Aunque Ana María solía referirse a mí como su maestro y mentor, técnicamente nunca fue mi alumna en un salón de clase de esta universidad, sino que nuestra relación era más bien un continuo intercambio de ideas, en el que cada uno aportaba lo que había leído, recordado y aprendido a lo largo de los años. Eran largas conversaciones de horas y a veces hasta de días, en las que, de manera desprevenida y espontánea, compartíamos intereses, enfoques, críticas, análisis, que no siempre se reducían a la dimensión intelectual.

Así fuimos construyendo en mi equipo de investigación del Cinep una suerte de comunidad de ideas a partir de la discusión de los aportes de cada uno en un perpetuo seminario de investigación, en el que investigadores experimentados, jóvenes investigadores y asistentes de investigación íbamos construyendo juntos un acercamiento conjunto a los temas de interés en el análisis de la coyuntura e historia política del país. Recuerdo particularmente la manera como aproveché mi experiencia docente en la Universidad de los Andes para reclutar un magnífico grupo de investigadoras, que algún gracioso del Cinep bautizó como la Fundación Niñas de los Andes, en contraste con el hecho de que la mayoría de los investigadores provenía de la Nacional o Javeriana. De ese grupo hacían parte mis asistentes de investigación Renata Segura y Adriana Posada, recién graduadas, a las que se sumaron Ana María, que estaba ya iniciando sus estudios de doctorado y otra chica muy joven, que no había terminado todavía su carrera: Ingrid Bolívar.

En esa comunidad de ideas, Ana María aportaba sus lecturas sobre la necesidad de regresar a la reflexión teórica sobre la naturaleza y

el origen del Estado, inspirada en los trabajos de Theda Skocpol. Lo que se reflejó en sus artículos sobre la necesaria interacción entre sociedad civil y Estado y el carácter selectivo de los intentos de modernización estatal en Colombia, elaborado este último en colaboración con Renata Segura

En esas discusiones y reflexiones Ana María evidenciaba su enorme capacidad analítica que la hacía percibir matices y mostrar tanto los posibles aportes como las limitaciones de los autores, al lado de su claridad mental y gran facilidad de expresar temas complejos de manera sencilla y pedagógica. Todo esto sin las pretensiones de importancia a la que somos a veces dados en el mundo intelectual, donde era proverbial su inmensa generosidad para compartir sus opiniones, conceptos y lecturas. Además, sus serios aportes estaban condimentados con un gran sentido del humor y mucho respeto de las opiniones de las otras personas. Obviamente, la combinación de estos rasgos hacía que se ganara, con cierta facilidad, el respeto y sobre todo el corazón de sus colegas y alumnos.

Pero, más allá de la admiración por sus calidades académicas, creo que lo que más apreciamos los que tuvimos el honor de haberla acompañado en su lucha contra la enfermedad y las adversidades de su vida personal, fue su inmensa fortaleza, que contrastaba con su apariencia física aparentemente frágil. Durante casi veinte años, no sabemos de dónde sacaba ella fuerzas para luchar con la enfermedad que reaparecía de vez en cuando, al tiempo que dedicaba sus cuidados maternales a su hijo Federico, como “mamá gallina” como ella se describía, pero sin descuidar sus actividades de docencia e investigación.

Recuerdo que cuando estaba ya recuperando sus capacidades físicas y mentales después del primer episodio de su enfermedad, cuando estaba reasumiendo sus labores en el CIJUS, superando lo que ella denominaba “su cerebro de quimioterapia”, el atentado contra Eduardo Pizarro la obligó a un forzoso exilio, que ella aprovechó para culminar y defender su tesis doctoral, que había aprovechado mucho las reflexiones y discusiones en el equipo del Cinep. Pero, este éxito profesional la llevó luego a una peregrinación de varios años por varias universidades en los Estados Unidos, hasta que logró establecerse ya definitivamente en la Universidad de Toronto. Allí continuó profundizando su vida académica, combinando su docencia e investigación con sus deberes de madre y el cultivo de sus amistades, tanto allá como acá, pues nunca perdió el contacto permanente con sus colegas, alumnos y amigos.

Obviamente, este desarrollo personal distaba mucho de ser lineal, pues se veía interrumpido periódicamente por la reiterada aparición de su enfermedad. Recuerdo la alegría e ilusión que me manifestaba cuando, cinco años después de su primer episodio, me llamó para celebrar, desde la distancia, el que había sido declarada oficialmente curada. Sin embargo, ante la reiterada aparición del mal, Ana María siguió luchando fiel a la meta que se había fijado: no dejar este mundo sin ver a su hijo Federico adulto, capaz de defenderse por sí solo en la vida.

