El Cinep/Programa por la Paz manifiesta su preocupación por la situación que enfrentan en el país los líderes sociales y defensores de derechos humanos.

Lo ocurrido el pasado domingo contra Francia Márquez, Víctor Moreno, Carlos Rosero, Clemencia Carabalí y Sofía Garzón de los consejos comunitarios de ACON, ASON y PCN del pueblo afrocolombiano del Norte del Cauca, deja en evidencia el riesgo que enfrenta la base social del país.

La Red de apoyo a la Mediación -MSN por sus siglas en inglés- es una red global de organizaciones no gubernamentales que tiene como objetivo promover y mejorar prácticas, procesos y estándares de mediación en negociaciones de paz. Esta red nació en septiembre de 2008 y desde ese entonces conecta también distintas plataformas de apoyo a la mediación en varios países del mundo para abordar los distintos desafíos que implica entender la paz desde la mediación.  “El propósito principal de la red es un intercambio de experiencias. En una apuesta por el apoyo a procesos de mediación y diálogo, es importante la experticia, para poder hacer la mayor contribución a la construcción de paz” Phillipp Lustenberger de Swisspeace

La MSN reúne a sus organizaciones participantes una vez al año en alguno de los países que la conforman. Colombia fue el país anfitrión del encuentro de este año y Cinep/PPP fue la organización que recibió a los integrantes de esta red. El encuentro de la Red se llevó a cabo el pasado mes de abril y tuvo como enfoque temático la reflexión sobre la implementación de los Acuerdos de Paz en Colombia, reflexión que se vio nutrida por las experiencias de personas de Sudáfrica, México, Suecia, Italia, Reino Unido, Suiza, Estados Unidos, Alemania y Colombia, quienes compartieron a lo largo de cuatro días.

De esta manera y durante los días de encuentro de la MSN, los participantes tuvieron la oportunidad de encontrarse con varias personas que actualmente hacen parte de procesos de construcción de paz en Colombia. Uno de los momentos más nutridos, se llevó a cabo en Cali, pues allí los participantes tuvieron la oportunidad de intercambiar experiencias con ex combatientes de las Farc-Ep, funcionarios de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización y la Comisión de la Verdad. Además de esto pudieron conocer cuáles han sido los avances en términos de implementación del Modelo de Gestión de Paz Territorial en el  Valle del Cauca por parte del Observatorio para la Paz de dicho departamento.

De igual forma sostuvieron un encuentro con mujeres lideresas de Florida, quienes se encuentran en procesos de mediación y construcción de paz con el acompañamiento de CIASE y la Ruta Pacífica de las Mujeres. Este espacio brindó la oportunidad de acercarse a la implementación del enfoque de género promovido en el Acuerdo Final y a las estrategias locales de prevención de violencias contra las mujeres.

Además de la visita al departamento del Valle del Cauca, la red sostuvo conversaciones con varios funcionarios del Sistema Integral de Justicia, Verdad, Reparación y No Repetición, con el fin de compartir aprendizajes y preguntas en torno a las formas en que es afrontado el pasado por las sociedades, una vez acaba el conflicto. “Pudimos conocer cómo tratamos el pasado, cómo ha sido la centralidad de las víctimas, cómo se construyó el acuerdo de paz, cuál fue la negociación que llevó a la existencia del Sistema Integral, discutir con sus integrantes cómo lo hacen y qué dificultades han tenido y poder compartir ejemplos, ideas, luces, más preguntas de este lado de los actores que tienen apoyo a mediación.” Concluye Barbara Unger de Berghouf Foundation. Enfatiza además en la idea de que la Red no solo cumple un rol de mediación, sino en apoyo a la mediación, que también desarrolla la función de intercambio con cada proceso exitoso o de fracaso, pues ambos casos brindan aprendizajes valiosos. Para Barbara, lo más importante no es duplicar los esfuerzos, sino ayudar a potenciarlos.

