Donald Trump llegó a la presidencia de los Estados Unidos. Sucedió lo que no era previsible ni deseable para un poco menos del cincuenta por ciento de los votantes norteamericanos, para la mayoría de los analistas, para las encuestas y para varias naciones del mundo.

Este hecho sigue confirmando la tendencia mundial de lo impredecible en asuntos políticos, tal y como sucedió este año con la salida del Reino Unido de la Unión Europea, la larga elección del Presidente Mariano Rajoy en España y el Plebiscito por la Paz en Colombia. ¿Pero, cómo entender este tipo de resultados y comportamientos políticos en nuestras sociedades contemporáneas?

Algunas hipótesis explicativas nos pueden ayudar a comprender esta situación. Una primera hipótesis es que vivimos en sociedades con altos grados de polarización, basadas en una visión estereotipada de la realidad: el mundo es solo blanco o solo negro, no hay grises, no hay colores. Compresiones que no admiten la riqueza de las diversas culturas, creencias e identidades, ni los cambios. Lo diverso es un peligro latente. Los diferentes se constituyen en sospechosos y en enemigos, se justifica la exclusión, el odio y la violencia. El cambio de los modelos sociales tradicionales produce inseguridad y miedo de perder poder, así sean sistemas sociales injustos y excluyentes en ellos se tiene confianza.

Una segunda hipótesis muestra que actualmente en los eventos electorales la ciudadanía se moviliza más por factores afectivos, de estado de ánimo y pragmáticos que resuelven problemas del diario vivir, que por elementos reflexivos y analíticos que buscan cambios de largo plazo. En este sentido la política se convirtió más en un instrumento transaccional para el beneficio individual y no para el bien común. La política elevó sus grados de corrupción en amplios sectores de dirigentes y de ciudadanos, a la vez que perdió legitimidad y credibilidad en la sociedad. Resultado de esta situación es: el uso de la política para castigar a los mandatarios de turno sin importar las consecuencias. Y, la despolitización ciudadana, el desinterés por los temas políticos y fenómenos como la abstención masiva.

Una tercera hipótesis afirma que la influencia de la comunicación política ha fracasado: por difundir mensajes distorsionados, por hacer eco de prejuicios, por incapacidad en descubrir y analizar movimientos y tendencias de baja frecuencia, pero de gran recorrido y profundidad. Trump, el Brexit y el No al plebiscito ganaron con el voto oculto frente a un gran esfuerzo de los electores con un voto culto e informado. Esto es una realidad.

En Aparecida los obispos constataron que en América Latina avanzan diversas formas de regresión autoritaria por vía democrática que, en ciertas ocasiones, derivan en regímenes de corte neopopulista. La inmadurez de dirigentes políticos radicaliza sus posiciones, fomentan la conflictividad, polarizan, generan frustración y desencanto por la política y particularmente por la democracia. Para encontrar estas ideas podemos consultar el documento en los números setenta y cuatro, setenta y cinco y setenta y siete.

 

Luis Guillermo Guerrero Guevara
Director general Cinep/Programa por la Paz

Una vez realizado el plebiscito, estamos frente a un reto histórico difícil para conseguir un acuerdo de paz. La mínima diferencia del NO sobre el SI, ha dejado hasta el momento al país en una incertidumbre política y económica que debemos transformar en oportunidad.

La tarea seria es no perder lo construido durante los dos años de preparación para la negociación y los cuatro años de su desarrollo en La Habana, así como la posibilidad real de generar un acuerdo que recoja de manera concertada no solo las pretensiones del NO y las del SI, sino lo que necesita el país, sus ciudadanos y en especial las víctimas del conflicto armado.

El acuerdo debe apuntar prioritariamente a trabajar la crisis espiritual que tenemos como sociedad. El acuerdo es para ayudar a la construcción de una paz con justicia social, una política incluyente y democrática y una economía para generar equidad y bienestar para los ciudadanos. El acuerdo no es solo para resolver los intereses particulares, en el orden judicial, económico y político, de algunas élites o sectores sociales del país, sean ellas de los sectores sociales influyentes o de los grupos alzados en armas.

