En Colombia se habla del fin del conflicto, de la consolidación de la paz, de la negociación con las FARC y ahora con el ELN y -en ese marco- de la participación activa de las víctimas y de la garantía a sus derechos. Pero acaso es claro a qué nos referimos cuando hablamos de “víctimas”.
Porque reconocemos que para que sea posible la reconciliación y la consolidación de la paz es necesario construir un concepto de víctima amplio y diverso nos proponemos en este Rompecabezas dar algunos elementos de análisis sobre la construcción de este concepto. 

Invitados:

*William Rozo de Cinep Programa Por la Paz

*Aura Bolívar de Dejusticia

*Luis Carlos Sánchez del Centro De Memoria Histórica

*Ángela Ospina de Centro De Atencion Psicosocial

 

 

Hace 14 años, en el páramo de La Sarna, fueron asesinadas 15 personas, acusadas de pertenecer a la guerrilla, por paramilitares del Casanare. El pasado 29 de noviembre las familias de las víctimas y los habitantes de Sogamoso, veredas y poblaciones cercanas realizaron la VIII peregrinación para recordar los hechos criminales y mantener viva en la memoria las historias de sus seres queridos. 

  

El 1 de diciembre de 2001, Hernando Gómez Garavito conducía el bus de la empresa Cootracero que cubría la ruta Sogamoso-Labranzagrande. A la altura del páramo La Sarna dos de los ocupantes obligaron a Hernando a detener el vehículo, cuatro cómplices más esperaban en la carretera, los demás pasajeros fueron forzados a descender; acostados boca abajo sobre el pavimento, tres mujeres y doce hombres fueron asesinados con tiros de gracia. Sobrevivieron tres personas, dos menores de edad y Ercilia Garavito Granados tía de Hernando.

 

Mediante la sentencia del 24 de agosto de 2015 proferida por el juzgado 56 penal del Circuito Programa de descongestión OIT, fue condenado Luis Afrodis Sandoval, quien trabajaba como informante del Ejército y era el enlace entre la fuerza pública y el grupo paramilitar Autodefensas Campesinas del Casanare que cometió la masacre. Esta sentencia también ordena investigar al comandante del batallón Tarqui, Coronel Jaime Esguerra Santos hoy Mayor General  y Jefe de Operaciones del Ejército.

Familiares de las víctimas, organizaciones sociales y pobladores de municipios y veredas cercanas peregrinan al lugar de la masacre el último fin de semana de noviembre. Durante la conmemoración de este año se celebró una eucaristía, se recordaron historias de vida de las víctimas y como año tras año se suman símbolos de memoria. En esta ocasión, se instaló una placa conmemorativa con quince fotografías y avances del proceso judicial, acompaña así las quince veletas, quince cruces y quince piedras blancas en las que aún se lee“No más sangre, no más lágrimas. Por la vida, la dignidad y la justicia, mantengamos encendida la luz de la memoria” .

Revive aquí los sonidos de la conmemoración:

 

 

Creatividad cotidiana y motivar indagación del pasado sin olvidar el aquí y el ahora: elementos  hacer memoria

La construcción de memoria se está trabajando en los colegios de Bogotá incluso antes del posacuerdo. Las experiencias se presentaron en el Foro Pedagogías para la re-significación de la vida. Memoria y reparación en la escuela, el 24 de noviembre, convocado por la Secretaria de Educación Distrital y el CINEP/PPP.

Jorge Aponte, docente Universidad Pedagógica Nacional (UPN), ha trabajado el tema de la genealogía de la enseñanza y explicó en su intervención que, desde el proyecto que realizan, la memoria puede ser una posibilidad de transición para superar el conflicto. Desde hace dos años la UPN trabaja con sus estudiantes en la línea de investigación de los estudios de la memoria, que generalmente se ha desarrollado en países que han vivido conflictos complejos.

Dentro de sus pedagogías, Aponte afirmó que no se puede obligar a aprender, por lo que no resulta útil imponer una serie de contenidos prediseñados. Insistió en que es necesario producir las condiciones para despertar en los estudiantes el deseo, la curiosidad y el afecto de indagar el pasado y comprenderlo desde su presente.

A partir de este proyecto, proponen un enfoque pedagógico de enseñanza desde la historia reciente. Han realizado trabajos donde vinculan el pasado y el presente, y Aponte destacó como experiencia exitosa invitar a las aulas a personas que trabajan temas políticos y de DD.HH. para hacer más comprensibles los temas.