En ese sentido, la MSN tiene como misión mejorar y promover la práctica de la mediación y en parte, aportar sus conocimientos y experiencias para afinar las normas en territorios donde se trata constantemente con tensiones políticas y conflictos armados. Aunque los participantes de la Red, son muy conscientes que en Colombia no existen conflictos a razón de la guerra, únicamente. De hecho, uno de los resultados del encuentro anual de MSN 2019 fue identificar que en el proceso de implementación de los acuerdos de paz en Colombia han emergido nuevas conflictividades que también requieren de mediación.

Por otro lado, Judyta Wasowska del Centro para el Diálogo Humanitario  señala: “Desde nuestro punto de vista, (…) que estamos empezando, tratando de identificar puntos de entrada en Latinoamérica que es un contexto extremadamente complejo y también un poco hermético, en el sentido que uno llega como una organización occidental no necesariamente es bien visto, bien recibido.” Wasowska además, hace énfasis que tanto el Centro para el Diálogo Humanitario como la MSN se fundamentan en la promoción del diálogo para la resolución de conflictos. Así, afirma, es una cuestión de educación, de pedagogía, porque no necesariamente en todos los contextos, los actores están abiertos a solucionar sus disputas o conflictos por una vía dialogada.

Finalmente, el encuentro de la MSN 2019 sirvió a su propósito de intercambio de experiencias y aprendizajes nacionales e internacionales en torno a la mediación en escenarios de transición hacia la paz. Si bien quedan múltiples interrogantes en torno a las formas en las que se puede dar solución a los conflictos y gestionar los procesos de transición, algunas certezas pueden resaltarse en torno a la importancia de la mediación y de la participación de la población en estos procesos, el fuerte vínculo entre la reconstrucción económica y la reconciliación social, y la necesidad de flexibilidad y resiliencia en las instituciones que implementan la paz. 

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The Mediation Support Network (MSN) is a global network of non-governmental organisations that aims to promote and improve practices, processes and standards of mediation in peace negotiations. This Network was born in September 2008, and since then it has also connected different mediation support platforms in several countries of the world, to address the various challenges involved in understanding peace through mediation.

"The main purpose of the Network is the exchange of experiences. In the commitment to support mediation and dialogue processes, expertise is important to make the greatest contribution to peacebuilding "Phillipp Lustenberger of Swisspeace.

The MSN gathers its member organisations once a year. Colombia was the host country for this year's meeting, and Cinep/PPP received the Network's members.

The MSN meeting took place last April, and its focus was the reflection on the role of mediation in transitions towards peace and the implementation of the Final Peace Agreement in Colombia. The dialogue was nourished by the experiences of experts from South Africa, Mexico, Sweden, Italy, United Kingdom, Switzerland, the United States, Germany and Colombia, who shared over four days of constructive discussions and debates.

During the days of the MSN, the participants had the opportunity to meet with several people who are currently part of peacebuilding processes in Colombia. One of the most important moments took place in Cali, where participants had the opportunity to exchange experiences with ex-combatants of the Farc-Ep, and officials of the Agency for Reincorporation and Normalization and the Truth Commission. In addition to this, they were introduced to the "Territorial Peace Management Model" by the Observatory for Peace, and the advances in its implementation in Valle del Cauca (Southwest Colombia).

They also met with women leaders in Florida, who are in training processes in mediation and peacebuilding with the accompaniment of the Corporation for Research, Social and Economic Action –CIASE- and the "Ruta Pacífica de las Mujeres". This space provided the opportunity to go in-depth on the implementation of the gender approach of the Final Peace Agreement and the local strategies to prevent violence against women.

Additionally, MSN members held conversations with several officials of the Comprehensive System of Truth, Justice, Reparation and Non-Recurrence, to share learnt lessons and questions about how societies deal with the past once the conflict ends. "We were able to know how we deal with the past, how the victims' centrality has been, how the peace agreement was built, what was the negotiation that led to the existence of the Comprehensive System, discuss with its members how they do it and what difficulties they have had, and we were able to share examples, ideas, plus more questions from this side of the actors that support mediation". Concludes Barbara Unger of the Berghof Foundation. She also emphasised the idea that the Network does not only play a role in mediation, but also in supporting mediation, which allows the exchange with successful or failed processes, since both cases provide valuable lessons. For Barbara, the most important thing is not to duplicate efforts, but to help to enhance them.

