nombre, su naturaleza o sus características. Pero en la información del Banco de Datos se demuestra que no es así”

 Por su parte, Luis Guillermo Guerrero enuncia tres conclusiones importantes sobre el informe: primero, que no se ha reducido la violencia, sinoque han variado los métodos con que se ejerce, segundo, que el Estado y la sociedad tienen un compromiso con las víctimas que deben asumir; y tercero, que hay fuerzas políticas que están desestabilizando la implementación de los acuerdos de paz.

 El tema a resaltar en el informe es la violencia que coarta los liderazgos en torno a la restitución de tierras.  El Cinep/PPP conoció y documentó en el año 2017, 22 casos cometidos contra líderes de restitución de tierras que causaron un total de 56 víctimas individuales y 30 victimizaciones colectivas.

 El informe también muestra que el departamento con mayor número de victimizaciones asociado al tema de tierras es Chocó. En segundo lugar, está Antioquia, sigue Córdoba y después Cesar y Arauca. En su mayoría la presunta responsabilidad es de paramilitares.

 Adicionalmente, el Cinep/PPP quiso llamar la atención sobre la situación de derechos humanos en Meta y Guaviare. Luis Enrique Amado, de la Pastoral Social del sur fue uno de los voceros que hizo énfasis en el tema étnico y campesino del sur del país quien señaló que "Tenemos que dejar de ver a la tierra como un hecho mercantil. Para las comunidades, la tierra es su propia piel. Cuando hay despojo es como si les arrancaran el pellejo.". Así mismo, Omar García, del Banco de Datos del Suroriente colombiano hizo un llamado sobre las afectaciones delas comunidades por la defensa de su territorio y el medio ambiente: “La explotación petrolera en las faldas de la cordillera está poniendo en riesgo la matriz de las aguas. Líderes se han visto amenazados por su acción de defensa ambiental".

 Para más información sobre los casos registrados por el Banco de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política, entre julio y diciembre de 2017, consulte la revista Noche y Niebla edición no. 55

 

Laura Inés Contreras Vásquez

Equipo de Comunicaciones

In memoriam

Momentos antes de morir caminábamos y conversábamos. La calle empinada por la que subíamos se hizo más aguda y exigió de nosotros una respiración más a fondo y un andar más pausado, sin prisa, en el que las palabras se dieron al silencio y el corazón a la meditación. Tras esperarlo unos metros adelante, sentí que ya se aproximaba a mí, lo miré, sonreía, pero la muerte, que no tiene pausa, lo arrastraba ya a toda prisa y, por más que corrí con todo mi aliento cogiéndolo con mis dedos por algunos girones de su camisa, no logré rapárselo de regreso. Allí estuvimos juntos, sin saberlo de antes, para esta cita con la muerte; la suya… y yo que también con él moría un poco.

Llevo estos días resucitando y también dejando que Marc resucite en mis recuerdos. En ello he estado, dejando ponerse en flor algunas ideas que quiero compartir, renacientes de tantas conversaciones con él. Marc siempre fue de este modo un maestro. Quiero escribir estas líneas desde el espíritu, desde la sensibilidad humana que nos une; es allí donde todas las cosas valen la pena. He aquí un par de lecciones del maestro:

Comprendo ahora, con más fuerza, que el trabajo apasionado de un hombre, de una mujer, por una causa grande, como lo es la paz, es espiritual. No puede ser desde otro lugar; no puede ser desde el poder, desde el interés material, desde la vanidad individual. Es un trabajo profundo del espíritu. Marc trabajó con pasión más de 30 años por la paz de Colombia; tal fidelidad en este propósito, tal sentido de entrega rigurosa a profundizar en las causas y proponer alternativas sólo es posible desde el espíritu. Desde allí, con el amor que tantos reconocemos de él, fue construyendo comunidad. Su pasión por la paz venía empujada desde este lugar de trascendencia en el que él ahora se encuentra.

Comprendo también, desde este mismo lugar, por qué para un académico de la talla de Marc Chernick lo más importante es la gente. Marc fue un estudioso de Colombia que hizo su carrera a punta de cincel, en diálogo con los campesinos, con los indígenas, con líderes y organizaciones en muchas regiones del país, a la par que con la academia internacional. No fue un académico de escritorio; su diálogo no era con las elucubraciones abstractas, su diálogo era con el sentir de la gente. Su diálogo “académico” fue desde el lugar de lo profundamente humano, buscando comprender anhelos, preocupaciones, sueños de la gente. La sensibilidad de Marc resonaba como una melodía en su chelo. Un acuerdo de paz, un cambio estructural, una transformación política, tienen sentido si tocan la profundidad humana de la gente, si resuelve sus problemas, si crea condiciones para la buena convivencia. Las conexiones de Marc fueron desde el espíritu; pues sólo desde allí se dimensiona la profundidad del ser humano.

Y comprendo ahora, a la postre, por qué Marc siempre sonreía. Se deriva de allí; pues la expresión más evidente del espíritu, del amor, es la alegría. Aun en medio de las confesas decepciones de Marc con los procesos de paz en el país, que estudió con tanto ahínco, siempre estuvo allí con esperanza e interés de aportar. Lo hacía feliz compartir con la gente, charlar con todos, escuchar sus historias, conocer su trabajo, indagar por sus apuestas, sus aprendizajes, sus logros en medio de tantas dificultades y conflictos. Marc siempre quería venir a Colombia y correr a las regiones; siempre quería estar con la gente, siempre buscó esta fuente de conocimiento, que en el fondo, desde el espíritu, es fuente de alegría. Todos recordamos a Marc sonriente. Estaba enamorado, por eso siempre quería venir al país, y ese amor lo hacía feliz. Fue lo último que hablamos momentos antes de morir. Le pregunté cómo se sentía en Colombia, cómo estaba pasando este tiempo, ya como residente. Y me respondió con su voz calmada y profunda, con tanto regocijo, que hasta yo mismo sonreí: “Estoy muy feliz”.

