En Torices estamos una Cartagena que resiste

En Torices estamos una Cartagena que resiste

Amenazados con la expulsión por el encarecimiento de nuestro barrio, provocado por planes de renovación urbana que han sido definidos sin nuestra participación, realizamos esta juntanza que busca fortalecernos para defender nuestra dignidad y permanencia en el territorio.

La Secretaría de Planeación Distrital ha estado insistiendo que habrá beneficios sociales para el barrio con las intervenciones que se están desarrollando entre las calles 40 y 45. Sostiene que los planes parciales representan mejorías urbanas para el goce comunitario como el arreglo de calles, andenes y la intervención del cercano caño Juan Angola. Sin embargo, como comunidad, reiteramos que estas mejorías no están pensadas para nosotras y nosotros. Estas acciones aumentarán el costo de vida, beneficiando solo a los inversionistas y nos expulsará posteriormente por los costos que no podremos asumir.

“Yo no quisiera vender, pero ¡imagínese!, yo estoy pensionada con el mínimo. Pago 150 mil en luz, yo soy sola, y tengo solo un foco, un televisor, un abanico y una nevera. El agua me viene a 120 mil, eso es ahora, imagínese cuando ya viva la gente, que el estrato suba. No voy a poder pagar los servicios y me tocará vender esto aquí e irme a un lugar que no conozco con gente nueva que no me dará la mano” dice Miriam Castro, habitante de Torices.

Mapa del plan parcial de renovación urbana, donde Torices será afectado.

Torices se encuentra cerca de espacios clave de la ciudad de Cartagena: el Centro Histórico, la fortificación del castillo San Felipe de Barajas, el Aeropuerto Internacional Rafael Núñez, las playas del mar Caribe, la avenida Santander, que bordeando la playa conecta con el Anillo Vial y la avenida Pedro de Heredia, arteria principal de la ciudad. A lo anterior se le suman los cuerpos de agua y bosque seco tropical que hacen parte de su geografía; el noroeste del barrio se encuentra bordeado por el caño Juan Angola y la laguna del Cabrero, considerado como uno de los corredores biológicos más importantes de la ciudad. Todo esto genera gran interés entre inversionistas nacionales y extranjeros.

Muchos habitantes del barrio hemos denunciado el incremento que a la fecha se ha generado de los servicios domiciliarios e impuesto predial. Por ejemplo, una familia está pagando hasta 500 mil pesos en servicios básicos, cuando solían gastar 200 mil pesos. Igualmente, el impuesto predial también ha aumentado, pasando de pagar 100 mil o 200 mil pesos a un millón de pesos anual por su predio. También ha aumentado el valor fijado al arriendo de apartamentos y viviendas de uso familiar permanente. Todo esto agudiza la percepción, al interior y fuera del barrio, de que Torices se está volviendo una zona cara, difícil de costear.

Por ejemplo, una familia está pagando hasta 500 mil pesos en servicios básicos, cuando solían gastar 200 mil pesos.

Por ello hemos realizado muchas acciones y movilizaciones que muestran nuestra forma de resistir como habitantes de la zona. Buscamos que reconozcan nuestros derechos al territorio y la permanencia que hemos construido durante muchos años y, sobre todo, a que piensen en el desarrollo de la ciudad de la mano nuestra.

A pesar de la pandemia, como comunidad hemos logrado llevar a cabo acciones de resistencia y protesta por las afectaciones que viene produciendo la construcción de edificios en la zona. Torices no asume entonces de manera pasiva estas transformaciones urbanísticas y se pronuncia.

Les invitamos a conocer y ampliar más sobre esta problemática en esta publicación (Juntanzas, Trenzar las resistencias contra el racismo en Cartagena) resultado de nuestra investigación que se realizó bajo la modalidad de investigación local participativa, que rescató nuestras propias experiencias y saberes como habitantes del barrio Torices. Quienes integramos esta juntanza investigativa somos jóvenes, lideres, lideresas y maestras que vivimos en el barrio. Hemos enfrentado los efectos de habitar un sector que cada día se encarece más, y por eso nos hemos sentido amenazados con la expulsión, de ahí que queramos compartir esa preocupación.