In this sense, the MSN's mission is to improve and promote the practice of mediation and, in part, to contribute with knowledge and experiences to refine the standards and norms in territories that are dealing with political tensions and armed conflicts. Nevertheless, the members of the Network, are very aware that in Colombia conflicts are not only war-related. One of the results of the annual meeting of MSN 2019 was to identify the emergence of new conflicts in the implementation process of peace agreements in Colombia, which require mediation.

On the other hand, Judyta Wasowska of the Centre for Humanitarian Dialogue points out: "From our point of view, (...)  we are starting, trying to identify points of entry in Latin America which is an extremely complex and also a little hermetic context, in the sense that one arrives as a Western organisation, which is not necessarily well seen, nor well received" Wasowska also emphasised that both the Centre for Humanitarian Dialogue and the MSN are based on the promotion of dialogue for the resolution of conflicts. Thus, she asserts that it is a matter of education and pedagogy because not necessarily in all contexts, the actors are open to solve their disputes or conflicts through a path of dialogue.

Finally, the 2019 MSN meeting served its purpose of exchanging worldwide experiences and learnt lessons regarding mediation in peace transitions. While many questions remain about the ways in which conflicts should be addressed and the management of transition processes, there are certainties that can be highlighted like: the importance of mediation and the participation of the population in these processes, the strong link between economic reconstruction and social reconciliation, and the need for flexibility and resilience in the institutions that implement peace agreements.

El pasado 6 de abril culminó el VIII Encuentro Internacional de Historia Oral y Memorias: “Lecturas críticas, voces diversas y horizontes políticos en el mundo contemporáneo” en Bogotá. Durante tres días un público variado y de diferentes lugares de América Latina reflexionó sobre la memoria y la historia oral, sus usos, metodologías, experiencias, procesos investigativos, en un ambiente lleno de contradicciones. Además del Encuentro, los investigadores y académicos se reunieron con diferentes grupos sociales, campesinos, afrodescendientes, indígenas en varios lugares de  Colombia y suscribieron la siguiente carta en donde hace un llamado de solidaridad con el mantenimiento de la implementación del Acuerdo de Paz. 

Expectativa

Aunque era la primera vez que yo estaba allí, noté una emoción particular esa mañana. Si bien es una gente muy tranquila, se sentía gran expectativa en varios de los habitantes y visitantes de la comunidad de paz de San José de Apartadó. Esa mañana, llegarían tres miembros de la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad para hablar con ellos y entregarles la extensa documentación que han realizado por años de las violaciones a sus derechos. Algunas personas desayunaban en la puerta de la casa, un hombre mayor que usaba gafas de sol estaba sentado en un tronco y los niños corrían entre los maderos. Caminé un poco y vi al padre Javier Giraldo. Estaba hablando con una mujer. Me dirigí hacia ellos. “Le presento a Mariela, una religiosa que acompaña a la comunidad desde hace años”. Luego de un breve descanso me dijo: “Vamos le muestro la comunidad”.

Mientras tanto algunas mujeres preparaban el almuerzo, varias personas pasaban a preguntar a qué hora llegaban los comisionados, otros cargaban unas sillas plásticas. Lo primero que encontramos en el recorrido fue unos murales que hace poco terminaron y que retratan los relatos de varios habitantes sobre la comunidad y su historia. Justo al lado está el punto de encuentro principal, la cúpula. Este es un espacio híbrido entre iglesia y auditorio en el que rinden homenaje a las más de 300 víctimas que he dejado el conflicto armado en esta población. Al entrar los primero que noté son unos retratos pintados que rodean la parte alta del salón. Son casi 50 retratos de las pocas personas víctimas de la comunidad que tenían foto. Todos ellos, pintados a mano. Una imagen impactante son unos listados dispuestos a lo largo del salón en los que se recogen nombres, veredas y años en los que fueron asesinados o desaparecidos habitantes de esta comunidad. Son más de 300 y constantemente se les rinde homenaje. Atrás de la cúpula hay un pequeño mausoleo con los cuerpos que la comunidad ha logrado rescatar en los últimos años.

