Las organizaciones de la sociedad civil que hacen parte del convenio de Iniciativas de paz de la Fundación Interamericana IAF han construido dinámicas de transformación de conflictos en sus territorios. El Cinep/Programa por la Paz en el marco de este proyecto ha querido dinamizar y consolidar esta información que tienen las organizaciones para que hiciera parte del Mapa de Experiencias de Paz.

Este es un viaje por Colombia, por diversas geografías y contextos, en donde las organizaciones que trabajan desde las regiones asumen unas estrategias para transformar esos contextos conflictivos con los que conviven.

Las diferentes experiencias de paz que encontrarán aquí, trabajan en la construcción de paz territorial y algunas lo hacen en medio del conflicto armado. El Acuerdo de Paz de La Habana contribuyó a que este Mapa de Experiencias de Paz se construyera en clave de paz integral, como un rompecabezas,  teniendo en cuenta dos factores:

  • Tipo de conflictos ligados a alguno o varios de los puntos que están en el Acuerdo
  • Estrategias de acción frente a este tipo de conflictividades

Las organizaciones presentes en el Mapa de Experiencias de Paz han tomado un rol importante en sus contextos y se han preocupado por llevar a cabo acciones que respondan, transformen, mitiguen o tramiten de alguna manera esas conflictividades presentes en sus territorios. Encontramos en esta sistematización: el conflicto social y armado, conflictos asociados al género, derivados de la participación política, conflictos socio ambientales y conflictos por la tierra y el territorio.

Cada una de las 17 experiencias ha utilizado diversas estrategias para su trabajo organizativo en el territorio. Por ejemplo, la organización Caribe Afirmativo que trabaja en la costa caribe con el conflicto armado y de género se ha propuesto investigar y documentar los casos de violencia a la población LGBTI y se han mantenido activos desde diversas formas de manifestación social y de pedagogía para trabajar el tema de reconocimiento de género en el coyuntura reciente del país.  Otro caso tiene que ver con los conflictos por la tierra y el territorio, es el de la Cooperativa del sur del Cauca (Cosurca) que ha venido trabajando en el fortalecimiento organizacional de las asociaciones que pertenecen a esta organización, para la sustitución de cultivos ilícitos de la mano con la formación política y educativa.

 El MEP ha querido resaltar cinco casos representativos de experiencias de paz:

  1. Fundación Mujer y Futuro

En 1989 surge la Fundación Mujer y Futuro como una apuesta trasgresora o una organización feminista que tiene como finalidad el reconocimiento de la mujer como sujeta de derechos y su capacidad de acción para exigirlos. Esta experiencia lucha por la vida libre de violencias, la inclusión política de las mujeres y la transformación del contexto santandereano. Hace parte de la Ruta Pacífica de las Mujeres, siendo el nodo Santander. Esta organización combina diferentes estrategias para hacer frente a los conflictos asociados a la violencia de género, teniendo en cuenta su papel protagónico en la transformación de las relaciones en el departamento de Santander.

  1. Fundación Sumapaz

Nace de un proceso que inició en la Comuna 3 de Medellín, se funda en 1996 y se consolida en 1998. La Fundación se encuentra ubicada en el barrio Manrique en la zona nororiental de la capital antioqueña. Es una organización que trabaja en el acompañamiento a comunidades desplazadas y víctimas del conflicto armado en la defensa de sus derechos.

Dentro de los espacios de articulación a nivel local, la Fundación hace parte de la alianza de organizaciones comunitarias de las comunas nororientales Medellín, y, a nivel nacional, participa en la Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos y nodo Antioquia. El trabajo de la Fundación se ha centrado en la exigibilidad y reconocimiento de los derechos humanos por medio de la investigación, la difusión, la visibilización, la denuncia, el acompañamiento a organizaciones sociales, la movilización política y la interlocución para una efectiva incidencia en el diseño, definición y ejecución de políticas públicas.

