“Vamos por la paz – Ensemble pour la paix” es un proyecto integrado por 14 organizaciones de la sociedad civil colombiana y por la Red Francia Colombia Solidaridades (RFCS) y sus miembros. El proyecto está coordinado por Solidarité Laïque y cofinanciado por la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD). De un lado y del otro del Atlántico, las organizaciones colombianas y francesas socias del proyecto trabajan para el respeto y exigibilidad de los derechos humanos, la educación a la paz, la defensa del medio ambiente y la construcción de una paz duradera en Colombia. Las relaciones de cooperación entre las organizaciones francesas y colombianas del proyecto han permitido crear esta alianza de solidaridad internacional. El proyecto tiene como finalidad contribuir a la construcción de una cultura de paz duradera, inclusiva y participativa en Colombia. Se busca desarrollar y visibilizar las iniciativas y experiencias de lucha contra la violencia, promoción de la paz y defensa del territorio en los departamentos del Choco y del Cauca llevadas a cabo por organizaciones comunitarias, sociales o de víctimas del conflicto social y armado. Asimismo, la meta es generar espacios de reflexión y de dialogo entre las organizaciones colombianas y francesas para contribuir para un mejor intercambio de experiencias y para llevar a cabo un trabajo de incidencia en tanto alianza colombo-francés.

 
 

 

En Tumaco, la sociedad civil le ha perdido el miedo a los violentos

Como una máquina de hacer banderas, unas diez mujeres están reunidas al atardecer en la Diócesis de Tumaco. Producen en masa y con rapidez los mensajes que utilizarán los tumaqueños que saldrán al otro día a las calles. Se ha declarado día cívico y el comité impulsor de la marcha Tumaco, unidos por la vida y la justicia espera que salga a las calles toda la población del municipio.

Los últimos dos años han sido complejos para la realidad de los habitantes de Tumaco y en especial para los que habitan la costa pacífica nariñense. El orden público se ha visto alterado por la inferencia de diferentes grupos armados, por el control que tienen en la zona los narcotraficantes, las amenazas, extorsiones, reclutamiento de jóvenes y recientemente, el asesinato en territorio fronterizo de los dos periodistas y el conductor del diario El Comercio de Ecuador, adjudicado a alias ‘Guacho’.

Entre marzo y abril los grupos armados ilegales han derribado cinco torres de energía y dejaron 15 días sin servicio de electricidad a los 250.000 habitantes del municipio. En lo que va de 2018 el oleoducto Trasandino ha sido blanco de 11 atentados, el más reciente afectó las corrientes de la quebrada La India y el río Caunapí, en el corregimiento de la Guayacana a tan solo 40 minutos del municipio de Tumaco.

No es la primera movilización que se realiza en el municipio ni la última que veremos en este año. El comité de impulso, conformado por sectores del comercio, por varias organizaciones sociales y por la Diócesis de Tumaco planean seguir manifestándose en otras capitales del territorio nacional y si es necesario llegar a Bogotá con sus exigencias para el Gobierno nacional y el mensaje a los armados a que paren la violencia.

Las mujeres organizan los mensajes que cada una llevará a sus respectivos puntos en la marcha y poco a poco va quedando en silencio la Diócesis. Se escuchan a lo lejos los cantos de la misa de las seis de la tarde y las motos que pasan en la calle más cercana a la casa. Olga recoge el colbón, los recortes de papel, organiza las sillas y comienza a cerrar puertas y a apagar las luces. Su oficina es oscura y está llena de papeles y revistas. Hay un mapa grande de Nariño junto a su computador y en una biblioteca hay varios ejemplares de ¡Que nadie diga que no pasa nada! la revista que el Observatorio de Derechos Humanos de la Diócesis de Tumaco publica cada seis meses con las cifras de violencia política que, desde allí, Olga registra y compila.

Cuando le pregunto cómo se siente, me mira a los ojos y respira profundo. “Es frustrante porque le toca a uno registrar todos los casos. Yo llego a mi casa abrumada con dolor de cabeza registrando, analizando, escribiendo informes con una cosa y otra. Con ganas de saber que lo que estoy haciendo ayuda a que otras personas sepan lo que está pasando en el territorio. Que miren que, en Tumaco, a pesar de tener tantas cosas violentas, se realizan acciones que ayudan a reivindicar la vida en el territorio”.