La universidad de la resistencia

El padre Javier le llama a esta comunidad la Universidad de la resistencia. Y no es infundado este nombre. Son muchas las organizaciones internacionales y nacionales que resaltan y apoyan a la comunidad de paz. Durante la década de los 90 el Urabá Antioqueño sufrió muy fuertemente el conflicto armado. Allí tomaron parte las Farc, el EPL, los paramilitares y el Ejército Nacional. En medio de los enfrentamientos diarios que vivía San José de Apartadó, cientos de campesinos tuvieron que enfrentar violencia, asesinatos, violencia sexual, tortura, desplazamiento y amenazas.

Ante este duro panorama, un grupo de campesinos de veredas cercanas, decidieron acogerse a ser una comunidad neutral. Esto implicaba no participar de ninguna forma del conflicto, no dar información a ninguno de los grupos, ni suministros. “Ya había muchos desplazamientos en la zona, pero finalmente le apostamos a generar una organización que fuera una comunidad neutral. Esto para exigirle tanto a la guerrilla como a la fuerza pública de que no nos íbamos a someter a ninguna de las pretensiones de ellos, que nos le íbamos a colaborar, que no íbamos a ser como idiotas de ellos, sino que nosotros queríamos autonomía del campesinado” me contaba Jesús Emilio Turberquia, ex representante legal de la comunidad.

En 1996 querían que los bandos del conflicto se comprometieran a respetar la neutralidad de la comunidad. Para esto debían hablar directamente con los comandantes tanto del Ejército como la guerrilla. Pidieron mediación con la Cruz Roja Internacional, quienes se negaron porque solo median entre actores armados, no con población civil. Finalmente la iglesia aceptó mediar y recibieron respuesta positiva de ambas partes. El 23 de marzo de 1997 firmaron la declaratoria que los identificaba como la Comunidad de paz de San José de Apartadó, un grupo de campesinos de diferentes veredas que querían estar por fuera del conflicto armado.

La idea inicial fue que la figura de comunidad neutral durara dos años, pues creían que en ese periodo de tiempo se detendría el conflicto o que ya no aguantarían más. Luego de la decisión, fue aun peor la arremetida contra ellos. Guerrilla y Ejército, que se disputaban el control territorial en ese tiempo, los atacaron acusándolos por no ayudar en sus objetivos militares. “Entonces uno ve que no había ninguna intención y que sí nos veían como un enemigo, tanto la guerrilla como el Estado colombiano” relata Jesús.

Desde esos días las familias que decidieron unirse a la comunidad de paz, adoptaron unos valores que permitieran la unidad como colectivo y que dieran tranquilidad para vivir entre ellos.  Dignidad. Diversidad cultural, resistencia, memoria y alternatividad fueron los valores acordados. Estos valores están plasmados hoy en día en los ventanales de la cúpula. Estos se intercalan con los listados de las víctimas y para varios de los habitantes de la comunidad con los que hablé, son los que les han permitido permanecer tanto tiempo. Todas las dificultades más grandes. Contra nosotros se ha aplicado todo mecanismo de guerra.  Hemos logrado resistir y aquí nos mantenemos. Ha sido esa fuerza organizativa que hemos podido ir más allá de la guerra porque no nos han podido someter a las intenciones de que hagamos parte de la guerra, pero tampoco nos han podido desalojar. Afirma vehementemente Jesús.

Durante todo este tiempo han logrado llamar la atención a nivel internacional. Múltiples organizaciones no gubernamentales, colectivos, organizaciones de derechos humanos los han acompañado en esta resistencia pacífica que le han hecho a los violentos.