Por eso, cuando conversaba con mi médica personal, sobre los avatares por las cuales había pasado Ana María, me decía que deberíamos estar agradeciendo a Dios por el milagro de haberla tenido con nosotros esos años, pues su caso era médicamente inexplicable. Yo le comentaba que efectivamente había sido un MILAGRO DE AMOR de Ana María por su hijo Federico, pero del cual nos habíamos beneficiado sus familiares, amigos, colegas, alumnos y todos aquellos a los cuales tocó a lo largo de los años.

Por eso, quiero, rompiendo con mi tradicional separación-un tanto esquizofrénica entre mi vida como académico y mi experiencia religiosa como sacerdote jesuita, terminar estos recuerdos del significado de la presencia de Ana María en nuestras vidas con una oración de ACCIÓN DE GRACIAS por el beneficio de haber compartido su vida durante estos años.

 

Dios Padre, de cuyo amor provienen todos los amores de nuestra vida humana, que manifestaste tu mensaje de amor universal por medio de tu HIJO, que compartió los afanes de nuestra vida pasando por el dolor y la muerte,

Te damos gracias por el amor que desplegó Ana María entre nosotros, siendo testigo de tu bondad mediante su entrega generosa a todos los que tuvimos el privilegio de contar con su presencia en nuestras vidas, empezando por su hijo Federico, su madre y hermanas, sus familiares, sus compañeros de colegio y universidad, sus colegas, alumnos y amigos, que hoy lamentamos su ausencia física entre nosotros,

Pero que seguimos experimentando su presencia, de manera misteriosa, en el amor que ella sembró entre nosotros, que garantiza, como dice San Juan en una de sus cartas, que hemos pasado de la muerte a la VIDA, y que nos anuncia la esperanza de un mundo mejor, donde todos podamos vivir como hermanos que somos e hijos de un mismo Padre.

Y te pedimos que esas semillas de amor que Ana María sembró entre nosotros sigan produciendo frutos de amor en nuestras vidas,

TE LO PEDIMOS por nuestro Señor Jesús, que compartió con nosotros su vida, impulsado por la fuerza del ESPÍRITU SANTO, espíritu de amor, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

 

Bogotá, abril 24 de 2017    

 

 Fernán González S.J. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace veinte años fueron asesinados en Bogotá, los investigadores del CINEP/Programa por la Paz: Mario Calderón Villegas y Elsa Constanza Alvarado Chacón y su padre el Ingeniero Carlos Alvarado Pantoja. Sobrevivieron a esta masacre, la mamá de Elsa, Elvira Chacón, quien fue herida y el bebé de dos años, hijo de Mario y Elsa.

Como ayer, infortunadamente hoy, millares de asesinatos semejantes suceden en Colombia; impunes, bajo el manto de la inoperancia de la justicia, la presión de quienes la manipulan y la omisión de los indiferentes. Según el último informe del Banco de Derechos Humanos y Violencia Política del CINEP, durante el año dos mil dieciséis en Colombia los grupos ilegales del paramilitarismo realizaron quinientas cincuenta victimizaciones, mientras que la policía sumó quinientas cuarenta y ocho, y los grupos armados no identificados realizaron ochocientas treinta y tres.

Un total doloroso y vergonzoso de 1.931 victimizaciones, que, en su mayoría, para el caso de los paramilitares fueron amenazas y ejecuciones. Para el caso de la policía, los mayores hechos de victimización fueron los heridos y detenidos arbitrariamente. Y para el caso de los actores armados no identificados, las victimizaciones se concentraron en asesinatos y amenazas.

Las víctimas en su mayoría son: líderes campesinos y cívicos, miembros de juntas de acción comunal; indígenas, población LGBTI; comunidades negras; líderes del Polo Democrático y de Marcha Patriótica; de organizaciones de víctimas; sindicalistas; líderes de restitución de tierras y ambientalistas, defensores de derechos humanos y maestros. ¿A quiénes les interesa victimizar a los líderes sociales que reivindican sus derechos? ¿Por la magnitud de las violaciones se las puede calificar como casos aislados? ¿Las autoridades civiles, de policía, los organismos de investigación y control no tienen la capacidad para manejar a los actores estatales y para estatales que realizan estas violaciones? ¿Estamos condenados a vivir bajo el miedo mientras están conculcados nuestros derechos ciudadanos? ¿Es esta una nueva fase de la guerra sucia sobre el movimiento social que busca el sometimiento frente al reclamo justo de los derechos?