  1. Hijos de la Sierra Flor, Asoafro y Asomartin

Se encuentra compuesta por tres organizaciones cuya apuesta general ha sido el empoderamiento y la transformación de relaciones conflictivas, a través de medios pacíficos de resolución de conflictos. Fundación Hijos de la Sierra Flor nace el 10 de enero de 1984, enfocando su labor en procesos de educación y capacitación a niños y jóvenes de sectores marginados de Sincelejo, con la finalidad de promover la formación social y ciudadana, además de promover una cultura de paz en su región.Por su parte, Asoafro y Asomartin surgen como experiencias regionales de empoderamiento. La primera, en perspectiva de lo que significa “ser negro” como una reivindicación étnico-política en una zona como San Onofre y, la segunda, enfocándose en el papel de la mujer indígena en Montes de María. Esta experiencia le apuesta a la articulación para el reconocimiento y fortalecimiento de las mujeres en perspectiva de construcción de paz.

  1. Fundación Natura; Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas Yurutí de Vaupés (Asatraiyuva); Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas del Vaupés Medio (Aativam); Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas de Querarí (Asatiq); y Asociación de Autoridades Tradicionales Aledañas a Mitú (Aatiam)

La Fundación Natura es una organización que busca que los pueblos indígenas de la región tengan acceso a procesos de formación que consoliden sus mecanismos de gobernanza territorial. Actualmente, su intención es proponer una agenda de construcción de paz para el departamento del Vaupés, a partir de la articulación con cuatro Autoridades Tradicionales Indígenas.

Estas Aatis tienen como precedente las formas tradicionales de organización indígena y se institucionalizaron con el Decreto 1088 de 1993 relativo a la autonomía y la gobernabilidad indígena. La zona que componen estas cuatro Aatis (cercana al casco urbano de Mitú y medio Vaupés) se encuentra enfrentada a conflictividades socio ambientales como la deforestación y la pérdida de la identidad cultural.

  1. Cabildo Indígena de Guambia

El Resguardo Indígena de Guambía es el territorio donde se encuentra la mayor concentración de la población indígena del pueblo Misak (Hijos del agua, llamados también Misag o Misak). La mayor parte de su población vive en la vertiente occidental de la cordillera Central, en las inmediaciones de los páramos de las Delicias y Las Moras; y en los cerros de Río Claro y Bujíos, en el municipio de Silvia. En menor número se encuentran en los municipios de Jambaló, Caldono, Cajibío, Puracé, El Tambo y Morales, y en La Plata y La Argentina, en el departamento del Huila. Esta experiencia se ha caracterizado por hacer frente a conflictos por la tierra, defendiendo su territorio y reivindicando sus tradiciones indígenas.

 

 

Estamos trabajándole a la paz, desde una perspectiva integral

Hablamos con Fernando Sarmiento, coordinador del área de Ciudadanías e iniciativas de paz y reconciliación que ha estado liderando este proyecto con la Fundación Interamericana IAF.

¿Qué resalta del trabajo que hizo Cinep/PPP con las experiencias de paz?

Fernando Sarmiento: Hay dos puntos importantes que marcan el carácter del trabajo que se hizo: el primero, es el reconocimiento. Las organizaciones no se reconocían como constructoras de paz entre ellas ni desde la cooperación, no se les definían como tal. Aparecían como experiencias de cultura, de tipo productivo u organizativo, aunque traían una trayectoria larga de trabajo, pero ninguna se consideraba como experiencia de paz.

El segundo, fue mostrar cómo todas esas acciones que ellos están realizando desde distintos enfoques y miradas, aportan a procesos de construcción integral de la paz. Miramos la integralidad de lo que significa el trabajo por la paz.

El resultado hoy, es que todas las organizaciones se asumen como experiencias de construcción de paz. Es un resultado bien interesante y eso mismo resaltó la IAF, porque ni si quiera la IAF lo veía así. El trabajo sí muestra que se reconocen ahora como tal, como experiencias de paz.

¿Cómo se desarrolló el proceso y cuáles fueron los más importantes hallazgos?

F.S: La metodología del trabajo de sistematización que hicimos ayudó mucho a que se crearan algunos puntos de encuentro, por ejemplo: identificar conflictividades comunes entre las organizaciones. Con el método de trabajo se crearon grupos de conflicto y estos grupos, además, estaban muy asociados a los puntos de la agenda de La Habana y esto hacía que se generara ese enlace.