El momento de la hablar

Hacia el medio día hay mucho alboroto. Los hombres que había visto antes en pantaloneta, visten ahora pantalón y camisa. Tras muchos minutos de espera, llega el momento. De un pequeño taxi se bajan tres comisionados de la verdad. María Ángela Salazar, Lucía González y el Padre Francisco de Roux saludan a las personas que atentamente los reciben. Tras un minuto de silencio, siete representantes de la comunidad les cuentan a los comisionados lo que han tenido que sufrir estos 22 años en los que han preferido mantenerse al margen del conflicto. Voces de niños, de mujeres, de ancianas se oyen para pedir a la comisión que esclarezcan las graves violaciones a los derechos humanos que han sufrido por décadas. El sentimiento constante es de tristeza por sus relatos, pero también de firmeza y convicción para pedir que se sepa la vedad de los hechos.

Desde la finales de los 90, la consolidación del paramilitarismo en la región trajo un incremento muy fuerte de la violencia para esta comunidad. Amenazas, desplazamientos, violencia sexual, asesinatos eran el pan de cada día para las familias que decidieron adherir a la comunidad de paz. Aun cuando habían decidido no participar de la guerra, los paramilitares atacaron. No les bastó solo con la violencia directa. En 2001 impidieron el paso de alimentos para la comunidad. Fueron acusados de abastecer a los guerrilleros, cuando los alimentos que compraban era para alimentar a las familias. Varios campesinos que bajaron al pueblo a llevar mercado, fueron asesinados. Ante este situación la comunidad decidió volverse autosostenible. Empezaron a cultivar lo necesario para autoabastecerse y desde allí no necesitan comprar mayor cosa en el pueblo. La denuncia constante de la comunidad es que la Brigada XVII del Ejército, cooperaba con los paramilitares en estas acciones violentas. 

Uno de los episodios de violencia más cruentos que tuvieron que padecer, se dio el 21 de febrero de 2005. Ese día, en medio del patrullaje del Ejército, paramilitares del bloque Héroes de Tolová, de las AUC, asesinaron a 8 personas de la comunidad. Entre las víctimas habían tres niños, el menor de ellos de un año y medio de edad. Por este acto, fueron condenados cuatro militares como coautores de la masacre. Este hecho marcó un giro definitivo para la comunidad. Desde ese terrorífico episodio, rompieron toda relación con el Estado, porque dicen no tener ninguna garantía de protección ni de justicia en sus casos.

“La guerra aquí ha sido por los intereses económicos, no porque ha habido presencia guerrillera. Los intereses económicos que representa esta zona y esta región son muy grandes. Estamos a puertas del mar caribe, en una zona muy productiva con muchos minerales, una reserva hídrica y muchísima riqueza” declara una de las mujeres líderes de la comunidad. “Las Farc salieron de estas tierras y aún así seguimos levantando muertos y seguimos siendo amenazados” agrega otro líder. La comunidad pensó que con el acuerdo de paz firmado con la guerrilla de las Farc, vendría paz a este territorio. Sin embargo, la situación no cambió mucho.

Desde hace varios años la comunidad viene denunciando la presencia de hombres armados en la región. Afirman que el paramilitarismo sigue manteniendo el control en algunos sectores. En los últimos meses varios de sus líderes han sido amenazados y en las carreteras siguen apareciendo muertos. A esto se suma lo que han denominado la persecución institucional. A finales de 2018, a Brigada XVII del Ejército Nacional, en cabeza de su comandante, Carlos Alberto Padilla, interpuso una tutela contra la comunidad de paz por algunas denuncias en redes sociales en las que manifiestan la convivencia de militares y paramilitares. La tutela fue fallaba a favor de los militares y ante la negativa de la comunidad a borrar la denuncia, el representante legal, German Posso, fue arrestado. “Esto significa que el Ejército quiere cortar el último espacio de denuncia de la comunidad” afirma el padre Javier Giraldo, acompañante de la comunidad.

 

La Comisión de la verdad

El recrudecimiento de la violencia en los últimos años, llevó a la comunidad a hacer un llamado a la comisión de la verdad. Los tres comisionados, luego de escuchar a la comunidad, de registrar sus testimonios y de recibir de sus manos el registro histórico de las violaciones a sus derechos, se comprometieron a estudiar este caso. Sin embargo, y aunque la gente agradece la presencia de la comisión, son muy escépticos frente a los que puedan hacer.  “nosotros sabemos que las cosas no van a cambiar, son otras personas más que nos escucharán, que conocerán la experiencia pero que no pueden hacer absolutamente nada porque no están por encima de la justicia o del gobierno colombiano” me dice Jesús Tuberquia al final del día. Varios otros campesinos lo dicen de igual manera.