Olga Rojas es una morena joven de sonrisa amplia. Además de su trabajo en la Diócesis, hace parte del grupo de Teatro por la Paz, que nació en la Comisión de Vida, Justicia y Paz en 2009. El grupo de teatro es la parte visible de los casos que registra la revista Noche y Niebla del Cinep/Programa por la Paz, me dice Olga. “¿Qué hace el grupo? Toma algunos casos, los más representativos de violencia que tiene el municipio y los representa por vía teatral. Utiliza el arte para visibilizar y sensibilizar lo que pasa en el territorio, en los nueve municipios. Toca temas de desplazamiento forzado, violaciones, feminicidios, todos esos temas sensibles para la comunidad y ayuda a que la comunidad sea consciente. Lo que pasa es que muchas personas han perdido esa sensibilidad”.

El trabajo de las mujeres en Tumaco es intenso. El movimiento por la vida, es abanderado por ellas. En las parroquias son ellas quienes lideran las campañas de prevención al reclutamiento y en la Pastoral Social, son mayoría. Olga afirma que “las mujeres en la historia de Tumaco, hemos tenido un rol especial. Somos las que estamos en los espacios de difusión, de discusión y las que abanderamos los procesos de movilización desde las parroquias, motivando para que la gente pueda asistir”. Sin embargo, ha sido difícil organizarse como sociedad civil en el municipio. El trabajo que están realizando actualmente les apunta a los jóvenes, pues son ellos quienes están sufriendo las consecuencias inmediatas del traslado de las dinámicas del conflicto a sus barrios y entornos más cercanos.

“Usted va a los barrios y los barrios están solos, la gente se encierra a las siete de la noche y ya no sale. En marzo hubo cuatro asesinatos por balas perdidas. Uno no sabe si su casa es segura a tal punto que una bala perdida la pueda alcanzar. Si una discoteca es segura porque puede estar una persona diferente y puede entrar a asesinarlo como ya pasó en una discoteca acá en Tumaco, si el andén de su casa es seguro. En el mes pasado, cuatro integrantes de un grupo armado que todavía no se han identificado, por toda la avenida férrea, empezaron a disparar a toda la gente que estaba afuera, entonces uno dice bueno, ¿en qué estamos?”.

Los jóvenes están desertando de las instituciones educativas y están ingresando a los grupos armados. Se parquean en las esquinas con armas afuera, haciendo vigilancia. Contrastes que, para ser la Región Perla del Pacífico, no se pueden normalizar, afirma Olga.

Al otro día, Olga se ve más tranquila que la noche anterior. Está atareada y sonriente. El Teatro por la Paz de Tumaco sube a la tarima y las actrices, algunas víctimas del conflicto armado, acompañadas de un niño y otros jóvenes, comienzan la puesta en escena. Cantos, alabaos y arrullos; máscaras, trajes coloridos y cuerpos que narran sus memorias y las de otros se presentan ante más de 2.000 personas que llenaron la vía principal del municipio.

No hay cámaras. A las 2:00 p.m. todo vuelve: el ruido de motos y la multitud vuelve a su rutina. Bogotá queda a 1.121 kilómetros de distancia. Del Estado se ven las botas militares en las calles y la Defensoría del Pueblo que acompañó a la marcha ese día.

En el avión, vuelvo a Nora quien decía: “En una reunión que tuvimos, me llamó mucho la atención que uno de los ponentes decía que la sociedad civil le ha perdido el miedo a los violentos. ¿Qué más puede uno entregar si ya hemos dado casi todo para que esto cambie?”. Y yo, ¿qué tanto he entregado? ¿Qué más puedo dar?

 

Miremos a Tumaco hoy*

Contrario a muchas regiones que han sido afectadas históricamente por el conflicto armado, Tumaco y gran parte de la costa pacífica se insertó de manera tardía al conflicto armado en el sentido en que fue más resultado contingente, no previsto, de las decisiones estratégicas del Estado nacional para combatir a la insurgencia y una respuesta o una adaptación de las guerrillas para evadir esas decisiones en materia de contrainsurgencia.

En ese sentido, cuáles son los dos elementos que caracterizan la situación actual: primero, una importante presencia de cultivos ilícitos como respuesta a las políticas estatales de erradicación de cultivos y con ellos fue una población colona que es migrante y flotante, que va detrás de esta economía ilegal. Segundo, que producto de esa estrategia contrainsurgente y su “éxito”, lo que se dio fue el agazapamiento, refugio e inserción de las guerrillas en esta zona. ¿Por qué? Si bien el gobierno de Álvaro Uribe fue exitoso en pacificar las zonas más integradas, fue todo un fracaso a la hora de derrotar las insurgencias en las zonas más marginales del país.