La compleja renegociación está encima de la mesa, no se puede soslayar. El alcance que se le quiere dar, las modificaciones y sus resultados, se espera sean claras. Estas definiciones están en manos, en primer lugar del Gobierno Nacional; en segundo lugar, en manos de la oposición o sea del Centro Democrático y otros grupos que votaron por el NO, en tercer lugar en manos de las FARC-EP. Pero igualmente está la mayoría ciudadana que debe movilizarse y expresar su voz y acción constructiva. Hasta el momento se han hecho visibles cinco puntos donde se centraría la renegociación: el primero busca clarificar la participación política de los comandantes de las FARC-EP en cargos del poder legislativo y ejecutivo. El segundo punto es el debate sobre la exclusión de las fuerzas armadas, lo mismo que a los civiles que hayan apoyado con recursos la guerra en la justicia transicional. El tercer punto, también sobre justicia, apunta a revisar las penas que van a cumplir las FRAC-EP; en los acuerdos sobresalen más las penas restaurativas de cara a la reparación de las víctimas, como el trabajo social o restricciones de la libertad, que las penas punitivas como pagar efectivamente cárcel, en especial para delitos atroces en el contexto de la guerra. El cuarto punto propone la exclusión del narcotráfico como delito político conexo al conflicto armado. Finalmente, el quinto punto, propone clarificar aún más el tema de dejación de las armas.

La crisis nos pone ante un escenario desafiante. Que esta oportunidad nos haga sensibles a la invitación libre y responsable que nos hace el Dios de la Vida para construir el proyecto del Reino de Justicia y de Amor eficaz.

 

Luis Guillermo Guerrero Guevara
Director General CINEP/PPP

Tras el anuncio de la pregunta del plebiscito“¿Apoya usted el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera?”, Cinep/Programa por la Paz da el SÍ  y presenta su campaña “Millones de razones para dar el SÍ” 
 
En este momento crucial en la historia de nuestro país, estamos llamados a manifestar públicamente nuestra posición: le decimos SÍ al plebiscito desde la reflexión, conscientes de que esta es una oportunidad democrática para dar un paso más hacia la meta de la construcción de una sociedad justa, sostenible y en paz.

Compartimos este comunicado para expresar nuestros argumentos al SÍ y como una invitación a la ciudadanía para que se sume a las “Millones de razones para dar el SÍ”.
 
 
¿Por qué Cinep/PPP dice Sí a la Paz?
 
Los acuerdos de paz, cuyo texto definitivo fue socializado el 24 de agosto del 2016, se han construido durante 4 años gracias a un trabajo juicioso de las delegaciones del Gobierno nacional y de las FARC-EP, y han hecho progresar la participación persistente de la sociedad colombiana y de las víctimas del conflicto, que ha sido diversa en todas las regiones de Colombia a lo largo de las tres últimas décadas.
 
El acumulado de investigación del Cinep sobre el origen y la evolución del conflicto armado colombiano, el proceso regional de configuración del Estado, la importancia de las luchas sociales en una sociedad democrática, la plena vigencia de los derechos humanos y la movilización social por la paz, así como la experiencia en educación y acompañamiento a comunidades y organizaciones, es compatible con aquello que está recogido en el texto del acuerdo. De igual forma, el acuerdo refleja la experiencia acumulada en Cinep gracias a su fusión con el Programa por la Paz, en relación con la construcción de paz con los actores y las comunidades que más han sufrido la guerra.
 
