Por: Susana Noguera

A orillas del arroyo Bruno los juncos, los guayacanes y las acacias crecen sobre un delicado tapiz de musgo. La vegetación le da al agua muchas tonalidades de verde que contrastan con el color beige, casi amarillo, de las rocas que también comparten esa rivera. Para los dos hijos de Leobaldo Sierra, que tienen 4 y 2 años de edad, es normal bañarse varias veces al día en el Bruno pero Leobaldo sabe que es especial tener un río sin contaminación en la parte de atrás de su casa y por eso se escandaliza con la sola probabilidad de que la desviación que propone el Cerrejón lo dañe. (Vea la inforgrafía de cómo deviarán el arroyo Bruno en la Guajira)

Tiene ese miedo porque este año Corpoguajira aprobó la desviación del arroyo Bruno, que nace en la reserva natural de los Montes de Oca y corre 26 kilómetros para encontrarse con el río Ranchería, que a su vez es una de las principales fuentes superficiales de agua del departamento de la Guajira. El Bruno además esconde 40 millones de toneladas de carbón bajo su lecho así que en 2013 se volvió parte esencial del plan de expansión de la mina el Cerrejón. La Agencia Nacional de Licencia Ambientales (Anla) y Corpoguajira le dio las licencias al Cerrejón para cambiar el recorrido del río a lo largo de 3.6 kilómetros y moverlo 700 metros al norte, más cerca de la carretera principal.

La empresa socializó el proyecto con los habitantes de las orillas del Bruno entre ellos la familia de Leobaldo Sierra que vive en la comunidad La Orqueta y tiene como patio trasero uno de los pocos ecosistemas de bosque seco tropical que quedan en Colombia. Aunque ellos no viven en la parte de arroyo que se va a intervenir, tienen muchos reparos sobre el proyecto porque, afirman, podría afectar al cuerpo de agua como un todo.
Con la modificación, el cuerpo de agua estaría atrapado entre una explotación minera a cielo abierto y una concurrida vía pavimentada. Leopoldo recuerda que cuando llegaron los funcionarios trajeron folletos con brillantes colores y lindos dibujos para explicarle cómo replantarían todos los árboles nativos a orillas del nuevo cauce y con ellos migrarían las especies que viven a orillas del río pero él no se explica cómo podrán desplantar esos centenarios árboles sin dañarlos.

Los voceros de la empresa afirman que harán una réplica exacta del antiguo cauce. Aseguran que tienen todas las herramientas para mitigar el impacto ambiental que generaría la obra. Para ello contrataron a Ingetec (que también hizo los estudios del río Ranchería cuando, en 2012, la empresa quiso desviarlo para sacar las 500 millones de toneladas de carbón que tiene debajo) y Alluvium, una consultora australiana.

El Cerrejón esgrime argumentos económicos y laborales porque, según sus cálculos, si no se desvía el arroyo la empresa dejaría de producir 3 millones de toneladas anuales. Esto significa que estarían en juego 600 empleos, $500.000 millones en compras a la región y $3,7 billones de regalías. Para Jazmín Romero Piayú, vocera del pueblo wayúu, esta aseveración es “violenta porque enfrenta a miembros de las comunidades entre ellos”. Si aceptan ese argumento, dice, entrarían en etapa de autoexterminio porque cambiaríamos su arroyo, su agua, por un trabajo que de todas formas se acabará dentro de unos años.

Lo que más temen todas las comunidades es que, con los cambios que se han dado a lo largo de los últimos 40 años (muchas veces sin su conocimiento ni consentimiento), su región cambie tanto que el desarrollo minero deje por fuera sus costumbres ancestrales, su forma de vida campesina y su cultura. Así lo resumió Rosa Galván, una joven que nació en Chancleta y está estudiando administración de empresas. Para ella es claro que, tanto indígenas como afrodescendientes quieren “que se nos reconozca el derecho a vivir en nuestro territorio y elegir qué hacer con nuestras vidas”. En resumen, no quieren ser daños colaterales de la minería.