Jesús en el sermón de la Montaña nos dice “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de Justicia, porque ellos serán saciados… Bienaventurados los que padecen persecución por la Justicia, porque de ellos es el Reino dé los cielos”. Jesús nos pide que busquemos con todas nuestras fuerzas la Justicia pues al hacerlo Él estará con nosotros en la lucha contra todos aquellos que solo buscan sus intereses egoístas, pero no quieren el Reino de justicia y amor.

 

Luis Guillermo Guerrero Guevara

Director CINEP/Programa por la Paz

La Iglesia Peregrina en Córdoba y Urabá alza su voz para expresar su asombro ante las situaciones que tienen conmocionada a las gentes de la región:

1°. La gravedad social que significa el asesinato aleve de tantos líderes sociales y personas que, en un país democrático, empiezan a formar parte de los nuevos movimientos políticos independientes, legítimamente constituidos; es inaudito que reaparezca este fenómeno que se creía ya superado[1].

2°. El reagrupamiento acelerado y el aumento del paramilitarismo, cuyos grupos ingresan súbitamente a las zonas que abandonan integrantes de las Farc en su proceso de desmovilización e implementación de los Acuerdos logrados en la Habana[2].

3°. El modo atroz como silencian a reclamantes de tierras (en la última semana ya son más de ocho entre líderes y reclamantes); tierras de las que fueron despojadas las comunidades, en forma fraudulenta y criminal.

4°. EL control bélico de las tierras vinculadas con el fenómeno de las rutas del narcotráfico, unido a todo un sistema de delincuencia organizada alrededor de los cultivos ilícitos y el apoderamiento, a la vista de todo el mundo, de las regalías y del pago de impuestos. Control que sirve de aprestamiento para la explotación de la minería ilegal, la extracción de las riquezas de nuestros suelos y subsuelos y el arrasamiento del ecosistema. De esto último es ejemplo el desplazamiento de pobladores y comunidades en la zona de Ituango, frente a lo cual no hay una toma de posición humanitaria por parte del Estado.[3]

5°. Aunado a lo anterior, el incremento de las pandillas juveniles, que están invadiendo los grandes centros urbanos en Urabá, como Turbo, Apartadó, Nueva Colonia y Currulao, índice inequívoco de que estamos entrando en una macabra dinámica de delincuencia organizada que gira en torno al microtráfico y la extorsión a comerciantes, empresarios, personas de a pie y que acude a la justicia particular, al asesinato y a la limpieza social, generando desconcierto y pánico en todos los pobladores urabaenses.

Ante estas situaciones la Iglesia se pregunta:

1. ¿Cuál es el futuro para las comunidades campesinas y de las regiones que siguen sufriendo en forma permanente el flagelo de los actores del conflicto armado? Salen unos y entran otros, “como Pedro por su casa”, cuando debería estarse asumiendo el manejo estatal adecuado de los territorios, para crear la autonomía, fruto del ejercicio constitucional de las fuerzas del Estado, justamente allí donde anacrónicamente no ha hecho presencia. ¿Hay anuencia del Estado o es simplemente un descuido de las autoridades responsables de dar cumplimiento a lo pactado? ¿Hay simpatía estatal con estas formas ilícitas de dominio y manipulación de unos territorios de ancestrales dueños que el Estado no admite como poseedores legítimos? ¿Dónde queda lo de “pacta servanda?” No entendemos por qué se da esta situación, estos lamentables vacíos de autoridad.[4] El gobierno nacional debe pronunciarse con claridad sobre estos asuntos que tanto daño hacen y que son causa fundante del descrédito que viene en aumento vertiginoso. Por lo menos la sospecha salta de inmediato.

2. De otra parte, haciendo eco al sentir social, la Iglesia expresa su dolor e inconformismo ante el juego de palabras empleado por representantes legítimos de los entes gubernamentales para denominar un fenómeno vergonzante que ha empañado a nuestras fuerzas militares y de policía, y que, como si no fuera ya luctuoso, ahora difama a toda esta feraz tierra de promisión, utilizando los gentilicios, emblema de la pujanza y honradez de sus pobladores; o dándoles identidad con los nombres topográficos, como nuestro estratégico Golfo de Urabá; o estigmatizando apellidos tan prestigiosos como el de Jorge Eliécer Gaitán, o la extensa descendencia Úsuga; o todo un grupo humano de industria y comercio reconocido a nivel internacional como el pueblo paisa. Duele porque se descubre un fondo malintencionado de “sofisma de distracción,” un mimetismo sutil para adormecer a la población con engaño. Reclamamos el fin de la estigmatización de una región, y el de llamar con otros nombres lo que todos reconocemos como paramilitarismo.