Han sido 22 años de ser una comunidad neutral ante el fuerte conflicto que vive la región. Más de dos décadas en las que se han negado a participar o apoyar a cualquiera de los bandos involucrados en la guerra. Más de dos décadas en las que han pedido que los dejen trabajar la tierra tranquilos. Más de 22 años de exigir justicia en los casos de violación de sus derechos humanos y los más de 300 muertos y desaparecidos que han puesto. Las nuevas generaciones están comprometidas con mantenerse firmes en este propósito. Por ahora, lo único seguro es que esta comunidad seguirá resistiendo en medio del conflicto, como lo ha hecho en los últimos 22 años.

 

Lee también:

En las entrañas del Genocidio. El Estado colombiano en plan de exterminio de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, Antioquia, Colombia. 

 

Miguel Martínez
Equipo de comunicaciones

El reconocimiento de las víctimas es fundamental en procesos de reconciliación como el que está viviendo Colombia. Bajo la Ley 1448 de 2011, conocida como la Ley de Víctimas, el gobierno de Juan Manuel Santos creó acciones de conmemoración que reconocían la existencia de un conflicto armado en el país y de víctimas diferenciadas por tipo de victimización. Así, nació el 9 de abril como el Día nacional de la memoria y la solidaridad con las víctimas del conflicto armado, también como conmemoración del asesinato del candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán en 1948. Para William Rozo, investigador del Banco de Datos de Cinep/PPP, ese día en el que la capital colombiana se incendiaba, nació uno de los ciclos de violencia que ha tenido Colombia en su proceso de conformación como Estado – Nación y que no hemos subsanado.

El 9 de abril les da a las víctimas un marco legal que les permite reconocerse a sí mismas como tal y que, tanto el Estado como la sociedad, también lo hagan. Desde hace ocho años, este día ha tenido distintas conmemoraciones realizadas por víctimas y que han abarcado espacios públicos en todo el país. Por ejemplo, en Tumaco en la conmemoración de 2016 cientos de víctimas, docentes, niños y otros actores, se unieron para lanzar faroles al mar, cada uno con el nombre de una víctima. El año pasado en Medellín se realizó una concentración masiva en la plazoleta del Teatro Pablo Tobón Uribe y una exposición fotográfica sobre la memoria, mientras que en Bogotá se realizaron siete expresiones artísticas que cubrieron la Carrera Séptima desde el Museo Nacional hasta la Plaza de Bolívar.

Sin embargo, es fundamental entender la disputa que hay sobre las distintas verdades y memorias que existen y se están creando alrededor del conflicto armado. En esta entrevista, William Rozo hace una reflexión sobre la importancia de una conmemoración como la de hoy, la lucha de las víctimas de diferentes actores armados, incluyendo las víctimas de crímenes de estado, por ser reconocidas y el papel que debería jugar la sociedad en la construcción de memoria y solidaridad con las víctimas.

¿Cuáles son las luchas de las víctimas y de sus familias que llevaron a que este día se conmemorara?

William Rozo: Uno de los crímenes más atroces de todos los crímenes que se pueden cometer contra un ser humano es la desaparición de un familiar porque es una tortura permanente, porque no cesa el dolor. Siempre se está esperando al ser querido. Entonces los familiares de víctimas de personas desaparecidas en razón y con ocasión del conflicto, que es como se llama en Colombia y que es diferente a la desaparición forzada, siempre han estado buscando a sus seres queridos. Esa fuerza, que en su gran mayoría está liderada por mujeres, esa fuerza de mujeres que buscan, que luchan y que empezó en gran medida con las Mujeres de la Plaza de Mayo en Argentina y se fue extendiendo por todo el mundo, es la que hace que este tipo de días tengan un hito en el tiempo. La lucha es esa, es ayudar a encontrar a los desaparecidos y desaparecidas de este país. 