En este sentido, con el traslado de los cultivos y de las estructuras armadas, las guerrillas se volvieron, de cierta manera, garantes y controladores del orden social, porque, a diferencia de otras zonas del país marginales, Tumaco no era ni si quiera el margen o la frontera del país sino es lo que hemos llamado en las investigaciones, la frontera dentro de la frontera. En los años 90 estas zonas eran caracterizadas por ser un remanso de paz, donde no había muertes relacionadas con la violencia política o con las economías ilegales, pero producto de lo anterior, todo eso cambió.

Con la inserción de los cultivos ilícitos, con la llegada de la población flotante y con las anomalías que se produjeron social y culturalmente, los actores armados encontraron una posibilidad de volverse unos actores importantes en materia de control y regulación. Las FARC nunca habían recibido grandes golpes en esta zona, eran un ejercito fuertemente constituido con capacidades de control que si bien no tenian buenas conexiones con la población garantizaban una cierta estabilidad en el ordenamiento local y sobretodo en la zona de presencia de cultivos ilícitos.

Una vez se desmovilizan las FARC hay una serie de disidencias que emergen, bien por estar en desacuerdo o persiguiendo el lucro personal, ya que son los cuadros medios los que tienen capacidades de controlar no solamente a la población sino todos los eslabones asociados a la economía de la coca.

En ese sentido se ve que ellos están replicando lo que hacían las FARC en años pasados, es decir, mantener un control social en el sentido que no se produzca delincuencia común, dirimir tramites de la vida cotidiana de los pobladores (linderos, parejas, etc.), garantizarle a la población un minimo de subsistencia que viene de la coca y satisfacer esas aspiraciones de ascenso social que no se dan en estas regionales marginales porque no hay oportunidades para la mayoría de la población.

Al revisar más allá es claro, por ejemplo, que el mayor empleador de esta zona es el Estado colombiano y eso dice mucho de las condiciones económicas y sociales de esta parte del país. En este sentido, las disidencias no tuvieron que improvisar o innovar porque volvieron a replicar lo que estaban haciendo.

Dos cuestiones hacen del pacífico nariñense un territorio tan problemático:

  1. El proceso de victimización que han sufrido los procesos organizativos, sociales y comunitarios que también revelan un impedimento estructural de esas insurgencias: nunca se pudieron conectar con las demandas locales y las reivindicaciones afro. El marxismo no ‘pegaba’ con ese elemento de identificación y eso se evidencia en los altos niveles de violencia, que se han replicado en días pasados en contra de quienes cuestionan el orden armado de las disidencias, quienes se oponen o quienes se atreven a mantener un contacto con el Estado. El mejor caso es el asesinato de líderes que han estado a favor del proceso de restitución y sustitución.
  2. Sin duda alguna el pacífico nariñense no hubiera sido tan importante si alias ‘Guacho’ no hubiera tomado la decisión de asesinar a los periodistas y al conductor ecuatoriano, eso es lo que hace relevante el caso de Tumaco en este momento. A lo que se suma la intervención estatal para el tema del manejo de la protesta social sobre el que tuvimos un antecedente nefasto: la masacre que se produjo en la zona del Alto Mira y frontera en octubre de 2017. En ese sentido, en lo que nos encontramos ahora es que tenemos un área de frontera, que el Estado no puede copar el territorio ni garantizar ni regular ni controlar los aspectos cotidianos de la vida local.

En ese sentido las operaciones militares lo que muestran es lo inefectiva de la intervención estatal porque se supedita a intervenciones puntuales para ‘apagar incendios’, pero no para acabar con las posibilidades que tienen una oferta bienestarista de regulación de una economía ilegal como es la que se viene dando con las disidencias y la economía de la coca. Es decir, no se han creado círculos económicos virtuosos que abran una ventana de oportunidad para crear nuevas maneras de ascenso social. Mientras no se produzca eso, la coca y la vida en la guerra van a ser una oportunidad y una opción viable para los jóvenes en Tumaco.