Concretamente, estaba el tema de tierras en la agenda y había varias de las organizaciones que estaban trabajando sobre este asunto; y así mismo con el tema víctimas o de participación política. Por eso el resultado es que sí estamos trabajándole a la paz, desde una perspectiva integral de la paz. Los que trabajan con el tema de tierra no habían hecho la asociación con el tema de la paz y con los acuerdos de La Habana.

Se realizaron tres los encuentros en Cinep con todas las organizaciones en los que se tocaron temas como: género y víctimas del conflicto armado, participación política y tierras, y conflictos medioambientales. Luego, se realizaron grupos de trabajo en torno a estos conflictos y se identificaron estrategias de transformación.  Con eso quedó el enganche directo a reconocer que todas las organizaciones participantes trabajan el tema de paz desde distintos enfoques, desde distintas perspectivas y que el accionar de estas distintas organizaciones está contribuyendo a una mirada de paz más integral.

Reitero entonces, el primer gran resultado es reconocer que sí somos organizaciones que trabajan con la paz y no lo habíamos entendido.

Y el segundo gran resultado es el inicio de la articulación entre las diferentes organizaciones. Se empieza a generar el Sistema de iniciativas de paz. Estamos pensando aún cómo funcionaría ese sistema. Desde el trabajo de investigación y con la metodología que se utilizó hicimos varios aportes a la construcción de este Sistema, por ejemplo, identificar núcleos de conflicto y acciones concretas de trasformación.

Sobre el desarrollo del Sistema hay que ver la experiencia y su riqueza, pues, en muchos casos, podemos elevar la escala de incidencia para que a través del Sistema se puedan mostrar experiencias locales y regionales en el nivel nacional. Que esa capacidad de aportar a la reflexión se eleve como mecanismos de incidencia de políticas públicas para el posconflicto. Esto fue parte del diálogo con Marc Chernick en su última conferencia.  Marc resaltaba mucho ese nivel político de la construcción de la paz, para él era importante que no se quedara en el nivel comunitario de la base, sino que también tuviéramos una perspectiva más política de la construcción de la paz para incidir en en el diseño de políticas públicas de implementación de acuerdos o el diseño institucional.

¿Qué viene ahora para el proyecto de la IAF?

F.S: En este momento entramos a la fase dos que es, efectivamente, darle continuidad a los proyectos con los que veníamos trabajando. Una invitación que nos hicieron por la dificultad de financiación fue que nos asociáramos. Entonces, se crearon articulaciones entre las organizaciones para presentar propuestas a la IAF. Nosotros nos aliamos con Gaia y con Natura que son dos organizaciones que trabajan el tema ambiental. Nos aliamos para profundizar capacidades para la construcción de paz, identificar las estrategias para afrontar los conflictos y nuevos conflictos asociados a cambio climático, minería, deforestación y presencia de grupos armados. Como Cinep vamos con este proyecto del Amazonas macro territorial y de acción estratégica.

La idea es fortalecer los proyectos que existen y las organizaciones participantes, aunque al Sistema de iniciativas de paz se van a vincular otras organizaciones con las que venía trabajando la IAF.  Ellos tienen el interés de vincularlas actualmente, pues no quieren que se pierdan del Sistema. Con esto vemos que va haber una red amplia y con bastante presencia en el país trabajando desde local y nuestra tarea sería hacer el puente desde lo nacional. Esta es una de las ideas de Marc Chernick, él quería que se realizaran muchas acciones de visibilización de las experiencias, mostrando su trabajo a través de la comunicación y la incidencia.  

Consulte aquí: Sistematización participativa de diecisiete experiencias de Paz en Colombia

 

Experiencias de paz 

 

Laura Inés Contreras Vásquez

Equipo de Comunicaciones

*Información construida a partir del documento Sistematización participativa de diecisiete experiencias de Paz en Colombia realizado por el equipo de Ciudadanías, Paz y Reconciliación.

Como parte de nuestra Serie Pedagogía Electoral, presentamos el último programa sobre Redes Sociales y Política. 