¿Cómo la sociedad puede contribuir a la memoria y a la solidaridad con las víctimas?

W.R: Yo creo que de eso tenemos que aprender mucho de los procesos alemanes, de los procesos judíos y de otros procesos de otros países en el que son las ciudadanías las que no sólo reconocen a las víctimas, sino que dicen “esto no puede volver a ocurrir”. Yo creo que a ese nivel tenemos que llegar en Colombia, pero para eso nos falta todavía mucho. Aquí todavía hay sectores muy poderosos que están interesados en que la guerra continúe, en revictimizar, en mantener las condiciones porque en la guerra hay unos perdedores, que es el grueso de víctimas, pero hay gente que ganó. Ganaron los empresarios y ganaron los terratenientes y esa es parte de la disputa. ¿Cuándo se cambia esa balanza? Cuando el conjunto de la sociedad no tolere y no avale eso y se movilice; ese día empiezan a cambiar las cosas. Pero todavía nos falta muchísimo para llegar allá. Una conmemoración como la del 9 de abril todavía no aporta mucho a que eso ocurra, pero va en la dirección correcta. 

¿Qué implicaciones tiene que exista el 6 de marzo como un día de conmemoración especial para las víctimas de crímenes de Estado?

W.R: Si nosotros miramos las estadísticas tanto de Cinep/PPP, como otras diferentes a las que maneja la prensa y los medios de comunicación masivos, el número más alto de víctimas son las víctimas que ha producido el Estado colombiano a partir de sus instituciones como el Ejército, la Policía y las alianzas con grupos paramilitares. La cifra puede estar cerca del 60%, y el resto son víctimas por parte de la guerrilla y otros actores, por lo que es muy importante ese reconocimiento de las víctimas. Sin embargo, el 6 de marzo es un día posicionado por las víctimas desde hace más de diez años, pero no está reconocido por ningún marco legal.  

¿Cómo lograr unir los distintos relatos y verdades que hay sobre el conflicto en una conmemoración como la del 9 de abril?

W.R: Como lo dice el presidente de la Comisión de la Verdad, el padre Francisco de Roux, no hay una sola verdad. Hay muchas verdades, el punto es ponerlas todas juntas en igualdad de condiciones: ese es el desafío. Yo siento que ahí el llamado es a jóvenes periodistas o comunicadores sociales que están saliendo de las universidades y que están con un abordaje un poco diferente, en mi opinión menos contaminado que la mediática y todos estos medios masivos que contribuyen dependiendo de los intereses en defender una u otra orilla, a construir relatos que se acerquen más a los hechos tal cual ocurrieron.

¿Cuáles son las razones para conmemorar el 9 de abril?

W.R: Primero, está como base el derecho constitucional que tenemos todos los colombianos y colombianas a vivir en paz. Segundo, tenemos que aprender a resolver todos nuestros conflictos sin recurrir a métodos violentos. Tercero, debemos posicionar por encima de todo a la creatividad para la resolución de conflictos. Cuarto, tenemos muchísimas heridas abiertas y hay que cerrarlas. Yo creo que el 9 de abril contribuye un poco a eso. Yo estoy impactado porque en la portada de El Espectador del 4 de abril hay una foto de una ex guerrillera de las Farc con un ex jefe paramilitar y un sacerdote defensor de derechos humanos en los Llanos, en un territorio donde hemos hecho peregrinaciones, que antes se estaban matando y hoy están tratando de decir “venga, aquí pusimos víctimas todos”. Ver cómo los familiares se acercan es impresionante. Quinto, hay que sanar heridas y empezar a reconstruir, a tratar de hacer un país mejor y armar este país desbaratado. Para los que somos padres de familia esa es una razón muy poderosa. Nosotros no queremos que nuestros hijos tengan que vivir en el país que a nosotros nos tocó vivir. Yo hoy tengo 46 años y no sé lo que es vivir un solo día en Colombia en paz.

 

Laura Cristina Vásquez 
Equipo Comunicaciones