Vivir en Tumaco

Tumaco es pequeño en el casco urbano, pero es el tercer municipio más grande del país. Habría que hacer diferencias. La vida militarizada en Tumaco no se refleja en algunas zonas que son más integradas a la vida nacional como la zona centro. Son barrios marginales que precisamente reproducen problemas estructurales de la sociedad colombiana, como, por ejemplo, la migración del ámbito rural hacia las zonas urbanas para huir de esa violencia. La respuesta o la inadecuada respuesta del Estado hace que se perpetuen y se puedan dar ofertas vinculatorias a economías ilegales y a los grupos armados.

Sin duda alguna, Tumaco se ha movido para integrarse al país desde los años 90 con, por ejemplo, la carretera que lo comunica con Pasto, la electricidad y otros servicios que anteriormente eran inimaginables que estuvieran, pero no es suficiente y en esto tiene una gran influencia el conflicto armado. Lo que se ve es que el accionar de estos grupos está afectando más a la vida general de la población con la voladura de torres electricas o de oleoductos, pero es algo contingente y de la vida local.

Qué dice la movilización social

El mensaje es al Estado exigiendo intervenciones estatales integrales y, por otro lado, es un mensaje a los armados en el que les dicen que sus métodos y formas de proceder están afectando la vida de la población y esto puede superar nuestro umbral de tolerancia frente a su orden y presencia.

 

*Texto elaborado con base en entrevista realizada a Andrés Aponte, coordinador del equipo de Estado, conflicto y desarrollo.

Laura Inés Contreras Vásquez 
Equipo Comunicaciones Cinep/PPP

 

En el mes de junio invitamos a celebrar, reconocer y luchar por los derechos del campesinado nacional, mujeres y hombres que buscan pervivir en el territorio conservando las semillas nativas y criollas como base para la soberanía alimentaria y la autonomía económica de las comunidades. Por lo anterior presentamos el documental: Los Colores del Maíz, que recoge el proceso de declaratoria del municipio de San Lorenzo, Nariño, como Territorio Libre de Transgénicos ¡Por las Semillas, el Territorio y la Vida!

Esta es una iniciativa liderada por la Red de Guardianes de Semillas de Vida en el marco del convenio Construyendo Paz con Equidad desde Nariño y en articulación con las organizaciones de mujeres, líderes y comunidades pertenecientes a la Red de Familias Lorenceñas Las Gaviotas, la Pastoral Social de la Tierra, entre otros.

La propuesta sigue caminando desde las comunidades, quienes avalaron con sus firmas el acuerdo, siguen con la recuperación de semillas criollas y vigilan el ingreso de nuevas semillas que vienen desde el exterior, además, le apuesta a nuevos Territorios Libres de Transgénicos en diferentes zonas del país buscando caminar hacia una Colombia libre de cultivos transgénicos. 

El Convenio de Cooperación para el Desarrollo: “Fortalecer y visibilizar a las mujeres, a través de sus organizaciones y redes, y apoyar sus iniciativas de desarrollo local y construcción de paz, en Colombia”, denominado “Construyendo Paz con Equidad desde Nariño”, código: 14-CO1-332, es ejecutado por el Centro de Investigación y Educación Popular – CINEP/PPP, quien es el socio local de la Fundación Humanismo y Democracia – H+D, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo – AECID, adscrita al Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de ese país, cuyo trabajo se enfoca en las organizaciones pertenecientes al socio local como es Fundación del Suroccidente y Macizo Colombiano – FUNDESUMA, y aliados en territorio como Pastoral Social de la Tierra y Red de Guardianes de Semillas de Vida – RGSV.

 

Realización:

  • Lizeth Guerrero
  • Juan Carlos Revelo Piarpuzán
  • Jorge López Moreno
  • Alba Portillo

Musicalización:

  • Urku Nina

Compositores:

  • Pablo Tisoy
  • Diego Artemio Barrera
  • Juan Manuel Delgado
  • Agrupación Sihuar

Las organizaciones de la sociedad civil que hacen parte del convenio de Iniciativas de paz de la Fundación Interamericana IAF han construido dinámicas de transformación de conflictos en sus territorios. El Cinep/Programa por la Paz en el marco de este proyecto ha querido dinamizar y consolidar esta información que tienen las organizaciones para que hiciera parte del Mapa de Experiencias de Paz.

Este es un viaje por Colombia, por diversas geografías y contextos, en donde las organizaciones que trabajan desde las regiones asumen unas estrategias para transformar esos contextos conflictivos con los que conviven.