La combinación de estas acciones ha hecho que el Cinep/PPP esté llamado a pronunciarse en múltiples escenarios sobre el mecanismo de refrendación ciudadana que las partes han acordado en La Habana. En los escenarios académicos y de cooperación internacional se esperan los análisis del Cinep/PPP sobre los contenidos y los alcances de los acuerdos de paz frente a los problemas estructurales del país que hemos estudiado durante 44 años. Por parte de la opinión pública, se espera una posición clara del Cinep/PPP respecto de las razones por las cuales este mecanismo de refrendación está fortaleciendo el proceso de legitimidad de las instituciones colombianas. Nuestros socios de sentido, es decir, las comunidades y los actores sociales a los cuales debemos nuestro trabajo, están esperando nuestro acompañamiento y orientación para participar en esta importante cita democrática.
 
Nuestra posición en el plebiscito es un Sí reflexivo. Es una invitación a los ciudadanos y ciudadanas para que aprovechemos esta oportunidad democrática como un paso más hacia la meta de la construcción de una sociedad justa, sostenible y en paz. Invitamos a participar en la votación del plebiscito con un Sí consciente, porque los acuerdos de paz no solo son la oportunidad de transformar la confrontación armada en la disputa de las ideas en la arena política, sino también porque su contenido trata de responder a las expectativas y necesidades sentidas de la Colombia profunda, que ha sido tradicionalmente excluida de la participación política y severamente golpeada por un conflicto de muchos años, y que hoy aspira a integrarse en el proceso de la construcción del Estado y del desarrollo integral de sus regiones por medio del ejercicio de la política en condiciones de paz.
 
Decir Sí es también un acto de solidaridad con las víctimas del conflicto. Nosotros, que a pesar de haber sufrido la guerra y la pérdida de nuestros compañeros Mario y Elsa, de vivir y acompañar experiencias cercanas de dolor, no hemos vivido con todas las víctimas sus rigores y en carne propia el desplazamiento forzado, el despojo de tierras, el secuestro o la desaparición forzada. Por eso, al invitar a votar Sí estamos siendo solidarios con el país que ha sufrido los tormentos de la guerra. Votar Sí es un acto ético de responsabilidad y coherencia con nuestro trabajo durante décadas. Votar Sí es también un acto de amor eficaz para comprometernos como sociedad a que nunca más se repita la guerra, para que nunca más las víctimas sufran sus rigores. Este Sí a la paz llama a construirnos como sociedad diversa, a aprender a tramitar nuestros conflictos sin recurrir a la violencia, sino a generar condiciones para la convivencia pacífica y la solidaridad, en últimas a dar a la vida el mayor valor y cuidado.
 
El Sí abre caminos para construir nuevas formas de relación entre el campo y la ciudad. El Sí es una oportunidad para reconocer la importancia de la economía campesina, sus territorios y sus gentes. El Sí reafirma que los pobladores rurales deben tener los mismos derechos humanos integrales que han sido negados a los pobres de Colombia. El Sí es una oportunidad para transformar desde abajo la participación política y decidir desde los territorios. El Sí es un espaldarazo a la movilización social y a la protesta como formas de participación política. El Sí cuestiona la fallida política antidrogas, hecha a espaldas de las comunidades rurales y de sus necesidades. El Sí reconoce que el problema del consumo de drogas es un asunto de salud pública, no de Derecho Penal. El Sí pone a las víctimas en el centro de la justicia. El Sí es una opción por una justicia transicional, de carácter prospectivo y restaurativo, que combine las exigencias de las víctimas por la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición con la necesidad de paz para las generaciones futuras, que no deben ser víctimas de violencias venideras. El Sí es un momento crucial que hemos esperado y que difícilmente se presenta en la historia de las sociedades, es la oportunidad de construir en concreto un proyecto de sociedad incluyente y sin violencias. Nuestras voces serán un vehículo más para llevar estos mensajes. El Sí es una oportunidad para que la ciudadanía colombiana recoja la posta de la paz y la lleve hasta la meta desde todas las regiones.
 
Por estas razones Cinep/PPP dice Sí a la Paz.
 
 
 
 
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Mónica Osorio Aguiar
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