Ilustación Cinep/PPP

Mirar también las paces

Abril de 2024 fue un mes particularmente complejo para Colombia y, por lo tanto, para nuestro equipo, que se conduele con el sufrimiento de las comunidades afectadas en los territorios. La persistencia de la violencia que azota al país desde hace décadas produce impotencia y desmotivación. No obstante, si concentramos la mirada en nuestro trabajo y en el de tantos otros y otras que laboran por la exigibilidad de derechos, por la formación ciudadana y por la construcción de paces en diversos espacios y territorios, podremos ver una luz de esperanza que le dé mayor sentido a nuestra acción.  

El 24 de abril presentamos la Revista Noche y Niebla número 68, en medio del pánico que los medios de comunicación crearon por cuenta de la propuesta del presidente Gustavo Petro de citar una Asamblea Constituyente, y por el supuesto, el inminente colapso del sistema de salud. Estábamos también expectantes por la suspensión del séptimo ciclo de negociaciones entre la guerrilla del ELN y el gobierno.

Los datos recogidos por el SIVEL con el apoyo de 20 bancos de datos regionales arrojaron 1277 victimizaciones en 2023, 497 de las cuales acarrearon la muerte de la víctima.  Como viene aconteciendo desde la firma del Acuerdo de Paz con las FARC- EP, la mayoría de ellas son líderes y lideresas sociales, también firmantes del Acuerdo de Paz, que mueren baleados por sujetos en moto, sin que ninguna organización reivindique el crimen. Como lo señaló el Informe 13 de la Secretaría Técnica del Componente Internacional de Verificación de la que hacemos parte, la tasa de homicidios de los firmantes del acuerdo es 14 veces mayor que la media nacional.

Entre esas víctimas se encuentran la esposa y el hermano del coordinador humanitario de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, con la que uno de los jesuitas de nuestra institución tiene una histórica y profunda relación. También fue asesinado Narciso Beleño, presidente de la Federación Agrominera del Sur de Bolivar, quien horas antes de su muerte se había reunido con miembros de un equipo de Cinep.  A esta violencia silenciosa y cínica, se sumó la enfermedad que acabó con la vida de Samuel Arregocés, líder social que acompañó el trabajo de nuestro equipo de interculturalidad en la Sierra Nevada de Santa Marta. 

En este escenario de dolor, algunos podrían considerar que hablar de esperanza es improcedente, pero es justamente lo contrario: abordar este tema es urgente porque si no hay esperanza, triunfan la violencia, el miedo y la impotencia.

Conozco por lo menos dos caminos para tener una visión esperanzadora en un escenario complejo como el que transitamos. El primero, el de la espiritualidad, que conecta al ser humano con sus semejantes y con los demás seres que habitan la Casa Común. Si se acepta la existencia de una dimensión espiritual, es posible desde allí confiar en la bondad de los seres humanos pues, como le escuché decir a uno de los jesuitas de nuestra institución: “la espiritualidad es filantropía”. El segundo camino es el de la Paz como cultura, un paradigma que parte del reconocimiento de que, aunque vivamos en un país donde hay varios conflictos armados y violencia, también habitamos espacios de paz en los que no resolvemos violentamente los conflictos.

La Paz como cultura es un lente de observación que permite visibilizar esas “paces existentes” sin excluir otras visiones de paz, como por ejemplo la de la Paz positiva que trasciende el silencio de los fusiles e implica la supresión de las violencias estructurales, entre ellas la pobreza. En concreto, permite enfocar la mirada en las más de 1500 iniciativas de paz que recoge una de nuestras bases de datos y también en los espacios de paz cotidianos, posibilitando que, desde esas prácticas, todas y todos nos sintamos empoderados para participar de la construcción de paz en otros espacios. Este trabajo por la paz “desde abajo” que todas y todos hacemos en nuestros espacios cotidianos y que hace Cinep en los territorios, confluyen y potencian la construcción de Paz desde arriba que se hace con la implementación de los acuerdos de paz (el acuerdo con las FARC y otros que vendrán). En otras palabras, este enfoque permite iluminar el vaso para verlo medio lleno de “paces” sin desconocer que también hay un vaso medio vacío por cuenta de la guerra y la violencia. Lo primero debe ser una fuente de esperanza para nosotros en Cinep/PPP en momentos complejos como los que algunas veces vivimos. 

Por: Martha Lucía Márquez Restrepo, directora del Cinep/PPP


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