Las diferentes experiencias de paz que encontrarán aquí, trabajan en la construcción de paz territorial y algunas lo hacen en medio del conflicto armado. El Acuerdo de Paz de La Habana contribuyó a que este Mapa de Experiencias de Paz se construyera en clave de paz integral, como un rompecabezas,  teniendo en cuenta dos factores:

  • Tipo de conflictos ligados a alguno o varios de los puntos que están en el Acuerdo
  • Estrategias de acción frente a este tipo de conflictividades

Las organizaciones presentes en el Mapa de Experiencias de Paz han tomado un rol importante en sus contextos y se han preocupado por llevar a cabo acciones que respondan, transformen, mitiguen o tramiten de alguna manera esas conflictividades presentes en sus territorios. Encontramos en esta sistematización: el conflicto social y armado, conflictos asociados al género, derivados de la participación política, conflictos socio ambientales y conflictos por la tierra y el territorio.

Cada una de las 17 experiencias ha utilizado diversas estrategias para su trabajo organizativo en el territorio. Por ejemplo, la organización Caribe Afirmativo que trabaja en la costa caribe con el conflicto armado y de género se ha propuesto investigar y documentar los casos de violencia a la población LGBTI y se han mantenido activos desde diversas formas de manifestación social y de pedagogía para trabajar el tema de reconocimiento de género en el coyuntura reciente del país.  Otro caso tiene que ver con los conflictos por la tierra y el territorio, es el de la Cooperativa del sur del Cauca (Cosurca) que ha venido trabajando en el fortalecimiento organizacional de las asociaciones que pertenecen a esta organización, para la sustitución de cultivos ilícitos de la mano con la formación política y educativa.

 El MEP ha querido resaltar cinco casos representativos de experiencias de paz:

  1. Fundación Mujer y Futuro

En 1989 surge la Fundación Mujer y Futuro como una apuesta trasgresora o una organización feminista que tiene como finalidad el reconocimiento de la mujer como sujeta de derechos y su capacidad de acción para exigirlos. Esta experiencia lucha por la vida libre de violencias, la inclusión política de las mujeres y la transformación del contexto santandereano. Hace parte de la Ruta Pacífica de las Mujeres, siendo el nodo Santander. Esta organización combina diferentes estrategias para hacer frente a los conflictos asociados a la violencia de género, teniendo en cuenta su papel protagónico en la transformación de las relaciones en el departamento de Santander.

  1. Fundación Sumapaz

Nace de un proceso que inició en la Comuna 3 de Medellín, se funda en 1996 y se consolida en 1998. La Fundación se encuentra ubicada en el barrio Manrique en la zona nororiental de la capital antioqueña. Es una organización que trabaja en el acompañamiento a comunidades desplazadas y víctimas del conflicto armado en la defensa de sus derechos.

Dentro de los espacios de articulación a nivel local, la Fundación hace parte de la alianza de organizaciones comunitarias de las comunas nororientales Medellín, y, a nivel nacional, participa en la Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos y nodo Antioquia. El trabajo de la Fundación se ha centrado en la exigibilidad y reconocimiento de los derechos humanos por medio de la investigación, la difusión, la visibilización, la denuncia, el acompañamiento a organizaciones sociales, la movilización política y la interlocución para una efectiva incidencia en el diseño, definición y ejecución de políticas públicas.

  1. Hijos de la Sierra Flor, Asoafro y Asomartin

Se encuentra compuesta por tres organizaciones cuya apuesta general ha sido el empoderamiento y la transformación de relaciones conflictivas, a través de medios pacíficos de resolución de conflictos. Fundación Hijos de la Sierra Flor nace el 10 de enero de 1984, enfocando su labor en procesos de educación y capacitación a niños y jóvenes de sectores marginados de Sincelejo, con la finalidad de promover la formación social y ciudadana, además de promover una cultura de paz en su región.Por su parte, Asoafro y Asomartin surgen como experiencias regionales de empoderamiento. La primera, en perspectiva de lo que significa “ser negro” como una reivindicación étnico-política en una zona como San Onofre y, la segunda, enfocándose en el papel de la mujer indígena en Montes de María. Esta experiencia le apuesta a la articulación para el reconocimiento y fortalecimiento de las mujeres en perspectiva de construcción de paz.