Marc, ahora respiro profundo, resucitado, con serenidad. Ahora estamos unidos en una gran comunidad. Que nos mueva el espíritu. Eso somos. Eso necesitamos.

 

Fernando Sarmiento Santander

Bogotá, 24/04/2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más de 90 líderes sociales han sido asesinados desde la firma de los acuerdos. Estos casos son visibles hoy, en parte, gracias a que los índices homicidios asociados al conflicto armado han disminuído.

Nos acompañaron:

  • Alberto Yepes. Director del Observatorio de DD. HH. de la Coordinación Colombia - Europa - Estados Unidos (CCEEU)
  • Camilo Bonilla. Coordinador del Área de investigación de la Comisión colombiana de Juristas
  • Camila Carvajal. Investigadora del Cinep/Programa por la Paz. Equipo Conflicto, Estado y Desarrollo

Programa producido por Javeriana Estéreo 91.9 FM Pontificia Universidad Javeriana y Cinep Programa Por la Paz.

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Como cierre del Diplomado en Gestión participativa de la política pública educativa se reunieron más de 200 líderes del sur del Tolima, entre ellos, docentes, rectores de instituciones educativas, estudiantes y representantes de organizaciones sociales. El diplomado se desarrolló entre julio de 2017 y abril de 2018 en Ataco, Rioblanco, Planadas y Chaparral y buscaba el encuentro de multiplicidad de actores interesados en la educación rural y la construcción de paz en el departamento y el país.

La realización del diplomado en esta región es muy significativa, ya que el sur del Tolima ha sido una zona histórica del conflicto armado colombiano. Muy cerca al municipio de Planadas se instaló la república de Marquetália, cuna de las Farc a inicios de la década de los 60. Desde entonces toda la zona ha tenido presencia de actores armados y por consiguiente enfrentamientos entre ellos. La zona ha sido muy disputada pues cuenta con amplia diversidad de climas y por lo tanto, de gran producción agrícola. “Por muchos años se nos consideró una zona roja del conflicto, pero de ahora en adelante nos van a reconocer por trabajar por la educación rural” afirmó una de las asistentes. La riqueza natural, sumada a la poca presencia del Estado y el difícil acceso a algunos municipios, han hecho del sur del Tolima un lugar azotado por la violencia durante más de cincuenta años.

Al evento asistieron los integrantes del consejo asesor regional de Educapaz, autoridades educativas del departamento, entre ellos, el secretario de educación departamental, Jairo Cardona; el secretario administrativo con funciones de secretaría de educación municipal en Chaparral, Manuel Oviedo;y directivos de la Pontificia Universidad Javeriana, Cali y el Centro de Investigación y Educación Popular/Programa por la Paz (Cinep/PPP). Todos los participantes fueron certificados por su participación en el diplomado, además se entregó el mapa de oferta educativa de cada municipio, que se constituye en el primer resultado colectivo de los encuentros en cuanto al análisis del contexto educativo del nivel local.

“En la coyuntura actual del país, es de vital importancia replantear el modelo educativo para que atienda a las necesidades de la población rural y en especial en el contexto tan difícil de violencia que ha vivido el sur del Tolima”, dijo Oscar Sánchez, coordinador de Educapaz en su discurso. En esto coincidió Luis Guillermo Guerrero, director del Cinep/PPP, quien añadió que la tarea de pensar la educación rural en el departamento apenas comenzaba: “a partir de ahora inicia el verdadero trabajo de ustedes en la construcción de una política pública de educación para sus propias necesidades”.

Los temas trabajados en el diplomado fueron: las políticas educativas actuales, de las propuestas que trajo el acuerdo de paz en temas de educación, los medios de exigibilidad ante los entes gubernamentales y en concertación con los distintos actores involucrados en la educación en el campo.

En medio de acciones simbólicas, como la construcción de una red a partir de la unión de trozos de lana o manifestaciones culturales de música, canto y baile de ritmos típicos de la región, los participantes y autoridades se comprometieron públicamente a trabajar para mejorar las condiciones de la educación en las poblaciones rurales del departamento. “Desde la gobernación tenemos las puertas abiertas para hablar con ustedes y analizar las propuestas que promuevan mejor formación para nuestros niños y niñas”, aseveró el secretario de educación, Jairo Cardona.

Para los participantes, el diplomado no solo les brindó herramientas técnicas para conocer y examinar las políticas actuales, sino también les permitió crear una amplia red que vincula a las poblaciones de los cuatro municipios para trabajar en conjunto. “La idea es seguir con la dinámica que traemos de las mesas locales para discutir al interior de los municipios y luego concertar acciones concretas con las personas de los otros municipios y así trabajar mancomunadamente para hacer más presión a las autoridades”, manifestó Adonay Castillo, líder del municipio de Rioblanco.
El Programa Nacional de Educación para la Paz (Educapaz) trabaja en dos líneas estratégicas: acompañamiento educativo en zonas rurales e incidencia en educación socioemocional y para la ciudadanía en el casco urbano. De esta iniciativa son socios: Cinep/PPP, Fe y Alegría, Fundación Escuela Nueva, Fundación para la Reconciliación, Universidad Javeriana sede Cali, Aulas en Paz, Convivencia Productiva y la Universidad de los Andes.

 

Miguel Martínez
Equipo de Comunicaciones