 

El equipo Movimiento sociales del Centro de Investigación y Educación Popular/ Programa Por la Paz (CINEP/PPP) presentó en Bogotá su más reciente publicación: “Hasta cuando soñemos”. Extractivismo e interculturalidad en el sur de La Guajira.

El evento, que se llevó a cabo el jueves 14 de abril y tuvo lugar en el auditorio Margarita González de la Universidad Nacional, contó con la participación de Alejandro Angulo, S.J., Camilo Borrero y Rosembert Ariza como comentadores, y de Mauricio Archila, investigador del CINEP/PPP.

“Hasta cuando soñemos” es el resultado de la investigación “Teoría y práctica del diálogo de saberes: la consulta previa en La Guajira”, realizada con el apoyo financiero de Colciencias con el objetivo de generar conocimiento sobre el diálogo de saberes y sistematizar la manera como esta traducción intercultural se pone en práctica en el proceso de Consulta Autónoma de la comunidad wayuu del Resguardo Provincial en Barrancas.

Uno de los aportes de esta publicación es que muestra cómo se rompe la promesa del carbón y la extracción como motor del desarrollo. “El libro hace visible la gran sabiduría y la propuesta de vida del pueblo wayuu frente a los problemas sociales que padecen como consecuencia de procesos de desarrollo basados en la explotación de recursos naturales”, expresó Luis Guillermo Guerrero, director general del CINEP/PPP.

De acuerdo con Camilo Borrero, Coordinador del Doctorado en Derecho de la Universidad Nacional de Colombia, el libro demuestra que es posible el trabajo colaborativo entre investigadores sociales, activistas y comunidades en la reconstrucción de la historia y de la memoria sobre el territorio para las acciones futuras.  

“Me parece maravilloso porque puede ser leído por personas que tengan intereses diversos, por comunidades que deseen conocer cómo ha sido la consulta previa y cómo es la consulta autónoma en un determinado caso. También por activistas y ONG porque trata sobre la investigación y la acción colaborativa”, aseguró Borrero.

Para Rosembert Ariza, profesor del Departamento de sociología de la Universidad Nacional de Colombia, “el libro nos actualiza en datos muy interesantes de la situación de vida de un pueblo, de sus sueños, de sus perspectivas y de su cosmovisión. Está actualización sirve para construir una concientización de lo que va a pasar en el país a largo, mediano y corto plazo”.

Por su parte, para Alejandro Angulo, S.J., coordinador del Banco de Datos de DD. HH. y Violencia Política del CINEP/PPP, el libro analiza muy bien los motivos por los que hay que cuidar uno de los territorios más importantes y más bellos del país y a una de las poblaciones más vulnerables. “El libro hace una crítica de cómo se ha descuidado a esta población y sugiere remedios. Me parece que realmente aporta tanto a las políticas públicas como al conocimiento científico”, aseguró Angulo.

El significado de “Hasta cuando soñemos”

Este nombre habla de la relación entre las comunidades wayuu, sus territorios y su cosmogonía indígena, según la cual la sabiduría y la ruta a través de la que se toman las decisiones en las comunidades están en los sueños.

Además, frente al afán de la empresa Cerrejón por lograr una respuesta respecto a las consultas previas, que se necesitaban para la aprobación del proyecto que amenazaba con la desviación del río Ranchería, los líderes de las comunidad de Provincial siempre respondieron: “Hasta cuando soñemos”.

¿Por qué leerlo?

Mauricio Archila, investigador del CINEP/PPP y autor de la publicación, considera que a propósito de la discusión sobre la aprobación de la licencia de exploración en La Macarena, “Hasta cuando soñemos” puede servir para reflexionar sobre el papel de la consulta autónoma de las comunidades como una alternativa a la consulta previa.

Escucha y descarga el audio del evento

 

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