  1. Fundación Natura; Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas Yurutí de Vaupés (Asatraiyuva); Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas del Vaupés Medio (Aativam); Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas de Querarí (Asatiq); y Asociación de Autoridades Tradicionales Aledañas a Mitú (Aatiam)

La Fundación Natura es una organización que busca que los pueblos indígenas de la región tengan acceso a procesos de formación que consoliden sus mecanismos de gobernanza territorial. Actualmente, su intención es proponer una agenda de construcción de paz para el departamento del Vaupés, a partir de la articulación con cuatro Autoridades Tradicionales Indígenas.

Estas Aatis tienen como precedente las formas tradicionales de organización indígena y se institucionalizaron con el Decreto 1088 de 1993 relativo a la autonomía y la gobernabilidad indígena. La zona que componen estas cuatro Aatis (cercana al casco urbano de Mitú y medio Vaupés) se encuentra enfrentada a conflictividades socio ambientales como la deforestación y la pérdida de la identidad cultural.

  1. Cabildo Indígena de Guambia

El Resguardo Indígena de Guambía es el territorio donde se encuentra la mayor concentración de la población indígena del pueblo Misak (Hijos del agua, llamados también Misag o Misak). La mayor parte de su población vive en la vertiente occidental de la cordillera Central, en las inmediaciones de los páramos de las Delicias y Las Moras; y en los cerros de Río Claro y Bujíos, en el municipio de Silvia. En menor número se encuentran en los municipios de Jambaló, Caldono, Cajibío, Puracé, El Tambo y Morales, y en La Plata y La Argentina, en el departamento del Huila. Esta experiencia se ha caracterizado por hacer frente a conflictos por la tierra, defendiendo su territorio y reivindicando sus tradiciones indígenas.

 

 

Estamos trabajándole a la paz, desde una perspectiva integral

Hablamos con Fernando Sarmiento, coordinador del área de Ciudadanías e iniciativas de paz y reconciliación que ha estado liderando este proyecto con la Fundación Interamericana IAF.

¿Qué resalta del trabajo que hizo Cinep/PPP con las experiencias de paz?

Fernando Sarmiento: Hay dos puntos importantes que marcan el carácter del trabajo que se hizo: el primero, es el reconocimiento. Las organizaciones no se reconocían como constructoras de paz entre ellas ni desde la cooperación, no se les definían como tal. Aparecían como experiencias de cultura, de tipo productivo u organizativo, aunque traían una trayectoria larga de trabajo, pero ninguna se consideraba como experiencia de paz.

El segundo, fue mostrar cómo todas esas acciones que ellos están realizando desde distintos enfoques y miradas, aportan a procesos de construcción integral de la paz. Miramos la integralidad de lo que significa el trabajo por la paz.

El resultado hoy, es que todas las organizaciones se asumen como experiencias de construcción de paz. Es un resultado bien interesante y eso mismo resaltó la IAF, porque ni si quiera la IAF lo veía así. El trabajo sí muestra que se reconocen ahora como tal, como experiencias de paz.

¿Cómo se desarrolló el proceso y cuáles fueron los más importantes hallazgos?

F.S: La metodología del trabajo de sistematización que hicimos ayudó mucho a que se crearan algunos puntos de encuentro, por ejemplo: identificar conflictividades comunes entre las organizaciones. Con el método de trabajo se crearon grupos de conflicto y estos grupos, además, estaban muy asociados a los puntos de la agenda de La Habana y esto hacía que se generara ese enlace.

Concretamente, estaba el tema de tierras en la agenda y había varias de las organizaciones que estaban trabajando sobre este asunto; y así mismo con el tema víctimas o de participación política. Por eso el resultado es que sí estamos trabajándole a la paz, desde una perspectiva integral de la paz. Los que trabajan con el tema de tierra no habían hecho la asociación con el tema de la paz y con los acuerdos de La Habana.

Se realizaron tres los encuentros en Cinep con todas las organizaciones en los que se tocaron temas como: género y víctimas del conflicto armado, participación política y tierras, y conflictos medioambientales. Luego, se realizaron grupos de trabajo en torno a estos conflictos y se identificaron estrategias de transformación.  Con eso quedó el enganche directo a reconocer que todas las organizaciones participantes trabajan el tema de paz desde distintos enfoques, desde distintas perspectivas y que el accionar de estas distintas organizaciones está contribuyendo a una mirada de paz más integral.

Reitero entonces, el primer gran resultado es reconocer que sí somos organizaciones que trabajan con la paz y no lo habíamos entendido.