Nos acompañaron:

  • Felipe Sánchez, director del Observatorio de Redes sociales de la Sergio Arboleda. Abogado de la Universidad Javeriana, director del Observatorio de Redes Sociales de la Universidad Sergio Arboleda. Es autor del libro "Del daño virtual a la responsabilidad legal".
  • Adriana Molano. Columnista de la Revista Dinero, consultora en la elaboración y formulación de proyectos digitales. 
  • Liliana Gómez, Ph. D. En ciencias de la información y de la comunicación. Profesora de la maestría de comunicación política del Externado. Autora del libro tw y política

Programa producido por Javeriana Estéreo 91.9 FM Pontificia Universidad Javeriana y Cinep Programa Por la Paz.

Por: Tatiana Cuenca*

La falta de reconocimiento de la importancia del campesinado como grupo social en Colombia ha llevado a su exclusión social y a su consideración como un sujeto atrasado que está fuera de las dinámicas del desarrollo y, por lo tanto, que tiende a desaparecer. Por esto, desde hace algunos años el campesinado viene exigiéndole al Estado colombiano su reconocimiento como sujeto de derechos, exigencia que surge por la necesidad de ser tenido en cuenta dentro de las políticas públicas como un sujeto especial de protección debido a su situación de vulnerabilidad y falta de acceso a derechos en la que se encuentra como un mecanismo afirmativo frente a un sector que alimenta el país.

No reconocer al campesinado como grupo social diferenciado lleva a que tampoco sea tenido en cuenta en los censos poblacionales como una categoría diferente más allá de población rural que no habita en las cabeceras municipales y se denomina “resto” [1]. Esta ha sido la lógica que ha primado en Colombia en los últimos censos poblaciones. Inclusive en el Censo Nacional Agropecuario de 2014 que da cuenta de la situación productiva del campo y las características de los productores, no se tuvieron en cuenta preguntas específicas que indagaran sobre la identidad cultural del campesinado y su situación socioeconómica.

Es así como a partir de una acción de tutela organizaciones campesinas le exigieron al Estado colombiano ser incluidos en el Censo poblacional de 2018, medida acordada, e incumplida, a mediados de 2016 entre el Gobierno nacional y la Mesa campesina del Cauca. Recientemente, la Corte Suprema de Justicia emitió un fallo en el que reconoce que se dejó pasar la oportunidad de que en el Censo de 2018 se identificara al campesinado, y hace un llamado de atención a las instituciones del Estado responsables para que elaboren estudios complementarios al Censo agropecuario 2014 y al Censo poblacional 2018 que permitan delimitar a profundidad el concepto campesino y contabilizar a los ciudadanos que integran ese grupo poblacional.

El fallo la Corte Suprema también reconoce la necesidad de que el Gobierno nacional lleve a cabo programas de política pública encaminados a mejorar las condiciones sociales y económicas del campesinado como grupo poblacional y sujeto de especial protección constitucional. Además, hace un llamado para que “desde el Grupo de Asuntos Campesinos del Ministerio del Interior, se identifique la situación actual de la población campesina y se apoye la formulación y seguimiento de planes, programas y políticas públicas que permitan la materialización del derecho fundamental a la igualdad material que le asiste al campesinado”. En el siguiente video les contamos más:

[1] Según la ficha técnica para la variable “Población Rural” utilizada por el DANE, esta corresponde al número de habitantes que viven por fuera de la zona urbana (cabecera) y dentro de la zona rural (término homologable a la definición de “resto”) que está constituida por los centros poblados y por la zona rural dispersa.

*Investigadora del equipo Movilización, territorio e interculturalidad de Cinep/PPP

La larga historia de violencia política en Colombia, de la cual, el conflicto armado es apenas una de las manifestaciones más evidentes; ha dejado tras de sí un gran saldo de víctimas y una sociedad profundamente dividida. A la cifra de muertos de la guerra, se le suma a diario un número nada despreciable de víctimas a causa de la intolerancia social.