Laura Rodríguez, investigadora del CINEP/PPP, presentó la estrategia pedagógica “La travesía de la luz” que se ha implementado con niños, niñas y adolescentes (NNA) víctimas del conflicto armado, en instituciones educativas distritales. Por medio de la creatividad cotidiana, con actividades artísticas de las que participan, se busca fortalecer en los NNA la capacidad de apropiación de su historia de vida. El trabajo se realizó con colegios de las localidades de Suba, Bosa, Ciudad Bolívar, San Cristóbal y Usme; lugares donde se concentran la mayoría de las 30.000 personas víctimas que viven en la capital.

Al finalizar el evento, surgieron dudas sobre el papel de los docentes víctimas del conflicto y las posibilidades de desarrollar sus proyectos de memoria. Además, se propuso multiplicar las estrategias creativas de “La travesía de la luz” para aplicarlas en otros colegios.

 

Las luchas y el dolor de las personas victimizadas por el Estado y el paramilitarismo son analizadas desde la academia por Diana Gómez, antropóloga e historiadora, en su tesis doctoral “De vientre, amor y sangre” que expuso el pasado 20 de octubre. Ésta fue la primera presentación del ciclo de discusiones Transiciones en disputa. Pensando la paz entre teoría y práctica.

El trabajo de Gómez se centra en comprender la realidad de las víctimas en dos perspectivas: desde la transformación del dolor en capacidad de lucha y desde los afectos que se manifiestan en los cuerpos de quienes sufren la pérdida de sus seres queridos. Además, define su investigación como participativa y autoetnográfica, pues su padre, Jaime Gómez, fue desaparecido y asesinado cuando trabajaba como asesor de Piedad Córdoba.

“Los muertos tienen agencia” dice Gómez, integrante del movimiento Hijos e Hijas por la Memoria y contra la Impunidad, mientras planteaba la influencia de esos seres queridos en la continuidad de los procesos de lucha que motivan la conformación de colectivos en los que participan las personas victimizadas. En estos espacios se reconfiguran las relaciones de quienes los integran “son entendidos como familia, donde encuentran solidaridad y compañía”, asegura.

Paralelamente, Gómez explicó que existen unas cartografías del cuerpo, unos métodos que usa para que las víctimas puedan representar gráficamente las emociones de sus duelos desde las sensaciones en su cuerpo. Es así como, en uno de los ejercicios, un participante manifestó en un brazo (del dibujo que representaba su cuerpo) la esperanza y en el otro la venganza.

Para Gómez, las emociones de las víctimas  se han movilizado políticamente y “no hay paz posible si no reconocemos el gran poder del afecto”. Las víctimas le dieron características políticas a sus lazos de afectos al llevarlos a la esfera pública. “Hemos emergido del dolor… el amor por ellos [sus seres queridos asesinados] nos ha hecho luchar” expresó en su intervención Gloria Gómez, coordinadora de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (Asfaddes).

La antropóloga Gómez indicó que en este punto las víctimas actúan políticamente, dándoles un rol que va más allá de los testimonios que generalmente son registrados por la academia.  “Buscamos que la academia se acerque a la realidad y sobre todo a la sensibilidad de las víctimas” explicó la coordinadora de Asfaddes.

Esta primera presentación es parte de una serie de trabajos y discusiones elaborados por integrantes de Hijos e Hijas por la Memoria y contra la Impunidad alrededor de la paz, los sujetos victimizados y la justicia transicional. La segunda presentación, Justicia transicional  y neoliberalismo: debates para la construcción de paz,  se realizará en la Pontificia Universidad Javeriana el 3 de noviembre.

 
Gisselle Martín Chocontá
Equipo de comunicaciones

En los últimos años la jurisprudencia de la corte constitucional se ha ocupado de temas relacionados con la objeción de conciencia frente al servicio militar obligatorio y para casos médicos, particularmente, en lo referente a la interrupción voluntaria del embarazo. Esto ha generado debates en el país, pues se empieza a evidenciar que las convicciones de algunos ciudadanos van en contravía de las leyes. 

Según un artículo de la Revista Estudios Socio-políticos

El objetor es ciertamente una figura incómoda frente a los poderosos. Como lo han puesto de presente distintos estudiosos sobre la objeción de conciencia, “el objetor adquiere (…) una carga de novedad perturbadora” que ofusca al gobernante, porque sostiene “una más alta fidelidad” que contraría sus mandatos. 

No obstante, los derechos de los individuos encuentran su límite en la libertad de los otros, tengan estos o no poder, y también en el respeto a derechos fundamentales como, por ejemplo, el derecho a la vida.

 Vale, entonces, la pena preguntarse ¿Cuáles son los límites de la objeción de conciencia? ¿Cómo dialogan las convicciones de los colombianos con la ley? ¿Qué se espera de los ciudadanos para el ejercicio de la objeción de conciencia?

 Invitados: 


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