Y el segundo gran resultado es el inicio de la articulación entre las diferentes organizaciones. Se empieza a generar el Sistema de iniciativas de paz. Estamos pensando aún cómo funcionaría ese sistema. Desde el trabajo de investigación y con la metodología que se utilizó hicimos varios aportes a la construcción de este Sistema, por ejemplo, identificar núcleos de conflicto y acciones concretas de trasformación.

Sobre el desarrollo del Sistema hay que ver la experiencia y su riqueza, pues, en muchos casos, podemos elevar la escala de incidencia para que a través del Sistema se puedan mostrar experiencias locales y regionales en el nivel nacional. Que esa capacidad de aportar a la reflexión se eleve como mecanismos de incidencia de políticas públicas para el posconflicto. Esto fue parte del diálogo con Marc Chernick en su última conferencia.  Marc resaltaba mucho ese nivel político de la construcción de la paz, para él era importante que no se quedara en el nivel comunitario de la base, sino que también tuviéramos una perspectiva más política de la construcción de la paz para incidir en en el diseño de políticas públicas de implementación de acuerdos o el diseño institucional.

¿Qué viene ahora para el proyecto de la IAF?

F.S: En este momento entramos a la fase dos que es, efectivamente, darle continuidad a los proyectos con los que veníamos trabajando. Una invitación que nos hicieron por la dificultad de financiación fue que nos asociáramos. Entonces, se crearon articulaciones entre las organizaciones para presentar propuestas a la IAF. Nosotros nos aliamos con Gaia y con Natura que son dos organizaciones que trabajan el tema ambiental. Nos aliamos para profundizar capacidades para la construcción de paz, identificar las estrategias para afrontar los conflictos y nuevos conflictos asociados a cambio climático, minería, deforestación y presencia de grupos armados. Como Cinep vamos con este proyecto del Amazonas macro territorial y de acción estratégica.

La idea es fortalecer los proyectos que existen y las organizaciones participantes, aunque al Sistema de iniciativas de paz se van a vincular otras organizaciones con las que venía trabajando la IAF.  Ellos tienen el interés de vincularlas actualmente, pues no quieren que se pierdan del Sistema. Con esto vemos que va haber una red amplia y con bastante presencia en el país trabajando desde local y nuestra tarea sería hacer el puente desde lo nacional. Esta es una de las ideas de Marc Chernick, él quería que se realizaran muchas acciones de visibilización de las experiencias, mostrando su trabajo a través de la comunicación y la incidencia.  

Consulte aquí: Sistematización participativa de diecisiete experiencias de Paz en Colombia

 

Experiencias de paz 

 

Laura Inés Contreras Vásquez

Equipo de Comunicaciones

*Información construida a partir del documento Sistematización participativa de diecisiete experiencias de Paz en Colombia realizado por el equipo de Ciudadanías, Paz y Reconciliación.

La larga historia de violencia política en Colombia, de la cual, el conflicto armado es apenas una de las manifestaciones más evidentes; ha dejado tras de sí un gran saldo de víctimas y una sociedad profundamente dividida. A la cifra de muertos de la guerra, se le suma a diario un número nada despreciable de víctimas a causa de la intolerancia social.

Las promesas consignadas en los textos constitucionales y en los pactos de paz para promover la inclusión política y el pluralismo, contrastan con episodios cotidianos de agresión verbal y física entre opositores políticos; la polarización social que se muestra en los medios de comunicación y las redes sociales; la estigmatización de actores que defienden identidades no hegemónicas o la persecución por xenofobia, entre otros factores críticos.

Este número de la revista Controversia dedicado al tema de "Violencia, intolerancia y reconciliación en Colombia", trasciende la comprensión reduccionista de la reconciliación como exclusiva del campo del conflicto armado y su transición y en cambio plantea una de mayor complejidad que interpela si la exclusión y el desprecio por la diferencia se anidan en las causas del conflicto, la falta de convivencia y la reproducción de la violencia en Colombia.

Los autores de fuera de Colombia pueden participar con ensayos sobre procesos de violencia y paz similares en otros países de América Latina o del mundo.

Editora invitada:

Magda Beatriz López. Investigadora del Área de Ciudadanía, Iniciativas de Paz y Reconciliación del Cinep/Programa por la Paz.

 

Fechas:

Apertura: 15 de mayo de 2018

Cierre: 30 de junio de 2018

Publicación: noviembre de 2018 

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