Las promesas consignadas en los textos constitucionales y en los pactos de paz para promover la inclusión política y el pluralismo, contrastan con episodios cotidianos de agresión verbal y física entre opositores políticos; la polarización social que se muestra en los medios de comunicación y las redes sociales; la estigmatización de actores que defienden identidades no hegemónicas o la persecución por xenofobia, entre otros factores críticos.

Este número de la revista Controversia dedicado al tema de "Violencia, intolerancia y reconciliación en Colombia", trasciende la comprensión reduccionista de la reconciliación como exclusiva del campo del conflicto armado y su transición y en cambio plantea una de mayor complejidad que interpela si la exclusión y el desprecio por la diferencia se anidan en las causas del conflicto, la falta de convivencia y la reproducción de la violencia en Colombia.

Los autores de fuera de Colombia pueden participar con ensayos sobre procesos de violencia y paz similares en otros países de América Latina o del mundo.

Editora invitada:

Magda Beatriz López. Investigadora del Área de Ciudadanía, Iniciativas de Paz y Reconciliación del Cinep/Programa por la Paz.

 

Fechas:

Apertura: 15 de mayo de 2018

Cierre: 30 de junio de 2018

Publicación: noviembre de 2018 

Para mayor información, puede escribir a:

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Consulta aquí el Manual de publicación para autores

 https://www.revistacontroversia.com

 

Editorial: Sin tierra no hay paz

  • Mar 20, 2019
  • Publicado en Prensa

El conflicto por la propiedad y uso de la tierra en Colombia es uno de los principales problemas sin resolver. Quizá el más profundo y estructural. Por eso en el Acuerdo de Paz, el punto sobre la reforma rural integral, tiene como desafío resolver este grave problema. Colombia es uno de los países que históricamente ha sido uno de los más desiguales de Latinoamérica en distribución de tierra. Y, esta desigualdad ha sido reconocida como uno de los detonantes en la creación de organizaciones guerrilleras y paramilitares. Si bien esta situación no justifica la terrible violencia, si la explica.

El reciente informe, Radiografía de la Desigualdad en Colombia, elaborado por la Oxfam Internacional, con base en el Censo Nacional Agropecuario, arrojó datos y análisis alertando sobre la dura situación que viven las comunidades rurales del país. Se indica que el 1% de las fincas de mayor tamaño tienen en su poder el 81% de la tierra; mientras el restante 19% de tierra se reparte entre el 99% por ciento de las fincas. Es injusto que el 0,1% de las fincas que superan las 2.000 hectáreas ocupen el 60% de la tierra. La propiedad de la tierra se ha venido concentrando en pocas manos, mientras la tierra de los desplazados y los baldíos de la nación han quedado en poder de personas y empresas terratenientes. En consecuencia, un millón de hogares campesinos viven en menos espacio del que tiene una vaca para pastar. A esto se agrega que el 42,7% de los grandes propietarios dicen no conocer el origen legal de sus terrenos. Respecto al uso de la tierra, los datos hablan del mal uso que se hace de ella: de 43 millones de hectáreas con uso agropecuario, 34,4 se dedican a ganadería y solo 8,6 a la agricultura. El uso debería ser a la inversa: 15 millones deberían utilizarse para ganadería y se usan el doble; mientras 22 millones deberían usarse para cultivar, pero estamos lejos de esta cifra. No hay duda, se necesita un fuerte cambio en el campo si queremos una paz justa, estable y duradera.

En carta enviada por campesinos colombianos al Papa durante su visita a Colombia el año pasado, decían: “Creemos, al igual que el santo padre, que la tierra debe estar al servicio de la vida y la justicia. Que la agricultura, la alimentación y la vida digna de los campesinos son factores indispensables para el presente y el futuro de la humanidad. Que la madre tierra es un don de Dios y no debe ser utilizada por multinacionales extrayendo de sus entrañas y acabando con la vida, favoreciendo solo a unos pocos vulnerando los derechos de los menos favorecidos. Acogemos con gozo y esperanza su mensaje a los campesinos del mundo donde nos abriga con sus palabras llamando a la solidaridad, la justicia y la equidad. Con esperanza y fe en Dios”.

Luis Guillermo Guerrero Guevara

Director del Cinep/Programa por la Paz