3. Frente al tema de la desmovilización y construcción de paz, nos preguntamos: ¿Cuál es el papel de la sociedad civil en la subregión? ¿Qué es lo que nos toca hacer en medio de una situación cada vez más desconcertante? No podemos olvidar lo que ha ocurrido en el pasado y que amenaza con repetirse: la historia trágica del asesinato sistemático de tantas personas que se comprometen en un cambio social y político que, bien sabemos, se debe llevar adelante.

Es tarea de todos los líderes de la región tomar conciencia de estas situaciones y agotar juntos las soluciones.

Dado en Apartadó a los 3 días del mes de Febrero de 2017.

Mons. Hugo A. Torres Marín
Cáritas diocesana

[1]NACIONAL 29 ENE 2017 - 11:23 AM. Continúan los ataques. ASESINAN A RECLAMANTE DE TIERRAS EN TURBO (ANTIOQUia). Los testigos aseguran que Porfirio Jaramillo fue sacado de su vivienda por hombres fuertemente armados.
http://www.elespectador.com/noticias/nacional/asesinan-reclamante-de-tierras-turbo-antioquia-articulo-677146.
JUDICIAL 20 ENE 2017 - 1:53 PM. Asesinatos contra líderes sociales. En menos de 24 horas asesinan a cuatro campesinos en Córdoba, uno de ellos un líder social. Se trata de Hernán Agames, quien lideraba la Asociación Campesina del Sur de Córdoba en la vereda de El Barro, y además hacía parte del movimiento político y social Marcha Patriótica. http://www.elespectador.com/noticias/judicial/menos-de-24-horas-asesinan-cuatro-campesinos-cordoba-un-articulo-675723.
Denuncia Publica 063 Cuatro Asesinatos Simultáneos en el Sur de Córdoba. http://ascsucor.es.tl/Denuncia-Publica-063-Cuatro-Asesinatos-Simultaneos-en-el-Sur-de-Cordoba.htm
[2]A ‘El Manteco’ le preocupa el avance paramilitar y retraso en obras en la vereda Gallo. https://www.laflecha.co/en-caliente/a-el-manteco-le-preocupa-el-avance-paramilitar-y-retraso-en-obras-en-la-vereda-gallo/.
A sangre y fuego las Autodefensas Gaitanistas buscan retomar Urabá. Desde la zona veredal del Gallo en Tierralta, el comandante Rubén de las Farc alerta sobre el plan del Clan del Golfo y los Úsuga contra los campesinos
Por: Grupo de Monitoreo Acuerdo de Paz* | enero 22, 2017
A ‘El Manteco’ le preocupa el avance paramilitar y retraso en obras en la vereda Gallo. https://www.laflecha.co/en-caliente/a-el-manteco-le-preocupa-el-avance-paramilitar-y-retraso-en-obras-en-la-vereda-gallo/.
A sangre y fuego las Autodefensas Gaitanistas buscan retomar Urabá. Desde la zona veredal del Gallo en Tierralta, el comandante Rubén de las Farc alerta sobre el plan del Clan del Golfo y los Úsuga contra los campesinos
Por: Grupo de Monitoreo Acuerdo de Paz* | enero 22, 2017

[3] http://www.larazon.co/web/2017/01/cultivos-ilicitos-detonante-la-violencia-sur-cordoba-gobernador/.
http://www.larazon.co/web/2017/01/cultivos-ilicitos-detonante-la-violencia-sur-cordoba-gobernador/

http://www.autodefensasgaitanistasdecolombia.org/agc2/index.php/module-styles/122-comunicado-enero-15-de-2017
[4] JUDICIAL 25 ENE 2017 - 6:11 PM En una audiencia privada ante el Fiscal General. Denuncian alianzas entre miembros de las Fuerzas Armadas y "Clan del Golfo" en el Bajo Cauca. Líderes sociales manifestaron que autoridades le han entregado material explosivo a esta banda criminal. Dieron nombres propios de funcionarios que, dijo Néstor Humberto Martínez, ya están bajo el radar de la Fiscalía.
http://www.elespectador.com/noticias/judicial/denuncian-alianzas-entre-miembros-de-fuerzas-armadas-y-articulo-676613